CRÍTICA
por
Javier Quevedo Puchal
Y fueron felices y
comieron palomitas de maíz
Fue precisamente el austríaco Bruno Bettelheim quien, gracias a
su "Psi-coanálisis de los cuentos de hadas", se convirtió en uno
de los primeros in-vestigadores en dedicar una mirada
pormenorizada a los engranajes sub-conscientes de los cuentos
infantiles. Bajo su escrutinio, obras aparente-mente inocuas
como "Caperucita ro-ja", "Hansel y Gretel" o "Blancanie-ves" se
veían despojadas de su envol-torio de producto para consumo
es-trictamente infantil, dejando al descu-bierto un entramado de
pulsiones no-toriamente adultas, complejas y, en algunos casos,
muy oscuras: sentimientos edípicos, canibalismo y voracidad
oral, impulsos de lo más violentos, instintos básicos, pe-ro que
muy básicos... Puro cuento de hadas, en fin.
Pese a los esfuerzos de un
gigante como Disney (que en ese sentido viene a ser el Grimm del
séptimo arte, no nos engañemos) por reflejar sus propias
versiones edulcoradas y, por tanto, falsea-das de este género,
podríamos afirmar, no obstante, que el cine también ha tenido
sus propios Brunos Bettelheim. Los tenemos en piezas como "Snow
White (la verdadera historia de Blancanie-ves" (versión gótica y
terrorífica, muy Hammer, con una Sigourney Weaver encarnando a
la madrastra de Blancanieves más aterradora que ha habido hasta
el momento), "Freeway" y "Freeway 2" (re-escrituras modernas y
con notable mala leche de, respectivamente, "Caperucita" y
"Hansel y Gretel") o "En compañía de lobos" (visión feminista de
"Caperucita roja" y, al mismo tiempo, quizás el reflejo más
exacto de las intenciones de Charles Perrault para con el
fa-moso cuento).
La película que nos ocupa, "El se-creto de los hermanos Grimm",
pare-ce debatirse entre ambas tenden-cias, lo mórbido y lo
inocente, tal vez decantándose hacia el final más bien por el
espíritu Disney, esto es, una fantasía no diré que edulcorada,
pero sí menos oscura de lo que podría haber acabado siendo.
Y resulta curioso precisa-mente porque el realizador es
Terry Gilliam, sin duda uno de
los autores más transgresores y originales del ci-ne occidental
contemporáneo, a quien debemos algunas joyas preñadas de mala
uva como "Brazil" o "Doce monos". Sin embargo, si de algún modo
tuviéramos que precisar la naturaleza de su última obra, sería
como un extraño cruce entre su propia "Las aventuras del Barón
de Munchausen" y nada menos que "Shakespeare enamorado". El
pa-rentesco con la primera reside, naturalmente, en el estilo
inequívo-camente Gilliam: me refiero a ese fantastique barroco y
extravagan-te, absurdamente cómico, exuberante y, a ratos,
hiperbólico.
Por otro lado, lo que
comparte con "Shakespeare enamorado" son sólo las intenciones...
que ya es bastante. Al fin y al cabo, "El se-creto de los
hermanos Grimm" no es bajo ningún concepto una adaptación
realista de la vida de los estudiosos alemanes, ni si-quiera un
reflejo medio falseado de un pasaje de sus vidas. Como ya
ocurría con la película de Madden, la de Gilliam es una absoluta
mentira prácticamente de principio a fin; y lo que es mejor: se
enor-gullece de serlo. Porque el caso es que lo que realmente
les intere-sa tanto a Gilliam como a
Ehren Kruger, guionista del film, es fa-bricar un
juguete post-moderno en el que la vida de los Grimm sea una mera
excusa para exhibir un auténtico despliegue de fantasía que se
convierta, a la vez, en homenaje a la labor de los célebres
hermanos. Y de ahí que, a lo largo de la cinta, seamos testigos
de cómo las distintas anécdotas que les vayan aconteciendo a los
protagonistas en esta (falsa, no lo olvidemos) aventura se
convier-tan en la materia prima que inspirará y alimentará sus
cuentos.
El problema de la propuesta, sin em-bargo, está justo ahí: en
que la mate-ria prima ofrecía muchas más po-sibilidades de
las que se han sabi-do aprovechar al final. De acuerdo que
algunos hallazgos son ciertamen-te notables (esa superstición de
la abuela-sapo; ese introducir algunos elementos del cuento de
"Rapunzel" en el argumento, sobre todo en lo que se refiere a la
razón por la que la torre no tiene puerta), pero a ratos da la
im-presión de que la película se convierte en una atropellada
maratón por intro-ducir tantos guiños a los cuentos de Grimm
como sea posible. Y si bien algunos elementos funcionan a todo
trapo (maravillosos decorados, se diría que sacados de un
gra-bado de Gustave Doré...), lo cierto es que otros elementos
metalin-güísticos parecen un poco repetitivos, cuando no
directamente me-tidos con calzador, siguiendo cierta voluntad de
ajustarse a los gustos mercantiles de Hollywood... y no me
refiero precisamente al hecho de colarnos a
Matt Damon y
Heath Ledger como Wilhlem y
Jacob Grimm, pues ambos están más que solventes (en el caso de
Ledger, consigue llegar a estar hilarante).
En definitiva, y aun con
todo, "El secreto de los hermanos Grimm" se revela como una
propuesta lo bastante imaginativa y re-comendable... sobre
todo para quien siga conciliando sin proble-mas su lado infantil
con el adulto. O el inocente con el perverso, que para el caso
es lo mismo.
Calificación:
    
Imágenes de "El secreto de los hermanos Grimm" - Copyright © 2005 Dimension
Films, Metro-Goldwyn-Mayer Pictures, Daniel Bobker Productions y Mosaic Media Group.
Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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