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KING KONG


Dirección: Peter Jackson.
Países:
Nueva Zelanda y USA.
Año: 2005.
Duración: 180 min.
Género: Acción, aventuras, drama.
Interpretación: Naomi Watts (Ann Darrow), Jack Black (Carl Denham), Adrien Brody (Jack Driscol), Thomas Kretschmann (Capitán Englehorn), Colin Hanks (Preston), Kyle Chandler (Bruce Baxter), Jamie Bell (Jimmy), Evan Parke (Hayes), Andy Serkis (King Kong/Lumpy, el cocinero).
Guión: Fran Walsh, Philippa Boyens y Peter Jackson; basado en el guión original de Merian C. Cooper y Edgar Wallace.
Producción: Jan Blenkin, Carolynne Cunningham, Fran Walsh y Peter Jackson.
Música: James Newton Howard.
Fotografía:
Andrew Lesnie.
Montaje: Jamie Selkirk.
Diseño de producción: Grant Major.
Vestuario: Terry Ryan.
Estreno en Nueva Zelanda: 13 Dic. 2005.
Estreno en España: 14 Diciembre 2005.

 


MÁS OPINIONES (incluye spoilers)

Betomovies (Lista de Cine)

  «Nadie podrá objetar que Peter Jackson no sabe manejar grandes presupuestos, pues en cada película que hace por estos últimos tiempos demuestra ser uno de los directores de cabecera para me-gaproducciones de la gran industria de Hollywood. En "King Kong" lo demuestra a las claras, y revalida toda su capacidad para combi-nar realidad con fantasía al punto de constituir un bloque indisoluble muy difícil de separar. Lo de Jackson es homenaje a una buena cinta de fantasía, aunque puede decir que no la supera en ningún momento. Me imagino que la obra de 1933 causó más impacto que lo que puede llegar a demostrar esta aggiornada versión plagada de efectos digitales de altísima factura. A mi modo de ver las cosas, el filme tiene una gran falencia desde lo narrativo, parte heredada de la cinta original, a la cual Peter Jackson debió ajustarse, es decir, que la historia en sí de la obra de "King Kong" no tiene para quien les escribe mucho méritos desde lo conceptual. Y ese defecto in-defectiblemente se traslada a esta versión del 2005. Con esto quie-ro decir que había una oportunidad de darle algunas vueltas de tuer-ca un poco más elaboradas, un trabajo arduo para el guionista del filme. Pero la historia en sí, posee las mismas circunstancias que fueron efectivas en la década del 30, pero que creo que hoy día ya no asombra de la misma manera. Primero porque ya la novedad de la película pasó, vamos a asistir a una remake por el sólo hecho de presenciar lo que en el 2005 se puede hacer con la tecnología, de base se estaría cambiando las formas, el lenguaje mismo de la cin-ta. ¿Para bien? Y sí, nadie puede objetar que son los mejores efec-tos especiales del año, todo un trabajo desde lo técnico envidiable, pero también esperable. ¿O acaso alguien ansiaba un proyecto im-provisado? Para nada, el filme recrea maravillosamente la Nueva York antigua, nos muestra esa misteriosa isla de manera insupera-ble, nos regala un King Kong bien diseñado, con unos primeros pla-nos impresionantes y dignos de encomio, se nos brinda un panora-ma sorprendente sobre la flora y fauna salvajes donde se puede nuevamente vislumbrar la imaginación del director y una correcta presentación de los nativos que aquí en esta película tienen menos presencia que en la cinta original. Desde la estética, estamos ha-blando de un trabajo sorprendente, digno de un filme de fantasía por excelencia, no le falta nada. No obstante debo remitirme nueva-mente a la parte argumental, este filme de Jackson le agrega algu-nas variantes que si bien no cambian la esencia del filme, creo que sí afecta a la sobriedad del mismo, por ejemplo es oportuno men-cionar ciertos casos de situaciones demasiado licenciosas, que si bien están permitidas por el género del filme, creo que podrían ha-ber trabajado más en ellas, sobre todo teniendo en cuenta el presu-puesto del filme y las magnitudes del mismo, a saber: la escena del joven que ametralla la cucarachas subidas al cuerpo del prota-gonista, la parte en que huyen de la estampida de los dinosaurios, la facilidad con que las personas se ubicaban dentro de la isla, la escena en que los aviones descargan toda su artillería sobre Kong sin dañar a Ann, el baile de King Kong en medio del lago helado en Central Park, son sólo ejemplos de que el guión tiene sus debilida-des y no son esperables, sino que, todo lo contrario, nos sorpren-den. Por ello puedo dejar bien en claro que la película me decepcio-nó en ciertos pasajes, que el filme me entretuvo pero no me emo-cionó ni aumentó de intensidad en ningún momento. Lo viví como una película correcta, interesante, que documenta lo que la tecno-logía del 2005 puede hacer con una historia clásica que otrora cau-sara mucha impresión, pero que hoy día ya no es lo mismo. Cómo no mencionar las actuaciones, que vienen de la mano de los senti-mientos que el filme irradia, claro que podemos sacar las conclu-siones pertinentes que dicen que este filme mueve a lástima, a indignación por lo que el hombre es capaz de hacer con su inescru-pulosidad y su ambición de fama y dinero, nos llena de brutal cari-ño, de sentimientos nobles y egoístas a la vez, todo un trabajo des-de lo emocional que ya habíamos visto y que aquí se ve muy bien reflejado en el impecable trabajo de la tierna Naomi Watts, quien otorga un personaje maravilloso, de lo mejor del filme, que conmue-ve con cada gesto, con cada sentimiento que exuda su performan-ce. Jack Black y Adrien Brody acompañan correctamente cada uno en lo suyo, por lo cual se puede decir que las actuaciones son con-vincentes, a la altura de lo que exige el guión. En fin, no justifico que el filme sea tan largo, creo que se podrían recortar perfecta-mente muchas escenas que son un tanto repetitivas, al filme le so-bra diversión, y ese exceso se paga caro, hasta podemos llegar a hablar de tedio. Pero no se puede dejar de valorar este homenaje que la industria hace del clásico de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoedsack, un reconocimiento que sin dudas esta obra se mere-cía, con errores y virtudes, pero una película necesaria al menos para remozar aquellas vetustas emociones que se habían sentido a principio de la década del 30».

