CRÍTICA
por
Leandro Marques
Ácido camino a la diversión
La reunión entre el
director Michael
Winterbottom y
el actor Steve Coogan
había conducido a la gestación y ejecución de "24 hour party people"
(2002), una película aclamada por las generaciones más jóvenes
que rápidamente ingresó a la categoría de film de culto. Aquella
cinta, que hablaba del despertar de una nueva sensibilidad
social a partir de la movida que iniciaron un par de bandas de
rock esenciales de Manchester y la llegada de los Dj's
como figuras centrales de la escena musical, tiene varias puntas
en común con “Tristram Shandy: A cock and bull story”, este
reciente trabajo de Winterbottom que hemos podido ver en el
XXI Festival Internacional de Cine
de Mar del Plata.
La peculiaridad de esta comparación reside en que “Tristram
Shandy: A cock and bull story” no desarrolla temáticas
vinculadas con la música ni la evolución de la sensibilidad de
las jóvenes generaciones: es la adaptación –muy personal, pero
adaptación al fin– de una tradicional obra literaria inglesa:
"Vida y opiniones del caballero Tristram Shandy”.
En esta película, Coogan
desarrolla un rol similar al que tenía en "24 hour party people".
Oficia de una especie de función de conductor/relator,
generalmente in situ, de los sucesos de la trama. En ese
sentido, la estructura narrativa de ambos filmes coinciden tanto
en su formato como en un clima desordenado y desprejuiciado que
brota de sus imágenes. Además, los dos trabajos de Winterbottom
sobresalen por sus altas dosis de ironía y un humor ácido,
característico de los ingleses, y porque apelan permanentemente
a la fricción entre realidad y ficción, utilizando actores que
cumplen papeles de sí mismos, jugando con el registro visual del
'detrás de escena', con una textura de imágenes por momentos
similares al de una cinta documental... En el caso de
“Tristram Shandy: A cock and
bull story”
la apuesta al juego realidad/ficción va aún más allá, porque se
agrega el hecho de que el argumento del film da cuenta del
proceso de realización de una película –la adaptación a la
pantalla de la novela inglesa–, generando un panorama narrativo
delirante: Steve Coogan, persona real, interpreta al actor Steve
Coogan que se encuentra filmando una película sobre Tristram
Shandy, a quien él mismo encarna.
A pesar
de la confusión que puede generar en un principio el entramado
del film, Winterbottom tiene la virtud de organizar con claridad
la narración, de no
aportar más desorden e incoherencias que las necesarias para que
el “chiste” tenga sentido, funcione y, a la vez, no se convierta
en un laberinto del que resulte agotador escapar. Como logra
sobrellevar bien el escollo, el resultado está a su favor:
obtiene una comedia divertida, dinámica, revuelta e irónica. La
novela sobre la vida de Tristram Shandy, en este contexto, no es
más que una excusa que le sirve al director de "El perdón"
para explorar con acidez el microuniverso que se conforma
durante un rodaje, las problemáticas a las que se enfrentan los
realizadores, los celos, competencias y egos de los actores
principales, y a la vida personal que una estrella como Coogan –
que no se considera tal, pero que es a pesar suyo – trata de
seguir pese a lo difícil que le resulta.
Sin más que una pintoresca
mansión típicamente inglesa, y el ingenio de Winterbottom para
filmar y ordenar las imágenes,
“Tristram Shandy: A cock and bull story”
es una obra casi teatral, sostenida casi por
completo por las interpretaciones. En este rubro, Coogan
prácticamente se devora la película con una actuación soberbia,
plagada de frescura, humor y guiños,
además de una admirable predisposición y soltura para burlarse
de sí mismo. Lo acompaña el mordaz
Rob Brydon,
quien actúa de Rob Brydon. Juntos construyen una relación para
el deleite, dueña de los pasajes más explosivos y desopilantes
del film.
Dinámica, ágil, siempre
entretenida, nos encontramos ante una película que no aporta
demasiado más, ni menos, a la filmografía de Winterbottom.
Pareciera ser el resultado de una broma que quisieron jugarle él
y el guionista Martin
Hardy al mundo
de la industria, porque además de lo que explicitan, las
imágenes tienen mucho de chiste interno. De todos modos, y por
suerte, es una broma bien jugada, con criterio, con gracia y con
intención no de excluir sino de que también los espectadores
puedan sentirse parte. Director multifacético, atrevido y con un
estilo personal, Winterbottom pareciera haber encontrado en
Coogan un fantástico ejecutor de sus ideas. Dicen que no hay dos
sin tres, por lo que será cuestión de esperar para ver qué
sorpresa tendrán preparada para la próxima vez.
Calificación:
    
Imágenes de "Tristram Shandy: A cock and
bull story" - Copyright © 2005 Newmarket Films, BBC Film, EM Media,
Revolution Films, Baby Cow Productions y Scion Films.
Distribuida en España por Vértigo Films. Todos los derechos
reservados.
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