OPINIÓN DEL PÚBLICO
Laura Cortadellas Cabello
(Lista de Cine)
«A mí esta película me
pareció la peor de Terry Gilliam. Aunque me ha descubierto a
Heath Ledger, que tenía infravalorado, creo que es el mejor de
la película junto a Jonathan Pryce. Pese a todo, pensaba que me
iba a gustar menos y tampoco está tan mal, sólo que es bastante
mediocre.»
María Isabel Quintana
Guillén
(Lista de Cine)
«La pelicula, como todos
sabemos, nos cuenta la historia de los peculiares hermanos
Grimm, cuyos cuentos nos han acompañado desde pequeños. Una
película en la que cada detalle es parte de algún cuento
infantil de los que escribieron, y bueno, como la ver-dad es que
yo me he criado leyéndolos, cuando veía las escenas y los
detalles, decía '¡Dios mio!, parece que vuelvo otra vez a tener
6 años'. La verdad es que cuando fui a ver la película, esperaba
que no me gustase, porque yo iba a ver la de Tim Burton o "Sin
City", pero ya las habían quitado, y bueno, la verdad
es que me llevé una grata sorpresa. Aunque también hay que decir
que algunas esce-nas eran previsibles, y bueno, en algunas
partes de la película lle-gué a aburrirme. Sin embargo, en otras
me emocioné e incluso me sorprendí. Con lo que las cosas buenas
pueden tapar a las malas. Me gusta la película, porque, a pesar
de tener una apariencia infan-til, esta película también está
dedicada al público adulto, y eso me parece muy bien, porque
puedes ir con tus hijos al cine y a la vez disfrutar de la
película, no como otras veces que la película es de-masiado
infantil y llega a aburrirte. Pues eso, que mi valoración es
positiva y que me gustó mucho la película, aunque tengo que
decir que ahora nos tocará una buena retahíla de películas de
este tipo, para hacerle la competencia a Tim Burton. Es lo que
tiene una bue-na idea: si ves que algo sale bien, lo copias.»
José Luis Santos
(Lista de Cine)
«Si le nombro a Terry Gilliam
probablemente no sepa usted de quién le estoy hablando, pero si
le menciono que formó parte de los Monty Python (sí, los de “La
vida de Brian”) seguro que ya abrirá usted más el ojo. Pues
bien, Gilliam tiene también su carrera indivi-dual como director
de cine (ahí está por ejemplo “Doce monos”, una de las películas
de ciencia-ficción preferidas del que les habla) y ahora ha
puesto toda su fuerza visual y su intensidad narrativa al
servicio de una historia que aunque pueda sonar a infantil va
dirigida al público adulto: la de los hermanos Grimm, míticos
padres de la gran mayoría de cuentos que nos acompañaron a
dormir durante nuestra infancia. Y lo hace poniendo las
adecuadas dosis de imagi-nación, ironía y diversión para que
pueda decirse que “El secreto de los hermanos Grimm” es una
película cuyo calificativo más fiel es el de divertida,
rescatando algo, aunque sea de una forma poco convencional para
el género, el cine de aventuras del pozo en el que lo tiene
sumido Hollywood, con subproductos como “Hidalgo“,
alias “las aventuras de Aragorn y su Pequeño Pony”, el anuncio
de bronceador y blanqueador dental de Matthew McConaughey y “Pe”
en “Sahara”
o la plana y sosa gymkana pseudo-“En busca de la de-claración de
independencia perdida“ de Nicolas Cage en “La
bús-queda”. Partiendo de un enfoque de los Grimm como
embaucado-res que van de pueblo en pueblo, aprovechándose de las
fábulas para enriquecerse a costa de los miedos de sus
habitantes, encon-trarán la horma de su zapato, un cuento real
que tendrán que prota-gonizar. Así, con una ambientación
apabullante y combinando las andanzas de los dos hermanos con
retazos retorcidos de sus cuentos y especulaciones sobre el
posible origen de los mismos, William desgrana un guión algo
irregular y disperso por momentos. Se combinan elementos que
recuerdan a películas como “Sleepy
Hollow” (por su aire de fantasía cargada de ironía,
aunque aquí más que ambiente gótico podríamos hablar casi de
barroco), “Big
fish” (por la confrontación entre realidad y
ficción), o incluso “Shrek”
(por el intento de buscarle un lado distinto a historias por
todos conoci-das), y eso sí, aunque no falta algún bache, se
mantiene en todo momento un nivel de entretenimiento muy
aceptable, una cierta personalidad propia y una capacidad de
sorpresa bastante digna. Hay quien dice que los cuentos son una
forma de que los niños va-yan asimilando el terror. Esto está
presente en gran medida en “El secreto de los hermanos Grimm”.
