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Novela "El jardinero fiel" (John Le Carré)
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EL JARDINERO FIEL
(The constant gardener)


Dirección: Fernando Meirelles.
País:
Reino Unido.
Año: 2005.
Duración: 129 min.
Género: Drama, thriller.
Interpretación: Ralph Fiennes (Justin Quayle), Rachel Weisz (Tessa Quayle), Danny Huston (Sandy Woodrow), Bill Nighy (Sir Bernard Pellegrin), Pete Postlethwaite (Lorbeer), Bernard Otieno Oduor (Jomo), Donald Sumpter (Tim Donohue).
Guión: Jeffrey Caine; basado en la novela de John Le Carré.
Producción: Simon Channing Williams.
Música: Alberto Iglesias.
Fotografía:
César Charlone.
Montaje: Claire Simpson.
Diseño de producción: Mark Tildesley.
Vestuario: Odile Dicks-Mireaux.
Estreno en Reino Unido: 11 Nov. 2005.
Estreno en España: 4 Noviembre 2005.

 

CÓMO SE HIZO SE HIZO "EL JARDINERO FIEL"

Notas de producción © 2005 UIP

4. Adentrándose en África

  Una vez acabado el casting y la preparación en invierno y primavera de 2004, el rodaje empezó en mayo. El equipo de desplazó a Berlín para rodar varias escenas con Hippo Pharma, una organización de defensa del consumidor, que se convierte en una parte crucial de la búsqueda de Justin Quayle para descubrir qué se esconde detrás de la muerte de su mujer. En Berlín, se rodó en la estación de tren Lehrter cuando Justin llega en tren a Alemania; la Academia del Kunste prestó algunos despachos para el Alto Comisionado Británico; el hotel Residenz, donde Justin se da cuenta de los brutales métodos que son capaces de usar los fabricantes del medicamento Dypraxa para impedir que se hagan públicos sus negocios; y por último, el venerable Estudio Babelsberg. Al cabo de dos semanas en Alemania, el equipo regresó a Londres. Una zona de la Tate Gallery hizo las veces de la sala de conferencias donde Tessa y Justin se conocen. También se rodó en la iglesia de St. Mary Magdalene en Paddington y en el Liberal Club.

  Se dejó la fase más importante para el final. Fernando Meirelles tuvo la oportunidad de aprovechar los paisajes con los que contaba. El equipo se trasladó a Kenia a principios de junio para una estancia de dos meses en Nairobi y otras zonas del país. Para poder rodar en Kenia, Simon Channing tuvo que emplear toda la diplomacia de la que fue capaz. La novela de John le Carré describe al gobierno de Kenia como corrupto, lo que provocó que fuese inicialmente prohibida.

  Pero eso no fue obstáculo para que los Keniatas introdujeran montones de ejemplares del extranjero, pasándolos a amigos y vecinos. El punto de vista crítico de la novela en cuanto al cuerpo diplomático británico no impidió que Edward Clay, el Alto Comisionado, brindara su ayuda al equipo.

  “Entre las primeras personas que fuimos a ver, estaban Edward y su asistente, Ray Kyles”, nos dice el productor. “El ánimo y el apoyo que nos brindó el Alto Comisionado Británico nos ayudó a convencer a los financieros, los aseguradores y los reaseguradores de que se podía rodar en Kenia”.

  Fernando Meirelles añade: “Edward nos ayudó mucho. Los actores conocieron a miembros del Alto Comisionado, visitaron sus casas para ver cómo vivían. Comimos en Londres con diplomáticos destinados en Kenia. Hablando con ellos en sus despachos, nos dimos cuenta de que el Alto Comisionado Británico se ha convertido en una empresa más, es como Unilever o la Shell. Se trata de negocios, de posibilitar los negocios. A pesar de que han transcurrido 42 años desde que Inglaterra ya no gobierna en Kenia, siguen existiendo lazos importantes por diferentes razones”.

  Con referencia a la novela y al guión, Edward Clay nos dice: “Es una obra artística. No hace falta creer a pie juntillas que los diplomáticos ingleses son realmente así, ni que una industria farmacéutica en Kenia debe ser tal como la describe el autor. Es una bonita historia de amor envuelta en una parábola de mucha fuerza y credibilidad. Los problemas que describe John le Carré son tan potenciales como actuales. Podía haber escogido otro país aparte de Kenia como telón de fondo, podía haber sido otro gobierno, otra industria. La historia subraya el hecho de que la explotación es un método tentador para los ricos y poderosos hacia los pobres y vulnerables”.

