MÁS OPINIONES
Javier Cuenca Velarde
(E-mail a
la redacción)
«No precisa George Clooney
demasiado metraje ni piruetas cinematográficas de ningún tipo
para dar forma a esta hermosa reflexión sobre el compromiso y la
libertad de expresión como experiencia vital que es “Buenas
noches, y buena suerte”, lúcida frase con la que el presentador
de la CBS Edward R. Murrow se despedía de su audiencia. Le
bastan a este cineasta con vocación de independencia apenas una
hora y media de película y unos actores sólidos que se creen a
pies juntillas sus personajes para dejar constancia de la
valentía de unos profesionales de la televisión a quienes no les
importa jugarse el puesto si ello supone no perder su identidad.
Un infalible blanco y negro salpicado con leves pinceladas de
jazz le sirve a Clooney para subrayar que esta película
pertenece a otra época aunque esté filmada en pleno siglo XXI.
El largometraje tiene una textura ligeramente algodonosa,
acentuada por el tableteo solemne de la máquina de escribir, un
personaje más, y los silencios que rematan algunas frases del
guión. Aun así, hemos de agradecerle a Clooney que “Buenas
noches, y buena suerte” no sea una obra sentenciosa y
panfletaria, sino un paseo por la vida de unos personajes que no
empieza ni acaba, más bien discurre. Es también un acierto del
director revestir la película con el ropaje del documental para
darle un mayor realismo a la historia, pero sin recargarla
demasiado, intercalando imágenes que no nos hagan olvidar su
condición periodística. “Buenas noches, y buena suerte” es tan
ligera y concisa, cinematográficamente hablando, que quizá
requiera un segundo visionado para disfrutarla con mayor
intensidad. Pero la primera impresión es muy aceptable y algunas
de las secuencias del filme tienen la suficiente carga emocional
como para que la obra deje un buen sabor de boca».
José Luis Palacios Alonso
(Lista de
Cine)
«Quizá no se trate de una
obra maestra pero lo que sí trata de forma contundente y directa
son dos grandes temas: el perseguir la verdad incluso a
contracorriente de los poderes fácticos; y la eterna, por
controvertida, reflexión sobre los contenidos de los espacios
televisivos. El blanco y negro es de fuerte contraste, sin
tonalidades, sin dudas, como el propio trasfondo de la película
y el buen trabajo de los actores. Los tensos capítulos de la
narración se separan con ese relajado jazz-blues de la solista
de color. Quizá no gane las estatuillas que se propone, y quizá
no pase a la historia del cine, pero no cabe duda de que me
resultó una película comedida, directa e interesante».
David Garrido Bazán
(Lista de
Cine)
«Me van a permitir que antes
de entrar a analizar en profundidad la última y magnífica
película como realizador de George Clooney, haga una breve
referencia a Michael Moore, el autor de "Fahrenheit
9/11". Tengo un amigo al que Moore no le cae nada
bien. Afirma, no sin cierta parte de razón, que en su empeño por
denunciar las mentiras, los trapos sucios y los abusos de poder
de la Administración Bush, Moore suele caer en lo tendencioso y
lo demagógico, utilizando recursos narrativos cuanto menos
dudosos que, concluye mi amigo, si fuera la otra parte quien los
usara no tardaríamos un instante en condenarlos como
inadecuados. Cuando tenemos esta discusión, yo siempre saco a
relucir un hecho que me parece básico y que el mismo Moore
utiliza a menudo para defenderse de dichas acusaciones: el
periodismo de primer nivel en los EE.UU., ya sea televisión o
prensa escrita, ha cambiado tanto, se ha plegado de tal forma a
las instancias del poder que parece inimaginable que hoy en día
se dieran fenómenos como aquel del Watergate que acabó con la
Administración Nixon. Moore defiende que si los periodistas
cumplieran con la función que se les supone por su profesión y
no estuvieran amordazados por la trampa habitual de las
‘prioridades de Estado en tiempos de necesidad’ o el recurso a
un patriotismo mal entendido que reprime cualquier atisbo de
crítica al poder, él no se vería obligado a hacer documentales
que saquen a la luz hechos que el pueblo americano debe sin duda
conocer.
