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EL AURA


Dirección y guión: Fabián Bielinsky.
Países:
España, Argentina y Francia.
Año: 2005.
Duración: 134 min.
Género: Thriller.
Interpretación: Ricardo Darín (Esteban Espinosa), Dolores Fonzi (Diana), Alejandro Awada (Sontag), Pablo Cedrón (Sosa), Jorge D'Elía (Urien), Manuel Rodal (Dietrich), Rafael Castejón (Vega), Walter Reyno (Montero), Nahuel Pérez Biscayart (Julio).
Producción: Pablo Bossi, Gerardo Herrero, Mariela Besuievsky y Samuel Hadida.
Música: Lucio Godoy.
Fotografía:
Checco Varese.
Montaje: Alejandro Carrillo Penovi y Fernando Pardo.
Dirección artística: Mercedes Alfonsín.
Vestuario: Marisa Urruti.
Estreno en Argentina: 15 Sept. 2005.
Estreno en España: 21 Octubre 2005.

 

CRÍTICA
por Leandro Marques

Ese instante en que todo se pone en segundo plano

  El protagonista de "El aura" yace tirado boca arriba, en la primera imagen, en el cajero automático de un banco, hasta que después de un rato abre los ojos, se levanta y retira su plata. Luego, el pla-no siguiente lo muestra en su lugar de trabajo; se puede ver que dedica horas y paciencia a su taller de taxidermia: el protagonista es embalsamador de animales. Más tarde, un colega, mientras ha-cen fila juntos para recibir su paga, lo invita a pasar el fin de sema-na en un campo, a cazar. El protagonista, hombre de pocas pala-bras, rechaza la propuesta y se cansa de esperar el cobro de su di-nero. Se retira del lugar. Previamente, tal vez para matar el aburri-miento, le había contado un sofisticado plan que mostraba lo fácil y rápido que sería dar un golpe y llevarse toda la recaudación del es-tablecimiento para el que trabajaban.

  En esta primera secuencia de "El aura", la nueva y esperada pelí-cula de Fabián Bielinsky —luego de su exitosa opera prima "Nue-ve Reinas"— se dice mucho acerca de dos aspectos que serán re-currentes a lo largo de todo el film. Lo primero, que se trata de una historia sobre una persona casi sin nombre ni nombrada (aunque pueda saberse que se llama Esteban Espinosa), lo que puede tam-bién querer decir que se trata de una historia que tiene como eje a un hombre común, cuyo principal don es su observador. Espinosa es un hombre corriente que trabaja, que sufre recurrentes y podero-sos ataques de epilepsia y que tiene un sueño: planear y llevar a cabo un robo perfecto.

  El segundo aspecto que aquella mencionada primera secuencia deja entrever, tiene relación con el tono y el registro que el director propone pa-ra su película. Ya en ese primer pasa-je puede percibirse un trabajo que prioriza un ritmo narrativo pausa-do (que crecerá en tensión a me-dida que la trama avance), que utilizará a la cámara como obser-vadora de los sucesos pero tam-bién como un componente activo de la mirada y de las sensaciones del protagonista. Además, se des-taca la tonalidad estética de las imágenes, que se caracterizan por su opacidad y su falta de brillo. La opacidad es también característica del rostro nunca afei-tado del protagonista: ese aspecto físico fortalece la sensación de agobio y ausencia que transmite su alma. Desde el aspecto técni-co, entonces, que incluye la construcción de cada plano, la fotogra-fía, el trabajo con la cámara, se propone lo mismo que sugiere la historia: un film oscuro, donde no sobran las palabras, que se edifi-ca a sí mismo a partir de los silencios, de las imágenes, de las ac-ciones de su protagonista, de sus no acciones. "El aura" es un film que gira alrededor de la ausencia.

  Una carta en el dormitorio, que al principio se resiste a leer, le anuncia al protagonista lo que ya es obvio: su mujer lo ha abando-nado. Este es un punto de quiebre en la película, porque saca al embalsamador de su lugar común, de su trabajo y de sus sueños, y lo hace entrar en acción. Llama a su amigo y le comenta su cam-bio de opinión: acepta acompañarlo el fin de semana. Y es en ese viaje, casi por azar —lo que de alguna manera remite al film ante-rior de Bielinsky—, que la combinación de sucesos tan fortuitos co-mo inusuales lo van a poner de cara a la posibilidad, esta vez no de pensar o soñar, sino de hacer realidad un golpe parecido al que ha-bía imaginado: robar la recaudación del casino del pueblo. La tra-ma, a partir de entonces y siempre priorizando planos largos, quie-tos, silenciosos, se dedica a contar la investigación que realiza el protagonista, a mostrar cómo va atando cabos a la información con la que se encuentra sin querer para llegar a la certeza del trabajo a realizar. Paralelamente, aunque sin tanta dedicación, la mirada del realizador también se inmiscuye en el micromundo que conforman el entorno de Espinosa en el complejo humilde de cabañas donde duerme.

  Cada tanto, la continuidad de la vida del protagonista se ve interrumpida por sus ataques de epilepsia. Allí, su cuerpo y su mente se rinden ante una fuerza que los desbordan. Como ex-plicará el protagonista al respecto, no sin que pueda detectarse una contra-dicción que no es ingenua: “es un ins-tante que no duele, en el que uno es libre porque no tiene otra opción más que entregarse. A ese instante los médicos llaman el aura”. Para el em-balsamador, sus ataques al mismo tiempo que lo liberan, lo hacen prisio-nero. Ser libre porque no hay otra op-ción, porque no se puede elegir. Este doble juego está presente en toda la película, prácticamente la define, se percibe en cada deci-sión que tomará o suceso que le tocará vivir al protagonista. Este doble juego, de presencias y ausencias, de silencios y palabras, de acciones y no acciones, demarcará el desarrollo de la historia y de la vida de Espinosa.

  Tanto la composición como la interpretación del personaje protagónico son perfectas. Darín logra mantenerse fiel a la esencia de la película, a sus grietas oscuras, a sus baches, y se transforma en el termómetro de las variaciones emocionales de la narración. Y además, su notable performance se puede eviden-ciar en un hecho adicional: pese a tratarse del casi exclusivo prota-gonista de la historia, logra deshacer la idea común de convertir  a su personaje en un ser demasiado querible o simpático. Todo lo contrario, su impasibilidad ante la vida, su agobio y su desenvolvi-miento en las distintas situaciones que se le presentan, lo mues-tran como un hombre inexpresivo frente a todo.

  El embalsamador, una vez que todo termina, vuelve a su trabajo. Vuelve a su soledad, a su delicada entrega de paciencia y tiempo. Vuelve a su vida. Puede ser un hombre común. Uno al que le había tocado vivir una gran aventura. O un sueño.  O tal vez sea que no existen los hombres comunes.

Calificación:


Imágenes de "El aura" - Copyright © 2005 Tornasol Films, Patagonik Film Group, Davis Film Productions, Aura Films y Naya Films. Distribuida en España por Alta Films. Todos los derechos reservados.

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