CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
No comparto el entusiasmo que algunos sienten
por Terrence Malick, un cineasta cuya filmografía está
formada por únicamente cuatro largometrajes. Lo
curioso es que dos de ellos los rodó en los años
setenta, mientras que los dos últimos se han estrenado
separados por un espacio de tiempo de siete años
(1998/2005). Aunque "La delgada línea roja" me pareció
una obra notable, a es-tas alturas "Malas tierras" me
provoca cierta indiferencia y creo que de ninguna
manera se puede incluir dentro de ese grupo de títulos
inmortales que engrosan las tan manidas listas de las
"mejores pe-lículas de la Historia".
"El nuevo mundo" es la nueva propuesta de Malick, una
peculiar cinta que da inicio con el arribo, en los
albores del siglo XVII, de tres barcos ingleses a las
costas de Virginia. Entre sus tripulantes nos
encontramos con John Smith, quien se quedará prendado
de Pocahontas, la hija del jefe de una importante
tribu del lugar. Ahora bien, ¿de verdad le importa al
director esta historia? ¿Acaso la for-ma en la que se
desarrolla el relato no es más importante para él que
su contenido? Bajo mi punto de vista, la respuesta a
estas pre-guntas es bastante clara: no en el primer
supuesto, sí en el segun-do.
Porque, créanme, Malick hubiera he-cho lo mismo si
tuviera en sus ma-nos, y perdónenme por utilizar este
ejemplo tan absurdo, una adaptación cinematográfica de
"La casa de la pradera", de tal modo que observaría-mos
a Laura Ingalls retozando por los campos en tanto
reflexiona sobre su vida o contemplaríamos a su
hermana invidente filosofando en el porche de su casa
acerca de lo que significa la ceguera. Dicho esto, y aunque a ve-ces uno tenga la impresión de que este
renombrado autor nos está to-mando el pelo, es
imposible resis-tirse a la beldad de algunas de las
imágenes de "El nuevo mundo", una cinta que, más que
por su conjunto, destaca gracias a las hermosas
estampas que se esparcen a lo largo de su minuta-je.
Esto es algo de lo que uno ya se percata al comienzo
de la pelí-cula, instante en el que el realizador nos
deja absortos con una bri-llante visualización de la
llegada de los navíos ingleses a las costas
norteamericanas y la consabida curiosidad que
semejante circuns-tancia provoca en los indígenas. Es
tal la obsesión de Malick por recrearse con las
imágenes que capta su cámara que no son pocas las
ocasiones en las que descuida el discurrir de la
na-rración o la profundidad de los personajes, primando
por enci-ma de ellos el deleite de nuestros ojos frente
a la hondura intelec-tual. Y es que la mayoría de los
diálogos de "El nuevo mundo" son banales, siendo
innecesario que en muchos casos conozcamos los
pensamientos de los protagonistas por medio de una voz
en off.
Al director no le interesa explicarnos con detalle
por qué Smith llega a Vir-ginia siendo un prisionero o
de qué manera transcurren los primeros con-tactos entre
los colonos y los habitan-tes del nuevo continente (es
más, en apenas unos segundos nos expone cómo los
nativos descubren las ar-mas de fuego y cómo empieza a
cre-cer la desconfianza que éstos sienten por los
extranjeros). No, Malick opta por mostrarnos los
aspectos minima-listas del relato, hasta el punto de
que incluso en las escenas de lucha, pul-cramente
rodadas, se echa en falta un mayor número de extras,
situación que, no obstante, quizás tenga que ver con
el presupuesto de la película, bastante contenido para
los tiempos que corren (treinta millones de dólares,
habiendo recaudado en los Estados Unidos unos doce).
"El nuevo mundo" no está hecha para todos los
paladares y, desde luego, es demasiado contemplativa e
incluso se la po-dría calificar de pretenciosa y
relamida, mas no cabe duda de que visualmente puede
llegar a ser fascinante (al respecto, su ve-nusta
fotografía es merecedora de un especial
reconocimiento). En cuanto a su reparto, la actuación
de Colin Farrell la describiría co-mo correcta,
viéndose sobrepasado por la verdadera sorpresa del
filme: Q'Orianka Kilcher. Se agradece la presencia de
Christo-pher Plummer y
Christian Bale, aunque ambos
tienen papeles muy secundarios, si bien no tanto como
los de David Thewlis,
Wes Studi,
Jonathan Pryce o
Ben
Chaplin.
No quisiera olvidarme, antes de fina-lizar este
comentario, de la banda so-nora de James Horner, quien
tuvo que dejar a un lado otros proyectos para ser uno
de los pocos privilegia-dos que pueden afirmar con
orgullo que han trabajado con Terrence Ma-lick. Sin
embargo, su obra no se es-cucha en la cinta en toda su
plenitud, puesto que el director introduce frag-mentos
de música clásica de Wagner y Mozart, por ejemplo,
haciéndolo de forma inoportuna en algunos casos.
Obviando esto, cabe señalar que Hor-ner crea un bonito
tema de amor, adaptándose el resto de sus no muy
originales piezas al sosegado avance de la película y
a su extremado onirismo.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes
de "El nuevo mundo" - Copyright © 2005 New Line
Cinema, Sunflower Productions, First Foot Films, Sarah Green
Film y The Virginia Company. Distribuida en España por
TriPictures. Todos los derechos
reservados.
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