"Buenas noches, y buena suerte" arranca, y no es un hecho en absoluto
casual, con un homenaje a Edward R. Murrow en el que éste, en su
discurso de agradecimiento, arremete, con el estilo insobornable
e implacable que le caracterizaba, contra la deriva que empezaba
a observar en la televisión, medio que ya en aquella época
–recuerden, estamos en 1958– estaba desplazando los programas de
debate, investigación y análisis de la actualidad política y
nacional a favor de los incipientes quiz shows o concursos
televisivos que, lejos de obligar al espectador a pensar y a
cuestionarse acerca de la naturaleza de los hechos diarios,
tenía un efecto narcótico e idiotizante. El famoso discurso de
‘la caja de las luces y cables’ y, más en concreto, la apuesta
de Murrow por una forma de entender el periodismo, comprometido
y vigilante ante los abusos del poder, es la pieza angular de
esta inteligente propuesta de Clooney y no, como de forma algo
temeraria se ha señalado, una revisión del tema de ese período
oscuro de la historia americana conocido como 'La caza de
brujas' o un biopic al uso de la figura de Murrow.
Más allá de que la película efectivamente se centre en el episodio más
conocido de la biografía de Murrow, aquel que le llevó a un
valiente enfrentamiento con el siniestro senador McCarthy en la
época en la que éste se hallaba en el auge de su poder mientras
veía comunistas por todas partes, se dedicaba a perseguir de
forma paranoica supuestas conspiraciones sin importarle destruir
carreras y vulnerar los derechos más elementales de las personas
garantizados por la Constitución, "Buenas noches, y buena
suerte" es un claro alegato por el compromiso y la defensa de
unos derechos y valores esenciales e irrenunciables no sólo de
los ciudadanos, sino también de los periodistas en su función de
tales. En esta densa, a ratos claustrofóbica película –hay quien
ha citado, acertadamente a mi juicio, influencias estilísticas
del Lumet de "Doce hombres sin piedad", el Frankenheimer de
"Siete días de Mayo" o incluso el Preminger de "Tempestad sobe
Washington" que van más allá de su fotografía en B/N o su rodaje
en apenas dos o tres escenarios que recrean los estudios de la
CBS– Clooney no deja espacio para la más mínima veleidad ni el
subrayado: todo lo que se cuenta es importante para la historia,
nada sobra o es superfluo para los hechos que se narran –por
ello no sabemos nada de las vidas personales de los
protagonistas, salvo en el caso de la pareja Downey/Clarksson:
sólo importa aquello que afecta al trabajo diario– y, lo más
importante de todo, se deja espacio de sobra al espectador para
que llegue por sí mismo a sus propias conclusiones sin pretender
adoctrinar o conducirle por una determinada línea de
razonamiento.
Con una puesta en escena austera y sumamente efectiva, con un reparto
magnífico en el que destaca con luz propia el sobrecogedor
trabajo desde la sobriedad más absoluta de un magnífico David
Strathairn (capaz de transmitir innumerables cosas con un a
veces casi imperceptible cambio de su expresión facial o con
esos estruendosos silencios de breves segundos que Clooney, con
enorme inteligencia y sabiduría tanto cinematográfica como del
oficio de la interpretación, deja transcurrir sosteniendo un
plano fijo tras los apasionantes discursos de Murrow) pero
también del propio Clooney, Robert Downey Jr., Patricia Clarkson
–que hermosa es y que sencillamente contada está esa historia de
amor de la pareja–, Frank Langella o Ray Wise (clave su papel
para entender algunas de las debilidades de Murrow y hacerle más
humano a nuestros ojos), "Buenas noches, y buena suerte" es una
película apasionante y compleja que entronca directamente con la
mejor tradición de ese cine liberal americano con ambiciones de
ofrecer una punzante reflexión sobre algunos aspectos que no
deberían estar sujetos a interpretaciones subjetivas por su
propio e incuestionable valor ético o moral. Así, uno tiene
siempre la sensación de que Murrow y su equipo se enfrentan a
McCarthy no porque ideológicamente se encuentren en bandos
opuestos o en defensa de un trasnochado progresismo, sino porque
éste ha ido demasiado lejos en su afán de proteger a su país,
traicionando y retorciendo hasta más allá del límite de lo
admisible sus principios más básicos. No cuesta trabajo imaginar
que Murrow, con su insobornable actitud, hubiera perseguido con
igual saña cualquier otra vulneración de dichos principios que
viniera desde otro lado político, si bien la película tampoco
oculta que éste sabía, a diferencia de su rival, cómo utilizar a
su favor el enorme poder mediático que su posición de privilegio
le otorgaba.