  Danny Huston, que interpreta a Sandy Woodrow, el responsable de la Cancillería del Alto Comisionado Británico, nos dice: “La diplomacia moderna se ocupa de negocios, de apoyar a nuevas empresas comerciales. Una vez me reuní con dos señores cuyos nombres no diré aquí ya que pertenecían al M15 y al M16 (los servicios secretos británicos). Cuanto más tiempo estuve con ellos, más me dieron la impresión de parecerse a los personajes de la novela. Tienen una habilidad extraordinaria, incluso diría espectacular, de no contestar a lo que se les pregunta”.

  Edward Clay y el personal de la Cancillería pusieron a los actores y al equipo técnico al corriente del contexto económico, político y social de la Kenia actual y de la época en que está situada la novela de John le Carré, hace unos años. Nos explica: “No hay que poner a toda África en el mismo saco. Hay éxitos. Algunos de los países que peor lo pasaron han conseguido enderezar el timón. A Kenia no le ha ido muy bien en estos últimos 20 años, sobre todo por un problema de gobierno. Quiero dejar claro que cuando John le Carré escribió la novela hace unos años, Kenia era un telón de fondo plausible para la historia. Ahora, aunque la película se ruede en Kenia, éste es un país en que el gobierno y la sociedad han optado por un cambio y ya no será sinónimo de mal gobierno y corrupción”.

  Simon Channing Williams, el productor, nos explica: “El último eslabón de la cadena que nos permitió rodar en Kenia fue el Gobierno. En todo momento, la productora Keniata Blue Sky y nosotros fuimos recibidos con suma cortesía y comprensión. Estaban decididos a que rodáramos allí”.

  Tomando en consideración el tema de la película, el gobierno de Kenia se mostró muy abierto con la producción. El honorable Raphael Tuju, ministro de Información y Comunicación, nos dice: “EL JARDINERO FIEL es una crítica a Kenia y es un hecho inaudito que el ministerio la apoye y dé los permisos de rodaje. Pero decidí hacerlo y apoyé el proyecto ya que si no se rodaba aquí, se rodaría en otro lugar y seguiría criticando a Kenia tal como era hace unos años respecto a la corrupción”.

  Fernando Meirelles cree que su enfoque era diferente. “John le Carré escribió una historia acerca de un país en vías de desarrollo y de una corporación desde el punto de vista de alguien del Primer Mundo. Cuando leí la novela, me puse del otro lado, me vi en África con las grandes corporaciones instalándose en el país. El guión de Jeffrey Caine cuenta ciertos aspectos de la historia desde el punto de vista Keniata y, personalmente, al haber nacido en el Tercer Mundo, me identifiqué más con los Keniatas que con los británicos”.

  Jeffrey Caine añade: “Creo que una de las cosas que atrajo a Fernando fue que la historia transcurría en Kenia. Pero se le entregó una historia vista por británicos, encajada en una subcultura posimperial con la que no estaba muy familiarizado. No me sorprendió que quisiera apartar ese enfoque y subrayar los elementos africanos sin por eso desequilibrar la historia. Creo que lo conseguimos”.

  El productor Simon Channing Williams apoyó plenamente la nueva mirada de Fernando Meirelles y nos explica: “Temía que nos encasilláramos en la típica película para hombres británicos de clase media. Cuando apareció Fernando, todos los prejuicios de clase media desaparecieron, sustituidos por una nueva visión del mundo, la que describía John le Carré, la de un extranjero inteligente. Fernando se apoya en el carácter, no en la clase social. La estructura británica de clases no le toca; fue fantástico alejarse de eso y contar la historia tal como la vería el 95% restante del mundo”.

  Mark Tildesley, el diseñador de producción, nos dice: “Cuando leí la novela, pensé que describía a la generación de mi padre. Luego, nos invitaron a los clubes de Nairobi y fue como viajar hacia atrás en el tiempo. Incluso en las oficinas del Alto Comisionado, mientras nos contaban que iban a trabajar en bicicleta, llamaban al timbre y aparecía un criado con guantes blancos. Era necesario comunicar el sentido de África al público para que le importara y comprendiera la historia. No podía ir todo de críquet ni ginebra con tónica”.

  Ralph Fiennes recuerda: “Fernando estaba empeñado en incorporar imágenes de África, colores, rostros. Cuando me dijeron que él sería el director, tuve la esperanza de que construyera la historia alrededor de África y es exactamente lo que hizo”.

  La perspectiva “tercermundista” de Fernando Meirelles hizo posible que, además de contratar a cientos de extras, gran parte del reparto fuera africano (hay unos treinta papeles con diálogos interpretados por Keniatas). Unos 70 técnicos se unieron al equipo británico, sin contar los conductores, el catering y los peones.

  El productor nos explica: “Todas esas personas, tanto delante como detrás de la cámara, tenían derecho a estar allí; los trabajos y los papeles debían ser suyos y lo fueron. Kenia es un asombroso pozo de talento y espero sinceramente que este rodaje demuestre a otros productores lo mucho que tiene por ofrecer”.

