CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
La fórmula del "Érase una vez" ya no funciona para niños y
adul-tos que esperan tras tan dulces palabras algún giro de roles
tradi-cionales y alguna canción de moda. El precio de resucitar
viejos cuentos sin acercarse peligrosamente a Disney se paga muy
alto, y no sólo en lo que a presupuestos se refiere —que cada
día resul-tan más pornográficos—, también se cobran los impuestos
que im-pone el tiempo; al fin y al cabo los Grimm llevan casi
siglo y medio en el olvido de la tierra, y el sentido de sus
cuentos hogareños sólo ha perdurado en versiones muy abreviadas
para antes de acos-tarse.
Esta tarea, que se plasma en la pro-pia película en un combate
continuo entre cordura e ilusión, ha sido bien li-brada por
Terry
Gilliam, quien puede dar fe de sus heridas de rodaje: sus baches
de reparto, sus técnicas anti-ecologistas, sus migrañas a la hora
de parir las ideas que brillan en la mente del genio y no ante
la cámara. Una gesta meritoria por su esfuerzo más que por su,
lamentablemente, polvoriento resultado. Quien tenga que batallar
semejante superproducción con dos únicas armas —un pésimo guión
sin conciencia de tempo ni coherencia al calzar flashbacks y
saltos, y una historia dormi-da que nunca recibe el beso de su
mágico realizador— mere-ce unas palmaditas en la espalda. Aunque,
como suele decirse, quien se lo guisa, se lo come; si bien la
preparación de "El secreto de los hermanos Grimm" tiene
mucho de precocinado y poco de Gilliam. La mesura no existe para
el director y eso se advierte en el refrito de cuentos que
alguien pidió a su madre con poca originali-dad; Caperucita,
Hänsel y Gretel, Rapunzel…, obvios para la densa obra de los
Grimm, pero necesarios para un público con tópicos re-ferentes.
Estas criaturas fantásticas —por el género— serán desencanta-das
por los susodichos hermanos, el abanderado de la razón y el
discípulo del romanticismo de su siglo, una aventura light
para todo el tenebrismo que cabría esperar de Gilliam. No es
necesario espe-rar al conjuro final para ver que la magia se
queda en una lluvia de polillas en el cajón de un desastrado
hechicero. Mucho buen ro-llo, salvo un par de chirriantes escenas
dramáticas, un humor bisoño que apenas roza la ironía y el
legado del ex Monty Python. Quizá, con estructura de cuento
moderno y prólogo / epí-logo clásicos, "El secreto de los
hermanos Grimm" alude a un cambio y a una actitud frente al
pasado; ya sea en digital o en car-ne y hueso, el escepticismo
manda y se ríe sanamente como los soldados napoleónicos de las
supersticiones pueblerinas. Mofarse de las zonas profundas y
anticuadas que aún existen o incluirlas en el proyecto moderno
es un dilema que trasciende a nuestra épo-ca, pero una voluntad
política es lo más alejado a esta fábula ma-carrónica.
Como un cruce entre la atmósfera de
"El pacto de los lobos",
la técnica de "Vidocq", los bosques de ents de
"El
Señor
de los Anillos" y la auto-pa-rodia de "Sleepy Hollow"
(que hace acto de presencia bajo forma de árbol tragaldabas y
espada hundida en la tierra, aunque esa leyenda tenga poco que
ver con el imaginario Grimm), la película posee potenciales
esce-narios con endebles piernas corre-teando en ellos, tal es la
escasa vitalidad de sus personajillos, no actores, algunos tan
anecdóticos como la bruja de Monica Bellucci. Contadas escenas
relucen en este bosque con demasiados árbo-les, como los raptos
de la niña de la cuadra y la niña del pozo, re-sueltos con
disparatados efectos visuales. No hay duda de que la intención
de Gilliam se encamina por esos derroteros apartados del camino
seguro —las lecturas macabras y sexuales que esconden relatos
poco inocentes, como demostró "En compañía de lobos"—, pero
esta historia nunca se desprende de su caperuza roja y
llama-tiva, y hace correr tanto al lobo, al hambriento
espectador, que con-cluye exhausto.
Se han visto tropezones mucho peores y revueltos mucho más
in-digestos porque se miraban demasiado al espejo, tal es el caso
de "Van Helsing", pero por mucho pesar que sienta el
soñador es po-ca la ternura que puede dar de sí esta revisitación
que tal vez, ya lo dirá el tiempo, envejezca bien en su torre
sin puertas. Ahora es a ratos una simpática compañera de tarde o
una pesada anciana que no para de llamar a la entrada cuando ya
sabemos que su regalo está envenenado y que no vamos a picar el
anzuelo. Por lo menos a los hermanos Grimm les habría hecho
gracia este homenaje a sus insulsas vidas reales, curiosamente
en un año en que se cele-bra el bicentenario de un "competidor",
Andersen. Brindis por los tres y un sorbo final para este
barroco producto que necesita una chispa, aunque sea de champán.
Calificación:
    
Imágenes de "El secreto de los hermanos Grimm" - Copyright © 2005 Dimension
Films, Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Daniel Bobker Productions y Mosaic Media Group.
Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "El secreto de los hermanos Grimm"
Añade esta película a tus favoritas
Opina sobre esta película en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "El secreto de
los hermanos Grimm" a un amigo
|