Parece evidente la vocación del George Clooney cineasta de ofrecer en sus
obras un claro mensaje que transmita sus inquietudes políticas e
incluso éticas y es igualmente evidente que su película,
evocadora de unas figuras –a Murrow hay que sumar el trabajo de
todo su equipo: esta es una película donde se ve como en pocas
la capacidad de un grupo de personas comprometidas con un
objetivo para trabajar en equipo– que sin duda tienen en su
mente la consideración de míticas, de referencias inamovibles,
faros que deberían guiar a los periodistas de hoy en día en su
cometido, traza unos claros paralelismos con el presente, con lo
que su mensaje político goza hoy en día de una vigencia
inapelable en estos tiempos oscuros en los que parece que los
ciclos de la Historia nos vuelven a colocar en situaciones si no
iguales, sí muy parecidas a las descritas por esta admirable
película. Queda la duda, eso sí, de saber si el mensaje
esencial, este nostálgico a la vez que necesario recordatorio
calará en las mentes de unas generaciones que hay que temer ya
han sido victimas del temido proceso de idiotización progresiva
que Murrow denunciaba en su discurso. No serán pocos los que,
acostumbrados a un tipo de cine muy diferente, sean incapaces de
valorar en su justa medida la enorme, imprescindible importancia
de una película de estas características».
José Luis Santos
(Lista de
Cine)
«Suelen decir que la historia
es eminentemente cíclica, y que casi todas sus etapas presentan
características que tienden a repetirse. "Buenas noches, y buena
suerte" parece enfatizarlo abordando la histeria colectiva que
en Estados Unidos se vivió en los años 50, con la caza de
comunistas encabezada por el senador McCarthy y el
enfrentamiento que con él tuvo el periodista Edward R. Murrow
para defender la libertad de expresión y los derechos civiles,
sobre todo si contemplamos el relato desde una época como la
actual, en la que George Bush parece seguir sendas cuando menos
similares escondiéndose de nuevo tras el miedo y la ignorancia.
La trayectoria como director de George Clooney está por ahora íntimamente
relacionada con la televisión. Su debut tras la cámara, "Confesiones
de una mente peligrosa", se mostraba cargada de
ironía para presentarnos a un personaje con dos vidas en teoría
muy distintas pero no muy diferentes en algunos aspectos
morales: creador de telebasura por el día y asesino de los
servicios secretos por las noches. Su segunda película sigue
vinculada al medio televisivo, pero es más seria y madura,
abandona el tono juguetón para ponerse grave y ahonda con un
pasaje del ayer en un problema de hoy, la censura y la
inadmisión de voces discordantes, de la mano del tan viejo como
estúpido y triste "o estás con nosotros, o estás contra
nosotros".
Clooney presenta un trabajo formalmente logrado, con un tono
semi-documental que utiliza con habilidad recursos propios del
género como la cámara "errática y nerviosa", y hace un perfecto
ensamblaje entre la imágenes ficticias de los actores y las
auténticas de la época con los personajes reales, apoyado en un
excelente montaje. Así, podemos ver a un magnífico David
Strathairn enfrentarse al verdadero McCarthy, a la vez que
evolucionan ante nuestros ojos Patricia Clarkson, Robert Downey
Jr., Jeff Daniels o Ray Wise entremezclados con los auténticos
interrogatorios del senador en su comisión, todo ello conducido
por perfectas intromisiones musicales entre actos de la
magnífica Dianne Reeves.
