CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Maquiavelo en los despachos
Tras debutar con su
prometedora “Tango feroz: la leyenda de
Tanguito” hace ya más de una década,
Marce-lo Piñeyro se ha ido
consolidando entre los primeros nombres de la ac-tual escena
cinematográfica argentina gracias a títulos como “Caballos
sal-vajes”, "Cenizas del paraíso", “Plata quemada” o la propuesta
para el Os-car® “Kamchatka”.
Un puñado de es-timables películas que, si bien no han alcanzado
la misma resonancia que los últimos trabajos de su compatriota
Juan José Campanella, ni se igualan en prestigio a la obra de
Adolfo Arista-rain, nos hablan, en cambio, muy positivamente
acerca de una ca-rrera que destaca sobre todo por su coherencia,
constancia y regu-laridad. Es la persistencia de un tipo de cine
que, a pesar de cami-nar siempre apegado a la realidad de su
país, ha apostado a menu-do por aproximar el drama humano con
lectura social a los vericue-tos del thriller o a la ensoñación
romántica del fugitivo o del perde-dor, siguiendo la estela de
esos clásicos americanos de género que el autor bonaerense
reconoce admirar; la presencia continuada en la cartelera sin
grandes altibajos en el nivel de sus creaciones; y la fidelidad
hacia un equipo de actores y guionistas con los que no ha dudado
en repetir experiencia en varias ocasiones.
Quizás por esa tónica
ininterrumpida en temáticas y estilo, a los habituales de su
filmografía les sorprenderá encontrarlo ahora al frente de un
proyecto tan diferente, en apariencia, a todo lo anterior que
podríamos referirnos a él como un punto de ruptura dentro de su
trayectoria. No es sólo por el relevo de rostros delante y
detrás de las cámaras que convierten “El método” en la primera
de sus películas con acento español, ni por ese barniz
sofisticado y frío que la arropa, sino porque esta pieza de
cámara, en la que la trama se desnuda hasta quedarse con lo
esencial, está más cerca de lo abstracto y universal que de una
geografía concreta, es tan con-temporánea que casi resulta
posmoderna, se aísla del mundo exte-rior para crear un
microuniverso que lo refleje con realismo, y cede terreno a lo
cerebral y a la palabra frente al impulso de las emocio-nes o a
la obviedad de la acción física. Sin embargo, lo que se es-conde
debajo de este ropaje intelectual y cosmopolita no es sino otro
relato humano en el que Piñeyro vuelve a poner de relieve la
lucha por la supervivencia en una situación extre-ma, a través de
un grupo de personajes que, pese a su as-pecto de triunfadores,
son igualmente víctimas de un siste-ma, dejando esta vez muy poco
margen para la ilusión o la espe-ranza.
La pieza teatral escrita por
Jordi Galcerán y trasladada con éxito
a los escenarios
de Europa y América, “El método
Grönholm”,
sirve única-mente como punto de partida
para una versión tan libérrima que el propio dramaturgo
catalán ha manifestado que apenas reconocía su obra —toda-vía en
cartel en algunas ciudades— en el resultado
final. A manos de Ma-teo Gil, tradicional guionista de
Ale-jandro Amenábar, y el propio Piñeyro, el texto original ha
sido despojado de su sentido cómico, aumentando el nú-mero de
participantes y modificando la gran mayoría de su argumento,
para construir un descarnado psi-codrama con visos de intriga que
gira en torno al agresivo mercado laboral de nuestros días.
Controversias al margen, lo cierto es que esta aproximación más
siniestra y severa sobre
siete aspirantes a un mismo puesto de ejecutivo que se ven envueltos
en un peculiar proceso de selección de personal, mientras los
activistas antigloba-lización se manifiestan en las calles contra
el Foro Monetario Inter-nacional,
es una inteligente y entretenida
metáfora que invita a la reflexión sobre las relaciones de poder
y la falta de es-crúpulos que invade el mundo empresarial en la
actualidad. Conejillos de indias de un experimento cruel y
retorcido que deter-minará su prosperidad profesional, estos
siete arquetipos que re-presentan distintas formas de entender el
éxito o de aceptar el fra-caso, serán aislados como peces dentro
de una pecera en un des-pacho, sometidos a constante observación
y puestos a prueba en-frentándolos entre sí para establecer cuál
de ellos es el candidato más válido, lo que se traduce en cuál
de ellos está más dispuesto a humillar y dejarse humillar.
Crítica ácida de esa encarnizada ba-talla que se libra en las
oficinas para acceder a las altas esferas —de ese "todo vale"
que tanto se impone— y de unas reglas del jue-go que pervierten
al individuo hasta sacar lo peor de cada uno, trata también de
un relevo generacional donde la preparación académica y la
ambición mal entendida de la juventud vencen a otros valores
tradicionales como la experiencia o la honradez, o de una
tecnolo-gía que despersonaliza las relaciones y facilita el
trabajo sucio, ca-so de esos ordenadores con atisbos de muñecos
diabólicos que presiden la sala.
