CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
Entre lobos
cultivados y hambrientos
El autor de
"Kamchatka" adapta libremente la obra teatral
"El mé-todo
Grönholm" de Jordi Galcerán para construir una
metáfora so-bre la sociedad contemporánea y sus tensiones
sociales, a la vez que nos muestra la pelea salvaje y sin
escrúpulos que invade el mercado laboral. Ambos aspectos los
aborda partiendo de un atractivo y sugerente planteamiento:
encerrar en una sala a los sie-te candidatos para un puesto de
trabajo en una multinacional. No habrá representante de la
empresa que los entreviste y seleccione, y serán ellos mismos
quienes se estudien, se sometan a sibilinas pruebas y enredos, y
quienes se acaben excluyendo en una lucha sin cuartel. El caldo
de cultivo está preparado para las mayores hu-millaciones y
deslealtades, porque la desconfianza y una competiti-vidad mal
entendida dejan al descubierto todas las miserias y baje-zas
humanas, a la vez que queda patente el afán de poder de unos
individuos cualificados, inconformistas e insatisfechos con la
vida que llevan.
La película
recuerda mucho a lo vis-to recientemente en "Smoking room" (Wallovits-Gual)
o a la clásica "Doce hombres sin piedad" (Sidney Lumet).
Como ellas, su éxito debe-ría residir en unas interpreta-ciones
que supiesen plasmar tipos humanos bien dibujados previa-mente en
el guión, y en saber crear un ambiente claustrofóbico que se
transmitiese al espectador. Ambas cosas están conseguidas gracias
a una buena selección de actores nacionales, bien dirigidos por
Piñeyro y que encarnan variados modos de entender la
vida, aunque todos ellos inmersos en la ór-bita de insolidaridad
y la ambición. Cada espectador tendrá sus preferencias por un
actor u otro, pero quizá el de Najwa Nimri sea el más
difícil y mejor conseguido por asumir parte de ese vacío
existencial y a la vez una conciencia más nítida de lo que es
im-portante en la vida, mientras que el resto se acercan al
estereotipo. La puesta en escena cuidada y una fotografía que
incide en reflejar los aspectos más fríos y superficiales del
ambiente contribuyen a generar ese dramatismo lleno de
necesidades vitales y también de soledad. Al final, el
espectador asiste a una escenificación lenta pero cruda de la
condición humana, del ejecutivo y del hombre de la calle —alguna
semejanza puede apreciarse con la degradante serie de Gran
Hermano—, del hombre que se comporta como un salvaje por
mucho que vista de corbata, del ser despiadado y sin reparos más
dado a una ética de circunstancias que a una moral personal, de
la persona desorientada entre lo que debe hacer y lo que le
conviene para lograr su objetivo.
Aunque Piñeyro
ha manifestado su esperanza en que el propio hombre encuentre
una salida a tan lastimoso panorama, su pro-puesta es pesimista y
en ningún momento plantea alternati-vas o soluciones. Es posible
que le falte compromiso social o que no haya querido caer en
moralismos, pero lo cierto es que el espectador sale desazonado,
quizá algo escandalizado por la deshumanización y las prácticas
mostradas. Además, una mirada antropológica más profunda
ayudaría a descubrir el origen de ese vacío, y ofrecer salidas
más airosas a sus personajes y al público. Por otro lado, la
escena de sexo entre Nimri y Eduard Fernández
resulta un tanto forzada en quienes acaban de cono-cerse y se
repugnan personalmente, aunque se entienda su inten-ción de
mostrarlo como otra forma de poder y abuso.
El director busca
con la película ha-cer “una instantánea del mundo con-temporáneo”,
una radiografía de una sociedad ciega que camina sin rumbo ni
ideas propias, llena de tensiones y paradojas entre modelos de
globaliza-ción y protestas estériles, que se ha olvidado de las
más elementales nor-mas para encontrar la felicidad. Para
lograrlo, hace coincidir la prueba de selección de personal que
se desarro-lla en esa sofisticada sala de reunio-nes con la
manifestación antiglobali-zación que recorre las calles
madrile-ñas: busca relacionar ambos eventos para resaltar los
contrastes del mundo actual, que conduciría a la propia
destrucción del individuo, algo que queda bien reflejado en el
plano final, auténtica síntesis de la película. Sin embargo, ese
in-tento de sacar conclusiones sociológicas más allá de la
competiti-vidad laboral desenfrenada no queda claro al
espectador, que fácil-mente se tendrá que conformar con la
historia personal de los aspi-rantes al trabajo.
Ante todo, una
película de caracteres y de actores —incluso cada candidato no
hace, en el fondo, sino esconderse de sus rivales tras un
disfraz para conseguir su objetivo—, muy bien interpretada y
di-rigida, con preferencia por los primeros planos y por el
plano-con-traplano, que pone el dedo en la llaga de una sociedad
hueca y obsesionada por el afán de éxito. Gustará especialmente
a un público joven y con preparación académica que pueda vivir o
haber vivido situaciones semejantes.
Calificación:
    
Imágenes
de "El método" - Copyright © 2005 Alquimia
Cinema, Tornasol Films, Arena Films y Cattleya. Distribuida en
España por On Pictures. Todos los derechos
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