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CHARLIE Y LA FÁBRICA DE CHOCOLATE
(Charlie and the chocolate factory)


Dirección: Tim Burton.
Países:
USA y Reino Unido.
Año: 2005.
Duración: 115 min.
Género: Aventuras, comedia, fantasía.
Interpretación: Johnny Depp (Willy Wonka), Freddie Highmore (Charlie Bucket), David Kelly (Abuelo Joe), Helena Bonham Carter (Sra. Bucket), Noah Taylor (Sr. Bucket), Missi Pyle (Sra. Beauregarde), James Fox (Sr. Salt), Deep Roy (Oompa-Loompas), Christopher Lee (Dr. Wonka), Adam Godley (Sr. Tevé), Franziska Troegner (Sra. Gloop), Annasophia Robb (Violeta).
Guión: John August; basado en el libro de Roald Dahl.
Producción: Brad Grey y Richard D. Zanuck.
Música: Danny Elfman.
Fotografía:
Philippe Rousselot.
Montaje: Chris Lebenzon.
Diseño de producción: Alex McDowell.
Dirección artística: David Allday, Matthew Gray, Sean Haworth, James Lewis, Andrew Nicholson y François Audouy.
Vestuario: Gabriella Pescucci.
Estreno en USA: 15 Julio 2005.
Estreno en España: 12 Agosto 2005.

CRÍTICA por Julio Rodríguez Chico

Un dulce trauma infantil

  Palacios y cascadas de chocolate en un mundo gótico, seres ex-céntricos pero llenos de humanidad, la poderosa imaginación de un niño y el aliento subversivo que clama contra lo políticamente co-rrecto. Este es el “universo Burton”, ahora puesto al servicio de un clásico de la literatura infantil como es la novela de Roald Dahl. Una puesta en escena fantástica —en todos los sentidos—, llena de colorido y que respira libertad por todos sus poros, sirve al direc-tor afincado en Londres para volver a su propio trauma infantil y ha-cer una dulce pero atinada crítica de la sociedad y educación ac-tual.

  Para que la historia se entienda bien y sin traicionar con ello el espíritu del original literario, Burton ("Eduardo Ma-nostijeras", "Ed Wood", "Big fish") opta por mostrar —con varios flash back— la infancia de Wonka y las di-fíciles relaciones con su autoritario padre dentista. Ese drama infantil ha generado la desdicha y soledad del dueño de la fábrica de chocolate, que ahora busca un heredero para su im-perio comercial. Por eso, un día deci-de abrir sus puertas a los niños que encuentren los cinco billetes dorados que ha escondido en las chocolati-nas. Para ellos será un auténtico viaje por el espacio de la imagina-ción y el deseo, en el que quedarán al descubierto todas las mise-rias y grandezas de la condición humana. Niños y mayores —un familiar acompaña a cada visitante para cuidarle— se convierten así en estereotipos del capricho y la vanidad, del orgullo y la prepoten-cia, de la insolidaridad y la competitividad desaforada a la que con-ducen los planteamientos consumistas, el afán por el éxito y la in-diferencia por las personas. La réplica a esa actitud está en Char-lie, un niño de Dickens que tiene la suerte de encontrar uno de esos billetes, pero sobre todo de tener una familia unida que ha fa-cilitado que tenga un corazón de oro, un carácter amable y senci-llo.

 

  En un cuento infantil adaptado por Burton no cabe esperar perso-najes muy complejos y matizados. De hecho, el claro dualismo en-tre la pobreza interior de Wonka y la material de Charlie se prolon-ga en la presentación maniquea de los cuatro niños premiados. To-dos son seres caricaturizados y un tanto esperpénticos, pero no por ello falsos: de su interior brotan sentimientos puros e inequívocos, con sus traumas y anhelos celosamente guarda-dos y a veces ignorados. Sus miradas les retratan a las primeras de cambio, y es preciso pasar por alto el histrionismo de algunas interpretaciones —como la de Johnny Deep, que emula en gestos y movimientos a Michael Jackson aunque él lo haya negado— por-que el espectador debe aceptar ese mundo de verdad y falsedad, de luz y oscuridad que es la imaginación. Si entramos en su uni-verso y aceptamos su apuesta edulcorada y fantástica, disfrutare-mos y nos sonreiremos con la bondad de Charlie, con los lacóni-cos comentarios de uno de sus abuelos o con los movimientos me-canizados de los enanos Oompas-Loompas —clonados informáti-camente en una vuelta de tuerca del director—. Son antihéroes de la vida cotidiana que tienen un fondo de verdad, aunque se presente de manera tan subjetiva e irreal.

  Como suele suceder en sus pelí-culas, la puesta en escena las con-vierte en únicas y en lo más desta-cado. Su estética naïf y surrealista, de colores vivos y saturados, nos ha-bla de su pasado como dibujante de Walt Disney. A su vez, los Beatles, los Rollin Stones, imágenes televisi-vas y un vestuario nos transportan a los años 60, mientras que las citas ci-néfilas nos muestran al Kane de We-lles encerrado en su Xanadú, a los pri-mates de Kubrick que descubren su monolito en forma de chocolatina o a la Marion de Hitchcock acuchillada en la ducha. Claras referencias desprovistas de su fuerza realista para un mundo de niños —y adultos— que no creen más que en lo ma-terial y en el triunfo, que han dejado de saborear las cosas buenas de la vida, como pueden serlo una simple chocolatina o la presen-cia de la familia. Lógicamente, el niño espectador saboreará las de-licias de los decorados y el extravagante vestuario, rechazará a ni-ños glotones y sabihondos para quedarse con el bueno y modélico Charlie —muy bien interpretado por Freddie Highmore, ya pre-sente en "Descubriendo Nunca Jamás"—, pero no cabe duda de que su autor quiere ir más lejos —con una intención purificadora y también de crítica—, y hablar de la soledad y de la felicidad, para terminar cuestionando la cultura contemporánea del éxito.

  Entretenida y amable película familiar con algunos elemen-tos siniestros, previsible en su guión pero muy visual. Su bri-llante arranque pierde fuerza al entrar en la fábrica, con es-cenas de castigos a los niños que acaban convirtiéndose en reiterativas; la secuencia de las ardillas da un quiebro en el tono general y deriva hacia lo terrorífico, y da la impresión de que le so-bran los números musicales insertados con calzador. Gustará a quienes entiendan que la imaginación tiene sus fueros y coordena-das, y que a veces es bueno vivir de ilusión.

Calificación:


Imágenes de "Charlie y la fábrica de chocolate" - Copyright © 2005 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures, Zanuck Company y Plan B Entertainment. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

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