Película de personajes y diálogos,
en la que la dinámica de gru-pos es el motor que empuja la evolución
del relato,
“El método” congrega un reparto integrado por destacados actores
españoles
de varias generaciones, cuyo mayor acierto ha sido, tal vez, el
ha-ber sabido aprovechar el registro natural de cada uno para
confec-cionarles un papel con una idiosincrasia a su medida. Así,
Eduar-do Noriega se ocupa del niño pijo atractivo y
triunfador, Najwa Nimri es una mujer insegura y turbia,
Eduard Fernández encarna a un “macho ibérico” socarrón,
Adriana Ozores se adueña de
la madura de apariencia firme pero frágil fondo, a
Carmelo Gómez le corresponde el tipo honesto y sereno,
y Natalia Verbeke solventa a
una secretaria coqueta que parece disfrutar atormentando a los
candidatos durante el proceso. Las grandes sorpresas nos las
de-paran el argentino Pablo Echarri,
que tiene en su desparpajo y versatilidad sus mejores armas, y
un Ernesto Alterio
insospecha-damente agraciado como el típico acomplejado e
indeciso que in-tenta epatar provocando la risa. Todos
ellos ofrecen, en líneas ge-nerales, unas interpretaciones correctísimas
y bien ajustadas a un sentido de equipo,
aunque de forma inevitable la balanza se decan-te, salvo
excepciones, a favor de la solidez y desenvoltura de los más
veteranos. Y es que frente al recital que nos regalan Fernán-dez
u Ozores, a Noriega, Nimri y Verbeke continúa faltándoles más de
un hervor.
La cinta logra transmitir ese cli-ma opresivo de competitividad y
paranoia crecientes gracias a la diestra arquitectura que
sostiene su libreto. El simpático desconcierto, las dudas y la
colaboración iniciales se ven substituidos paulatinamente por
las tensiones, miedos, descon-fianzas y disputas, mientras la
trai-ción, las alianzas y los signos de re-nuncia y vejación
comienzan a hacer aparición, reduciéndose cada vez más las notas
de humor que ayudan a oxi-genar la cargada atmósfera. Desde el
comienzo resulta sencillo identificar los comportamientos y
actitudes que se suceden en la pantalla, poniéndose fácilmente
en la piel de unos personajes creíbles y re-presentativos, que
nunca son buenos ni malos, sino víctimas de unas mismas
circunstancias. "El método" engancha al ser capaz de plantear
una situación que siendo extrema y absurda, se perci-be como
temiblemente probable y reconocible, y por su habilidad para
alimentar el suspense y sostener la intensidad haciendo uso
únicamente de las revelaciones que descansan en el factor
huma-no. No obstante, no puede evitar que su interés vaya
decayendo a medida que los candidatos más atractivos son
eliminados y, con ello, que algunos de los actores que prometían
dar más juego abandonen la partida. Tras un paréntesis
argumental algo capricho-so que desestabiliza el ritmo y rompe
con el tono elegante y conte-nido que había dominado hasta el
momento —lo que sucede en los lavabos resulta, a todas luces,
algo forzado e inverosímil—, los agudos y dinámicos diálogos del
principio terminan embarrancando en un farragoso triángulo de
índole sexual que no parece aportar nada positivo a la
progresión dramática, pero en el que la presencia siempre
rotunda de Eduard Fernández al menos garantiza la aten-ción.
Obligado por la puesta en escena
teatral, Piñeyro sortea las limitaciones del espacio cerrado con
una edición ágil y flexi-ble, y arranca toda la expresividad a
los actores mediante unos primeros planos sostenidos que al
mismo tiempo subra-yan su vulnerabilidad. Más discutible es el
efecto de la pantalla dividida como forma de
introducir brevemente a los personajes y captar el clima de
enfrentamiento que se respira en el exterior, ya que atiende más a fines estéticos que a una
función narrativa. En cualquier caso, la dirección se mantiene
lo suficientemente discre-ta y atenta al detalle como para dejar
que las interpretaciones y el guión se luzcan como los
auténticos protagonistas de la función que son. La
ambientación desangelada, desapacible e irreal del lu-joso
edificio donde transcurre la acción se perfila como un acertado
reflejo de esa experiencia casi onírica que atraviesan los
individuos, haciendo brotar todo el desarraigo y la hostilidad
de su interior, mientras que las marchas populares contra la
deshumanización de la economía que bullen en las calles son la
otra cara, más ruidosa y combativa, de una misma moneda,
haciendo de contrapunto del discurso que tiene lugar en el
interior.
Pese a que, por su planteamiento, "El método" nos remite a los
formatos Gran Hermano, y Piñeyro cita entre sus referentes el
film de Sydney Po-llack "Danzad, danzad, malditos", re-sulta más
oportuno emparentarla con otra interesante cinta española
toda-vía próxima, "Smoking
room", a la que se acerca, además de en contexto, en
problemática y abordaje. Sin em-bargo, detrás de este juego
maquiavé-lico no cuesta vislumbrar, salvando las distancias que
median entre la re-alidad y la fantasía, una historia de te-rror
al estilo de "Cube", con la diferen-cia de que aquí a los
descartados no les aguarda la muerte y asu-men de forma
voluntaria el reto. En definitiva, una propuesta cierta-mente
estimulante que, aunque mejorable, marca una novedosa y grata
distancia con respecto a otros productos del cine español y
argentino que no hacen más que insistir en los mismos tópicos y
esquemas agotados. Una película original y fresca en su
for-mulación, perturbadora en su fondo, bien realizada y con un
sobresaliente guión que no descuida el compromiso de su mensaje,
y que gana enteros cuanto más se reflexiona sobre ella.
Calificación:
    
Imágenes
de "El método" - Copyright © 2005 Alquimia
Cinema, Tornasol Films, Arena Films y Cattleya. Distribuida en
España por On Pictures. Todos los derechos
reservados.
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