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Nieves Limón Serrano
(E-mail a la redacción)
«Quien más, quien menos se ha
visto alguna vez en la tesitura de rellenar un currículum,
arreglarse para una entrevista de trabajo o enfrentarse a un
proceso de selección. Cierto es que muy probable-mente esa
hipotética entrevista no fuera para ocupar un destacado puesto
en una gran multinacional (que a lo mejor sí, nunca se sabe
quién leerá esto), pero todos tenemos nociones básicas de lo que
supone encarar algo parecido. Pues bien, podríamos no saber nada
de estas entrevistas, podríamos ser unos neófitos en el arte de
engañar para conseguir un puesto de trabajo, que aún así
compren-deríamos lo que Marcelo Piñeyro nos quiere transmitir
con su pri-mer film en España: "El método". Esto es posible por
el mero he-cho de que la película (basada, que no adaptada, en
la obra teatral homónima de Jordi Galcerán que podemos ver estos
días en Ma-drid) va más allá de una mera entrevista de trabajo
para la que se utiliza un refinado y torturador método de
selección que consiste en encerrar a los candidatos en una sala
proponiendo pruebas y vien-do cómo interactúan para, de esta
manera, quedarse con el candi-dato perfecto (Método Grönholm).
Va más allá, decía, o más acá ya que lo que nos muestra el
encierro es la vida en estado semipu-ro: las relaciones
establecidas entre un grupo de personas que si bien podrían ser
tipos comunes, nunca desempeñan el papel de es-tereotipos
haciendo muy verosímil sus maneras de relacionarse, hablar,
echarse cosas en cara o saltar como fieras ante el bocado que se
les escapa. Para recrear la situación descrita hay dos co-sas
básicas que Piñeyro utiliza: por un lado, los actores; por el
otro, el marco y escenario donde se desenvuelve la acción. Los
primeros han sido magistralmente escogidos y así vemos a un
elenco de buenos actores españoles y a un argentino (Pablo
Echa-rri) también a la altura del papel. Ellos van dando forma y
vida al guión, van caminando y mostrando quiénes son los
verdaderos pro-tagonistas del film, pero también las marionetas
de la empresa y de la sociedad: el niño de papá con excelente
currículum y pocos problemas (Eduardo Noriega, quizá el menos
creíble con una inter-pretación algo encolada y utilizando hasta
la saciedad su famosa cara de “o no me entero de nada o me hago
el misterioso”); el ma-cho ibérico entradito en años y en
experiencias que le hacen pen-sar que el pez grande y cruel
siempre se comerá al pequeño (mag-nífico Eduard Fernández en
esta figura “neofascista”); metódico, in-seguro y bonachón una
vez más es Ernesto Alterio quien vuelve a hacernos sonreír
explotando su vena cómica por descuido; y el se-rio y competente
Carmelo Gómez. En cuanto a las mujeres del re-parto, destaca
Adriana Ozores, que puede pasar de la actitud más optimista que
le da su situación personal a la punzante acritud que esa misma
situación personal, y concretamente su edad (¿avanza-da?) le
producen en cuestión de segundos. Por su parte, Najwa Nimri
vuelve a ser previsible haciendo de casi todos sus papeles una
mezcla de misterio y erotismo que, por otra parte, llenan la
pantalla de necesarios estímulos; y Natalia Verbeke en la
tesitura de secretaria venida a más y postadolescente. En cuanto
al marco, la acción viene rodeada de una enorme manifestación
antiglobaliza-ción que recalca la esfera antitética a esta
burbuja artificial creada, principalmente, en un universo tan
futurista como minimalista con reseñas a grandes películas de la
historia del cine (“Doce hombres sin piedad”, para no ir más
lejos): una oficina en un rascacielos ma-drileño como
representante de cualquier oficina en cualquier gran
multinacional, siendo así impersonal, fría, técnica y con el
blanco y el acero como leit motiv que ayudan a crear
dicho ambiente opre-sor tiñéndolo de modernidad. Piñeyro no deja
de lado los juicios morales, claro que plantea la inmoralidad de
una empresa espiato-ria que usa métodos ilegales ante el sentido
común y no ante la ley, o el momento de tensión social que
explota en las calles a las que no tienen vista los lujosos
rascacielos, núcleos de las decisio-nes que a todos nos afectan,
pero como abanderado de la sutilidad lo plantea tan de fondo
como el hilo musical que acompaña, muy acertadamente, un film
suave por fuera (aunque con un montaje de rápidos cambios de
plano y cortes de pantalla) y arduo, como la vi-da misma, por
dentro».
Imágenes
de "El método" - Copyright © 2005 Alquimia
Cinema, Tornasol Films, Arena Films y Cattleya. Distribuida en
España por On Pictures. Todos los derechos
reservados.
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