CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Utópica
lección de periodismo
Clooney demuestra su solidez como
cineasta con una película que glorifica la necesidad de defender
la libertad de expresión en las democracias amenazadas.
Con su obra debut como director, "Confesiones
de un mente peligrosa", el actor
George Clooney demostró, en su
extraño biopic de Chuck Barris (personaje de doble vida
que trabajaba como showman televisivo al mismo tiempo que
ejercía el papel de ejecu-tor para la CIA), que es, además de un
rostro de innegable atractivo y ta-lento interpretativo eficaz,
un hombre con inquietudes estéticas e ideológi-cas con un
alcance más allá de los lí-mites de la
simple bagatela con pre-tensiones. Con su segundo título,
"Buenas noches, y buena suerte", Clooney no ha hecho más que
apuntalar lo que muchos pensaban; que tras su figura como
creador en ciernes se esconde un hombre inteligente capaz de
reverdecer los problemas históricos del pasado y transmutarlos
metafóricamente al presente con pasmosa facili-dad. Así, su
excelente segunda obra no es sólo un dibujo con sa-bor
nostálgico sobre los medios de comunicación capaces de
en-frentarse al sistema, sino que se conforma como una ácida
crítica a la presente administración gubernamental
estadounidense en su subversiva analogía de Joseph R. McCarthy y
George W. Bush, ya que ambos han aprovechado, con distintas
fórmulas políticas, el sentimiento de amenaza y miedo para
imponer un autoconvencido plebiscito.
Para ello, Clooney se centra en la última etapa del senador
pro-pulsor de la Caza de Brujas, en el derrocamiento de la
bestia totali-taria que abogó por la represión ideológica y la
censura de la liber-tad democrática. Y lo hace en un momento
concreto, cuando el pe-riodista Edward R. Murrow a través el
programa "See It Now"
(junto a los históricos Fred Friendly y Joe
Wershba), puso en duda la legi-timidad de los métodos del
senador cuando destapó el asedio al que fue sometido el teniente
de aviación Milo Radulovich, acusado de ser un peligro para la
seguridad nacional debido a las creencias de su padre y de su
hermana, logrando destrozar paulatinamente la imagen pública de
McCarthy. La cinta narra, de forma diligente y di-recta, el
desafío de un hombre por mantener el rigor insobornable de una
profesión que vivía sus primeros signos de decadencia. La
historia de un periodista de hierático gesto, cigarrillo
humeante y (con una) permanentemente muletilla de despedida que
hizo frente a las presiones corporativas y publicitarias para
destapar las menti-ras y las repugnantes tácticas falsarias
perpetradas por McCarthy.
"Buenas noches, y buena suerte" podría considerarse como la
utopía ol-vidada del periodismo contemporáneo, una lección del
ejercicio de informar que, lamentablemente, hoy en día no
imparten en las facultades universita-rias, donde priman otros
ideales que no se corresponden exactamente a la defensa de la
democracia sin priorizar la libertad de expresión. Aun así, tras
esa entelequia profesional, la película se encarga de hacer ver
que todo no es tan idílico, ya que previamente las virtudes de
la profesión han sido pues-tas en duda en un prodigioso prólogo
donde Murrow expone las miserias del periodismo, aludiendo al
de-terioro de la televisión como medio informativo, y del
sometimiento a la
publicidad y a la preeminencia del espectáculo y
el entreteni-miento. La actitud enfática y grave del célebre
presentador (encar-nada con precisión de gestos y minimalismo
por un sensacional David Strathairn)
se propaga a la representación de un entorno
vi-sual del cual depende el sentido y el valor de la
historia que se cuenta, envuelta en una necesaria frialdad
estética de apagado blanco y negro que combina ficción con
acertado docudrama, sin que haya un choque visual o temático con
lo relatado, fundiendo muy bien ambas naturalezas, en una suerte
de historia teatralizada de fondo metalingüístico que encierra
la cámara de televisión a tra-vés de la cámara de cine y
viceversa. Combinando con habilidad ficción y material de
archivo real, en un acierto diegético que logra que el resultado
histórico sea reconstruido con una precisión que traspasa la
pantalla. Si a ello añadimos el
pragmatismo y la sencillez de su exposición, obtenemos
co-mo resultado un filme de intachable solidez política y
narrati-va que cimienta su gran acierto en la honestidad
humanísti-ca con la que Clooney pretende enfocar la historia.
