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LA TIERRA DE LOS MUERTOS VIVIENTES
(George A. Romero's Land of the dead)


Dirección y guión: George A. Romero.
País:
USA.
Año: 2005.
Duración: 93 min.
Género: Terror.
Interpretación: Simon Baker (Riley), Dennis Hopper (Kaufman), Asia Argento (Slack), Robert Joy (Charlie), John Leguizamo (Cholo), Eugene Clark (Big Daddy), Tony Nappo (Foxy), Jennifer Baxter (Número 9), Boyd Banks (Butcher), Tony Munch (Anchor).
Producción: Mark Canton, Peter Grunwald y Bernie Goldmann.
Música: Reinhold Heil y Johnny Klimek.
Fotografía:
Miroslaw Baszak.
Montaje: Michael Doherty.
Diseño de producción: Arv Greywal.
Vestuario: Alex Kavanagh.
Estreno en USA: 24 Junio 2005.
Estreno en España: 9 Septiembre 2005.

OPINIÓN DEL PÚBLICO

Xavier Carrillo (Reseñas de un Butaquero)

  «George A. Romero para los fans del género no necesita presen-tación y para ellos ha vuelto a las pantallas de cine. Vaya por de-lante que para disfrutar de esta película has de sentirte atraído por estos cadáveres andantes, sedientos de carne viva. George no se olvida de la esencia de sus protagonistas y premia a sus seguido-res con el indispensable mordisco transformador, los primeros pla-nos de las orgías de sangre, desgarros, particiones de "comida" y explosiones de cráneos. Los "podridos" muestran ligeros síntomas de raciocinio e intentan avanzar y entrar en la "zona segura", donde los humanos supervivientes han creado una estructura social espe-jo de la actual (el mordisco de George ha sido incluir a los "podri-dos" en el reflejo del espejo). Los fans encontrarán todo lo que es-peran encontrar y George ha dado un paso adelante en la "evolu-ción" de sus criaturas y esto hace que la película no aburra siendo una más del genero. Recomiendo "Amanecer de los muertos" y "Zombies party"».

Sonia Puerto (Lista de Cine)

  «Es muy divertida. No da miedo para nada, eso sí, pero entretie-ne. Os voy a contar una cosa repugnante de la que me acabo de acordar. En la sesión anterior a la que nosotros entramos alguien había vomitado (supongo que se le revolvieron los higadillos porque la película es un poquito explícita cuando los muertos se alimen-tan) y tuvimos que soportar el olor a vómito durante bastante rato... digo yo que a lo mejor lo hiceron para ambientar. En definitiva, que se te pasa el rato divertido entre muertos y vivos. Muertos muy feos y un vivo que me tiene loca de lo guapetón que es el muchacho, Si-mon Baker. Para mi gusto, la Asia Argento sobra. Pero no sólo su interpretación, también su personaje. Una pena que "Manolete" no tenga más diálogo el hombre, porque es de lo más gracioso. Por cierto, una duda que tengo: ¿por qué no hay muertos vivientes an-cianos? Casi todos eran muy jovencitos».

José Luis Santos (Lista de Cine)