José Luis Santos (Lista de Cine)

  «Tras su titánica aventura de poner en imágenes la trilogía de “El señor de los anillos”, Peter Jackson vuelve a embarcarse en un pro-yecto tan faraónico como complicado: hacer una nueva versión de “King Kong”, con la losa que para ello supone la obra maestra que en 1933 forjaran para la misma historia Merian C. Cooper y Edgar Wallace, y que desde entonces se ha merendado literalmente a todo intento de remake. El resultado de tan arriesgada apuesta son nada más y nada menos que tres horas de metraje que están sien-do objeto de múltiples alabanzas desde la práctica totalidad de la crítica, y que si bien creo que en conjunto merecen una calificación positiva, no estaría siendo sincero si omitiera que no me provocan tanto entusiasmo como el que invade el ambiente. Son innegables los múltiples aciertos en el remake de Jackson partiendo en primer lugar del profundo respeto hacia el original que emana, plasmado tanto en la fidelidad hacia las líneas generales del guión como en la estructura (tres actos: presentación en un espléndidamente recrea-do Nueva York y viaje, aventuras en la isla y acto final de nuevo en Nueva York) y el aroma de buena parte del metraje a cine de aven-turas clásico. Sin embargo, son también evidentes sus defectos, que nacen sobre todo del hecho de hallarnos ante una cinta aqueja-da de un importante desequilibrio que la hace caminar por una cuerda floja entre pasajes de delirante exceso y otros de fina y be-lla sutilidad. Así, Jackson nos sumerge en momentos de auténtica orgía del exceso (ya en la desproporcionada duración de una pelí-cula que con menos minutaje hubiera podido resultar mucho más redonda), especialmente en la parte de la isla, en la que se combi-nan escenas notables como la primera aparición de Kong o impac-tantes como la pelea con los tiranosauros con otras más discuti-bles (por no decir superfluas o repetitivas) como la de la estampida, tan absurda y metida con calzador como carente de emoción o in-cluso de credibilidad ante cierto cante de unos efectos especiales que flaquean en la interacción física de sus muy bien creadas cria-turas con los seres humanos. Y por el contrario, en el otro extre-mo, el director neozelandés nos ofrece minutos con regusto a gran cine, especialmente en el tercio final y en las escenas de intimidad entre Anne (estupenda Naomi Watts, cada vez más todo terreno) y Kong (excepto, eso sí, la ridícula escena en la que Anne hace el payaso para intentar hacerlo reír). La fantástica labor de humaniza-ción del gigantesco gorila lo hace actuar con todas las letras, lo que permite un juego entre ellos de complicidad y miradas, de ter-nura, comprensión y también tristeza que paradójicamente ofrecen las imágenes de más kilates de esta supermegaproducción. En re-sumen, un producto irregular pero no exento de buenos contenidos y bastante por encima de lo que el género de aventuras se ha visto desterrado a significar en nuestros tiempos (a pesar de incluir algu-nos de sus defectos característicos), y en el que a través de esa especie de alter ego que Carl Denham supone como obseso direc-tor de cine dispuesto a todo para lograr su objetivo tanto del propio Peter Jackson como de la humanidad occidental, queda bien plas-mada la capacidad del ser humano para destruirlo todo en aras de su estupidez y del despiadado mercantilismo, contrapuesta al ro-manticismo de una historia de amor tan imposible como emocio-nante».

Jorge Ros (Lista de Cine)

  «Me uno a los pocos a los que les gustó "King Kong". Yo también adoro la copia original, pero ésta me entretuvo muchísimo. [...] A mí me encantó».

José Orte González (Lista de Cine)

  «Voy a empezar discrepando respecto a las últimas críticas tan atroces de "King Kong". Partiendo del hecho de que en el siglo XX exista una isla que contiene el monicaco más grande del mundo, amén de todo tipo de bichejos supuestamente extinguidos, y otros ultra vitaminados que han multiplicado su tamaño por 54, y que unos nativos hayan conseguido dejar dicha fauna tras un muro (me da igual la versión antigua con la empalizada, o esta necro muralla megalítica...), parece claro que vas a ver una película de ficción, que busca entretener y poco más. (Encontrar la misma consisten-cia de la historia de Tolkien es complicado partiendo de un có-mic...), tiene fallos, como todas, pero no es menos creíble o con-sistente que las películas del género a las que nos tienen acostum-brados los guionistas norteamericanos, tan acostumbrados a un público simple y poco crítico. Yo (y aún compartiendo casi todas las pegas que otros han apuntado con mucha precisión), me lo pa-sé bien, me divertí, tiene un toque de humor peculiar, los efectos me parecieron notables (me debí de dejar las gafas de ver pantallas azules en casa). En resumen, que a pesar de todo, os recomiendo, si queréis pasar un rato divertido, que la veáis».

David Garrido Bazán (Lista de Cine)

