CRÍTICA
por
Judith Vives
El cine de zombies tal y como lo co-nocemos hoy en día nació el
año 1968 de la mano de un joven George
A. Romero. "La noche de los muer-tos vivientes" sentó
las bases sobre las que se sustentan tantos y tantos films de la
serie B más auténtica. Convertido por méritos evidentes en
cineasta de culto, Romero ha perpe-tuado inteligentemente su
propia saga de muertos vivientes a lo largo de los años,
dirigiendo algunas secuelas e incluso autorizando un remake a
todo color del film original. "La tierra de los muertos
vivientes" es un nuevo paso adelante en esta singular saga de
zombies cuyo principal valor, más allá de los estilemas propios
del subgénero, ha sido siempre su capacidad para tratar ciertas
problemáticas sociales como tras-fondo de la sangrienta lucha
por la supervivencia de los vivos ante los muertos que regresan
de la tumba hambrientos.
Cuando se cumplen cerca de
cuarenta años de la llegada de es-tos zombies a la tierra,
parece querer indicar Romero en su nuevo film, estos seres de
ultratumba se muestran ya plenamente adapta-dos a su nueva
condición. El instinto más básico —comer para so-brevivir— ha
experimentado una evolución que dejaría a cuadros al mismísimo
Darwin, y ahora tienen un nuevo estatus al que ellos mismos
deben adaptarse: pueden razonar, tomar decisiones y ac-tuar en
consecuencia. La aparición de signos de inteligencia en los
zombies es sin duda un hallazgo realmente original, a la vez que
marca una lógica y coherente evolución en el conjunto de la saga
de George A. Romero.
Los zombies pensantes y sus des-cabelladas ideas protagonizan
algu-nos de los momentos mas hilarantes (el zombie que descubre
la utilidad de un martillo mecánico, aunque esté desconectado)
de una película cuyo tono, dentro de lo que cabe en este género,
es bastante grave y formal. Pero más allá del gag y la anécdota,
la nueva realidad de los zombies que razonan les lleva a
organizarse y a definir —por simples que sean— es-trategias de
ataque. Para los huma-nos ésta supone también una nove-dad:
su oponente ya no es un ser pri-mario al que destruir sin
contemplaciones. Son seres que empie-zan a mostrar criterios
propios, que piensan, que buscan, en defini-tiva, la forma de
satisfacer sus necesidades y de encontrar su lugar en el mundo,
en un mundo hasta ahora ocupado por los que se consideran como
“normales”.
Pero los zombies están aquí,
evolucionan y se adaptan. Aislar el problema en un gheto y
tratar de vivir como si no pasara nada ya no es la solución. Las
guerrillas urbanas, el ejército, el ataque armado ya no supone
ninguna salida. También los vivos deben evolucionar para
entender que la diferencia está ahí y es inútil ignorarla. Los
vi-vos, los “normales”, deberán empezar a buscar también un
nuevo lugar en un mundo cambiante, en el que ya nada volverá a
ser lo mismo. La metáfora está servida. Casi cuatro décadas
después, Romero utiliza sus zombies y todos los tópicos del
género pa-ra hablar, al fin y al cabo, de los vivos y sus
defectos, de la intolerancia, de su dificultad para adaptarse a
lo nuevo, de su cobarde recurso de la guerra y la destrucción
para hacer-le frente.
A pesar de los años que separan al primero de este último
episodio de los muertos vivientes, e incluso de sus secuelas,
Romero no ha querido re-nunciar tampoco a una cierta manera de
hacer formal, conservado ese aire de sucio realismo, ahora con
unos to-ques de debacle posnuclear y parafer-nalia paramilitar
que sugiere que la lu-cha contra los zombies ya viene de lejos y
que todos los que participan en ella ya empiezan a acumular
re-cuerdos. "La tierra de los muertos vi-vientes" no defrauda
tampoco al espectador sediento de sangre y vísceras, pues Romero
no ha olvidado cuál es su público, y se agradece que sus
zom-bies —los efectos especiales, por extensión— tengan todavía
un aspecto tan artesanal y auténtico, tan repugnantemente
encantador.
Y una última mención a un
reparto escogido con gran habilidad: nombres cuya relación con
el género avala y que, a su vez, son ca-paces de elevar el film
a una nueva categoría, la de un cine más ge-neralista, aunque
siempre alternativo y arriesgado. En este sentido, la presencia
de Asia Argento,
Dennis Hopper y
John Leguiza-mo no podía ser
mas acertada. Incluso la de Simon Baker,
que soporta convincentemente el peso del argumento. Y para los
más acérrimos seguidores del fantastique, ahí queda la feliz y
putrefacta aparición, machete en mano, del maestro del
maquillaje Tom Savi-ni.
Calificación:
    
Imágenes de "La tierra de los muertos vivientes" - Copyright © 2005 Universal
Pictures, Atmosphere Entertainment, Mark Canton-Bernie Goldmann
Productions y Romero-Grunwald Productions. Distribuida en España
por UIP. Todos los derechos
reservados.
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