Una hora y media medida, que no obstante no es fácil para el espectador
de a pie: imagen en blanco y negro, un tono narrativo denso,
contenido y pausado, una planificación de precisión quirúrgica
sin apenas concesiones emocionales, localizaciones interiores en
todo momento... Todo ello parece concebido para no
desnaturalizar, ridiculizar ni robar protagonismo a un mensaje
que de otro modo podría perder fuerza, y que ya de por sí ofrece
una intensidad interior trepidante a la cinta, en un recorrido
paralelo al de Murrow, minado por presiones, mentiras, abusos de
poder y falso patriotismo.
La rotunda tarjeta de presentación definitiva de un actor guaperas que
apunta que también es un director tan inteligente como
interesante, al ofrecernos una buena película en cuanto a sus
formas y una declaración imprescindible en cuanto a su fondo.
Una cinta sincera, valiente para los tiempos que corren,
necesaria, con un cierto regusto a cine de otros tiempos que
envuelve un mensaje atemporal. Un mensaje que sólo admite una
despedida posible: buenas noches, y buena suerte».
Adán
(Lista de
Cine)
«Se trata de una trama corta
pero llena de cosas; la historia muestra cómo los medios y los
periodistas afrontan las noticias, y deja claro un mensaje: los
anunciantes están por encima de la información. Esta sociedad
está dirigida hasta el más mínimo detalle por las grandes
empresas y los gobiernos, sabemos no la verdad, sino lo que nos
cuentan. Esos hilos se abordan en esta película del
multinominado George Clooney, y se cruzan de tal manera que se
hace bastante complicado seguir la trama debido a la cantidad de
nombres y caras que se suceden sin parar junto a diálogos
demasiado densos. Correctas interpretaciones, aunque no de
premio, y que se quedan siempre por debajo de una fotografía
magistral. Es, bajo mi punto de vista, lo mejor de la película;
mezcla el blanco y negro casi con unos contrastes muy bien
logrados (como si fuera un comic de Sin City), introduce
movimientos de cámara a distintas velocidades según la tensión
de cada momento, juega con los primeros planos y los tiempos de
maravilla. Tiene nervio.
A mí no me ha parecido una de las 5 mejores del año, tampoco está entre
las 10 primeras, y la verdad es que no entiendo tantas
nominaciones y tanto bombo, excepto por la fotografía [...],
pero no por el resto; David Strathairn está correcto, pero le
falta un puntito para que llegue de verdad, la dirección
artística no me parece tan digna para la nominación [en los
Oscar®] (comparándolas con sus competidoras), y las de Guión y
Dirección están fuera de lugar; a parte de algún momento de
ritmo con resultados positivos, a mi parecer el guión es
repetitivo y genera poco interés, además ya desde el principio
se ve venir/se conoce el desenlace, restando el suspense
necesarios para prestar atención a tanta información.
Es floja, y por debajo de las mejores del 2005. Recomendable, pero
siempre que se esté preparado para una película densa de más».
