CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
"Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el armario" posee
un promete-dor arranque en el que, por medio de una concisa y
modélica introducción, observamos cómo los hermanos Pe-vensie
son enviados a las afueras de Londres, evitando con ello que
sufran las consecuencias de los terribles bombardeos que asuelan
a dicha ciu-dad durante la Segunda Guerra Mun-dial. La cinta
sigue con aceptable fi-delidad los distintos pasajes que
con-forman la obra literaria de C. S.
Lewis en la que se basa: mientras se man-tienen
recluidos en una enorme casa y enzarzados en alguna que otra
pelea, fruto del distinto carácter de cada uno y, sobre todo, de
su alicaído ánimo al verse forzados a alejarse de su madre,
Lucy, la más pequeña de todos, descubre en una habitación un
distinguido armario. Al introducirse en él apa-recerá en otro
mundo, un lugar al que sus habitantes llaman Narnia y que está
regido por una enigmática reina.
Ese
comienzo duro y realista da paso a lo que podría definirse como
uno de los elementos más importantes del filme: el escapis-mo,
la necesidad del ser humano de huir de vez en cuando de las
tragedias que le rodean y dejarse llevar por el poder de la
imagina-ción. Eso es lo que les sucede a los protagonistas de
esta narra-ción, despertándose su curiosidad y sus deseos de
evasión y transmitiéndoselos al espectador. Ahora bien, que
nadie se lleve a engaño, no todos pueden adentrarse en Narnia a
través del ropero del profesor Kirke, de igual forma que a buena
parte del público le sucederá lo mismo con esta película.
Y es que, aunque la estrategia publi-citaria de la distribuidora
se ha empe-ñado en hacernos creer que nos halla-mos ante una
propuesta muy cercana en intenciones a la de "El
Señor de los Anillos", la realidad no podría ser más
distinta. "Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el
armario" es un filme infantil y familiar, un género que no
entiendo por qué algunos se ofus-can en tratar despectivamente.
Aun-que puede ser disfrutada por los adul-tos, desde luego con
mayor interés que, por ejemplo, algunos títulos de animación que
se han estrenado en los últimos meses, también quiero dejar
claro que el espectador ha de conocer cuáles son sus
limitaciones al respecto. ¿Estará éste dispuesto a dejarse
embaucar por una historia cándida y sencilla? ¿Acaso no le
importará que los animalillos hablen como si de una producción
de dibujos animados se tratase? ¿Aceptará que no nos hallemos
ante un espectáculo de acción continua sino frente a un
entrañable relato plagado de seres mitológicos en el que
nuevamente la bondad y la maldad han de medir sus fuer-zas?
Cada uno tendrá que realizar un ejercicio de introspección y
reflexionar acerca de su capacidad para mantener la inocencia de
ese niño que, quién sabe, podría permanecer oculto en su
interior.
A los que
posean semejante disposición, sin mencionar siquiera a los
pequeños de la casa, para quienes se puede afirmar que esta
película resulta de obligado visionado, sólo cabe decirles que
se to-parán con un largometraje entretenidísimo, una de esas
cintas que, a pesar de su duración, mantienen nuestros sentidos
tan ocupados que ni siquiera prestaremos atención a nuestro
re-loj. Técnicamente no es tan deslumbrante como otros
filmes de parecidas temáticas, siendo los animales generados por
ordenador poco realistas, algo que se perdona cuando éstos
tienen determi-nados componentes humorísticos que les acercan a
una caricatu-ra, caso de los castores. No obstante, es
impresionante la calidad que atesoran otros personajes, como
Aslan. Además, aunque al principio uno percibe cierta dejadez en
los decorados (el castillo de Jadis, por ejemplo), según avanza
la película nos deleitamos con hermosos paisajes y escenas de
gran impacto visual, tal y como acontece en la refriega final,
que se produce en medio de un vasto campo y a plena luz del día,
algo bastante inusual en la cinemato-grafía actual (en las que,
además, se suele oscurecer demasiado la fotografía).
Paradójico resulta que uno de los directores de las dos entregas
de "Shrek",
ambas muy mordaces a la hora de referirse a los cuentos de
ha-das de toda la vida, se haga cargo de un relato tan
tradicional. Aunque su realización es correcta, me da la
im-presión de que ciertos fragmentos de "Las crónicas de Narnia:
El león, la bruja y el armario" no poseen todo el vigor que
pudieran habernos mostrado si fuera otro su realizador.
Harry Gregson-Williams vuelve a
colaborar con Andrew Adamson
con una efi-caz partitura, pues no hay duda de que su música
acompaña muy bien a las imágenes del primero, mas de nuevo nos
transmite la in-cómoda sensación de que siempre compone la misma
banda sono-ra y tan sólo varía algunos matices en cada una de
ellas.
Finalmente, destacar el magnífico plantel de actores, con un
des-conocido reparto infantil y juvenil (William
Moseley, Anna Pop-plewell,
Skandar Keynes y, sobre
todo, Georgie Henley, que
refleja en su rostro las alegrías y las penas de la pequeña y
tierna Lucy). La aparición de Jim
Broadbent, que da la impresión de que le ha cogido el
gusto a las producciones de Walden Media, es anecdótica, algo
que no sucede con Tilda Swinton,
verdadera-mente asombrosa poniéndose en la piel de la Bruja
Blanca. Ele-gancia, malicia, compostura, vehemencia y una
siniestra belleza se unen en su composición de la temible Jadis.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes, sinopsis
y notas de cómo se hizo "Las crónicas de Narnia: El león, la bruja y el
armario" - Copyright © 2005 Walt Disney Pictures y Walden Media. Distribuida en España por Buena Vista
International. "Las crónicas de Narnia", "Narnia" y todos los
títulos de los libros, personajes y escenarios originales de los
mismos son marcas registradas de C.S. Lewis Pte Ltd. Todos los derechos
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