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LA ISLA
(The island)


Dirección: Michael Bay.
País:
USA.
Año: 2005.
Duración: 127 min.
Género: Acción, ciencia-ficción, thriller.
Interpretación: Ewan McGregor (Lincoln Eco-Seis/Tom Lincoln), Scarlett Johansson (Jordan Delta-Dos/Sarah Jordan), Djimon Hounsou (Albert Laurent), Sean Bean (Merrick), Steve Buscemi (McCord), Michael Clarke Duncan (Starkweather), Ethan Phillips (Jones Eco-Tres), Brian Stepanek (Gandu Alfa-Tres), Siobhan Flynn (Lima Alfa-Uno), Max Baker (Carnes).
Guión: Caspian Tredwell-Owen, Alex Kurtzman y Roberto Orci; basado en un argumento de Caspian Tredwell-Owen.
Producción: Walter F. Parkes, Michael Bay e Ian Bryce.
Música: Steve Jablonsky.
Fotografía:
Mauro Fiore.
Montaje: Paul Rubell y Christian Wagner.
Diseño de producción: Nigel Phelps.
Dirección artística: Jon Billington, Sean Haworth y Martin Whist.
Vestuario: Deborah L. Scott.
Estreno en USA: 22 Julio 2005.
Estreno en España: 5 Agosto 2005.

MÁS OPINIONES

Zena (Lista de Cine)

  «Sin duda me alegro de haber ido a ciegas a ver esta película que nos resultó entretenida, que nos hizo pensar sobre el alma o la personalidad de los clones, a la que le encontramos dos o tres incoherencias argumentales, en la que descubrimos a dos clones que siempre salen indemnes de forma nada creíble y un exceso, es verdad, de fuegos artificiales».

Dani García (Lista de Cine)

  «Ni a mí, que me lo trago todo en este tipo de películas, me ha logrado convencer Bay. Y mirad que me lo pasé teta con "La Roca" y soy un fan, sí, de la subnormalada de"Armageddon", pues recuerdo el día que la vi en el cine, que disfruté como un enano, aunque claro, tenía 8 años menos. Además de que el bombardeo de "Pearl Harbor" me pareció ejemplar. Para mí "La isla" tiene un fuerte problema: el tráiler de mierda. ¡Es que te explica toda la santa película! [...]. Podría incluso haber sido un refrito del Shyamalan si te ocultaran lo de que son clones hasta el final, o, por ejemplo, si después te intrigaran con el motivo de su clonación, usando esto como golpes de efecto, para así mantener el interés. Pero no, hay que romper coches. Joder, los podías romper igual sin desvelar nada y así al menos mantienes el interés por ello. Pues va a ser que no, se nota que Spielberg estaba preparando su versión del atentado en las olimpiadas de Munich'72 y le dejó el sitio al chapucero de Bay».

 

Pablo del Moral (Cinencanto)