  «Seguramente, cuando en 1968 George A. Romero empezó a ro-dar con un más que modesto presupuesto de cien mil dólares y en blanco y negro una historia sobre muertos que se levantaban de sus tumbas para comerse a unos vivos tan histéricos como mez-quinos y egoístas, ni se le pasaba remotamente por la cabeza la posibilidad de que “La noche de los muertos vivientes” se convirtiera en uno de los grandes clásicos de culto del terror de serie B, y un icono para quienes creen que entre higadillos y chorros de sangre bien cabe un poquito de ironía social y mala leche. Así, Romero re-pitió la experiencia en los 70 con “Zombi” y en los 80 con “El día de los muertos”, y ahora, tras veinte años de silencio, vuelve a rodar porque dice que tiene cosas que contar sobre la sociedad actual, cómo no, en clave de historia de zombis. Eso queda claro desde el primer minuto de metraje de “La tierra de los muertos vivientes”, cu-yo planteamiento basa Romero en una representación de la socie-dad actual proyectada en un futuro apocalíptico casi feudal, en el que la humanidad vive en ciudades-fortaleza, dividida entre los que mandan (es decir, los que trincan y los únicos que verdaderamente viven, eso sí, aplicando la táctica del avestruz para ignorar todos los problemas y amenazas e ir únicamente a lo suyo), los que obe-decen (llámese los curritos que hacen el trabajo sucio y se limitan a sobrevivir) y la amenaza exterior, los zombis (puede usted con toda confianza, como Romero, compararlos con terroristas y tendrá el cuadro completo). Además, por si algún cabo de lo que se pre-tende “sugerir” no queda lo suficientemente sujeto para alguien, sal-pica el guión de sentencias y giros que apuntalan todo su discurso, en unos casos con ingenio e ironía pero en otros con una falta de tino que desluce el resultado. Y es que ése es el primer gran pro-blema del filme, el que una idea interesante, con muy buenas inten-ciones y notables posibilidades se queda a mitad de camino por-que la forma de ponerla en práctica es en exceso esquemática, in-cluso ramplona, de forma que la simpleza de sus planteamientos la priva de la garra suficiente para evitar que lo que ideológicamente hablando podía haber sido un buen rugido se quede en poco más que un maullido. Así, no se consigue superar la sensación de serie B con pretensiones que a pesar de algunas cosas buenas eviden-tes no acaba de trascender como lo hiciera con su obra cumbre, ya que a pesar de disponer de más presupuesto le falta su frescura, y sobre todo algo de sutileza. Nadie que quiera declararse romántica-mente a su pareja lo hace con un megáfono en un McDonalds (bue-no, tal vez lleguemos a verlo en alguna de las insufribles películas de los Farrelly, pero créanme, eso no vale como ejemplo), y si bien como es lógico no vamos a pedir a estas alturas que Romero ruede una de zombis con la delicadeza de “Deseando amar”, el hecho de que hubiera hilado un poco más fino hubiera facilitado, paradójica-mente, que su mensaje hubiera llegado más y calado a una mayor profundidad. Todo esto se ve agravado por un segundo problema que termina de rematar el efecto: el exceso de casquería y hemo-globina, ni siquiera justificable desde el punto de vista pretendida-mente gamberro que está presente durante toda la proyección. Puedo entender el deleite de Romero contemplando cómo los zom-bis se zampan las vísceras de unos corruptos mandamases que los rumores apuntan (y el visionado de la película confirma sin lugar a dudas) a que se inspiran en George Bush y sus compinches, pro-bablemente servidor filmaría con idéntico deleite la misma escena, o por ejemplo cómo dichos zombis se hacen un sorbete de pán-creas con los concursantes de Gran Hermano y toda la troupe de prensa rosa, con Lidia Lozano a la cabeza (hueca pues). Pero eso no quita para que tenga presente que está rodando una película que debe tener un cierto interés, lo cual no parece muy compatible con el hecho de que uno, al tercer muslo arrancado de cuajo a mor-discos, la sexta cabeza reventada a hachazos y el octavo intestino arrastrado por el boulevard, pase olímpicamente de lo que quiera que vaya a ocurrir ante sus ojos. Tal vez Romero debería haber aprendido un poco de dos readaptaciones del género recientes que han conseguido actualizarlo con más éxito a los parámetros actua-les, tanto en los aspectos visuales como narrativos: la interesante (salvo en su decepcionante final) “28 días después” de Danny Boy-le, que aplicaba con sabiduría aquel viejo principio cinéfilo de que estimula más la mente humana lo que se sugiere que lo que se muestra en su totalidad, y la divertida “Amanecer de los muertos” de Zack Snyder, que haciendo un remake de uno de los citados filmes del propio Romero aprovechaba y retorcía los cánones de la serie B (con influencias de otra de las leyendas del género, John Carpenter) para con un mayor comedimiento culminar un producto más atrayente y no exento de ironía social. Puede que lo haga para próximas aventuras de sus zombis... si decide volver a desempol-varlos dentro de otros veinte años, o incluso antes. Razones para pasearlos por ahí no le faltan... ni le faltarán».

