CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Terrores mucho más cotidianos
La palabra ‘artesano’ aplicada a un director de cine, cuando se
utiliza en el contexto de una crítica, tiene a menudo un cierto
ca-rácter peyorativo. Es como si aquellos que la utilizamos
quisiéra-mos diferenciar claramente entre un director lo
suficientemente per-sonal, original o incluso creador de un
estilo y un universo propios que le hicieran ganarse el
apelativo de ‘Autor’ con mayúsculas, y un aplicado profesional
dotado de algo de talento para la narrativa visual cuyo trabajo,
aun siendo más que correcto para el especta-dor, no alcanza a
deslumbrar en igual medida que el de los autores consagrados. Me
hace mucha gracia esta definición a menudo injusta porque es
bastante probable que, de seguir rodando hoy en día, se la
adjudicaríamos sin dudarlo a algunos directores consa-grados como
Sam Fuller, Raoul Walsh o el mismísimo Alfred Hitch-cock. Viene esto a cuento porque
siempre he considerado a
Wes Craven
como un realizador cuya irregular filmografía me ha intere-sado
más bien poco, pero al que le reconozco el indudable mérito de
haber sido capaz de convertirse en uno de los directores
esen-ciales del terror en las últimas décadas, con películas que
ya son verdaderos clásicos del género como las primerizas "Las
colinas tienen ojos" y "La última casa a la izquierda", la
emblemática "Pe-sadilla en Elm Street", la autorreferencial
"Scream: Vigila quién lla-ma" –en la que demostraba conocer lo
suficientemente bien las claves del slasher como para
reírse de ellas– o las curiosas –aun-que ignoradas por el gran
público– "El sótano del miedo" y "La ser-piente y el arco iris".
En fin, que quizás ‘artesano’ sea un apelativo que se quede
corto para los méritos de un cineasta sin duda bas-tante
personal, aunque igual el término ‘autor’ le cae grande en la
misma medida. Misterios insondables de los críticos.
Sin embargo, no deja de ser cierto que su carrera estaba tomando
unos caminos ciertamente preocupantes en la última década. El
éxito de "Scre-am: Vigila quién llama" le hizo insistir en la
misma fórmula por dos veces con resultados más bien mediocres,
mientras entre una y otra continua-ción ensayaba un cambio
radical de estilo con el drama "Música del cora-zón" que se saldó
con otro notable fracaso. Los problemas de producción de "La
maldición (Cursed)" dieron al traste con su floja
revisión del mito del Hombre Lobo y
el crédito de Wes Craven parecía bastante agotado. No obstante,
hete aquí que el viejo artesano se ha sacado de la manga un
thriller angus-tioso sin haber de recurrir a las claves usuales
del cine fan-tástico que han presidido su filmografía, logrando
una sor-prendente pieza de suspense a partir de una realidad muy
reconocible,
que además ha tenido la inteligencia de apoyarse en un primer
tráiler absolutamente modélico para los tiempos que co-rren y que
dejaba estupefacto –y con ganas de saber más– al futu-ro
espectador
¹.
"Vuelo nocturno" se inicia como si de una comedia romántica se
tratase, por más que la escena que acompaña a los títulos de
cré-dito iniciales (el robo de una cartera) nos avise de que
algo anóma-lo está a punto de pasar. Lisa Reisert (Rachel
McAdams) y
Jack-son Rippner (Cillian
Murphy),
pasajeros de un avión con destino a Miami que sale con retraso,
coinciden en la cola de facturación y entablan una conversación
agradable. Él es atento, ocurrente y hasta encantador; ella, una
directora de hotel muy profesional y vol-cada en su trabajo,
parece encantada con sus intentos de acerca-miento y acepta
tomarse una copa con él en el bar del aeropuerto mientras
esperan. Hay cierta química y un poco de seducción y juego
mientras conversan. Nada fuera de lo normal. El destino hace que
ambos ocupen asientos contiguos en el vuelo, algo que ella
agradece, pues su amable interlocutor es capaz de aliviar en
parte su miedo a volar distrayéndola durante el despegue con una
charla intrascendente. Todo parece ir bien… hasta que, una vez
en el aire, Jackson se quita la máscara que ha llevado puesta
hasta entonces y revela que todo lo ocurrido hasta ese momento
dista mucho de ser casual, provocando una tremenda angustia en
Lisa, quien de re-pente se ve atrapada a diez mil metros de
altura con un amenazan-te antagonista que quiere algo de ella y
que no se detendrá ante nada para conseguirlo. Una premisa de lo
más interesante.
