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Dirección y
guión: Rodrigo García.
País: USA.
Año:
2005.
Duración: 114 min.
Género:
Drama.
Interpretación: Kathy Baker (Camille),
Amy Brenneman (Lorna), Elpidia Carrillo (Sandra), Glenn Close
(Maggie), Stephen Dillane (Martin), Dakota Fanning (Maria),
William Fichtner (Andrew), Lisa Gay Hamilton (Holly), Holly
Hunter (Sonia), Jason Isaacs (Damian), Joe Mantegna (Richard),
Molly Parker (Lisa), Sissy Spacek (Ruth), Robin Wright Penn
(Diana).
Producción: Julie Lynn.
Producción ejecutiva:
Alejandro González Iñárritu.
Música: Edward Shearmur.
Fotografía: Xavier Pérez Grobet.
Montaje: Andrea Folprecht.
Diseño de producción: Courtney Jackson.
Vestuario: Maria Tortu.
Estreno en USA: 14 Octubre 2005.
Estreno en España: 22 Septiembre 2006. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Fragilidad emocional
Con
"Cosas que diría con sólo mirarla",
Rodrigo García se presentó
como un poeta de la imagen capaz de penetrar en los rincones más
recónditos del alma femenina. Ahora vuelve a bucear en la
soledad y en la fragilidad de nueve vidas, contempladas por una
cámara curiosa que las sigue, arropa y acaba abandonando en su
problemática irresoluble. Nueve historias que son otros tantos
suspiros de apenas quince minutos en los que coloca al
espectador en situaciones dramáticas y extremadamente emotivas,
donde sus protagonistas lidian con los misterios de la vida: una
reclusa a quien no se le permite hablar con su hija en el día de
visita, una futura madre que ve cómo su estabilidad afectiva y
conyugal se desmorona cuando aparece su primer amor, una esposa
abnegada que encuentra en su hija el motivo para vencer una
ocasión de infidelidad, una joven enfermera que no puede seguir
soportando el trauma infantil del abuso paterno, una mujer
confusa y nerviosa a las puertas del quirófano, una madre con la
herida abierta de la muerte de su hija, junto a otros retazos de
realidad intensa y un tanto incierta.
Si algo
tienen en común las mujeres de Rodrigo García es la necesidad de
afecto y la fragilidad emocional que sufren. Las sensaciones y
los lazos que las unen a sus seres queridos son quebradizos e
imperceptibles, pero reales: unas veces actúan misteriosamente
para reforzar su estabilidad interior y otras, en cambio,
parecen amenazarla. La contingencia y la fugacidad de las
emociones son, pues, el material con que el director colombiano
construye un microcosmos en donde la racionalidad no tiene
cabida, y donde la sugerencia y la mirada sustituyen a la
explicación y la palabra. La trabazón de las historias está
levemente incoada a través de algunos personajes que salen en
uno y otro capítulo, pero sin forzar las situaciones ni dar
protagonismo a quien ya lo ha tenido previamente. De esta
manera, pretende crear una atmósfera común en la que todos sus
moradores respiran inquietud, inseguridad y anhelo de felicidad.
Y en todas ellas, el amor como espejismo o humo que se
desvanece, aunque no por ello sea menos real. Porque el director
parece decirnos que ese amor que un día fue y más tarde se
desvaneció, realmente sigue presente de alguna manera, que
siempre puede salir a flote y causar unos efectos imprevisibles.
Si real y
verdadero es el amor, la soledad y la fragilidad de la vida,
también lo es el acercamiento que hace su director. El
plano-secuencia se convierte en el décimo protagonista de la
película, pues se estructura con sólo nueve planos y sin
montaje, uno por historia: recurso que busca la veracidad de lo
mostrado, filmar en tiempo real y que el espectador perciba
libremente los sentimientos capturados. La cámara acompaña y
espera a la protagonista, gira en torno a ella o lo hace desde
su propia posición para recoger su entorno: los pasillos de una
cárcel, de un tanatorio o de un cementerio son recorridos por un
objetivo curioso y a la vez discreto, que sabe dejar de mirar
cuando el desenlace amenaza con quitar poesía a lo contado, de
forma que se quede en un apunte de vida sin cerrar, sin matar.
Son miradas de cámara que dejan hablar a los ojos de sus
protagonistas, que con exquisita sensibilidad trasmiten sus
deseos de vida y felicidad, sus recovecos de insatisfacción y
tristeza. Pero lo anterior no serviría de nada si los rostros de
las actrices no dejasen entrever esos sentimientos con unas
interpretaciones magistrales, gracias sin duda a una dirección
excelente: todas tienen un alto nivel y reflejan matizadamente a
sus personajes; resulta difícil destacar alguna, aunque quizá
las primeras y las últimas alcancen mayor clímax dramático:
Robin Wright Penn muestra con convicción el conflicto
afectivo desatado en el supermercado en tan solo unos minutos,
Kathy Baker vive una histeria hospitalaria tan
auténtica que incluso suscita alguna risa en el espectador, y
Glenn Close deja escapar
emociones aún vivas entre los muertos del cementerio.
Brochazos de
buena pintura impresionista para retratos interiores de nueve
mujeres que sufren las turbulencias del amor y la inseguridad de
la vida. Cine conmovedor bien apoyado en una partitura nada
recargada, que acierta a dar unos ligeros pespuntes sin
pretender atar nada ni explicar lo inefable. Será
interesante ver cómo se desenvuelve su director en una trama más
prolongada, y cómo compagina entonces su capacidad emotiva en el
relato corto con el necesario vigor que deba impedir las caídas
de ritmo narrativo. De momento, lo primero es un logro que hay
que agradecerle y disfrutar.
Calificación:
    
Imágenes
de "Nueve vidas" - Copyright © 2005 Mockingbird
Pictures. Distribuida en España por Versus Entertainment. Todos los derechos
reservados.
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