  «Aunque sea odiado por muchos cinéfilos, es indudable que el director Michael Bay ha resultado ser una importante influencia en el cine popular de la última década. Quizás no haya sido una buena influencia, pero no se puede negar que su estruendoso y rebuscado estilo se ha convertido en el estándar del cine de acción contemporáneo. Pero, a diferencia de otros directores que han tratado de emularlo o parodiarlo (como McG y Rob Cohen), Bay se mantiene firme en su tono de solemnidad. Incluso sus burdas comedias "Dos policías rebeldes" y "Dos policías rebeldes II", parecen serias, o al menos se toman demasiado en serio, perdiendo así gran parte del atractivo que podrían haber tenido como simple cine chatarra, libre de pretensiones y orgullosas de su vacuidad. "Los Ángeles de Charlie" y "xXx", de los dos mencionados directores, lograron eso con muchos menos recursos... y menos ínfulas. "La isla", el nuevo chasco de Michael Bay, sigue puntillosamente la fórmula que ha seguido en su carrera: abundantes y elaboradas escenas de acción, personajes torpemente desarrollados y una seriedad que no coincide con el ridículo libreto y que sólo subraya sus múltiples fallas y tropiezos. La historia sigue a Lincoln (Ewan McGregor) y Jordan (Scarlett Johansson), dos habitantes de una futurista comunidad, donde cientos de personas viven con bastante comodidad, pero bajo rígidas normas de conducta y desarrollo. Entonces, accidentalmente, Lincoln se da cuenta del terrible secreto detrás de su comunidad, y se fuga junto con Jordan, no sólo para sobrevivir, sino para encontrar respuestas y la razón de su existencia misma. Aunque los cortos de la película ya se encargaron de divulgar el "secreto" de la historia, no quiero repetirlo, en caso de que alguien vea esta cinta sin influencia publicitara alguna. Tal vez sólo así la experiencia ofrezca algún suspenso, pues de lo contrario sólo nos quedará el torpe mensaje de derecho a la vida... rodeado de vasta destrucción, explosiones y efectos especiales de dudoso realismo, pero alta espectacularidad. El elenco, compuesto por actores normalmente talentosos, realiza un trabajo mediocre, en el que nadie destaca (tal vez con la excepción de Ewan McGregor). Y quizás todos se limitan a decir sus líneas con cierta convicción porque realmente no hace falta más. Los personajes son genéricos héroes y villanos (y carne de cañón), y las situaciones son tan genéricas y predecibles como las de cualquier cinta de acción moderna. Posiblemente el final busca alejarse un poco de lo convencional, pero es un débil esfuerzo, que llega demasiado tarde para compensar más de dos horas de tedio y cansadas fórmulas. Lo cual es una lástima, pues con los amplios recursos invertidos en esta película se pudo haber logrado algo más impactante, no en imágenes y "stunts", sino en ideología. Pero supongo que ese es un derecho reservado al cine independiente, y totalmente negado a las películas espectáculo del verano. Técnicamente buena, pero intelectualmente vacía, "La isla" encaja perfectamente bien en la filmografía de Michael Bay. Para mí, eso sería un insulto, pero quien haya disfrutado de sus películas previas (como "Armageddon" y "Pearl Harbor") quizás encuentre igual entretenimiento, espectacular pero intrascendente, y carente de humor. Casi me apena decirlo, pero la humilde cinta "The clonus horror" contó una historia muy similar allá por 1979, y aún con sus horribles actuaciones e inepta dirección, transmitió mejor su mensaje que "La isla". Y aunque no puedo recomendar ninguna de las dos, al menos la de 1979 ha adquirido con el tiempo un nivel de humor involuntario y nostálgico. Quizás lo mismo le ocurra a "La isla" en veinte años. Recomendaría esperarse».

Betomovies (Lista de Cine)

  «Lo primero que se me viene a la mente al recordar esta película es que es una suerte de combinación de otros filmes, es como que Michael Bay explota las ideas ya mostradas anteriormente y produce una nueva cinta. Recordad "Matrix", "El 6º día", "Minority report", "Blade runner", "Yo, robot", etc. Se puede decir entonces que si bien la trama en sí y las circunstancias son originales, no por eso son novedosas. Hay bien delimitadas en la película dos partes, la primera es donde se presenta la historia, donde nos adentramos en el mundo imaginario que Bay nos propone, y, la segunda, la típica aventurilla de acción con gran despliegue técnico y visual como nos tiene acostumbrado este director. La película me entretuvo, y no es para menos con la cantidad de dinero gastado para producir las secuencias de acción, pero es como que no me dejó conforme con el planteamiento que se hace de fondo. El tema de la clonación es algo delicado y Bay opta por tomarlo a la ligera, o por lo menos no desarrollar mucho la temática desde el aspecto reflexivo, sino como disparador para una película de acción neta, donde el objetivo principal es la diversión sin límites gracias a fórmulas ya utilizadas hasta el hartazgo. Una película que no llega a convencer desde el planteo, pero sí que es efectiva a la hora de entretenernos, claro que sabiendo que hay un gran vacío discursivo que no puede ser llenado con momentos de adrenalina. No es una película compleja en su naturaleza, sino que la simplicidad domina y marca el camino para obtener por resultado una cinta de persecuciones, de manejos poco éticos, con la ineludible historia de amor y las escenas de acción muy bien conseguidas. Como vemos, un filme orientado hacia un público que disfruta de filmes sencillos y eficaces, con un ritmo narrativo frenético que no da respiro. Con situaciones pasatistas muy bien musicalizadas, movimientos ampulosos de cámaras, mucho vértigo, anuncios publicitarios por doquier, registros histriónicos limitados, recursos ya utilizados por el mismo director en sus anteriores filmes (vale recordar las persecuciones en "Dos policías rebeldes II"), acción trepidante sin tregua, en definitiva...más de lo mismo. En fin, el filme es una mera repetición de los otrora exitosos tópicos de la gran industria del cine, sólo que ahora es como que ya pasaron de moda y la gente exige un poco más. Cosa que Michael Bay parece no entender».

