CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Modélica muestra de terror vaginal
Mientras el cine de terror concebido en Hollywood sigue
estanca-do en su agonía a base de cansinos refritos prefabricados
en los despachos de las productoras con una motivación exclusivamente
económica y ejecutados después por encargo con idéntica apatía, desde el panorama
más independiente continúan asomando algu-nas propuestas interesantes
de autores noveles que, si bien no in-novan en exceso en cuanto a contenidos,
adoptan con auténtico entusiasmo y, sobre todo, incuestionable
eficacia sus tópicos y convenciones, incluso reinterpretándolos desde una perspectiva mucho más moderna y personal
en bastantes casos.
Europa, y más en concreto Francia e Inglaterra, está teniendo un
papel desta-cado en este relevo, tal y como pudimos comprobar con
la frenética
“Alta
tensión" o
la más reciente e incomprendida “Dead end”.
Todo lo dicho es extensible al británico
Neil Marshall, quien
también se suma a la hornada
de jóvenes creadores que echan la mirada hacia los clásicos
de los setenta con
nostálgico respeto, revitalizando la tradición al suplir
sus posibles limitaciones con grandes dosis de frescura, talento y
convicción. Tras revisitar con éxito el mito licán-tropo en “Dog soldiers”
mediante una vehemente síntesis entre el fantástico y el género
bélico, “The descent”, una historia en el fondo muy similar a la
anterior en planteamiento y estructura a pesar de revestirse con
otras pieles, nos confirma a Marshall como a un au-tor capaz de
devolver a la serie B toda su dignidad y energía.
Aunque su desarrollo es bastante imaginable y, por desgracia, la
propia distribuidora se ha empeñado en que no nos quedaran
excesivas dudas al respecto, no conviene desvelar gran-des
detalles sobre un largometraje que tiene en el factor sorpresa
un buen aliado. "The descent" se centra en seis amigas de
distinta condición que durante su tiempo libre compar-ten la
misma pasión por los deportes de aventura; una afición que las
ha lle-vado a superar diferentes hazañas hasta el momento
abordables, pero cuya última salida para practicar raf-ting en
los rápidos de un río se saldó en un accidente fortuito de
trágicas consecuencias. Un año después, el grupo vuelve a
reunir-se para explorar una cueva situada en un paraje aislado
de los Montes Apalaches, con la intención velada de reforzar sus
vínculos y recuperarse de aquel traumático capítulo. El reto de
adentrarse en un sistema de cavernas poco conocido, ciertas
imprudencias cometidas y algunas complicaciones iniciales serán
un juego de ni-ños comparados con aquello que les espera al
final de su aventu-ra...
Lo que a primera vista me divirtió más de este argumento fue su
simbología vaginal: un
grupo de mujeres que penetran dentro de una gruta oscura, húmeda
e inexplorada, en cuyo interior les aguar-da un doloroso y
sangriento episodio... Desde luego, no es una re-lación de
conceptos que la película explote de manera manifiesta, pero
tampoco lo hace parecer algo enteramente inconsciente y casual.
En cualquier caso, y más allá del chiste, lo cierto es que ese
protagonisto íntegramente femenino, además de en unos papeles
activos tradicionalmente adjudicados al sexo opues-to, supone una
agradable voluntad de desobedecer los luga-res comunes presentes
en la mayoría de cintas de este tipo,
reconduciendo la familiaridad inicial de la propuesta a través
de un terreno apenas escudriñado por el cine
—bien, para no faltar a la verdad, hay algunos guionistas que
son capaces de concebir a un grupo de mujeres en papeles
activos, pero sólo cuando las protago-nistas van juntas al lavabo
de un restaurante—. En el
mismo senti-do, tampoco pasa desapercibido que su personaje
central sea una (anti)heroína trastornada e inestable que puede
convertirse en una bomba de relojería bajo la presión de una
situación límite.
Sin embargo, uno de los mejores ha-llazgos del guión se encuentra en
la inteligente combinación de
elementos realistas con un ingrediente fantásti-co,
los cuales permiten establecer desde el comienzo el clima de
verosi-militud necesario para abordar su más delirante desenlace.