José Ramón García Chillerón
(E-mail a
la redacción)
«A juzgar por su escueta
filmografía como director, no cabe duda de que George Clooney es
un autor, si estamos en disposición de adjuntarle tal rango,
realmente fascinado por el mundo catódico. No es de extrañar su
pasión por la televisión puesto que su propio padre fue
presentador televisivo durante años y él mismo dio el salto a la
fama gracias a este vilipendiado, hemos de decir que con razón,
medio de masas. "Buenas noches, y buena suerte", al igual que su
predecesora "Confesiones
de una mente peligrosa" (2002) es una suerte de
biopic sobre una figura célebre de la televisión americana. Sin
embargo, a diferencia de aquélla, que tocaba tangencialmente la
condición de productor televisivo de Chuck Barris para
centrarse, por un lado, en los problemas que causaba su
desmedida ambición en su vida personal y, por otro, en su
condición bipolar de agente de la CIA, "Buenas noches, y buena
suerte" se concentra en un hecho histórico determinado y en las
relaciones de camaradería que se dan entre un grupo de
profesionales del periodismo televisivo. El hecho en torno al
cual se articula la nueva obra del actor/director es la cruzada
catódica emprendida por Murrow, prohombre liberal y demócrata
convencido, contra el senador republicano Joseph McCarthy y los
métodos injustificables y anticonstitucionales utilizados en su
paranoica persecución del peligro rojo. La película
evidentemente dilata su crítica a la actual política del miedo
ejercida por Bush jr., constituyendo una alegoría evidente de la
situación política contemporánea. El talante obtuso y
pendenciero del que hace gala el conservador McCarthy se puede
extrapolar fácilmente al mostrado por la Administración Bush en
su batalla antiterrorista. Por tanto, se obvian en la nueva
película de George Clooney, muy oportunamente a mi juicio, las
tribulaciones personales de Edward R. Murrow, revivido para la
ocasión por el magnifico actor David Strathairn, y se nos
introduce desde el inicio mismo del film en los estudios de la
cadena de televisión CBS, en los que transcurrirá buena parte
del metraje de la película, para contarnos las vicisitudes de un
equipo de profesionales a la hora de hacer su trabajo con rigor
y sin ceder a las presiones externas. La redacción de la CBS
donde se desarrolla el film se nos revela como un microuniverso,
un paraíso de hermandad profesional y camaradería en el que
todos sus miembros se conocen y comprenden, aunque tengan
desavenencias. Es un canto idílico a la profesión periodística,
en este caso, directamente emparentado con una característica,
la de la amistad viril y al respeto entre profesionales, muy
presente en el cine clásico. Sobre todo en el cine de Howard Hawks
y el western. Sirva destacar al respecto que todos los
personajes que trabajan en la CBS son mostrados de manera
positiva. Incluso William Paley, el presidente de la cadena
interpretado por el veterano Frank Langella, que es el que debe
actuar de intermediario y bregar directamente con los
patrocinadores que quieren retirar sus productos, se nos
presenta como un profesional comprensivo, pese al desafortunado
papel que le ha tocado desempeñar. Este viro hacia el clasicismo
en la filmografía de Clooney resulta sorprendente y
tremendamente beneficioso a nivel narrativo. Más aún si
consideramos su debut de abigarrada estructura y posmodernas
formas (no olvidemos que el guión de "Confesiones de una mente
peligrosa" corría a cargo de Charlie Kaufman). El blanco y negro
de la película es una elección más que adecuada, ya que permite
combinar así las imágenes ficticias filmadas por el propio
Clooney con aquellas documentales en las que aparece McCarthy.
Esta apropiación de las imágenes de archivo y la estupenda
inmersión que se hace de ellas en el montaje de la película es
uno de los mayores aciertos del film. Resulta mucho más
estremecedor ver al propio McCarthy replicando a Murrow que a un
actor haciendo el papel del senador. "Buenas noches, y buena
suerte" es un film correcto, bienintencionado e ideológicamente
intachable, aunque flaquea en su afán discursivo al pretender
dar una lección sobre las posibilidades educativas de la
televisión, cuando es sabido que éste es un medio tan intoxicado
que difícilmente se puede defender si no es desde la ingenuidad
más absoluta. Por otra parte, esa visión idílica que muestra
Clooney de los profesionales del medio es demasiado
condescendiente y, dado el verismo que se pretende dar a la
película formalmente, se agradecería, al menos este crítico lo
haría, una mirada más cínica y menos alejada de la realidad. Si
quieren ver una película realista y descarnada sobre el mundo de
la televisión, saquen del videoclub "Network, un mundo
implacable" (1976, Sydney Lumet); si prefieren una hagiografía
dócil sobre un prohombre televisivo, vayan al cine y vean
"Buenas noches, y buena suerte"».
Imágenes de "Buenas noches, y buena suerte" - Copyright © 2005
Warner Independent Pictures, 2929 Entertainment, Participant
Productions, Davis Films, Redbus Pictures, Tohokushinsha Film
Company y A Section Eight Production. Distribuida en España por
Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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