  «La pasión obsesiva con la que se aborda cualquier tipo de proce-so artístico es, lo sabemos desde siempre, un arma de doble filo. Cuando un autor se empeña en conseguir una obra que esté a la altura de los desmesurados sentimientos que la inspiraron y dispo-ne de medios prácticamente ilimitados para llevarla a cabo, no es extraño que el resultado contenga en su interior tantos momentos de inmensa, brillante genialidad creativa como otros en los cuales uno puede tener la sensación de que sólo cierta ceguera a la hora de valorar el propio trabajo impide al artista ponerse en el lugar de los destinatarios del mismo y darse cuenta de que a veces, en su afán de recrear su sueño, ha transitado por los caminos de la des-mesura y el exceso. Viendo las imágenes de esta hiperbólica pelí-cula cuya realización ha obsesionado a Peter Jackson desde que a la temprana edad de nueve años quedó para siempre fascinado por el clásico original de 1933, uno no puede sino llegar a esa conclu-sión irrefutable y admitir que lo mucho bueno que contiene en su in-terior esta versión actualizada de "King Kong" tiene su contraparti-da en una serie de decisiones cuestionables que encontrarían su explicación en la pasión irrefrenable que este cineasta siente desde siempre por esta mítica historia del gorila gigante enamorado hasta las trancas de la bella rubia de turno. Si algo positivo tiene el "King Kong" de Jackson es la absoluta honestidad personal con la que el realizador neozelandés ha afrontado una empresa tan delicada co-mo ésta. Jackson siempre ha tenido claro que su objetivo no se tra-taba tanto de aportar cosas nuevas al mito como de aprovechar las enormes posibilidades que las nuevas tecnologías le ofrecían para actualizar para toda una nueva generación esta poderosa historia capaz de aunar sin complejos espectáculo, aventuras, romance y un drama de enorme capacidad de sugerencia y emoción. Los per-sonajes, con leves matices –la presentación de Jack Black como un trasunto del descarado primer Orson Welles que jugaba al des-piste con los estudios, la forma en la que Naomi Watts enriquece su papel, la acertada reconversión del personaje de Adrien Brody en guionista, aunque al actor se le ve a ratos algo perdido– son básicamente los mismos y la estructura general de la película tam-bién resulta idéntica al original. La apuesta de Jackson consiste pues en mantener lo que considera la esencia misma de la historia, potenciando por un lado sus aspectos más espectaculares desde una óptica hiperrealista que no descuida los elementos más fantás-ticos y perturbadores del relato; y por otro centrando mucho la atención del espectador en la perspectiva que ofrece de los distin-tos personajes, cuidando más su trazo psicológico y poniendo el acento en la imposible, trágica historia de amor entre la bella y la bestia. Analizando el primero de esos dos puntos, habrá que con-venir que lo aprendido por Jackson y su equipo en la recreación del universo Tolkien en su anterior trilogía le ha servido de mucho a la hora de mostrar de forma más que convincente lo que debía ser la metrópoli neoyorquina de la Depresión y la absoluta necesidad que mueve a todos sus personajes. El realizador es consciente de que cuanto más realista se muestre en este proceso, mucho más per-turbador resultará para el espectador el choque que resulte cuando sus criaturas se den de bruces con un mundo tan aterrador como el que les espera en la Isla Calavera. Y así es, en efecto. El viaje al Corazón de las Tinieblas –detalle particularmente malévolo éste– del Venture cobra toda su fuerza en el aterrador primer contacto con la civilización indígena que puebla la isla, que Jackson presen-ta como si de una película de terror se tratara, consiguiendo resul-tar de lo más inquietante –sólo le fallan, a mi juicio, esas inadecua-das ralentizaciones en la pelea, que no se sabe a cuento de qué vienen– y funciona asimismo en la primera aparición del gran simio cuando se lleva a Ann consigo aceptando tan suculenta ofrenda. A partir de este momento, el alargado tramo central que transcurre en la isla se divide en dos aspectos que no acaban de encontrar el equilibrio justo: uno es el que se dedica a explorar los múltiples pe-ligros que acechan en la misma, ya sea en forma de estampidas de brontosaurios (de lejos la peor escena del filme tanto desde su absurda concepción en el guión como en su puesta en imágenes, sorprendentemente fallida), lagartos hiperdesarrollados, horripilan-tes pozos de insectos (otra escena que, pese a su regusto gore, Jackson se podía haber ahorrado y que está en el filme precisa-mente por haberse descartado en el original de 1933, un hecho muy indicativo del espíritu de homenaje que preside toda la pelícu-la) y tiranosaurios particularmente insistentes que permiten a Kong demostrar toda su fuerza en una serie de inacabables luchas que, si bien resultan de lo más espectaculares y tienen cierto sentido del humor, pueden resultar una experiencia de lo más agotadora in-cluso para el espectador más curtido. Por otro lado está el proceso de entendimiento entre Ann y el gran gorila. Y aquí sí que Jackson y sus guionistas saben extraer genuina emoción al desarrollar esa relación imposible: posee una irresistible comicidad la forma en la que Ann (una brillantísima Naomi Watts, que llena de verdad su in-terpretación) tranquiliza primero la cólera de la bestia con sus tru-cos de vodevil y luego vuelve sobre ellos, tras la batalla con los saurios, para, directamente, seducir al gran primate. Hermosa es la forma en la que Kong contempla el atardecer sobre el océano e in-vita a Ann a compartir ese momento –uno siente la inmensa sole-dad en la que se halla ese ejemplar único en su especie– y com-prensible es la desesperación que le invade cuando asiste impoten-te a la forma en la que intentan arrebatarle de su lado al objeto de su deseo, lo que le lleva de cabeza a la trampa que le tienden: re-sulta increíble la expresividad que han conseguido extraer del gran gorila cuando éste, suplicante, parece no entender la razón por la que Ann no salta a su mano salvadora cuando acude de nuevo a rescatarla antes de que finalice el segundo acto. Los cimientos de dicha relación condenada a la tragedia son tan sólidos como cabría esperar. Así, en el tercer acto, Jackson ha conseguido de sobra su objetivo: ya no es el despliegue de efectos visuales de Kong suelto por esa Nueva York llena de luces lo que nos llama la atención. Muy al contrario, lo que nos conmueve es la forma desesperada en la que el simio busca entre la multitud lo único que verdaderamente le importa. Y aunque por momentos la película se inclina peligrosa-mente al borde de lo sensiblero –el reencuentro de Ann y Kong tie-ne un cierto aire de spot publicitario, y la escena del hielo en Cen-tral Park, bien que emotiva, tampoco se libra de cierto empalago– Jackson consigue salir más o menos airoso del trance interrum-piendo bruscamente una y otra vez los escasos momentos de inti-midad que la pareja comparte hasta trepar a lo alto del Empire Sta-te Building. Y, qué quieren que les diga, este cronista se emocionó profundamente durante todo el tramo final, desde ese amanecer contemplado (qué hermoso detalle el del gesto del primate recor-dando aquel atardecer en la isla y la reacción que provoca en Ann) hasta el ametrallamiento inmisericorde de esa bestia ya definitiva-mente humanizada, empeñada en poner a salvo a su amada, con la que comparte esos últimos momentos de amor ya claramente co-rrespondido. Así pues la película de Peter Jackson es un sobreco-gedor monumento a la pasión. Y desde ahí, no cabe duda que sufre de excesos y desmesura –sus más de tres horas de duración, que ni siquiera el propio cineasta sabe muy bien cómo justificar (ver en-trevista en Dirigido nº 351, pág. 30) así lo prueban, por no mencio-nar que reincide sin duda aposta en todas esas cuestiones ilógicas que ya se hallaban presentes en el original de 1933 (y que tan bien resumía el personaje de Ray Liotta en un afortunado diálogo de la película "Phoenix" de Danny Cannon de 1998), que tanto se le han criticado desde algunos medios, sin advertir que esas incoheren-cias son en cierto modo parte del juego y del mito –aunque un ser-vidor ha de reconocer que hubiera preferido que al menos algunas no fueran tan evidentes, porque son capaces de sacar de la pelícu-la al fan más entregado– pero sería un tanto injusto no reconocerle al filme de Jackson los muchos méritos que tiene no ya desde el punto de vista del torrencial sentido del espectáculo que el neoze-landés siempre ha demostrado, sino desde el simple plano narrati-vo. No está al alcance de cualquiera coger un presupuesto de tal magnitud para realizar una superproducción de estas característi-cas y construir una historia entretenida que se sigue con un inmen-so interés, en la que no faltan un buen puñado de escenas podero-sas y llenas de emoción que quedan en la retina del espectador. ¿Y acaso no era ése desde un primer momento el principal objetivo de Peter Jackson? Se le pueden poner todos los reparos que uno quiera –la mayor parte de ellos tienen cierta fundamentación lógica irrebatible– pero un servidor prefiere quedarse con el hecho de que Jackson consigue transmitirme su pasión y emocionarme, logro que siempre le agradezco y le agradeceré a cualquier cineasta».

