CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Cine de
secuelas post-11S
Al parecer la cartelera de los últimos
meses vuelve a
confirmarnos algo que, no por sabido, llama menos la atención: que toda moda
termina re-gresando tarde o temprano, aunque sea reciclándose mediante nuevos
conceptos y observaciones más acor-des con los
tiempos que corren. Du-rante los años 70, los
aviones comer-ciales y sus infraestructuras terres-tres fueron
adoptados por el cine de catástrofes como escenario de
espec-taculares desastres provocados por averías técnicas,
adversidades mete-orológicas o sabotajes terroristas. Na-cían así una
serie de largometrajes cuyo título
incorporaba indefec-tiblemente la palabra "aeropuerto", llegando a
constituir un subgé-nero propio, condenado a morir por
agotamiento, que los irredentos hermanos
Zucker no tardaron en parodiar en 1980 con su ya mítica "Aterriza como puedas".
Y ahora, tres décadas después, cuando las tragedias aéreas y la
amenaza terrorista han pasado a protago-nizar la realidad
informativa, estos
transportes están siendo
recupe-rados por el cine de Hollywood como decorado de dramas
indivi-duales más íntimos y velados que se inscriben dentro del
thriller, donde la contención de las imágenes quizás no supone una
agre-sión emocional para la sensibilizada población
norteamericana, pe-ro que, sin embargo, sirven como perfecto termómetro
del clima de paranoia y miedo en que se han visto sumergidos los Estados
Uni-dos tras los atentados del 11-S. Y aunque la todavía reciente "Vue-lo
nocturno" de Wes Craven representó la avanzadilla de esta nueva
tendencia, es la película que nos ocupa la que ha puesto de
ma-nifiesto estos propósitos de una forma más deliberada y
evidente.
El resultado es una cinta que
funciona razonablemente bien como pasatiempo, pero que si no
fuera por sus sólidos intér-pretes y por los competentes valores
de la producción que la arropan, no superaría las pretensiones
de un telefilm lleno de situaciones excesivamente convenientes y
con una ejecu-ción algo anodina.
"Plan de vuelo: Desaparecida"
nos presenta a la atribulada Kyle Pratt (Jodie
Foster), una ingeniera de propulsión establecida en
Berlín y madre de una niña, Julia (Marlene
Lawston),
que acaba de enviudar en oscuras circunstancias. Después de
arreglar los trá-mites para trasladar el cadáver de su marido a
Nueva York, Kyle y Julia embarcan en un ultramoderno avión de
gran capacidad que las llevará de regreso a casa. Pero a los
pocos minutos de vuelo, la pe-queña desaparece misteriosamente
sin dejar ningún rastro, y la atormentada mujer deberá
demostrar a la escéptica tripulación, al resto de pasajeros y,
sobre todo, a sí misma que no ha perdido la cordura como
consecuencia de los últimos acontecimientos, y que puede haber
sido víctima de una conspiración.
El libreto escrito al alimón por el néofito
Peter A. Dowling y
Billy Ray (conocido guionista
de "El color de la noche" o
"La guerra de Hart"
y
direc-tor, asimismo, de "El precio de la ver-dad")
podría ser interpretado como una puesta al día del clásico de
Alfred Hitchcock "Alarma en el expreso", obra de la que no
sólo toma prestado el núcleo de su conflicto, sino a la que hace
alusión, además, a través de algunas escenas concretas que re-plican
las de aquella cinta de 1938. Pero a pesar de que estas
similitudes opacan la
originalidad de
la propues-ta, no es menos cierto que el hecho de transitar por
los códigos hitchcockianos le aseguran disponer de unos
recursos de efectivi-dad más que contrastada. Sin embargo,
"Plan de vuelo:
Desapare-cida"
parte con otras dos
desventajas añadidas: por un lado, la ya mencionada proximidad
con la película de Craven, con la que com-parte algo más que género y
contexto, y, más importante todavía, los parecidos que guarda el
personaje de Jodie Foster con el que había interpretado con
anterioridad en "La
habitación del pánico" de David Fincher. Porque,
por encima de sus componentes de sus-pense y de acción, nos
encontramos, en definitiva, ante la historia de una madre que
luchará con todos los medios a su alcance para proteger a su
retoño de una amenaza que, aquí, ha dejado de ser localizable y
concreta.
