CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Notas para la
reeducación
La
directora sueca afincada en Venezuela
Solveig Hoogesteijn saca la cámara a la calle y rueda
en las barriadas marginales de Caracas, allá donde la infancia
apenas dura un instante, y donde la pobreza y la violencia
conviven con el analfabetismo y la explota-ción. Su intención no
es sólo recrear esos ambientes sórdidos para hacer una crítica
social, sino apostar por las posibilidades que hay en cada
persona y por el papel educador que la música clásica tie-ne en
sí misma. Su capacidad para fomentar la sensibilidad del ni-ño,
y especialmente la disciplina y exigencia que comportan su
aprendizaje metódico, la convierten en la mejor medicina para
res-catar a esos pequeños y reintegrarlos en la sociedad.
Maroa es
una jovencita de 11 años que vive con su abuela, inmer-sas en un
ambiente de delincuencia, droga y prostitución. Mientras que los
niños venden revistas y estampitas o roban a punta de pis-tola,
los mayores comercian con su cuerpo, se ganan la vida con
buenaventuras u otras triquiñuelas que les reporten algún
beneficio. Un robo con asesinato incluido llevan a Maroa a un
“albergue” para menores, después de ser acosada brutalmente por
un policía sin escrúpulos. Pronto el profesor de música ve en
ella un talento que puede ayudarla en su regeneración, la
incorpora a su orquesta y surge una estrecha relación que les
hace fuertes frente al desam-paro y la soledad en que viven.
La película arranca con fuerza y buen ritmo, muy cercana a
una realidad callejera dura y dramáti-ca. Con rápidos
brochazos de cine realista, el espectador rápidamente se hace
cargo de la marginalidad en que viven unos niños sin padre y sin
esco-larizar, con tempranos conflictos exis-tenciales, y que
respiran un clima de revolución social en que el marxismo echó
mano de una fe sin Dios para generar odio y violencia. Sin duda,
asistimos a un realismo moderado porque la verdad debe ser más
desa-sosegante y está lejos de la crudeza de "Amores perros"
(González Iñárritu) o "Ciudad
de Dios" (Meire-lles), pero es suficiente para
hacerse cargo de una problemática real. Es la experiencia
personal vivida por la directora, que trabaja con 200 niños
reinsertados gracias a esos programas de orquestas infantiles
promovidos por la UNESCO, y que logran reemplazar el arma de
fuego por el instrumento musical.
Sin
embargo, algo falla cuando nos adentramos en el albergue y en el
mundo civilizado: el guión se estanca en varias ocasiones,
acaba resultando previsible y pierde capacidad dramática. La
excelente puesta en escena y la espontaneidad interpre-tativa de
Yorlis Domínguez, con unos primeros
planos llenos de inocencia y descaro, no son suficientes para
generar emo-ciones en el espectador. No parece acertado el
casting hecho con Tristán Ulloa
para un difícil papel —máxime al tener que tra-bajar con una
verdadera niña de la calle— que exige mayor carga emocional: su
interpretación, un tanto fría y envarada, no aporta in-tensidad
en su relación con la niña, ni aprovecha las posibilidades que
la música ofrece como vehículo de sentimientos. Al final,
pare-ce un tanto impostado, incorporado a un mundo que no es el
suyo, no sólo porque no sea natural del lugar sino porque en su
interior no bulle el desgarrón existencial ni la pasión por la
música que de-bería.
En ese retrato social, resulta intere-sante la diferente
mentalidad que pro-fesor y alumna trasmiten, y que ha-blan de
mundos distintos y hasta opuestos: en él la relación
paterno-fi-lial de acogida a la niña desamparada se sobrepone a
la atracción física, y sabe preservar esa inocencia y respe-tar
su desvalimiento; en cambio, ella se enamora y responde de la
única manera que conoce, ofreciéndose por entero también en
señal de agradeci-miento a quien la ha aceptado como es. Cultura
y formación sistemática frente a una bondad desestructurada y
cultivada al ritmo del rap callejero: dos mundos, el civilizado
y el marginal, llamados a convivir en solidaridad, sin
enfrentamiento —se apunta una dura crítica a la violencia
policial— ni explotación de los indefensos.
Cine
social y testimonial que llega de Sudamérica, que no alcanza el
nivel de otros títulos recientes como "María
llena eres de gracia" (Joshua Marston), pero que nos
acerca a tristes realidades que unos se empeñan en controlar
mientras otros inten-tan reconducir. Mirada positiva y
constructiva de alguien que ama al país que la acogió y que
siente la responsabilidad de hacer algo por esos rostros que
luchan por sobrevivir, que esconden una nece-sidad de afecto y
de creer en sus posibilidades.
Calificación:
    
Imágenes
de "Maroa" - Copyright © 2005 Tornasol Films y Macu
Films. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Maroa"
Añade "Maroa" a tus películas favoritas
Opina sobre "Maroa" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Maroa" a un amigo
|