CRÍTICA
por
Miguel Laviña Guallart
Al hilo del cuarto poder
El innegable poder de convocatoria
de George Clooney se pone al servicio de esta minuciosa y sobria
crónica del enfrentamiento que el periodista Edward R. Murrow
sostuvo en 1958, a través de su programa en la CBS, con el
tristemente célebre senador McCar-thy, promotor del llamado
Comité de Actividades Antiamericanas. En su segunda incursión
tras las cámaras, el actor y director apela al Periodismo como
cuarto poder e instrumento de denuncia para hacer frente al
recorte de los derechos civiles en virtud de la seguri-dad. Esta
premisa está relacionada directamente con la situación en
nuestros días, aunque puede abstraerse perfectamente a otros
tiempos y lugares.
Varias pueden ser las razones
que han movido a Clooney a llevar estos hechos a la pantalla.
Por un lado, su vinculación familiar con la televisión, donde su
padre trabajó durante más de 30 años, y su manifiesta admiración
por el periodista que, en un momento de miedo y desconcierto por
las persecuciones de McCarthy hacia to-do lo relacionado con el
Comunismo, plantó cara a la llamada caza de brujas, denunciando
sus actividades irregulares, pese a las pre-siones políticas y
comerciales. Deja claro que parte de su intención es reivindicar
el Periodismo en el medio televisivo.
Por otra parte, no es posible evitar
la sensación de que el film también constituye una hábil
operación de prestigio de un actor que conoce muy bien los
resortes de la industria cine-matográfica y maneja con astucia su
carrera. Desde su difícil y exitoso sal-to de la pequeña pantalla
al cine (en Europa estamos más acostumbrados a que los actores
alternen de forma habitual ambos medios) se ha labrado una
esforzada carrera, con necesarios éxitos comerciales que le han
permiti-do acometer proyectos arriesgados, como su primer
largometraje "Confe-siones de una mente peligrosa",
y ha tenido la buena vista de aliar-se con algunos prestigiosos
autores del momento, como Steven Soderbergh o los hermanos Coen. Clooney
desprende una imagen cercana a la perfección, hasta cierto punto
irritante, como persona-je público, en sus trabajos o
comparecencias, y con este film se erige en incontestable
liberal defensor de la libertad de expresión. Aunque este
pequeño peaje a su vanidad esta vez se ve amplia-mente compensado
por la brillantez de los resultados.
Utiliza su posición
para poner en pie un proyecto difícil que,
sin su nombre, habría tenido menor repercusión mediática, y
pasado mu-cho más desapercibido en las salas. Su generosidad
queda de ma-nifiesto, y este es uno de los mayores aciertos del
film, al reservar-se un papel secundario y ceder el atractivo
protagonismo a David Strathairn.
Este actor, curtido en cantidad de títulos, pero cu-yo rostro no se identifica con ningún personaje,
realiza una interpretación modélica, ejemplo de inteligencia y
sutileza. Mediante una serie de matices casi imperceptibles,
miradas, ges-tos, y sobre todo silencios ante la cámara,
transmite de forma sor-prendentemente sencilla la complicada
carga emocional del perio-dista, demostrando cómo, en ocasiones,
puede expresar más el agitado pulso de una vena del cuello que
toda una gama de expre-siones faciales.
La cinta continúa un subgénero
cinematográfico que, de forma in-termitente, ha utilizado el
Periodismo como telón de fondo en un buen número de obras de denuncia
social y corrupción política. Es-to confluye con las también
numerosas aproximaciones fílmicas, en forma real o metafórica, a
las purgas del senador McCarthy, que generaron una auténtica
convulsión entre los profesionales del mun-do del cine de la
época, arruinando carreras y dando el pasaporte forzoso para
Europa a autores como Joseph Losey o Jules Dassin, aunque otros,
al parecer, optaron por la delación.
Con estos antecedentes fílmicos y
reales a sus espaldas, el guión no busca la épica del
Periodismo me-diante la investigación de oscuras tra-mas, ni se
pierde por complicados ve-ricuetos políticos, sino que ésta se
re-fleja en pequeños detalles y puntuales victorias. Analiza los
hechos sin perder la claridad ni la objetividad de lo sucedido,
mediante una se-rie de réplicas y contrarréplicas, en las que
incluso inserta los testi-monios gráficos del propio McCar-thy.
Evita alejarse del tema que lleva entre manos y la dispersión,
por lo que no se permite ni una sola concesión a la emotividad
ni caídas fáciles en el sentimentalismo, y las escasas
referencias familiares o personales de los personajes se sitúan
más allá de los muros de un entorno laboral que no se abandona
en todo el metraje.
El acertado pulso narrativo y visual
del autor sostiene una cinta ro-dada íntegramente en interiores.
La estudiada estructura consigue introducirnos en un espacio
cerrado que se enfrenta al exterior, en el que sus integrantes se
mueven por unos límites tan estrechos como los de la televisión
de entonces, sensación acentuada por el uso de la fotografía en
blanco y negro. La puesta en escena saca un espléndido partido a
las posibilidades de estos decorados, y la narración se agiliza
mediante una sugerente música que sirve de transición entre
algunas secuencias, y que puede entenderse como una abstracción,
parte de la propia conciencia de los personajes. La solidez
del conjunto se completa con la habilidad del resto de los
intérpretes convocados, como Robert Downey Jr.,
Frank Lan-gella o
Patricia Clarkson. Añadir
que en este tiempo cada vez se agradece más la capacidad de
concisión y saber contar una histo-ria en la duración precisa.
En última
instancia, la película es-tá concebida como un buen artícu-lo
periodístico. La información se recibe de forma adecuada, pero
la contención de los resultados inevi-tablemente provoca cierto
distan-ciamiento; mantiene el interés pe-ro en algunos momentos se
tam-balea la implicación emocional del espectador en la historia.
Aun así, Clooney puede sentirse satisfe-cho con este trabajo,
aumenta su re-conocimiento como director y su mensaje se dirige
directamente a la conciencia de la sociedad actual, na-da mejor
para hacer frente al presente que indagar en los errores del
pasado. Jugaba sobre seguro al acudir con una propuesta car-gada de
corrección política y sin una sola salida de tono al pasado
Festival de Venecia, adecuado escaparate donde cientos de
perio-distas de muy distinta procedencia sin duda se sintieron
identifica-dos con esta reconstrucción de un duro proceso de presiones.
Calificación:
    
Imágenes de "Buenas noches, y buena suerte" - Copyright © 2005
Warner Independent Pictures, 2929 Entertainment, Participant
Productions, Davis Films, Redbus Pictures, Tohokushinsha Film
Company y A Section Eight Production. Distribuida en España por
Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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