David Garrido Bazán (E-mail a la redacción)

  «Reconozco que Michael Bay no es santo de mi devoción. No, permítanme que me corrija: en realidad no soporto a Michael Bay. De toda su filmografía apenas puedo quedarme con momentos sueltos como el excelente comienzo de "La Roca" o las virguerías técnicas de la reconstrucción del bombardeo de "Pearl Harbor". Sin negar el hecho de que es un realizador dotado para lo visual, lo cierto es que cada vez que pienso en todo lo negativo que conlleva la palabra Hollywood en la actualidad, son imágenes de su estruendosa "Armageddon" o la insufrible "Dos policías rebeldes" las que me vienen con más rapidez a la cabeza. Y es que Michael Bay, con sus montajes vertiginosos de planos que apenas duran unas centésimas de segundo –que la velocidad y el ritmo narrativo son dos cosas distintas es algo que Bay aún no ha aprendido–, su gusto desmedido por el subrayado al intercalar excelsas panorámicas con primerísimos planos que la mayor parte de las veces no vienen a cuento, su abuso de los efectos visuales hasta tal punto que dejan de ser un medio para contar la historia, sino el fin último de la propuesta y, por encima de todo, su insoportable tendencia a filmar todos y cada uno de los planos de la película como si fueran el más importante de la misma (desoyendo así aquel buen consejo que un director le daba al ávido productor interpretado por Kirk Douglas en "Cautivos del mal" en el que le advertía sobre la estupidez que suponía llenar el metraje de multitud de "momentos cumbre") es el responsable directo, junto con su colega Jerry Bruckheimer, de un modo de entender el cine comercial que ha hecho, en mi opinión, mucho daño a la industria actual del entretenimiento. Instauró una tendencia que aún perdura y en la que se han desequilibrado los distintos elementos que conforman una propuesta fílmica: un guión coherente, las tramas, los diálogos y hasta los mismos personajes carecen de cierta importancia si tienes el suficiente presupuesto para conseguir algunas estrellas que den la cara por el filme e insertar en él como sea unas cuantas explosiones espectaculares y alguna persecución frenética marca de la casa que permita destrozar a base de bien unos cuantos vehículos y multitud de mobiliario urbano. El caso es que "La isla" prometía, a priori. Para empezar, Michael Bay ya no trabajaba a las órdenes de Jerry Bruckheimer, sino que DreamWorks y el mismísimo Steven Spielberg estaban detrás del proyecto, algo que sin duda debía notarse en el resultado final. Como protagonistas, dos actores tan solventes como poco habituales del cine de acción, Ewan McGregor y Scarlett Johansson, y por encima de todo, un punto de partida de lo más sugerente que situaba el argumento en un futuro no muy lejano en el que las posibilidades de la clonación habían acabado produciendo una corporación que se dedicaba básicamente a criar dobles de seres humanos para asegurar, vía transplante de órganos que serían perfectamente compatibles con el receptor, la prolongación de la vida de aquellos que pudieran permitírselo. Sin duda que tan atractivo gancho, propio de ese interesante componente de la ciencia-ficción que hace reflexionar sobre los límites morales y éticos del uso de una tecnología que parece relativamente cerca de nuestro alcance hubiera funcionado incluso mucho mejor si esta premisa se hubiera mantenido oculta al espectador, pero dado que la propia promoción de la película se ha encargado abundantemente de destripar ese extremo, uno debería entrar en la sala habiéndose hecho un par de preguntas acerca de lo que verdaderamente interesa vender a los responsables de este filme. Y es ahí cuando uno empieza a darse cuenta de dónde se ha metido. Porque, claro, si el espectador ha visto un sólo tráiler de "La isla" (en caso contrario debe de ser una especie de alienígena), sabe de antemano algo que los protagonistas Lincoln y Jordan desconocen y durante más de tres cuartos de hora no le queda otra opción que asistir impaciente a que la verdad les sea revelada y empiece la fuga y cacería de los clones que se rebelan ante su inevitable destino. Esto, que resulta un evidente desatino, dice mucho acerca de las intenciones de los responsables del filme. Y resulta mucho más triste cuando es precisamente en ese primer tramo del metraje donde se encuentra lo más salvable de la nueva propuesta de Michael Bay. Aprovechándose de