Daniel Vargas (Lista de Cine)

  «Película a película el tío [Peter Jackson] iba creciendo como di-rector hasta llegar a su obra maestra indiscutible que es "Criaturas celestiales". A partir de ahí, el tío ha ido cuesta abajo, de culo y sin frenos (bueno, "Agárrame esos fantasmas" también está muy bien, aunque es un poco irregular); lo que me hace pensar que ha sido suplantado por un clon fabricado por los estudios de Hollywood pa-ra que les obedezca ciegamente en todos sus absurdos plantea-mientos mercadotécnicos».

David Medina (E-mail a la redacción)

  «Dice Peter Jackson que él se enamoró del cine gracias al "King Kong" de 1933. Y sólo por eso los aficionados al cine en general y seguidores de Tolkien en particular ya tenemos una deuda pendien-te con la mítica película de Merian C. Cooper y Ernest B. Schoed-sack. Posiblemente ya desde esa época, Jackson comenzó a ima-ginar cómo sería esa película filmada en color, con un presupuesto desorbitante y unos efectos especiales capaces de enrojecer al mismísimo Gandalf. Ahora, ese sueño se ha hecho realidad. Los 18 Oscars de la Academia® conseguidos por su trilogía de "El Se-ñor de los Anillos" son un currículo más que suficiente para que la Universal le haya entregado un cheque en blanco con el que podía hacer, literalmente, lo que quisiera. Y lo ha hecho. Y lo que ha que-rido hacer es una monumental película, vibrante, espectacular, apa-sionante... en definitiva, grandiosa, tanto como la eterna historia de amor imposible que en ella se narra. Además, Jackson, que antes que cineasta ha sido espectador, conoce a la perfección una regla no escrita en el mundo del cine según la cual, si vas a hacer un re-make de una buena película, que sea por un buen motivo. Jackson lo tenía, pues por más enamorado que estuviese del film original, ha sabido encontrar sus debilidades parta saberlas eliminar en una versión mejorada con respecto a aquélla, no sólo técnicamente (lo cual es relativamente sencillo, sólo es cuestión de dinero) sino ar-gumentalmente, dotando a los personajes protagonistas de una profundidad ignorada anteriormente. Esta vez, hay una historia de-trás de cada uno de ellos, una vida ajena a la del gran gorila, y Jackson sabe tomarse su tiempo para presentárnosla, para que co-nozcamos a cada uno del trío principal y lleguemos a comprenderlo y amarlo (u odiarlo) como merece. Esta es la grandeza que esta película que, más que un remake, se podría definir como un verda-dero homenaje no sólo al "King Kong" original, sino al propio géne-ro del cine de aventuras. Y para ello, nada mejor que apoyarse en una serie de actores que están sencillamente impresionantes (y eso que ni Watts ni Brody cuentan habitualmente con las simpa-tías del que suscribe), entre los que destacaría por encima de los demás al habitualmente televisivo Kyle Chandler. Poco espacio vale la pena dedicar al aspecto técnico que, como es de suponer, es impecable y sin duda arrasará en los próximos Oscars® por enci-ma de Narnias, Potters y tonterías por el estilo. Teniendo en cuenta todo esto, ¿cómo se explica la tibia acogida que ha tenido en los Estados Unidos y su floja repercusión en taquilla? La respuesta se puede resumir en una sola palabra: exceso. Y no sólo por el metra-je (más de tres horas) sino por el desarrollo de la acción, fiel al circense dicho de conseguir el más difícil todavía. En este aspecto, me viene a la memoria otra película que, como ésta, fue filmada con el corazón, como homenaje también a un género clásico y que no logró seducir al público por idénticos motivos. Me refiero al "Van Helsing" de Stephen Sommers, donde la acción se amontona, pa-sando siempre de un peligro a otro mayor y sin dar tiempo al es-pectador a recuperarse de una emoción antes de pasar a otra. Imaginen, si pueden, una montaña rusa con cien loopins. Sin duda los cinco o diez primeros nos harían gritar de pánico y emoción, pero... ¿y los noventa restantes? Sin duda la única emoción capaz de crear sería hastío y el deseo de que todo termine y volver a pisar tierra firme. Aquí es donde "King Kong" flojea, y aunque el abajo fir-mante disfrutase hasta la saciedad de cada minuto de metraje, re-conozco que la parte de la historia que transcurre en el interior de la isla puede resultar interminable, mientras que la aparición de ani-males cada vez más peligrosos y mortales provoca que la sorpresa se trunque a favor del aburrimiento y roce el cachondeo general en el momento en que algunos de los protagonistas son atacados por una especie de babosas y gusanos, cuya escapatoria está tan pi-llada por los pelos como, por otro lado, es de rigor en este tipo de películas, igual que en la ya mencionada "Van Helsing" o en dos sagas creadas por Spielberg que es imposible que no acudan a nuestra mente: Indiana Jones y Parque Jurásico. Las tres horas lar-gas que dura la película sirven para dividir la historia en tres partes claramente diferenciadas: la primera corresponde a la presentación de los personajes, con la que Jackson demuestra que puede ser un muy buen cineasta sin necesidad de grandes efectos especiales; la segunda corresponde a la ya comentada intrusión en la Isla de la Calavera; y la tercera regresa a la ciudad para contemplar el ya co-nocido desenlace de la historia. Es esta última la mejor y más es-pectacular de las tres, con inteligentes cortes en el ritmo para po-der alternar el frenesí destructivo del simio gigante con la ternura y sensibilidad en escenas de gran belleza como la del lago helado o la contemplación del paisaje desde lo alto del Empire State. Se mi-re como se mire, adrenalina en estado puro y acción sin límites con moralejas varias incluidas: el amor mata y la ambición arruina. El único pero auténtico podría encontrarse en el olvido, durante la tercera parte de la película, de los secundarios, pese a dar la sen-sación de que tanto el capitán Englehorn como los marinos Lumpy o Jimmy tienen unas interesantes historias propias que no termina-mos de conocer. ¿Acaso no tuvo tiempo para desarrollarlas y habrá que esperar, como en la trilogía del Anillo a la versión extendida en DVD? Eso, sólo Jackson lo sabe, igual que sólo él sabe contagiar-nos de la pasión que él mismo siente por el peluche gigante y su conmovedora historia de trágico final».

