CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
"Orgullo y
prejuicio" es la obra más conocida de
Jane
Austen y, como tal, ha conocido toda suerte de
adaptaciones, tanto en la pe-queña como en la gran
pantalla. Así, podríamos empezar hablando de "Más
fuerte que el orgullo" (1940), protagonizada por Greer
Gar-son y Laurence Olivier, y concluir con un par de
versiones moder-nas de la novela de tan afamada autora
que, no obstante, pasaron desapercibidas cuando se
estrenaron hace escasos años. Por el contrario, la
miniserie que la BBC produjo en 1995 basada en dicho
texto literario obtuvo numerosos reconocimientos, algo
que también le ha sucedido a la película que es objeto
de este análisis. No sólo ha recibido abundantes
premios y críticas muy positivas, sino que además los
espectadores han conseguido que triunfe en la
taquilla, puesto que, habiendo costado cerca de
treinta millones de dólares, ha recaudado casi
cuarenta en el mercado norteamericano y ha re-basado
los veinticinco en el Reino Unido.
El argumento de la película se cen-tra en un
matrimonio, los Bennet, que tiene cinco hijas. La
obsesión de su madre es casarlas con hombres
adi-nerados, de ahí su excitación cuando se entera de
que a una mansión veci-na llegan unos individuos que
cum-plen con dicha condición. Si bien un muchacho se
queda prendado con una de las hermanas, no sucede lo
mismo con el señor Darcy, que no muestra ningún
interés por unas mu-jeres que no pertenecen a una clase
urbana, que es de donde él proviene. La más
inteligente de las descendien-tes de los Bennet,
Elizabeth, escucha estos comentarios y, como es obvio,
no siente ninguna simpatía por un sujeto tan
encopetado. No obstante, y debido a una serie de
circunstancias, ambos se irán encontrando en distintos
lugares, algo que les permitirá conocerse mejor y de
este modo apreciar las verdaderas cualidades de cada
uno de ellos.
Si hay algo que merece elogiarse de "Pride &
prejudice (Or-gullo y prejuicio)" es la pericia con la
que su guionista, Debo-rah Moggach, ha sabido condensar
una novela en la que aparecen múltiples personajes,
redactando para la ocasión un li-breto en el que se
recogen con habilidad las intrincadas relaciones de
los protagonistas (parte de ese mérito cabe
otorgárselo también a Emma Thompson, que hizo una
revisión no acreditada de dicho escrito). Por
supuesto, esto tiene sus inconvenientes, de ahí que el
carácter de determinadas personas sea descrito de
forma concisa y se opte por desarrollar con mayor
profundidad el modo de ser de, por ejemplo, Elizabeth
y el señor Darcy.
Existen lagunas en la narración y es fácil percatarse
de los saltos que se producen en la trama para
adecuarla al formato cinematográfico, pero la esencia
de la historia permanece in-tacta, encontrándonos con
una meri-toria exposición acerca de cuán erró-neas
pueden ser nuestras opiniones sobre ciertos semejantes
si los juzga-mos desde la precipitación y no nos
detenemos a comprender la naturale-za de su
personalidad. Eso es lo que precisamente les sucede a
Elizabeth y al señor Darcy, quienes se dejan llevar
por su orgullo y por sus prejui-cios, creyendo la
primera que él es un arrogante sin corazón y pen-sando
el segundo que ella es una jovencita consentida y
maleduca-da, pues no tiene reparo alguno en
exteriorizar sus opiniones, por mucho que disgusten a
algunas gentes de la alta sociedad. Todo ello se nos
muestra por medio de unos diálogos ingeniosos en los
que no faltan el romance, la comedia y los equívocos,
tan habituales en la obra de Jane Austen.
Detrás de la cámara se sitúa Joe Wright, un director
que provie-ne de la televisión y que, gracias a su buen
hacer con este largo-metraje, ya está recibiendo
ofertas de los estudios de Hollywood para que se haga
cargo de algunos de sus proyectos, caso del re-make de
"Luz que agoniza". Cabe resaltar la soltura con la que
mueve la cámara, particularmente en los primeros
minutos de la cinta, justo cuando se nos presenta a la
familia Bennet, o durante el baile que organizan los
Bingley, instante en el que presenciamos una larga y
complicada toma digna de Brian De Palma. Además, ha
sabido rodearse de un competente equipo técnico, desde
los responsables del vestuario hasta el compositor de
la banda sonora, el pujante Dario Marianelli, quien
nos ofrece una música muy cla-sicista, quizás
demasiado, en la que merece destacarse el adecua-do uso
que se hace del piano.
Por último, es imposible no referirse al reparto de
"Pride & prejudice (Orgu-llo y prejuicio)", encabezado
por la ca-da vez más solicitada Keira Knight-ley, quien
a pesar de su juventud ya posee una filmografía
bastante intere-sante. Aunque Joe Wright no estaba muy
convencido de que fuera la actriz idónea para dar vida
a Elizabeth (en este caso su belleza casi le impidió
hacerse con este papel), la verdad es que la
protagonista de "Domino" sabe otorgarle a su personaje
la resolución necesaria. Además, conviene resaltar las
interpretaciones de una divertidísi-ma Brenda Blethyn y
la de un inmejorable Donald Sutherland, quien
demuestra su talento en cada una de las conversaciones
que el patriarca de los Bennet mantiene con Lizzy,
sobre todo en la que se produce al final del relato,
realmente emotiva y deliciosa.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes de "Pride & prejudice (Orgullo y prejuicio)" - Copyright © 2005 Universal
Pictures, StudioCanal y Working Title Films. Distribuida en España por
UIP. Todos los derechos
reservados.
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