que tiene a un excelente diseñador de producción llamado Nigel Phelps y de que no hace excesivos ascos a plagiar de forma evidente a un buen puñado de películas de temática futurista más o menos reciente tanto en cuestiones puramente artísticas como argumentales –las referencias van desde "THX 1138" de George Lucas a "Matrix", pasando por "La fuga de Logan", "Blade runner" o "1984", por citar sólo unas cuantas–, Bay fabrica un Mundo Feliz para sus criaturas que hubiera hecho las delicias de Aldous Huxley, pero que por desgracia no aporta ni un solo elemento original o mínimamente innovador al espectador familiarizado con tales propuestas. Sin embargo, la mezcla tiene cierta gracia, y mientras contemplamos plácidamente las reglas de ese universo cerrado de ambiente controlado (y obviamos piadosamente las incoherencias que permiten, por ejemplo, que Lincoln se pasee por los niveles de máxima seguridad del complejo para descubrir la verdad sin apenas dificultad), lo cierto es que Bay consigue alguna que otra imagen inquietante mientras revela poco a poco perturbadores detalles sobre la enormidad de lo que está sucediendo en ese complejo (el destino del personaje de Michael Clarke Duncan o de la mujer embarazada, la sala de los clones en gestación, el sitio donde se le implantan los recuerdos que recuerda vagamente a "Coma" de Michael Crichton, etc.) En el fondo, para nada pues la verdadera película aún no ha arrancado. "La isla" se transforma demasiado pronto en un vulgar producto más de la factoría Michael Bay. Desde el instante en que ambos clones abandonan las instalaciones y se dirigen al mundo real, perseguidos por un ejército privado que demuestra ser tan incompetente como sea necesario para que nuestros héroes salgan bien parados de cada obstáculo del camino y comiencen a aprender a marchas forzadas lo duro que es el mundo real, la película pierde progresivamente interés mientras van ganando terreno las peleas, las explosiones, las persecuciones absurdas y los efectos visuales. Parece casi como si Bay, una vez liberado de las férreas cadenas que la premisa inicial del filme le obliga a llevar, se complaciera en hacer su trabajo de la forma más explosiva, estruendosa y vertiginosa posible, sin guardar el más mínimo sentido de la medida. Ni siquiera aprovecha demasiado el interesante juego argumental que podría haber dado el pasaje en el que Lincoln se encuentra frente a frente con el ser humano real que ha encargado su creación, limitándose a resolverlo como una dificultad más que es casi una pausa entre tanto estrépito. La química entre Scarlett Johansson y Ewan McGregor funciona, sí, y ambos actores cumplen con la dignidad necesaria con sus roles, que al fin y al cabo tienen más enjundia que el patético villano que le toca hacer a Sean Bean, el mercenario profesional que hace el cabreado Djimon Hounsou o ese Steve Buscemi graciosillo que una vez más hace de Steve Buscemi graciosillo. Pero no es en absoluto suficiente para sostener una propuesta que se derrumba como un castillo de naipes según va avanzando su metraje y los protagonistas van tomando decisiones cada vez más extrañas, llevados por un incomprensible y suicida altruismo. Habrá quien sea de la opinión de que "La isla" es un producto de entretenimiento para pasar un par de horas con el cerebro desconectado y que no hay que darle una mayor importancia, ni buscarle demasiado las cosquillas en cuestiones de incoherencia argumental o incluso falta absoluta de la más mínima lógica. Me parece muy bien y está en su derecho. Pero un servidor se siente en la obligación de decir una vez más que no le gusta que le tomen por idiota, ni siquiera en películas comerciales y menos aún en obras que pretenden, con esa superficial pátina futurista que no sirve sino para disimular su verdadera condición, ser más de lo que a la postre ofrecen. Quizás hay que rendirse y dejar que ese niño grande que en el fondo sigue siendo Michael Bay siga volando cosas por los aires con ese ánimo destrozón y derrochador que siempre le caracteriza. Pero no deja de ser una lástima que alguien que sin duda podría ser uno de los mejores directores de cine de acción de la actualidad se conforme con hacer películas como ésta en la que, aparte de comprobar que sabe sacar buen partido de obras precedentes y de la fotogenia brutal de la incandescente Scarlett Johansson, apenas queda nada aprovechable».