Pero me gustaría a mí saber qué hubiera pensado la bruja de la
casita de chocolate de las solucio-nes habitacionales de la
Ministra Trujillo, el lobo de Caperucita de que el expresidente
Aznar tenga los ojos tan grandes para ver ar-mas de destrucción
masiva que nadie encuentra, y la madrastra de Cenicienta de que
Carod Rovira vaya por ahí buscando un pie que encaje en su
zapatito-estatut de cristal. Ya me gustaría a mí haber visto a
los Grimm viviendo en España, a ver cómo nos preparaban para
todo eso. Aunque… bien mirado, al fin y al cabo, en ningún otro
sitio se vive tan bien del cuento.»
David Medina
(E-mail a la redacción)
«Había una vez, en un país
muy lejano, un niño que vendió su ca-bra a un desconocido a
cambio de un puñado de habichuelas mági-cas. Quince años más
tarde, en un pueblecito llamado Marbaden, una niña vestida con
una caperucita roja es sorprendida en el bos-que por un lobo, el
mismo bosque en el que dos hermanos utilizan migas de pan para
marcar el camino y no perderse y en el que para despertar a una
bella dama del sueño eterno es necesario un beso de amor
verdadero. Aunque podría parecer el argumento de "Shrek 3" (no
falta ni la galleta de jengibre), se trata del último delirio de
Terry Gilliam, una falsa biografía de los hermanos Grimm, los
ma-yores creadores de cuentos infantiles a los que les tocó
vivir en una época de miedos y supersticiones y cuyas
experiencias utilizaron para sus más logradas creaciones. En la
película, se nos presen-tan como dos caraduras que se aprovechan
precisamente de esos temores para ganarse la vida hasta que son
descubiertos por el im-perio francés y enviados a un pueblo
alemán a enfrentarse a un au-téntico bosque encantado. A partir
de aquí, todo puede suceder, desde hombres lobos a brujas
centenarias. Sin embargo, el gran acierto de Gilliam es
conseguir que nada chirríe en la historia, y que cada personaje
encaje en su entorno como piezas de un puz-zle, ayudado sobre
todo por el conocimiento popular (la clave de que los guiños
funcionen tan bien está en que todo el mundo cono-ce los cuentos
a los que se hace referencia). Combinando con so-briedad terror
en estado puro con generosas pinceladas de humor, la película
recuerda en sus mejores escenas al "Sleepy Hollow" de Tim Burton
(1999) –de hecho, Johnny Depp se sentiría como pez en el agua en
esta película–, aunque en algunos momentos se echen en falta los
giros de guión que aparecían en la película del jinete sin
cabeza. Y es que si de algo carece la película de Gilliam es,
por contradictorio que parezca, de un poco de magia. La
histo-ria se vuelve completamente previsible alrededor de la
mitad de la película y el espectador sale del cine con la
sensación de que si-gue esperando que ocurra algo, a que llegue
la sorpresa final, el gi-ro en la historia que nadie se espera y
nos haga quedar con la bo-ca abierta, como un niño cuando
escucha un cuento por primera vez. Sin embargo, eso no ocurre, y
debemos conformarnos con la impecable puesta en escena. Además,
Gilliam, como es habitual en él, exige el máximo esfuerzo
interpretativo a sus actores (Brad Pitt hizo su mejor trabajo en
"12 monos", 1995), aunque en esta ocasión algo flojea (quizá la
elección del casting), pues ni Matt Da-mon ni Heath Ledger
terminan de hacerse con sus personajes, co-mo si no terminasen
de creérselos, mientras que Jonathan Pryce y Peter Stormare
abusan de lo grotesco en sus muecas. Y luego es-tá, cómo no,
Monica Bellucci, que vuelve a demostrar que sólo sa-be
interpretar un papel (el de “qué guapa soy, qué tipo tengo”) que
ya nos ofreció con generosidad (de escote) en "Matrix
reloaded" y "Matrix
revolutions" (2003) o "Astérix
y Obélix: Misión Cleopatra" (2002). En resumen, una
buena película a la que le falta algo de chispa, pues no hay
nada más preocupante que sentir indiferencia ante tan
surrealista producto.»
José Luis Palacios Alonso
(Lista de Cine)
«Película de grado menor, en
la que parece que el intento de explicarnos el origen de muchos
cuentos clásicos y la lucha entre ciencia/magia es un mero
pretexto para hacerla inconexa, esperpé-ntica, humorística y...
aburrida. Los efectos digitales son loables, pero sin sustancia
dramática. La música espectacular, pero no ca-la en la acción.
