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OPINIONES
El 9º
Pasajero
(Lista de Cine)
«A mí la
película me gustó mucho, es una adaptación de una no-vela de
John Le Carré (el rey de las intrigas políticas de ficción pero
que se acercan mucho a la realidad), resaltar el trabajo de los
se-cundarios. Bill Nighy (jefe de la embajada británica) y Danny
Hus-ton (sí, el hijo del gran John Huston y que hace de amigo de
Ralph Fiennes) y, cómo no, el del protagonista, Fiennes, que
hace un tra-bajo más que correcto. Se utiliza mucho el rodaje
cámara en ma-no, dándole un tono documental al film,
recordándome mucho al estilo de filmar de la nouvelle vague.
El trasfondo del film es la mi-seria de los países
subdesarrollados, al igual que el anterior film de Fernando
Meirelles, "Ciudad
de Dios"; ahí eran favelas y aquí las chozas,
podríamos decir».
Adriana
Celso
(Lista de Cine)
«Es difícil ver
la película sin que se quiebre el corazón al ver ese paisaje
(in)humano de Kenia y sus chiquitos (y los no tanto) mu-riendo
de hambre, Sida, otras pestes y abusos. [...] yo la reco-miendo
apasionadamente. Y digo así porque realmente me gustó mucho, la
disfruté enteramente: actuación, paisaje, cámara inquie-ta,
diálogos, ladrillazo en la cabeza por la cruda realidad
mostrada, etc. [...] Éste es el estilo de películas que a mí me
gustan, las que te dejan pensando, las que te [producen un
shock], te hacen lagri-mar y además te entretienen».
Sonia
Puerto
(Lista de Cine)
«Estuve dentro
de la sala y miraba la pantalla todo el rato, pero no pude
verla. Me explico: supongo que la realidad de Kenia que nos
transmite la película es la misma realidad que campa a sus
anchas en muchos países de África. Supongo que "Hotel
Rwanda", "La
in-térprete" o "La
pesadilla de Darwin" nos acercan a la vida de
nues-tro continente vecino. Y digo "supongo" porque no tengo ni
idea. Es decir, no sabemos absolutamente nada del continente que
vio na-cer al ser humano. Tengo que ir a una sala de cine para
que la rea-lidad africana me bofetee en la cara con fuerza y me
deje KO, por-que en las noticias (la falsa ventana al mundo)
nadie dice nada de lo que allí ocurre. Y la verdad, es que no sé
si sentirme víctima o verdugo. No sé si sentirme culpable por el
daño que estamos ha-ciendo a una tierra tan digna como cualquier
otra o si debo sentir-me mal porque no me proporcionan la
información que necesito pa-ra no causar este daño. Supongo que,
como siempre sucede en la vida, la respuesta a mis preguntas es
el color gris, ni negro ni blan-co, pero esto tampoco me
tranquiliza. África está agonizando, es así de claro. No pasará
mucho tiempo (hablo en años geológicos) antes de que la vida
allí quede reducida a su mínima expresión. Es-tamos utilizando
todos los recursos a nuestro alcance para que así sea, pocas
veces somos (los occidentales) tan efectivos en algo como cuando
se trata de dinero, y África es un laboratorio gigante donde
ensayar cualquier experimento que enriquezca las arcas de
muchos. Parece que nos creemos con derecho de usar una tierra y,
lo que es peor, a unas gentes de la forma más egoísta que
exis-te... para que a nosotros no nos pase nada. Y en el
nosotros y el nada podéis incluir cualquier cosa que se os pase
por la cabeza. [...] Estuve dándole vueltas a la cabeza durante
toda la película a este tema: ¿hasta dónde vamos a llegar con
África?, ¿cuántas ve-ces y de qué maneras más la vamos a
violar?».
José Luis
Santos
(Lista de Cine)
«“El jardinero
fiel” tiene tres protagonistas: Justin Quayle, un diplo-mático
inglés con buenas intenciones pero pocos arrestos; su es-posa
Tessa, activista reivindicativa de causas perdidas; y el último
protagonista es la propia Kenia, que tras el asesinato de Tessa
se convierte en el tercer vértice de un triángulo en el que
Fernando Meirelles cruza thriller político y romance para
constituir un filme de los que demuestran que es posible
conciliar los cánones comercia-les con la calidad
cinematográfica y con la existencia de un men-saje, o dicho en
otras palabras, que aunque a muchos pueda pare-cerles increíble,
puede hacerse buen cine para contar algo impor-tante y conseguir
que le interese al público. El director brasileño que dejara
boquiabierto a medio mundo con su excelente “Ciudad de Dios”,
vuelve a buscar un discurso social y lo encuentra en el
continente africano, tratándolo como un personaje más,
recogiendo un mensaje ya apuntado en otras cintas como la
reciente “Hotel Rwanda”, pero que no por reiterativo es menos
necesario dada la bochornosa forma en que está siendo ignorado:
África se muere, entre el hambre, la pobreza, el caos político,
las guerras, el expolio occidental y el SIDA. Y a nadie le
importa más allá de las ganan-cias que pueda sacar de la
defunción. Así lo recoge la novela de John Le Carré (el rey de
las conspiraciones) que adapta Jeffrey Cai-ne, y que centra la
intriga en los trapicheos de las grandes compa-ñías
farmacéuticas en el Tercer Mundo, donde, como se plasma en la
película, el negocio resulta rentable al comerciar con vidas que
se compran baratas, pues a nadie importan. Todo eso lo retrata
Meirelles fiel a su estilo, con una estética a medio camino
entre el documental y el videoclip, que aun así encuentra
momentos para detenerse en los impresionantes paisajes keniatas
y en los rostros de sus personajes. Y es que dentro de su
historia, “El jardinero fiel” sabe ubicar una bella historia de
amor póstumo (reflejada con maestría por el siempre solvente
Ralph Fiennes, que ya demostrara en cintas como “El paciente
inglés” o “El fin del romance” su capa-cidad para el desgarro),
dotando de alma a la trama e intensificán-dola para el
espectador. En el apartado de peros, podríamos hablar de que se
echa de menos en la historia una mayor capacidad para plasmar
claroscuros, puesto que todo resulta quizás demasiado blanco o
negro (como ejemplo, uno sabe quiénes son los “malos” desde la
primera vez que aparecen en pantalla) y de que la realiza-ción
de Meirelles resulta a veces algo excesiva y agotadora, pero son
aspectos que no consiguen eclipsar el buen tono general del
producto y, mucho menos, algunos momentos (como la escena
fi-nal) verdaderamente brillantes, conformando un jardín cuidado
con el mismo mimo que el de Justin, un jardín en el que el cine
florece con fuerza, bien abonado y regado de dolor. Tiene
gracia, tal vez en cualquier otro momento nos hubiera sonado
pueril y poco creíble una trama en la que se habla de una
epidemia de tuberculosis a ni-vel mundial y experimentación con
vacunas. Hoy, en pleno ataque colectivo de pánico ante una
posible crisis de dimensiones apoca-lípticas por la gripe
aviaria, resultaría creíble hasta una segunda parte del
“Estallido” de Barry Levinson que, a lo “Space Jam”, mez-clara a
Dustin Hoffman con el pato Lucas y el gallo Claudio como
enfermos terminales, mientras el Correcaminos esparce el virus
por ahí. Qué mundo, éste…».
Imágenes de "El jardinero fiel" - Copyright © 2005 Focus
Features, UK Film Council, Potboiler Productions y Scion Films. Distribuida en España
por UIP. Todos los derechos
reservados.
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