CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Una postal americana sin
sorpresas
Desde que
en la década de los 90, el sueco Lasse
Hallström —hasta entonces un discreto realizador en
su país natal, responsable de algunos vi-deoclips para
los populares ABBA— fue adoptado definitivamente por Ho-llywood
tras darse a conocer con "Mi vida como un perro" —una película escrita por él mismo
que le valió sus dos primeras nominaciones al Os-car® y un Globo de Oro,
y que mu-chos consideran la mejor
de su carre-ra—, su filmografía se ha caracteriza-do por una calidad técnica
siempre confiable, por su elegancia expositiva y por una buena
mano con los actores que les ha llevado a recibir no pocos
reconocimientos, pero cuyo atractivo ha variado bastante en
función del libreto que le pusieran entre las manos. Lo cierto
es que después de sus prometedores inicios con “¿A quién ama
Gil-bert Grape?”, su obra se ha compuesto por una sucesión de melo-dramas
sentimentales que reincidían en una misma fórmula llena de
constantes argumentales, marcadas sobre todo por una visión
humanista, afable y emotiva rayana con el empalago que, sin em-bargo,
contrastaba fuertemente con la sensación de frialdad y vacío
que desprendía el resultado final —basta citar, a modo de
ejemplo, sus tres títulos más destacados: “Las normas de la Casa de la
Sidra”, una tibia adaptación de la maravillosa novela de John
Irving, la edulcorada hasta la redundancia “Chocolat”
y “Atando
cabos”, otra precipitada y gélida traslación de un
material literario—.
“Una vida por delante” supone
un eslabón más en esa cadena de largometrajes correctos, incluso
en ocasiones estimables, pero prefabricados con tanta
conveniencia que difícilmente contagian gran estusiamo. Se trata,
en definitiva,
de una nueva muestra del cine amable y complaciente,
sembrado de buenas intencio-nes, a que nos tiene acostumbrados su
responsable; relatos de personajes castigados por la vida e
integrados por complejas re-des de sentimientos, que
nos proponen un recorrido luminoso des-de el dolor y la culpa hasta
el perdón, desde las desavenencias hasta la reconciliación.
Dicho en otras palabras, si conectaron con las anteriores cintas
de Hallström, ésta les encantará, pero si de-testan su azucarado
y flácido tono, olvídenla, porque se encontra-rán con más de
lo mismo, si no corregido y aumentado.
Todas las películas
de Hallström han
tenido como protagonista a la familia —ya
fueran núcleos familiares deses-tructurados,
menguados por la enfer-medad, el abuso
y la ausencia, o fa-milias postizas que sustituían la com-pañía y
el afecto de la
natural—, pre-sentándonos a unos personajes cen-trales
desarraigados en un nuevo en-torno que encontraban en el amor la
posibilidad de reemprender una nueva vida. El
largometraje que nos ocupa no es, desde luego, la excepción:
só-lo el paisaje cambia, pero el enuncia-do es idéntico al
de anteriores ocasio-nes. Esta vez,
Mark Spragg y
Virginia Korus Spragg han
toma-do
como telón de fondo
un
western contemporáneo, nostálgico y crepuscular —el de los
cowboys
y los sheriffs,
pero también ese otro
de visos
ecologistas— para asentar un
blando
drama
con tin-tes de actualidad informativa que se desliza entre cuatro
nudos na-rrativos, dos de ellos con raíces en el pasado y los
otros dos impul-sados desde el presente: por un lado, los malos tratos que empu-jan a Jean y a su hija
de once años a huir del novio de la
primera; en segundo lugar, el reencuentro incómodo y forzado con el abuelo paterno
de la niña, Einar, un viejo ranchero que culpa a la
joven nuera de la
muerte de su hijo en un accidente de tráfico; en otro
plano, la peculiar relación
de dependencia mutua que une a Einar y
a Mitch, un antiguo colaborador y estrecho amigo que vive
práctica-mente impedido; y, por último,
la presencia de un oso salvaje que
tiene en vilo a la población y que sirve como
catalizador de acerca-mientos y redenciones.