Almudena Muñoz Pérez (E-mail a la redacción)

  «Los hijos díscolos son aquellos que se esfuerzan por trazar un camino distinto al que sus progenitores pretendían, con la buena intención que acompaña a los deseos fuertes. Los protagonistas de "La isla", en especial el personaje de Ewan McGregor, plantean esa inquietud perentoria en cualquier hijo y ante cualquier padre; el dilema de la vida que inevitablemente tiende a separarse de su origen para sentirse única. Una disyuntiva que, en este caso, se agrava mediante el tema de la clonación y su consecuente escollo a la originalidad. Pero, como obstáculo mayor, se planta la figura de Michael Bay, otro hijo medianamente díscolo que suelta por una vez desde hace un tiempo la mano del enemigo público número uno del cine, Jerry Bruckheimer. Y es un obstáculo porque, aun sin el trazo de grosero comercialismo de dicho productor, la clonación requiere de manos mucho más sabias que las del señor Bay. Bien es cierto que ahora está admitida la frivolidad respecto a cualquier asunto, del mismo modo que se admite la opuesta formalidad, equilibrando la balanza de los públicos y las taquillas, y en "La isla" estamos hablando, por descontado, de una frivolidad que apenas hiere de tan ingenua. Con una introducción de estética límpida y blanca, típica en estos ambientes futuristas y ordenados, se esconde un mundo no muy lejano de ética sucia. El debate sobre cuestiones morales tan inalcanzables todavía para la ciencia y la expectativa humana resulta superfluo existiendo lastres éticos aún sin resolver. Quizá por ello, y por falta de ideas argumentales, el guionista pasa muy por encima de esa alambrada espinosa, ahondando más en la especialidad de Bay: la unión emocional entre personajes y espectador. Lo consigue mediante la treta más manipuladora: dos jóvenes, inocentes y engañados, que sólo piden lo que cualquier persona posee y que se dedican a huir con miradas azules de cordero degollado. Llama la atención, sin embargo, que se insista en la idea de que estos clones son criados en un lugar pacífico y soporífero, y que como resultado se obtengan casi-humanos de mentalidad quinceañera. Estos quinceañeros, a la menor, hacen gala del instinto criminal para salvar su propio pellejo y levantan en su huida más vidas que las que el espectador pueda contar. Sobrevivir, dice el personaje de McGregor, es la clave, y ellos sobreviven a sus traumas a partir de carreras. No es tan fácil romper con unos esquemas de nacimiento y, mucho menos, creerse la teoría de que los recuerdos e instintos del original perviven en la copia, enlaces baratos de premisas y conclusiones. Otro cineasta más perspicaz habría optado por explorar la vía oscura del hombre y de su prolongación clónica: la verdadera supervivencia resultaría de matar al patrocinador, al padre, y suplantar su puesto. La muerte de Dios. Algo que no encaja ni con la débil psicología de los protagonistas ni con la (débil) dirección de Bay. Así se diluye una ingenuidad dentro y fuera del centro de clonación, una idea de esperanza representada simbólicamente en la isla del título, en el retiro que todo hombre busca en un lugar, una ocupación o una persona. Esta candidez late no sólo en la historia: se traspasa a la forma de rodar, de actuar y, por si alguien desea completar el pack, de ver. Desde los primeros contrastes visuales, entre el sueño de Lincoln (Ewan McGregor) y los coletazos de una verdad que intuye, la película se luce de una fotografía entre gélida y alternativa, esos vaivenes de cámara, saltos de plano, resúmenes de acciones y movimientos a ras de suelo que resultaran tan propios del cine menos comercial, pero que, a fuerza de uso, se están convirtiendo en la técnica más esnob posible. Como sus colegas de género, Bay entiende los problemas futuros en color plata y añil, y añade el toque personal del rojo-anaranjado-explosión. De ahí que sobre algo, algo de pretenciosa reflexión que, por fortuna, cuaja poco; o algo de escenas en lata con medios de transporte varios que repiten más que un guiso de pueblo. Las mañas de Bay en la cocina siguen sin ser extraordinarias y no debería meterse en complejidades de nouvelle cuisine. "La isla" podría ser el entrante de un cine más adulto, pero se queda en el plato tardío de una comida sin apetito. Eso sí, un plato mucho más ligero y digerible que otros comensales batacazos, con "Pearl Harbor" y "Armageddon" a la cabeza. Para quien sólo desee un rato entretenido y no le molesten los clones de ideas, bon appétit. Yo, como dice Ewan McGregor, no quiero dietas sanas y películas descafeinadas: quiero beicon».


Imágenes de "La isla" - Copyright © 2005 DreamWorks Pictures, Warner Bros. Pictures y Parkes/MacDonald Productions. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos reservados.

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