Julián Bueno (Lista de Cine)

  «No sé qué pensar en realidad, creía que tal vez vería una película
entretenida y hasta bien hecha y me encuentro con una realización oscura poco convincente que fue "King Kong". Empezaré explican-do mi punto de vista: después de "Jurassic Park" vimos cómo los computadores se apoderaron del cine y los efectos especiales se convirtieron en una manera casi realista de nuestras fantasías, pero me voy al cine y qué encuentro, un sinnúmero de efectos mal logra-dos, una Nueva York Oscura llena de niebla para ocultar lo hecho por el computador, unas tomas donde los actores hablaban y se nota todo el tiempo que están detras de una pantalla verde o azul (cuando están en el Venture se nota más), mucha toma aérea de la isla y también de la muralla, se notaba el paso del computador por allí, sin contar con los dinosaurios estrambóticos, los bichos pelu-dos y el King Kong fingido. Bueno, haciendo un paréntesis, dentro de la misma película traté de obviar esa gama de horribles y defec-tuosos efectos (cuando Ann Darrow hace los malabares con las piedras se notaba que ni las tocaba), comencé a buscarle un senti-do, pero qué me encuentro, un director macabro haciendo una pelí-cula (lo mas entretenido de la película), una mujer hermosa y la bestia, obviamente; pero lo mas triste, Steven Spielberg nos trajo a la vida en el año 1993 los dinosaurios de una manera hermosa y ar-tísitica, aunque la película tiene alguna que otra falencia, cumple el cometido en cuanto a buenos y bonitos efectos, [mientras que] aquí nos encontramos con unos brontosaurios en estampida, unos velociraptores con cara de tiranosaurios que no cuadraban en las tomas, luego un choque entre todos ellos al estilo "Matrix reloaded" pero sin carros, ya luego Ann Darrow se enfrenta no sólo a uno ni a dos T-Rex sino a tres, por favor, en la "King Kong" original era sólo uno, además en ésta chilla esa cantidad de dinosaurios (Peter Jackson trata de explotar a los dinosaurios como Spielberg, muy triste), aunque nuestro héroe se enfrenta a estas tres bestias de una manera campal, es decir, éstas no pueden con ella ni con toda su fuerza, lo cual es extremadamente ilógico pero tragable, nos en-contramos que puede ser mareado, desmayado, con unos cuantos seres humanos con cuerdas y cloroformo (ambiguo esto en la cin-ta,  ¿no?), luego de haber tenido una lucha titánica con bestias que ni con toda la tecnologia del mundo pueden ser dominados, ade-más el mono estaba muy grande para ser llevado en el Venture, to-do era de tamaño épico, no había ningún animalito tierno, todo era violento, sangriento y hasta algunas veces despreciables retos a un orangután normal abrirle la boca a un cocodrilo (el cocodrilo familiar del dinosaurio) a ver si le parte su quijada, pero bueno, luego de sangre, insectos y mandíbulas de dinosaurios rotas, se llevan a la gran y magistral bestia a Nueva York donde allií es de noche para nuestra sorpresa, ya que la empresa de efectos no la muestra de día (obviamente se nota el efecto), encontramos que la bestia cam-bia por la bella, les juro que después de dos horas de violencia ha-cia otros animales, mostrar a King Kong como una bestia tierna es extremedamente ilógico, es como ponerle ternura a una película de Rambo o "Kill Bill", pero bueno, la bestia se vuela, encuentra a la chica despampanante y van al Empire State. Peter Jackson aquí se le luce con unas tomas aéreas del simio sobre la ciudad exce-lentes, las cuales producen un vértigo genial, casi media hora de brincos, gruñidos sobre el tope de la gran manzana es lo que salva dicha película, pero en resumen es pésima, tiene un contenido Godzilla lo cual aún es más triste pero se puede creer más fácil la historia sabiendo que la iguana gigante no es mala, King Kong mató a mucha gente y animales, casi tiene el mismo nivel de me-diocridad que tiene "Anaconda". En resumen, pésima, triste que este tipo sea considerado un genio, es sólo alguien que pretende ser profundo con bestias sin sentido. [...] He estado leyendo los comentarios de todos y traté de entender por qué la película tenía más cosas buenas que malas y por obvias razones volví a cine, pero descubrí algo, lástima que la gente se contenta con cualquier cosa que le muestren, las actuaciones no son tan malas como los efectos especiales, el que no haya visto un gorila de 7 metros lo in-vito a ver "Mi gran amigo Joe" de Walt Disney, nominada al Oscar® por mejores efectos especiales, allí lo vemos mucho más logrado y, por cierto, de día sin ninguna nube que distorsione el efecto y lo haga creíble; como pude observar nuevamente en "King Kong", Jackson usa escenas muy oscuras con el fin de ocultar lo mal lo-grado del efecto, ya que todos sabemos que los efectos especiales nocturnos u oscuros no tienen tanto mérito como efectos hechos a plena luz del día, ya que son más difíciles de recrear y realizar, por lo tanto los efectos no merecen tanta ovación o soy yo el único de aquí que no notó lo ficticio de la selva; la ciudad de Nueva York... pues bien ambientada, pero se notaba que era un fondo azul y que el pelo de Kong era lo de más chistoso y algunas veces no cuadra-ba, sin contar los dinosaurios, aunque mejor, muy exagerados, aunque los insectos muy bien hechos y creíbles. Leí un comentario sobre que los efectos de esta película: eran mejor que los de Geor-ge Lucas. En esta ocasion digo lo siguiente: cómo se le ocurre a alguien decir eso, los efectos tanto de "El señor de los anillos" co-mo de "King Kong" son pésimos, se nota el uso de computador por todos lados, la idea de los efectos especiales es engañar al espec-tador, si recordamos "Jurassic Park" podemos ver que el realismo de los dinosaurios tanto en animatronics como computador era la más elaborada para poder engañar al espectador y hacer creíble la historia, pero sé que si a Jackson le dieron dinero para eso, se no-ta que se lo robó, que ya que no hay ningun exterior, es puro y físico uso del PC, por lo tanto no engaña, cuando uno va al cine no sólo mira los actores, mira en contexto toda la escena en la panta-lla [...] (recuerden a Forrest Gump jugango al ping pong, mucho tiempo después supimos que ILM fue el realizador del efecto y que Tom Hanks nunca tocó una pelota con su raqueta), entonces notar esto es un acto infame ya existiendo tanta tecnología que nos en-gaña. Cuando se encuentran en el Venture Jack Black y Adrien Brody, podemos ver cómo en el fondo estaba el mar y las nubes, pero qué gracioso que los actores pareciese que estaban en un pantalla ("Star Wars", el 90% de la película es con fondo azul, sólo el 0.001% de las veces al frente de dicho fondo se hacía notable), por lo tanto notar esto también es deprimente; luego, cuando enc-ontramos la muralla, por favor, soy yo el único que nota que los que caminaban en las tomas aéreas no eran personas sino figuras computarizadas? ("Titanic" tiene mucha escena aerea donde los personajes son hechos en el ordenador y no se echa de ver sino como 5 años después). Esto sólo fue para los efectos especiales porque en contenido hay tanto como en "Anaconda", por lo tanto no voy a hablar de esto, pero escuchar a la gente admirar dicha mentira cinematográfica en cuanto a montaje y demás es increíble, quiere decir que no han visto nada y los invito a mirar bien los efec-tos especiales, porque las naves y extraterrestres de "La guerra de los mundos" le echan tierra y demás a los efectos de "King Kong", pero raro no es que le den el Oscar® a mejores efectos ya que si se los dan a "El señor de los anillos", que falla por todos lados en dicha materia, se lo dan a cualquier cosa. Sólo espero a que al-guien se dé cuenta de lo mal realizado de la película y que admitan que es tan mala como "Anaconda"»