El lector agradecerá que no se den más detalles sobre el
argumento, má-xime si es uno de los afortunados que nada sabe
sobre el filme o que sólo ha visto su primer trailer, ya que en
ello va parte del interés de la pro-puesta. Baste decir que el
mismo, sin ser del todo original, sí proporciona a Craven los
medios para construir
una más que entretenida película cuyo ritmo no decae en ningún
momen-to durante su primera hora, mien-tras la acción de la misma
de de-sarrolla en ese espacio cerrado en el que, no obstante, la
pericia de Craven como realizador consigue sacarle todo el
partido posible a los escasos recursos de los que dispone (no
deja de tener mérito ambientar una historia de este tipo en los
reducidos márgenes de un vuelo comer-cial)
gracias a una ajustada puesta en escena que nos permite se-guir
de cerca esta historia de terror emocional. No resultan casua-les
las referencias a Hitchcock, pues el director saca sus mejores
bazas del suspense y de la continua invitación al espectador a
que trate de adivinar lo puede suceder a continuación,
consiguiendo una considerable implicación del mismo, como
sucedía a menudo en las historias del maestro inglés. Por si
fuera poco, cuenta asimis-mo con dos espléndidas interpretaciones
a cargo de su dúo prota-gonista, obligados ambos a ofrecer una
doble cara: Rachel McA-dams, actriz bellísima, compone bien un
personaje que empieza haciendo alarde de su independencia, de su
profesionalidad y de saber controlar la situación ante los
envites de su desconocido interlocutor, para verse después
superada por los acontecimientos y al borde de un colapso
nervioso mientras que, por su parte, el es-tupendo Cillian Murphy
saca partido en una excelente interpreta-ción de la ambigüedad de
su rostro y de su mirada, resultando igual de creíble tanto en
su faceta de tipo encantador como, sobre todo, en la parte mucho
más oscura y amenazadora que revela en el avión.
Es una lástima que todo lo dicho hasta ahora en realidad sólo
pueda aplicarse con justicia a lo que acontece en el interior
del avión, donde sin duda tienen lugar los mejores momentos del
filme mientras evoluciona la peculiar relación que mantienen
Lisa y Jack-son. Porque la verdad es que llega un momento en el
que la acción sale de ese espacio reducido y,
en una media hora final deplo-rable, "Vuelo nocturno" se
convierte en una película llena de inverosímiles persecuciones,
situaciones un tanto rocambo-lescas mal resueltas por un guión
que no acaba de atar bien los cabos sueltos
(ay, ese instante inevitable en el que un espec-tador avispado
puede hacerse la pregunta “¿pero por qué no hace tal o cual
cosa?” y no encuentra una respuesta satisfactoria) y, lo que es
peor, el filme se convierte en una muestra mil veces vista del
cine de psicópatas armados con cuchillos que acechan a
joven-citas, con lo que se desvanece el gran crédito acumulado
por Cra-ven en su espléndida hora inicial. Por fortuna, una de
las virtudes de "Vuelo nocturno" es su escasa duración –no llega
a los ochenta y cinco minutos de metraje–, que se pasa en un
suspiro, por lo que la parte menos lograda del filme ni se
extiende demasiado, ni llega a borrar el buen sabor de boca que
deja su estupenda primera hora.
Cabe pues quedarse en el balance con lo mucho que tiene de
positivo la cinta, lamentando, una vez más, que un punto de
partida de lo más atra-yente y que cuenta con un logrado
desarrollo en el duelo que tiene lugar en el avión, no tenga una
resolución acorde con la brillantez con la que es-tá expuesta esa
primera hora. Pero sí conviene hacer una reflexión sobre la
forma en la que "Vuelo nocturno" –co-mo sin duda acontecía en
muchos momentos de la versión de "La
guerra de los mundos" de Steven Spielberg y
posiblemente sucederá en la próxima "Plan
de vuelo: Desaparecida" prota-gonizada por Jodie
Foster– se convierte en un indicativo más de que
algo está cambiando en el cine norteamericano tras los hechos
del 11-S. Sin ir más lejos, la forma en la que algunos hechos
cotidianos, como subirse a un avión en el que nunca sabes quién
te puede tocar al lado, se convierta en el ger-men de un thriller
angustioso
(como si ya de por sí viajar en avión no causara la suficiente
ansiedad en el común de los morta-les), que la película pueda ser
vista como un estudio de la paranoia y el miedo que invade de un
tiempo a esta parte a los Estados Uni-dos y que, como le ocurre a
los dos protagonistas de esta historia, el comportamiento
aparentemente normal y agradable de ambos esconda traumas
inconfesables o motivaciones mucho más oscu-ras, lo que puede
llevar a la ominosa conclusión de que estamos vi-viendo una época
en la que no resulta demasiado aconsejable fiar-se de nadie.
Quizás es llevar demasiado lejos las conclusiones de lo que
podría pensarse que es poco más que un entretenimiento
ve-raniego, pero, conociendo el ánimo juguetón y perverso que
tienen muchas de las películas de Wes Craven (¿eso no cuenta
como rasgo de autoría?), no es algo que deba descartarse por
completo.
Calificación:
    
[1]
Por más que después, un segundo y mucho más explícito tráiler se
cargara toda la magia y el misterio del primero revelando la
verdadera naturaleza y las intenciones del personaje que encarna
Cillian Murphy. Una perniciosa tendencia del mundillo de la
promoción cinematográfica hoy en día.
Imágenes
de "Vuelo nocturno" - Copyright © 2005 DreamWorks y
Benderspink. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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