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Encaja en el
perfil de uno de esos telefilms familiares destinados a la
sobremesa |
Cómo se desarrolla el resto de la
situación se lo pueden imaginar a poco que conozcan las
varia-bles del cine de Hallström o, en su
defecto, del cine concebido pa-ra agradar al público a base de
al-míbar y jabón. Es ésta, por tanto, una película que deja nulo
espa-cio para las sorpresas, y cuyo guión funciona y aburre hasta
el extremo exactamente por los mismos motivos: su
previsibilidad. Todos y cada uno de los pasos que da se adhieren
con fiel preci-sión a las convenciones del género, y los
personajes y la evolución de sus vínculos responden también a
tradicionales clichés —no fal-tará, tampoco, el romance metido
con calzador entre la desvalida viuda y el sheriff bonachón del
pueblo, o esa camarera ruda pero entrañable que la acoge como
una amiga... por no saltarse, ni si-quiera se echará de menos la
pelea de rigor en el bar con unos gamberros que amedrentan
bastante menos que el plantígrado—. Esto no sería un problema en
sí mismo si se apreciara un trata-miento inteligente y lleno de
matices que lo rescatara de la rutina, pero es tanta la obviedad
y condescendencia con que se dirige al espectador a través de
situaciones manidas, diálogos sonrojante-mente evidentes e
infantiles notas de humor, que “Una vida por delante” termina
encajando a la perfección en el perfil de uno de esos telefilms
familiares destinados a la sobremesa del que uno ya se ha
olvidado por completo al día siguiente.
En cualquier caso, es la
siempre competente puesta en escena del director la que rescata
esta historia de su modesta naturaleza televisiva. Con un ritmo
templado que permite que se vaya aposen-tando el relato y un
estilo narrativo clásico y contemplativo apoyado en los juegos
de luces y sombras, Hallström encuentra en la cálida fotografía
de su habitual colaborador
Oliver
Stapleton
y en las her-mosas localizaciones
naturales los mejores aliados para desplegar un paisaje idílico
y naïf, digno de postal americana o de un anuncio de cigarrillos
protagonizado por vaqueros, donde todo es tan bonito como
emocionalmente hueco y artificial.
No hay duda de que uno de
los gan-chos más potentes del film será ver reunidas a las tres
celebridades que encabezan el cartel, pero a pesar de que sus
actuaciones son las encarga-das de elevar la categoría de la
pelícu-la, no compensan una experiencia tan poco
interesante en su conjunto. Para
empezar con lo más socorrido, Mor-gan Freeman se pone de
nuevo en la piel de ese mediador de conflictos que se sitúa en
un discreto pero de-terminante segundo plano, y que acepta su
propia carga con la confor-midad de un santo. Para continuar con lo más
controvertido, cabe decir a favor de Jennifer
Lopez que la
estrella abandona por primera vez en mucho tiempo sus ín-fulas de
diva para recrear un personaje de carne y
huesos puesto al servicio de la producción y no viceversa. No
obstante, aunque su desempeño es bastante aceptable,
cuesta verla como humilde y atribulada madre de provincias,
y que su papel sea uno de los que están más pobremente dibujados
tampoco la ayuda en exceso. Pa-ra terminar
con lo más legendario, quizás esta cinta ofrezca el ali-ciente de
ver por fin a un Robert Redford
en el rol de abuelo —un abuelo solitario y cascarrabias que,
rodeado de montañas y anima-litos en su aislado rancho, tendrá la
oportunidad de descubrir a su particular Heidi—, asumiendo con
plena dignidad su edad después de algunas poco decorosas
intervenciones como madurito héroe con las que no hacía justicia
a su reputación. Aun así, el mayor obstáculo con que se
encuentran los personajes es que son tantas las
similitudes entre la relación que sostienen
aquí Freeman y Redford con la que mantenían el afroamericano y
Clint Eastwood en “Million
Dollar Baby”, o el parecido que guarda este
Redford con el de “El hombre que
susurraba a los caballos”, que parece que
“Una vida por delante” sea un mero reciclaje de tramas ya
vistas con an-terioridad, pero trasladadas a un
nuevo contexto.
Teniendo en cuenta la
avalancha de interesantes estrenos que promete la incipiente
nueva temporada, el último trabajo de Hallström es demasiado
predecible, insubstancial y poco ins-pirado como para tomarlo en
consideración únicamente por su competente factura o sus
notables interpretaciones. Resul-tará entretenida y simpática
para aquellos que gusten de plantea-mientos convencionales y
accesibles, pero para el aficionado me-dio se convierte en una
propuesta insípida y prescindible, empeña-da en tratar al público
adulto como si fuesen niños.
Calificación:
    
Imágenes de "Una vida por delante" - Copyright © 2005
Initial Entertainment Group, Miramax
Films, Revolution Studios y The Ladd
Company. Distribuida en España por DeAPlaneta. Todos los derechos
reservados.
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