Quizás se trate de ideas que hemos visto antes por separado en
otros contextos, y de nu-merosos guiños y referencias, pero
Marshall logra unirlos en una reformu-lación tan consistente y
armónica que, en lugar de hallarnos con un con-junto de pegotes
tratando de pasar disimulados debajo de una estética agresiva, como
ocurre con otros pastiches, obtenemos un estupendo film moderno
de corte clásico.
Al mezclar el factor emocional y la amenaza física del en-torno
con una agresión de naturaleza ajena y sanguinaria, la pelícu-la
logra funcionar a varios niveles, mientras que el drama íntimo y
aquello más explícitamente escabroso se entrelazan para sumar su efecto. Si durante la primera parte domina una inquietud
más con-tenida por la opresión material y la tensión psicológica que
fluye entre los personajes bajo tierra, recordándonos a las
peripecias que atravesaban los escaladores de aquel excelente docudrama titulado "Touching
the void: Tocando el vacío", en el segundo tramo se
de-sata una explosión de violencia y casquería que tampoco
defrauda-rá a los amantes del gore, a quienes regala generosos
baños de hemoglobina que homenajean a "Carrie". Así pues,
a pesar de que en instantes puntuales parece perseguir el susto
fácil de manera innecesaria, “The descent” triunfa
principalmente por su habili-dad para traspasar al espectador la
misma experiencia de intensidad creciente entre la angustia, el
sufrimiento, el es-panto y el pavor que atenaza a sus
protagonistas.
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Un brillante
film de horror en estado puro que nos depara una
acongojante travesía |
Desde luego, Marshall demuestra aquí su pericia para sacar un
gran provecho de unos escenarios comple-jos, iluminados
únicamente por linter-nas, bengalas y los eventuales líque-nes
fluorescentes, conservando la ni-tidez de las imágenes y el nivel
de re-alismo oportuno, además
de obtener algunas hermosas composiciones —atención a la escena
del ascenso fi-nal—
gracias a la sugerente y plástica labor fotográfica de
Sam MacCurdy.
No obstante, cabe reconocer sobre todo el pulso firme de un
director dotado para el impacto visual, que conoce los resor-tes
de la narración y sabe ajustar su nervio a las necesidades de
cada momento. La creación de una ambientación claustrofóbica mediante
planos sostenidos y encuadres cerrados en los túneles, que se
abren para transmitir la indefensión y desorientación de los
personajes en medio de los espacios más amplios, un montaje
acelerado combinado con las veloces apariciones en los enfrenta-mientos cuerpo a cuerpo que no perjudica
la claridad expositiva, los juegos de luz que rompen fugazmente
la oscuridad, el uso del fuera del campo o de la visión nocturna a través de una cámara digital, el efectista maquillaje
y
unos recursos sonoros perturbadores son al-gunos de los
componentes
que hacen de esta historia a priori sim-ple y débil una muestra
ejemplar de terror atmosférico, un brillante film de horror en
estado puro que nos depara una acongojante tra-vesía.
Quizás por su apego a las
claves del género, “The descent” no se libra de los
mismos defectos imputables a tantas otras cintas actuales. Persona-jes sin demasiado fondo esbozados a
base de clichés y conductas ilógicas —cuando vemos a un
protagonista advertir en susurros que deben guar-dar silencio,
con total seguridad en la siguiente escena aparecerán hacien-do
ruido o pegando gritos inexcusa-bles—, pero que en esta ocasión que-dan sobradamente compensados por
las entregadísimas interpretaciones de un reparto de caras
frescas que son capaces de transmitir sus emociones con
naturalidad sin que apenas medien
palabras; un
guión que abusa de la trampa onírica y un controvertido final
que, a pesar de alejarse del complaciente ha-ppy end y
ser coherente con su mensaje pesimista sobre la condi-ción
humana, deja cierto regusto de tomadura de pelo por la forma en
que se pospone. En realidad, males menores y del todo
discu-pables dentro de una película humilde pero tan
modélicamen-te conducida y magníficamente ejecutada que
sobresale del aletargado panorama general por la calidad y
pasión que atesora, garantizando aquello que se espera de ella:
pasarlo muy bien, es decir, muy mal.
Calificación:
    
Imágenes de "The descent" - Copyright © 2005 Celador Films.
Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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