Por eso, "Buenas noches, y buena suerte" no deja espacio a
subtramas que distraigan al espectador, utilizando todos sus
mecanismos hacia la claridad del mensaje, donde prima la
austeridad del planteamiento a cualquier tipo de efectismo.
Para desahogar esa circunspección, Clooney opta por fuga-ces
instantes de actuaciones musicales de
Dianne Reeves, cortes jazzísticos que, en vez de
romper la narración, subra-yan la fábula nostálgica de un tipo
de cine ya olvidado, el del Hollywood que sufrió las
persecuciones anticomunista y que, con acierto, es obviado en su
visión documental. Tampoco hay excesiva incidencia en el
complejo proceso histórico de persecución que su-puso la Caza de
Brujas, dejando en un segundo plano los procedi-mientos de la
HUAC (Comité de Actividades Antiamericanas) y sus listas negras.
Clooney prefiere acopiar toda la atmósfera de opre-sión en los
despachos y sets de la CBS, dotando a la puesta en escena
de un medio claustrofóbico acentuado por el persistente hu-mo de
cigarrillo que empapa cada plano, logrando confinar toda la
narración a un único espacio y sortear las especulaciones
históri-cas secundarias. Clooney es consciente de que tiene
entre manos un hecho real, pero para su panegírico ideológico a
favor de la liber-tad de prensa y pensamiento precisa de la
subjetivización de la his-toria. Por eso, aquellos que le acusan
de faltar al rigor histórico por obviar ciertos episodios de
este final del mccarthysmo, lo único que consiguen es que el
apasionante discurso valedor de las cauciones procesales se vea
acentuado por su actitud beligerante en el retrato de
convicciones sin caer en la demagogia ni en las falsas morales
disertadoras.
La inmediatez de esa puesta en escena se magnifica con el
majes-tuoso trabajo de Robert Elswit
en la fotografía, que ha optado como solución morfológica por un
blan-co y negro que no deja espacios para el detalle, y que dota
de ve-racidad y cohesión a la intención de
Clooney por contextualizar su
fá-bula real en un determinado ambiente tan característico como
es el ente te-levisivo. Un juego de luces y sombras que
recuerda al ominoso capítulo tele-visivo que mantuvieron Murrow
y Mc-Carthy delante de millones de espec-tadores en un
legendario desencuentro entre el cuarto poder contra el poder
político. Un suceso que, erróneamente, es introducido en el
filme con el acoplamiento del mismísimo senador McCarthy co-mo
un personaje del filme a través de escenas de archivo. Algo que
juega en su contra, porque una elipsis hubiera potenciado ese
pesi-mista epílogo final, donde el triunfalismo de Murrow ante
el senador (percibido sin ápice de heroísmo) queda empañado con
una derrota moral bien distinta, la de un presentador que, por
preservar el me-dio informativo en su
concepción pluralista de la cultura y el respeto por la libertad
de expresión, pierde la batalla frente a las presiones
contra las audiencias y la publicidad.
Porque esta gran película
lo que sí deja claro es que, dentro de esa desigual lucha entre
Murrow y McCarthy, el presentador no fue el que derrocó al
senador, sino que, de nuevo recurriendo al material de archivo,
vemos cómo en el fracaso de su intento de investigar la CIA,
McCarthy se volvió con-tra el Ejército y contra él mismo.
Por supuesto, Clooney y su coguionista
Grant Heslov, pueden haber caído en el maniqueísmo en
su discurso final, pero tal y co-mo ha evolucionado la
deontología periodística, "Buenas noches, y buena suerte"
manifiesta que su fundamento apologético mantiene su vigencia
más que nunca en la actualidad, en un mundo profesio-nal
sensacionalista y emponzoñado por el denigrante espectáculo con
el que se asume el privilegio de comunicar. El segundo
largo-metraje de Clooney es, pese a su esquematismo de guión,
sus pequeños defectos y sus licencias históricas, una película
im-prescindible que aboga por la defensa de la actividad ética y
el valor de los derechos y de las libertades ante cualquier
es-trategia política que atente sobre ellas.
Calificación:
    
Imágenes de "Buenas noches, y buena suerte" - Copyright © 2005
Warner Independent Pictures, 2929 Entertainment, Participant
Productions, Davis Films, Redbus Pictures, Tohokushinsha Film
Company y A Section Eight Production. Distribuida en España por
Manga Films. Todos los derechos
reservados.
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