David Medina (E-mail a la redacción)

  «Se podría decir que dentro del género de terror existe el subgé-nero concreto de los zombis, muertos devueltos a la vida sin que apenas importe la causa con un improbable pero insaciable apetito de carne humana pese a que sus estómagos carezcan de la virtud de digerir. Y el culpable, por no decir el creador de ello, no es otro que George A. Romero, autor de la magistral (y todavía no supera-da) "La noche de los muertos vivientes" (1968). Desde entonces, ha habido burdas imitaciones ("Nueva York bajo el terror de los zom-bies", 1979; "28 días después", 2002), parodias banales ("La diver-tida noche de los muertos vivientes", 1987), remakes ("La noche de los muertos vivientes", 1990; "Amanecer de los muertos", 2004) e incluso videojuegos con sus correspondientes adaptaciones cine-matográficas de mayor ("Resident evil", 2002) o menor acierto ("House of the dead", 2003). Sin embargo, sólo el propio Romero ha sabido mantenerse fiel al estilo que él mismo creó gracias a las secuelas de su obra magna, en las que poco a poco ha ido descri-biendo ese mundo terrorífico y desesperanzador en el que se ha convertido nuestro planeta. "La tierra de los muertos vivientes" es la cuarta película de la saga y en ella los muertos son más aterrado-res que nunca por la simple razón de que se muestran cada vez más humanos. Tal y como ya se apuntaba en "Zombi" (1978) y se reafirmaba en "El día de los muertos" (1985), los muertos vivientes pueden recordar detalles de cuando estaban vivos, siendo capaces, incluso, de volver a tener sentimientos, tales como dolor, rencor o incluso compasión, sentimientos que –no por casualidad– empie-zan a menguar entre los humanos supervivientes. La base argu-mental no aparenta ser nada del otro mundo (zombies por doquier organizándose y aprovechándose de sus recuerdos para ser más mortales, sustos a mansalva y mucha sangre), pero a medida que avanza la película se descubre que hay más de lo que parece a simple vista. Por eso, uno de los pilares claves en el cine de Rome-ro, el desmesurado abuso de escenas sádicas, completamente go-res, que sin duda hará las delicias de sus más fieles seguidores, se convierte aquí en una pesada losa, pues tanta hemoglobina con-dena a la película a ser un producto de serie B pese a su gran pre-supuesto cuando merecería aspirar a mucho más. Y es que ahora los zombies, supuestos malos de la historia, no lo son tanto. Por-que acaso, ¿no son también victimas de lo ocurrido? ¿Les dejaron la libertad de elegir lo que querían ser? La lucha inicial por la super-vivencia pronto se desvela como una cruel matanza indiscriminada, en ocasiones por pura diversión. Los zombies son considerados una raza subdesarrollada, a los que se tortura y humilla en una so-ciedad en la que las clases sociales están exageradamente dife-renciadas y en la que el poder absoluto reside en un solo hombre, cual si fuese el presidente del país más poderoso del mundo (en un momento dado recita la frase: “yo no negocio con terroristas” en clara alusión a la política del gobierno americano). La escena en que los zombies cruzan el río (frontera entre su territorio y el de los humanos) guiados por su particular versión de líder revolucionario parece una metáfora con los inmigrantes ilegales que arriesgan sus vidas por cruzar el río Bravo en busca del sueño americano, un sueño representado en forma de ciudad inmersa en su propia gue-rra civil. [...] Cabe de todo en esta brillante revisión del genero, en esta inmensa coctelera en la que Romero mezcla con maestría hu-mor negro, acción, sangre y drama, teniendo el bonito detalle, in-cluso, de homenajear en una escena una de la mejor película de zombies de la última década (que, por cierto, no le pertenece pero a la que ha manifestado públicamente su admiración) como es "Zombies party" (2004). Y es que no sólo de Romero viven los zom-bies, pero casi».


Imágenes de "La tierra de los muertos vivientes" - Copyright © 2005 Universal Pictures, Atmosphere Entertainment, Mark Canton-Bernie Goldmann Productions y Romero-Grunwald Productions. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos reservados.

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