CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
Para quien los
nombres de Roald Dahl y
Tim Burton sean sinó-nimos de infancia, la
conjugación de esos dos talentos en "Charlie y la fábrica de
chocolate" podría representar una perfecta y ansiada
propuesta. Aun siendo para algunos una cinta de culto, la
versión protagonizada por Gene Wilder en los setenta no cumplía
con las expectativas de la atmósfera cruel y sutilmente macabra
de los re-latos de Dahl, ingredientes característicos en Burton.
Por desgra-cia, esta nueva versión llega en un mal momento,
cuando el imperio de la pantalla verde roe sin pausa el
imaginario del director y la poesía bondadosa luce por encima de
la negra, algo que ya dejó claro la almibarada y decadente "Big
fish".
Más como película infantil que como
adaptación, "Charlie y la fá-brica de chocolate" funciona y
se sirve bien de un reparto acer-tado, especialmente en lo que a
los niños se refiere. Mien-tras, Johnny Depp salva las distancias
con el Willy Wonka del libro, subrayando el histrionismo y
ocultando algo más la de-salmada indiferencia que demostraba ante
las torturas de sus vi-sitantes. Por una vez, el actor fetiche de
Burton parece un capri-cho, un metrosexual de los dulces, y no un
impoluto maestro de ceremonias, papel que, por cuestión de edad
y estampa, le habría sentado mejor a algún otro candidato como
Christopher Walken.
La primera molestia que escuece en
"Charlie y la fábrica de chocolate" es esa insufrible voz en
off tan común en adaptaciones con aires de cuento; un recurso
superfluo dentro del cine cuando procede de una novela, cuan-do
lo más fácil es resumir en planos generales y voz grave lo que
podría presentarse de otra forma alternativa. En este caso, no
consigue saltar las inevitables presentaciones y el prólo-go
eterno, pero sí sirve para un cierre con encanto verbal. Esa
lentitud surge del traslado demasiado fiel a la panta-lla y, al
mismo tiempo, de las exten-siones en un final que sobre papel
resultaba algo precipitado. Ha-ciendo caso omiso de la ausencia
de porqués en este tipo de rela-tos fantásticos, en cualquier
mundo infantil que se precie, Burton introduce el juego
psicológico que alimente la comprensión de los más adultos e
inicie a los más pequeños en ese ciclo vital de cul-pas del
pasado y ansias por superarlas en el futuro. Sin embargo, con
más o menos acierto argumental, los flashbacks de Won-ka en su
niñez son lo más original y auténtico de toda esta fábrica de
maravillas. Como el reverso de la creación de "Eduar-do
Manostijeras", el niño Wonka debe hacer frente a un padre
per-verso que encarna lo opuesto a sus más dulces sueños: un
den-tista, Christopher Lee, que aporta la nota oscura a un viaje
dema-siado lúcido. Es en esas escenas donde se advierte uno de
los ver-daderos mensajes de Burton: el final de la infancia en
que uno abandona lo que conoce para mirar al otro lado del muro,
y para cuando vuelve la vista, todo lo anterior, literalmente,
ha desapareci-do.
En un nivel más moralista y crítico, como
el mismo Roald Dahl di-bujaba con sus exagerados personajes,
Burton castiga a esos cua-tro niños que representan los cuatro
vicios de la nueva juventud y, por ende, de la nueva sociedad:
el egoísmo, el éxito, el placer y el aborregamiento. Frente a
ellos, el niño modélico, de bondad hasta repelente, un facilón
ejemplo para el público y la enseñanza positi-va de todo cuento
de hadas. Con su función clara, la caracteriza-ción de cada uno
de ellos resalta por encima de cualquier simpleza psicológica,
más aún que el esfuerzo vertido en recrear el interior de la
fábrica. Sala tras sala, el listón ansía subir
ininterrumpida-mente, lo que intenta conseguir desde unos
primeros decorados estilo superproducción años cuarenta hasta la
sofisticación de un corro de ardillas coordinadas. En ciertas
ocasiones, como el viaje en barca, este alarde de increíbles
atracciones pierde interés por la saturación que en el libro, en
cambio, era necesaria para alimentar la imaginación del lector.
A esto se suman los horripilantes números musicales, idea
original de Dahl, pero que aquí se rodean de coreografías
homenaje (aquellas bailarinas acuá-ticas a vista de pájaro) o de
un modernismo más cercano a la risa infantil. Una actualización
necesaria, pero que Danny Elfman y el equipo artístico logran
con escaso sentido de la mesura y de la dis-tancia. Algo inaudito
dado el arranque de la visita a la fábrica y que parece
anticipar una acidez furtiva entre tanto chocolate: las
mario-netas danzarinas que dan la bienvenida y terminan entre
llamas (una parodia a la cursilería Disney que ya habían
aprovechado otras casas, como la Dreamworks en "Shrek").
Y,
por si fuera poca esta presencia extrañamente benévola en
Burton, aún sorprenden un par de referencias cinéfilas nada
habituales en él. Una, bastante divertida, en referencia al
co-mienzo de "2001:
Una odisea del espacio", y otra, demasiado explícita para una
película infantil, con la ducha de "Psicosis". Si con ellas
desea pa-rodiar el mundo de los guiños o de las reliquias
cinematográficas, no lo deja claro ni cuadra, más que como
anéc-dota, dentro de un desarrollo tan con-vencional. Su
conclusión, también creada al margen del libro, devuelve un
regusto más a Dickens y Scrooge arrepentido que a la literatura
moderna que toma como base. Un happy ending que Burton,
dada su especialidad, sabe resolver con el agrado visual. Una
sencillez ausente durante los demás minutos, faltos de ritmo y
repletos de trompicones a causa de las ganas de contar muchas
cosas sin tener clara la razón del deleite. Como un niño.
Y es que, como comenta uno de ellos, las
golosinas son sólo go-losinas porque no tienen sentido, de modo
que quien quiera tomar esta película como un dulce, estará bien
servido por dos horas. Quienes queramos contrastar más sabores y
sentidos esperamos fuera de la fábrica a que termine el trayecto
y podamos reempren-der otro, de momento la prometedora "Corpse
bride (La novia cadá-ver)", porque Burton es un buen maestro de ceremonias y, en
cuan-to recupere su bastón de mando, saldrá como antes a
recibirnos.
Calificación:
    
Imágenes de "Charlie y la fábrica de chocolate" - Copyright ©
2005 Warner Bros. Pictures, Village Roadshow Pictures, Zanuck
Company y Plan B Entertainment. Distribuida en España por
Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
Añade "Charlie y la fábrica de chocolate" a tus películas favoritas
Opina sobre esta película en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Charlie y la
fábrica de chocolate" a un amigo
|