CRÍTICA
por
Miguel Ángel Laviña Guallart
Aires londinenses
Fiel a su
cita como cada otoño, llega a nuestras pantallas la nueva
película de Woody Allen. Tras la decepción de sus anteriores
tra-bajos y la recuperación parcial que supuso "Melinda y Melinda",
el cineasta demuestra de nuevo su maestría en "Match point", obra
que remite a algunos de los mejores momentos de su cine y pare-ce
abrirle nuevos caminos.
Por vez primera, el cineasta rueda de
forma íntegra fuera de Nueva York, ciudad que le ha acompañado a
lo lar-go de su filmografía y que impregna el espíritu de su
cine. Con similar en-canto retrata Londres, al mismo tiem-po que
introduce otras novedades sin aparente esfuerzo. A diferencia de
sus últimos trabajos, cede el protago-nismo a la atractiva
pareja formada por Scarlett Johansson y
Jonathan Rhys
Meyers, acompañados por un elenco de excelentes actores
británi-cos. La historia de un ex campeón de tenis arribista de
la buena sociedad londinense, que hará cualquier cosa por
mantener el estatus con-seguido, se plantea a partir de una
metáfora tenística, que después desarrolla brillantemente. De
esta forma, cuestiona la suerte, esa delgada línea que puede
separar la victoria o la derrota en un parti-do, el éxito del
fracaso en la vida. Esta ascensión social y sus con-secuencias, a
un mundo que el director conoce muy bien, le sirven para
reflexionar sobre parte de sus temas habituales: la pareja, la
infidelidad, la muerte o el sentimiento de culpa.
"Match point" supone, en cierto sentido, una reconciliación
con el cine de Woody Allen. Durante estos últimos años, en buena
parte de sus seguidores se instaló la sensación de que algu-nos
de sus signos de identidad parecían irrecuperables. El director
que con maestría había planteado cuestiones existenciales en
inte-ligentes comedias y ajustados dramas, parecía haber dejado
de la-do sus constantes preocupaciones. Había abandonado su
peculiar forma de cuestionarse la existencia de Dios, el Psicoanálisis, el significado de la religión o la muerte.
Parecía preferir las comedias de situación de los años 30 que
las referencias a Bergman. Sus historias ya no giraban en torno
a los encuentros y desencuentros de aquellas parejas de su
entorno neoyorkino, con sus continuas dudas sobre el amor, la
fidelidad o el sexo. Conforme el cineasta resultaba más cercano
con sus numerosas visitas, más lejano se hacía su cine. Echando
la vista atrás, tras las estupendas come-dias de su primera
época, a partir de "Manhattan" (1979) parecen irrepetibles
unos años en los que se sucedieron películas de la en-tidad de "Recuerdos",
"Broadway Danny Rose", "La rosa púrpura
del Cairo", "Hanna y sus hermanas" o "September",
que se prolon-gó hasta "Celebrity" (1995), última de las
películas que contenía la esencia de su cine. Sucesivas
generaciones han disfrutado de ese personal universo que creó en
Nueva York, en el que a veces resul-ta difícil recordar el
comienzo, el final o el argumento completo de sus películas,
pero en el que se entrecruzan multitud de escenas, personajes o
diálogos inolvidables. La llegada el pasado año de "Melinda y
Melinda" animó un poco las expectativas, pero ese Nue-va York
no era el mismo (tal vez nunca lo sea) y la película no
recu-peraba la magia de aquellas otras. Aunque, tal vez, se
le exija de-masiado a un director de enorme capacidad creativa,
que cada año presenta un largometraje.
En "Match point" hace uso de for-ma espléndida de su talento
visual y narrativo al servicio de una his-toria que, con pulso
firme, se des-plaza de la comedia dramática hacia terrenos mucho más
turbu-lentos. Introduce una serie de claves que anuncian el
progresivo camino ha-cia la intriga, un juego de espejos al que
también somete sus personajes. La magnética Scartlett Johansson
es presentada como una especie de mu-jer fatal que recuerda a "La dama de Shangai", una mujer de la que el pro-tagonista no
se debería enamorar (también homenajeada por Allen en "Misterioso asesinato en Man-hattan"). Conforme avanza la
película esta primera impresión da pa-so al recuerdo de una de
las actrices utilizadas de forma espléndi-da por Hitchcock, Grace
Kelly en "Crimen perfecto". Su imagen en el momento en que
toma el teléfono para dar la noticia que desen-cadena parte de la
trama la recuerda poderosamente (por cierto, no parece fortuito
que Ray Milland en aquella película fuese también un ex campeón
de tenis). Del mismo modo, Jonathan Rhys Meyers interpreta de
forma interesante al joven tenista, que lee “Crimen y castigo”,
parece simplemente ambicioso y aprovecha sus oportuni-dades
gracias a su innegable encanto. Sin perder su aire de
fragili-dad, llegado el momento se revela como una persona que es
capaz de hacer cualquier cosa por mantener su posición, pese a
sus re-mordimientos. Una selección de piezas de ópera subraya el
carác-ter de una historia que avanza hacia la tragedia.
De esta forma, se suceden las
reuniones y actos sociales en es-cenarios londinenses, que el
director disecciona. Maneja con soltu-ra los diálogos en un
terreno en el que se siente muy cómodo. El atractivo de los dos
actores funciona en estupendas secuencias, como el encuentro en
la Modern Tate y el momento amoroso sobre el trigo en la casa de
campo, realizado con aires de Chejov. Las conversaciones del
protagonista con un antiguo amigo, al que ex-pone sus dudas y
temores, son en realidad un desdoblamiento, un diálogo con su
propia conciencia, que le hace preguntarse si sería capaz de
dejarlo todo por amor, sentimiento que ha sido en última
instancia aquello que ha importado a los personajes de Allen.
"Match point" nos remite directa-mente a "Delitos y faltas",
una de las obras maestras del cineasta. En aquella película,
Anjelica Huston era una incómoda ex amante que también amenazaba
el estatus social del pro-tagonista, un Martin Landau atormen-tado
por la culpa, que se preguntaba sobre el sentido de una
existencia en la que un crimen podía quedar impu-ne. El éxito
siempre es de unos po-cos. El director, que a estas alturas
arrastra un inevitable escepticismo y, por supuesto, una gran
sabiduría, plantea mediante la metáfora te-nística uno de los
mensajes principales de la película: esa suerte,
inexplicablemente, siempre parece caer en el mismo campo. Hay
personas que, pese a todo lo que hayan hecho, pare-cen verse
siempre favorecidas por esta suerte. Hasta cierto punto, el
trabajo, el sacrificio o la fe no importan, tal y como discuten
en la película, hay algo que se escapa a la voluntad, sobre lo
que no hay control.
En un momento de la película en el que muestra, una vez más, su
condición de gran cineasta, que recuerda la serenidad de las
últi-mas secuencias de "Interiores" u "Otra mujer", el
protagonista, de forma literal, se enfrenta a sus fantasmas. El
sentimiento de culpa le hace invocar el consuelo que tendría, al
menos, saber que existe la justicia, que uno debe pagar por sus
actos. En un mensaje vela-do, fugaz pero afilado, a la actual
situación política en su país, Allen parece tener poca esperanza
en ese sentido: muchas perso-nas cargan con sus delitos y faltas,
y, con el tiempo, las van asu-miendo e incluso olvidando.
Calificación:
    
Imágenes de "Match point" - Copyright © 2005 BBC Films, Thema Productions
y Jada Productions. Distribuida en España por On Pictures. Todos los derechos
reservados.
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