Josep Lloret (Lista de Cine)

  «Acabo de ver los fuegos fatuos de Kong, con más ruido que nue-ces....¿Os habéis fijado en lo parecidas que son las nueces con la forma del cerebro humano? Pues eso... Da la impresión que los productores de la última de Kong han preferido gastarse los cuartos en efectos especiales antes que en unos guionistas que sepan mantener una cierta lógica en el desarrollo de un guión por demás archiconocido y con un referente antológico perteneciente al siglo pasado. Vayamos por partes: La ambientación de un N.Y. de los años 30 del fenecido siglo XX me parece más que correcta, con un principio algo premioso, pero interesante y bien presentado, con una Naomi Watts solvente aunque con mohínes del estilo de Nicole Kidman y un Jack Black que no recuerdo de otras películas, aun-que me suena su cara, que, en toda la película, se lleva de calle la función, sólo porque tiene las frases más ocurrentes y los demás parece que estén de excursión. La película, creo, se extiende de-masiado en ofrecernos los detalles del viaje –que no tiene nada de iniciático para ninguno de los personajes, malogrando el personaje del chico joven, Jamie Bell– ofreciéndonos una curiosa escena en la que la cámara se mueve al vaivén del barco, llegando a marear al personal, como si estuviéramos en un Imax cualquiera (supongo, pues no he estado nunca), sin que ello ayude en nada a la narra-ción de la aventura. La llegada a la isla misteriosa ya nos indica claramente de qué va a ir la cosa: fallos de guión que atentan a to-da lógica con escenas a ritmo de videoclip. La presentación de los indígenas, francamente lamentable, presentando una comunidad que cabe suponer vive horrorizada por su vecino, pero que en modo alguno dicha circunstancia puede dar a entender que sean una es-pecie de zombies con unos individuos presentados de forma mise-rable, horripilante y lo peor, gratuita. La entrada en el Mundo Perdi-do es poco menos que lamentable, con una presentación de artifi-cios y artilugios impropios de la comunidad que vive al otro lado en lúgubres cuevas. Reconozco que la presentación de King Kong es buena, como excelente es su factura, ya sea digitalizada al 100% o mediante trucos de figurantes, quizás demasiado "humanizada" en ciertos momentos sensibleros que sobran. Los demás bichos que aparecen, muy convincentes todos ellos: premio, en ese as-pecto, a la producción de efectos especiales, para mí lo mejor de la película, por encima de las fantasías de Lucas (¡Lucas, que te que-das sin Oscar®!). Pero, pero, el guión, amigos, flojea y hace aguas por todas partes. Y, como decían en el 1-2-3, hasta aquí, amig@ que no has visto aún "King Kong", puedes leeer, porque a partir de ahora, lo que sigue es un clarísimo y mortífero ejemplo de lo que convenimos en llamar spoiler, o sea, que te voy a contar lo que he visto: no digas que no te lo advertí... Porque vamos a ver: Aparte de alargarnos excesivamente hasta dar con la isla, a menos que pen-semos que la película está dirigida sólo para un público infantil que no ha visto aún "King Kong" y se traga lo que le echen... ¿A cuento de qué viene esa llegada a la isla, con un embarrancamiento del barco en unas rocas, del que sale a toda velocidad como si hiciera un slalom gigante? Las cosas no son así: el trancazo está servido. ¿Por qué los indígenas deben parecer zombies idiotizados y en una pelea inicial que dura lo que dura, acaban por salvarse la ma-yoría de los visitantes "civilizados"? Con tanto indígena y tantas lanzas, ¿cómo tienen tiempo el capitán del barco y sus marineros de llegar a salvarlos, cuando hemos visto que el camino desde el barco es largo y la alerta del grito de la protagonista es casi simul-táneo a su salvadora aparición? ¿Y a dónde van a parar los indíge-nas? Todos desaparecen como por ensalmo y ya no vuelven a salir. Prefiero la presentación de la primera película, con su poblado y su vida "normal" con el muro salvador... ¿Y qué pasa con la forma en que Ann, la protagonista, es ofrecida a Kong? ¿Y la forma en que Kong se lleva a la chica que está firmemente atada? ¿cómo es que no se le parten o arrancan de cuajo los brazos? Porque el gorila no desata las cuerdas ni las despega de los mástiles. ¿Alguien se ha creído que en una estampida de dinosaurios, todos los humanos se libran de morir pisoteados? Vaya imaginación y vaya falta de lógi-ca... Las escenas de Kong luchando con los saurios son buenas, aunque un punto excesivas, pero tienen su lógica y la acción, aun-que un tanto mareante, por los movimientos videocliperos de la cá-mara, es buena también. Pero, siendo así que Ann se encuentra todos los monstruos del mundo en su huida... ¿no parece que se libra muy pero que muy por los pelos, corriendo descalza entre la maleza? Muy justito, ¿no? Anda que toda la trepa de héroes, que sobreviven a la caída con el árbol, pueden recuperar el sentido has-ta que los enormes insectos (muy bien representados, es cierto) empiezan a atacarlos: ¿qué pasa? ¿como en las películas de kára-te, cuando veinte rodean al bueno pero sólo le atacan de uno en uno? Claro: los insectos, como son buena gente, no acuden a co-mérselos de inmediato, cuando están desvanecidos: esperan a que se despierten y puedan defenderse... Anda ya: como digo, sólo pa-ra niños. Y encima, el bueno de Jack (Adrien Brody... ¿qué pintas tú en ese personaje tan vacío?) se va por otro lado, y, siendo la isla grande como es, justo va a dar con Kong y con Ann, que, por cier-to, acaba por repetir sus monerías (nunca tan bien aplicada la pala-bra) y por acurrucarse, voluntariamente, entregándose a un repara-dor sueñecito en brazos de Kong... Y el héroe puede acercarse hasta su querida, sin encontrarse en el camino bicho alguno y sin que Kong lo haya olido ni oído, a pesar de haber circulado en me-dio de un nido de murciélagos de dos metros con unos colmillos que ríete tú de Drakula, sin que le hagan nada. Murciélagos vecinos pues de Kong, al que, de repente, mira tú, se deciden atacar justo cuando le conviene a la pareja humana en aprietos, como si ello re-vistiera lógica alguna. Será que llevaban meses esperando la opor-tunidad de pelearse con el Rey de la Selva.. .o a que el amigo Pe-ter Jackson dijera: ¡acción! Por no cansar: ¿una vez dormido Kong por el cloroformo, en la gruta que está en la orilla del mar, cómo ha-cen para levantarlo y meterlo en el barco, cuando sabemos que el agua está llena de rocas y peñascos y el navío no puede acercarse hasta la orilla? ¿Lo meten en la barquichuela? Y ya en N.Y. ¿Qué pasa? ¿Que el hielo de Central Park tiene mayor resistencia que el anfiteatro del local donde presentan a Kong y que se derrumba con su peso? ¿Tiene lógica la escena del estanque helado? ¿Por qué la chica se empeña en subir la escalera hasta la cima del Empire? ¿Es que los aviadores son tontos? No olvidéis que, a diferencia de la primera película, los avioncitos (que mal representados están) llevan dos tripulantes, un piloto y un artillero. Llevando un artillero con metralleta, ¿A santo de qué hay que hacer picados de frente al gorila? Basta con hacer pasadas laterales, oiga. En fin: una pena que no hayan cuidado más los detalles, por lo menos, pensando en el público adulto. La película es espectacular, pero, como decía al principio, mucho ruido y pocas nueces... que pena, porque podría haber sido mejor que la primera, y no lo es».