El afrancesamiento estereotipado de muchos per-sonajes llega a
ser repetitivo, exagerado y cargante. Buen vestua-rio. No sé a
qué tipo de público va dirigida.»
Nieves Limón Serrano
(E-mail a la redacción)
«"El secreto de los hermanos
Grimm" (The brothers Grimm) es un cuento más que una película.
Un cuento que Terry Gilliam se saca de la manga para financiar
lo que él mismo ha denominado como “el sueño de su vida”, o sea,
una película sobre la vida de Don Qui-jote de la Mancha junto a
Johnny Depp, la cual tuvo que dejar en pañales por problemas
varios que le llevaron ha realizar "Tideland"
y este nuevo film. Por tanto, las motivaciones primarias con las
que acomete este “cuento-película”, sacar dinero para su
Quijote, ya podrían hacernos dudar de su valía, de la pasión
propia con la que los directores acometen sus obras (o con la
que nos cuentan). Pe-ro lejos de esto, Gilliam se enfunda un
traje de profesionalidad y presupuestos aceptables para dar como
resultado una película a escala humana, aprensible, al alcance
de todos los públicos. De esta manera, elige los elementos que
necesita: los protagonistas del cuento que son Will Grimm (Matt
Damon, sin mucho más que reseñar sobre él que el conocido nombre
que puede ayudar a hacer taquilla), Jacob Grimm (Heath Ledger
con una interpretación entra-ñable y científico-heroica),
Angelika (Lena Headey, demasiado real para ser un personaje de
cuento, su cara y su caracterización no llegan a cuajar en la
Alemania de 1796), La Reina del Espejo (Mo-nica Bellucci,
orgásmica como siempre), Cavaldi (Peter Stormare, quizá
gracioso). Con estos y demás personajes quedan cubiertas las
plazas del héroe, el antihéroe, la chica, la fuerza enemiga
con-tra la que luchar, el bufón, etc. Pero no sólo de personajes
vive el cuento así que Gilliam plagia las funciones de Propp y
nos va mos-trando, paso a paso, todo lo que podemos ir
deduciendo un poco antes, aunque intercalando inteligentemente
guiños a los cuentos de los verdaderos Grimm (y de otros
ámbitos) que se mantienen en el imaginario colectivo. Con
Caperucita Roja, Hansel y Gretel o Rapunzel se va creando la
trama a la que se le añade el espejo de la mala de Blancanieves,
el hombre lobo, las galletas animadas o escenas que recrean a la
Ofelia de Shakespeare. Con estos ingre-dientes narrativos se ha
creado una película que Gilliam no encaja ni en la absoluta
ficción ni en la pura realidad intentando jugar con dos esferas
y recurriendo al manido artificio de crear un cuento en el
cuento que, a veces, resulta poco claro y al margen de lo que se
ofrece al público. Aun así, Gilliam se mantiene cerca del
especta-dor con sus planos cortos y cercanos, las
interpretaciones que en ocasiones parecen dirigirse a uno mismo
o el poco artificio grandi-locuente al que todos estamos
acostumbrados cuando sabemos que la producción es
estadounidense. Sí, tiene efectos especiales, pero los propios
requeridos por la fantasía y con un halo de “efecto casero”,
decorado realizado por mañosos y ambientación sacada de libros
de historia y del conocimiento de otros directores (Tim Burton,
por ejemplo) que resultan agradables y que predisponen a recibir
lo que nos quiera contar. Si bien esto es apetecible, no lo es
tanto el sopor que produce una película innecesariamente larga y
quizá un poco soñolienta en alguna de sus partes, que son
fácil-mente resueltas en la mitad de tiempo y con la mitad de
elementos superfluos y repetitivos (véanse los millones de
bichos y su soni-do), pero los detalles del cómico absurdo que
subyacen en el direc-tor ayudan a pasar el rato y dejan patente,
una vez más, quién es Gilliam y qué es lo que le gusta hacer
quitando, de esta manera, hierro a una historia de brujas,
fantasmas y bosques encantados y haciéndonos sonreír en algún
momento. Por eso "El secreto de los hermanos Grimm" es un film
sincero que se ajusta a las pretensio-nes económicas y
artísticas necesarias y tomado como puente ha-cia lo que se
pretende hacer con su recaudación. Un poco de en-tretenimiento,
más o menos de calidad, para el domingo por la tar-de.»
Imágenes de "El secreto de los hermanos Grimm" - Copyright © 2005 Dimension
Films, Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Daniel Bobker Productions y Mosaic Media Group.
Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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