CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
¿Quién nos lo iba a decir? Tras años y años de continuos
éxitos, Michael Bay por fin
puede "alardear" de poseer un fracaso en su currículo, si bien,
paradojas de la vida, le ha llegado con la que has-ta el momento
es la mejor película que ha hecho, todo un alivio tras
torturarnos con la horrenda "Dos
policías rebeldes II". En ocasiones los caprichos del
público resultan insondables, elevando hasta altu-ras
insospechadas auténticos bodrios que tampoco es que mane-jen
presupuestos desmedidos o hundiendo en la miseria a
largome-trajes que merecerían una mayor suerte, como es el caso
del que les comento a continuación.
Por
desgracia, y sin saber muy bien el motivo, "La isla" ha
in-gresado poco más de treinta millones de dólares en los
Estados Unidos, una cifra ridícula si tenemos en cuenta que ha
costado al-rededor de ciento veinte, publicidad no incluida.
¿Acaso los espec-tadores han castigado a Michael Bay por
haberles tomado el pelo en 2003 con la mencionada "Dos policías
rebeldes II"? ¿Puede su-ceder que la temática del filme, muy
parecida a la de otras conoci-das obras literarias y
cinematográficas, no haya llamado la aten-ción de los habituales
consumidores de cine? Sinceramente, des-conozco si estas son las
preguntas adecuadas, pero lo que sí les puedo asegurar es que,
si le dan una oportunidad a "La isla", al menos pasarán un
buen rato (y tengan en cuenta que es-tas palabras provienen de
un absoluto detractor del trabajo del señor Bay).
La posible clonación de seres huma-nos ya está originando una
serie de interesantes debates en la sociedad actual. "La isla"
nos sitúa en la pers-pectiva más escalofriante, la existen-cia
de una corporación que crea répli-cas de clientes millonarios
para que éstos utilicen algunos de los órganos de aquéllos o se
queden con los be-bés que puedan engendrar, eliminan-do luego el
resto del "producto". Los clones, sometidos a un proceso que
inhibe su individualidad, se convierten de este modo en una
especie de ga-nado humano, algo que se nos expli-ca de forma
bastante atinada durante la primera hora de la película. Al
respecto, cabe resaltar la conversación que mantienen Lincoln
Eco-Seis y Merrick tras haberse planteado el primero no pocos
in-terrogantes acerca de su forma de vida o el descubrimiento
que posteriormente realiza, contemplando atónito la verdad que
se ocul-ta tras las instalaciones en las que reside junto a
decenas de indi-viduos que aguardan con esperanza a que la
suerte les permita ser trasladados a un paraíso que no existe.
Por
increíble que parezca, un sosegado Michael Bay se toma su tiempo
para desarrollar esta parte del relato, desmelenándose en su
segunda mitad por medio de unas bulliciosas secuencias de acción
que, por suerte, no evitan que la historia progrese, aunque es
obvio que su inclusión obedece a motivos puramente comercia-les,
es decir, dejar al espectador pegado a su asiento y con la
satisfacción de haber presenciado unas cuantas explosiones y no
pocos aparatosos trastazos. La reflexión, pues, se combina
efi-cazmente y con moderación con el entretenimiento, algo que
hasta entonces no habíamos hallado en la filmografía de Bay.
Sin
embargo, no deja de resultar curioso que sea el director de "Pearl
Harbor" el que asimismo haga que "La isla" no sea una
me-jor experiencia cinematográfica. La obsesión de este cineasta
por aturdirnos con sus fastidiosas imágenes no tiene límites, de
ahí que nuevamente abuse de las ralentizaciones y de que en
ocasio-nes mueva tanto la cámara que apenas nos enteremos de lo
que acontece en la pantalla. Además, hay escenas que provocan
es-panto por su aborrecible estética de anuncio publicitario; no
obs-tante, es justo reconocer la sólida utilización que se hace
de los decorados y los entornos reales, de tal forma que el
empleo de los efectos digitales es proporcionado, algo inusual
en las superpro-ducciones que nos llegan de Hollywood.
Ewan McGregor es el
protagonista de "La isla", siendo su interpretación correcta
(eso sí, cada vez que este hombre se ríe en una película y nos
muestra su dentadura lo hace siem-pre con la misma pose).
Scarlett Jo-hansson termina
convirtiéndose en la típica chica que sigue los pasos del héroe
de turno, por lo que dudo que, salvo por las exigencias físicas
típicas de una cinta de estas características, se haya esforzado
demasiado a la ho-ra de abordar este papel.
Steve Bus-cemi da vida,
faltaría más, al chistoso de la función, mientras que
Michael Clarke Duncan apenas se
deja ver unos cuantos minutos. La ac-tuación de
Djimon Hounsou es ajustada
(otra cosa es que la per-sonalidad de su personaje no esté muy
bien definida y no resulte verosímil), siendo espléndida la de
Sean Bean, quien se pone en
la piel de un villano terrorífico, pues cree en lo que está
haciendo y sus actividades no le suponen ningún dilema moral.
Por
último, la música de Steve Jablonsky
es tan mareante como la realización de Michael Bay. Su partitura
está compuesta por una serie de piezas electrónicas y unos
latosos ruidos, pues no mere-cen otro nombre, que, se supone,
deberían darle más vigor a las escenas de acción. Sus notas tan
sólo alcanzan el aprobado en los pasajes donde afloran las
emociones, especialmente en aque-llos en los que aparecen
Lincoln Eco-Seis y Jordan Delta-Dos.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes de "La isla" - Copyright © 2005 DreamWorks Pictures,
Warner Bros. Pictures y Parkes/MacDonald Productions.
Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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