Enrique Len Rom (Lista de Cine)

  «Debo de ser el único que no comparte ese entusiasmo de haber visto la mejor película del año, la superproducción más lograda y todo eso (cosa que tampoco sería dificil de conseguir, por otra par-te). "King Kong" me pareció una película bien hecha, con especta-cular ambientación y localizaciones (en muchos de los casos, ine-xistentes, pues el ordenador tendría mucho que decir al respecto de ese inmenso y logrado Nueva York), con una historia que, pese a durar 3 horas pasadas, no aburre, y con actuaciones más que aceptables, pero para mí, en mi opinión, le fallan algunos aspectos que Jackson podría haber mejorado con creces y que no lo hace. Los personajes no tienen el carisma de su anterior proyecto, les falta profundidad, y al espectador, conocimiento sobre el pasado de todos ellos. Quizá el mejor definido sea el interpretado por Jack Black, pero también me pareció que un papel de alguien tan egoís-ta y vanaglorioso habría sido mucho más poderoso en manos de otro actor más serio para el público (y conste que me gustó Jack Black, pero siempre está en el aire esa aureola de bufón). En 3 horas, los personajes principales carecen de esa afinidad y cariño que sí poseían los personajes de la primera película de la trilogía de Tolkien, como Gimli, Aragorn, Gandalf, o Gollum en la segunda en-trega, personaje completamente digital. Precisamente por ese mo-tivo, porque Gollum era digital y King Kong también, y pese a que este último se nota haber sido cuidado pixel por pixel, tampoco me parece que el gran gorila llegue al corazón como lo quería Jackson (aunque quizá tenga que ver que el 99% de los espectadores ya se sabe el final de la historia), en muchas ocasiones se nota que es digital y que aún quedan algunos años para que no se note lo que es real y lo que es producto de ordenador pese a que Weta, insis-to, ha hecho un gran trabajo y eso se nota, pero (y ése me parece el mayor desliz de la película) se nota quizá demasiado. Lo que menos me agradó de la película fue que tras el posterior sacrificio de los nativos al rey Kong (los nativos, por cierto, lo mejor de la pe-lícula, simplemente espeluznantes) a Peter Jackson se le ve dema-siado la autosuficiencia en la que se mueve y que quiere demostrar que se puede gastar el dinero que le dé la gana, dando rienda suel-ta a su imaginación y poniendo monstruos y situaciones por do-quier que cansan a cualquiera y que podía haber recortado perfec-tamente y luego haber extendido en DVD si lo hubiese preferido. Se me atragantaron tantas situaciones de acción tan seguidas y no por pocos minutos: carreras entre las patas de grandes saurios, raptores con hambre, tiranosaurios, lianas que enredan a cualquie-ra, más peleas con más tiranosaurios, más carreras, troncos que caen por precipicios, gusanos gigantes dentados, murciélagos, avispas gigantes o algo parecido, otro tiranosaurio, gusanos raros para Naomi Watts, pterodáctilos y más carreras que, repito, sin ningún tipo de descanso cansan a cualquiera (seguro que me dejo algún bicho), es un auténtico videojuego durante ese tramo (¿pen-saban también en las ventas quizá?) y que pienso es donde se de-jaron mucha parte del presupuesto. Por cierto, la resolución de al-guna secuencia también está hecha a base de talón en vez de ima-ginación, como matar bichos que se mueven endiabladamente por todo el cuerpo a golpe de metralleta sin que ningún personaje reci-ba un sólo impacto (desde las películas de Leone, nadie acertaba tan bien al blanco, encima, este es móvil, muy móvil). Posiblemen-te con menos dinero, secuencias como esa habrían sido resueltas con más imaginación y credibilidad. Posteriormente, con King Kong en la ciudad, los efectos especiales hacen de nuevo acto de aparición, pese a que se puede decir que van acorde con la histo-ria. La historia de "amor" entre Kong y Ann no está mal, pero nun-ca llega a emocionar, como ese baile en la pista de hielo que no cuaja (y el que diga lo contrario no está siendo sincero) y el final ya consabido, sí está bien resuelto pero de nuevo podría haber sido mejor, si Kong justo antes de desplomarse le hace un gesto a Ann –y sobre Ann– que todo el mundo a esas alturas sabe. De todas formas, repito, me pareció una buena película, muy entretenida y bien realizada, pero con muchos aspectos mejorables, sobre todo teniendo en cuenta que con el macropresupuesto con que contó no tiene excusa alguna. Recomendable para las Navidades y para eva-dirse de los problemas durante 3 horas, aunque eso sí, que nadie vaya intentando ver la obra maestra del nuevo siglo, porque no la encontrará, y probablemente tampoco fuera esa la intención de Jackson en esta ocasión».