  Aunque Fernando Meirelles considera Kenia “como el tercer protagonista de la película”, en un principio se pensaba rodar la mayoría de las escenas Keniatas en Suráfrica donde existe una boyante industria cinematográfica e infraestructuras. “La idea era ir a Kenia para ver el marco de la novela y, a continuación, ir a rodar a Suráfrica”, nos explica Simon Channing Williams. “Me alegra mucho poder reconocer que a las 24 horas, Fernando y yo sabíamos que no queríamos rodar en ningún otro sitio. Claro que esto nos planteaba graves problemas con los aseguradores, que consideran Kenia un sitio muy peligroso, aunque sea todo lo contrario. Luchamos para conseguirlo. Teníamos muy claro que debíamos rodar en Kenia”.

  Mario Zvan, el productor ejecutivo de Blue Sky Films, la productora Keniata, nos explica: “África oriental es muy diferente de la meridional. Fernando y Simon se dieron cuenta inmediatamente. La gente es diferente, la vegetación, la luz, las construcciones. Rodar esta película en Suráfrica habría sido como rodar una historia de Boston en Miami”.

  “Queríamos que la película fuera realista”, añade el director de fotografía César Charlone, colaborador y amigo personal de Fernando Meirelles desde hace años. “Queríamos mostrar la verdad, ser fieles mediante localizaciones auténticas y luz natural. Si el depósito de cadáveres está iluminado con fluorescentes, usamos fluorescentes. Tuvimos cuidado de no escoger localizaciones por su belleza o porque fueran muy cinematográficas”.

  Sigue diciendo: “Luego, cuando nos metimos más en el proyecto, tuvimos la sensación de que nos enfrentábamos a dos realidades, a dos mundos. Estaba el mundo de Justin representado por el Alto Comisionado Británico. Pero según va retirando los velos de la vida de Tessa, ésta se convierte en una puerta hacia otro mundo, la África auténtica a la que no conocía o no había querido ver. Decidimos que en el mundo de Justin (Inglaterra) predominarían los verdes frescos y que en el mundo de Tessa (África) predominarían los rojos cálidos”.

  “Fernando y César estaban decididos a obtener una visión auténtica y hacer algo notable”, nos comenta Bill Nighy que hace el papel de Bernard Pellegrin. “Había trabajado en Marruecos, pero era mi primera vez en Kenia o en el África subsahariana. Los paisajes, los sonidos, los olores no tienen nada que ver con el resto del mundo. Es mucho más que un telón de fondo, porque EL JARDINERO FIEL es una historia africana que muestra cómo el mundo occidental usa ese continente como si fuese un laboratorio”.
“Quizá lo mejor de todo esto fue rodar en lugares reales en Nairobi”, nos dice Ralph Fiennes. “Fernando estaba empeñado en usar personas reales en las escenas de multitudes. Kenia no tiene una gran estructura cinematográfica y no trabajamos con extras profesionales, pero todo el mundo apoyaba la película. Participaban en algo que ocurría en el barrio. Simon y Blue Sky se las arreglaron para que no llamáramos la atención como suele hacer cualquier rodaje: camiones, walky-talkies, etc, molestando a la gente que vive en la zona. Nunca sentí ningún rechazo. Más aún, no sólo se respetó a los habitantes sino que se les incluyó en el proyecto”.

  Emily Mbonga, la coordinadora de casting encargada de los extras, nos explica: “No es que Kenia no tenga una infraestructura, más bien la ha olvidado”. Encontró a la mayoría de los extras blancos en grupos de teatro no profesionales. Otros extras procedían de la profesión que representaban; por ejemplo, cuando la prensa entra en el entierro de Tessa Quayle, todos son periodistas y fotógrafos que trabajan en Kenia.

  “La clave para crear un personaje es la imaginación. Cuando uno se encuentra en el sitio donde de verdad transcurre la historia, lo tiene en bandeja”, nos dice Ralph Fiennes. “Se responde de forma sutil, física y emocional al ambiente”.

  Rachel Weisz añade: “No tengo nada contra Suráfrica, pero el paisaje de Kenia tiene algo especial que no se puede reproducir. No puedo separar Kenia de la historia ni la historia de Kenia. Y lo mejor es haber ayudado a crear una infraestructura que hará posible que se rueden más películas”.

  Pete Postlethwaite, que interpreta a Lorbeer, el evasivo creador de Dypraxa, nos dice: “Preparas el papel, lees la novela, colocas a tu personaje, pero al llegar a Kenia todo cobra sentido, como si fuera una lupa”.

5. Rodando en Kenia >>


Imágenes y notas de cómo se hizo "El jardinero fiel" - Copyright © 2005 Focus Features, UK Film Council, Potboiler Productions y Scion Films. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos reservados.

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