Adán Céspedes (Lista de Cine)

  «Acabo de ver la nueva película de mi querido Peter Jackson. Decir que me la esperaba muy bien hecha, con efectos perfectos de todos los tipos, con escenas de acción impresionantes, y siguiendo la historia de la primera película de King Kong… pero me he encontrado con una película que te sorprende aunque ya sabes lo que va a pasar, con intriga desde el primer minuto, con las me-jores escenas de acción que he visto en mi vida (pensaba que el Episodio III este año podría llevarse algún Oscar® técnico, pero ahora lo dudo, vamos, creo que ya no), mucha calidad en el repar-to, con unas interpretaciones que quedan al nivel de la película, pla-nos y ángulos que te descolocan, pero sin perder el control, panta-llazos de caerse de culo, fantasía, terror, velocidad, ternura, amor, valentía, aventura, gore, no sé, de todo, para resumir: sensacional, espectacular, darás saltos en la butaca. Lo cierto es que ha supe-rado en bastante mis expectativas, y la recomiendo, vamos, que el que se la pierda, sobre todo en pantalla grande, está faltando a una obra maestra de Peter Jackson (es mi opinión). [...] la mejor super-producción del año. [...] A mí me parece llena de tics difíciles de ol-vidar (vamos, de los que salen en los mixes que hacen en los Os-car® cuando recuerdan la historia del cine), se trata de momentos y escenas nuevas de un director que es capaz de mejorar un rema-ke sin basarse sólo en las nuevas técnicas de cine (y creo que lo hace desde el primer minuto); sobre todo, decir que son 3 horas basadas en una historia que cualquier persona mayor de 20 años seguramente conoce, y que ha visto la del 33, y realmente se ha-cen electrizantes y mantienen un ritmo muy difícil de superar. So-bre el reparto, opino que de Adrien Brody esperaba más, incluso siendo un secundario, le veo un poco perdido y fuera del papel; pe-ro de los demás... Jack Black se sale, es quien pone el toque sim-pático cuando la película lo necesita, pero tambien es drámatico cuando tiene que serlo (me parece el mejor); y sobre Naomi Watts, en general hace el papel justo, pero tiene detalles que suben la nota a un notable alto. El resto, en un nivel más que bueno para una peli de aventuras. El rey Kong, pues muestra una claridad en su interpretación (movimientos, y sobre todo sentimientos) digna de un grande de carne y hueso (a mí no me parece digital casi nunca; hombre, nunca he visto un gorila real de siete metros). Los indíge-nas te hielan la sangre, no digo más, uf... En la dirección de acto-res, Jackson mejora a la gran trilogía de los anillos (en mi opinion, claro). Los efectos y la ambientación, muy bien logrados, pero yo diría más, rozan la perfección, esta superproducción contiene más de lo esperado y más de lo que he visto este año... y en muchos: la selva es realmente espectacular, los paisajes son tremendos, sobresaliente la isla, la zona indígena recuerda la crudeza del gore más auténtico, me recordó a algunas escenas de "Holocausto ca-níbal". Efectos de cámara no novedosos pero sí brutales y de una tensión de batalla estelar, y lo que es más difícil, no pierden la lí-nea de la acción. Ya no sé cómo explicar lo completa que es. El director le pone todo lo que puede y más, metiendo muchas esce-nas nuevas no sólo sin salirse de la historia sino reforzándola y dándole la fuerza emotiva y romántica que no tenía la primitiva. Va-mos, que las tres horas son las justas, ni más ni menos».

Adriana Celso (Lista de Cine)

  «Entiendo el entusiasmo, el mío iba creciendo a medida que veía la película... es maravilloso lo que ha logrado este Jackson».

Greenllem (E-mail a la redacción)

  «Muy basado en la película antigua, así no pierde el glamour y una sóla crítica. Escenas de acción, de amor, de cariño, etc... No sabría cuándo parar. Mi única critica es que se notan mucho, en al-gunas escenas. [...] no sé si es por buscarle más parecidos de los que ya tiene a la antigua. Pero es una pequeña crítica, porque la película me encanto. De hecho, creo que fue tan buena la original, que Peter Jakson decidió no cambiar nada. Gran película, gran di-rector, gran mono».


Imágenes de "King Kong" - Copyright © 2005 Universal Pictures y WingNut Films. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos reservados.

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