| |
Jodie Foster
se convierte, con su intensa actuación, en el sostén
físico y emocional que impulsa el film |
Aun así, esta sensación
de refri-to se diluye en gran medida gra-cias a que
nos permite
disfrutar con un desarrollo consistente, ameno y progresivo,
donde la at-mósfera creciente de tensión, desconfianza y peligro
latente se beneficia de su habilidad para gestionar la
información y del es-tablecimiento de esa ambigüedad
inquebrantable que sostiene la intriga. Para empezar,
introduciendo la desaparición a todas luces imposible de un
pasajero en pleno vuelo dentro de un espacio reducido, lo cual
siembra una duda más que razonable sobre su existencia real. En
segundo lugar, apoyán-dose en una protagonista bien construida,
envuelta en sombras pe-ro sometida a una convincente evolución
fiel a su objetivo. Tercero, porque
la forma en que
la actitud de Kyle se vuelve cada vez más desesperada e
insistente se establece como una fuente de riesgo adicional para
los pasajeros y el personal aéreo, y halla su reflejo en cómo
se desenvuelven las
reacciones de éstos, alimentadas al mismo tiempo por sucesivas revelaciones y
sospechas. Y, por últi-mo, sacando provecho del propio
emplazamiento, que se constitu-ye en un personaje más de la
investigación. Lástima que la destre-za con que maneja estos
mecanismos para generar suspense quede sepultada en su parte
final, cuando, una vez resuelto el mis-terio y como viene siendo
habitual,
"Plan de vuelo:
Desaparecida"
se transforma en
una cinta de acción convencional cuyo desenlace es totalmente
previsible.
No obstante, tal coherencia interna se ha logrado
sacrificando buena parte de su lógica externa. Para que todo
encaje a la per-fección, el guión ha necesitado reunir un exceso
de coinci-dencias que abusan
de
la confianza del espectador, ponien-do al
descubierto la débil trama y perjudicando la credibili-dad de los
acontecimientos. Y, adicionalmente, aunque sus in-tenciones de
convertir el relato en una alegoría del momento histó-rico por el
que atraviesan los norteamericanos, podría haber ofreci-do una
perspectiva más inteligente y sensible, las soluciones que
emplea se perciben demasiado forzadas y condescendientes, y las
referencias y símbolos están tan torpemente encubiertos —siendo
el caso más llamativo el de la tramposa subtrama árabe y los
pre-juicios que dispara— que
resulta inútil tomar en seria consideración su, en otras
circunstancias, válido mensaje.
Por suerte, el protagonismo de
Jodie Foster no sólo aumenta automática-mente la categoría de la
propuesta, sino que su intensa actuación inyecta la
verosimilitud y dinamismo necesa-rios, incluso en aquellos
momentos en que el relato cojea, convirtiéndose en el verdadero
sostén físico y emo-cional que impulsa la narración. Y es que, si
bien la puesta en escena del ignoto realizador alemán
Robert Sch-wentke
podría calificarse como co-rrecta, su
dirección peca de plana y carente de tacto, impidiendo que
los sucesivos giros y sorpresas cobren auténtico relieve y
fluyan de manera natural. Además, a menudo
Schwentke
parece más interesado en lucir los sofisticados decora-dos a través del
vistoso trabajo fotográfico de
Florian
Ballhaus con sus elegantes desplazamientos de cámara que
en generar la incertidumbre apropiada avanzándose a los hechos.
No cabe duda de que una planificación más perspicaz hubiera
agilizado el ritmo y mejorado la creación de atmósferas,
contribuyendo a la vez a in-crementar el nervio de la exposición.
A fin de cuentas, Craven de-mostró mucho más vigor e ingenio en
"Vuelo nocturno" partiendo con una mayor economía de medios y un argumento
todavía más delirante. Al lado de la veterana actriz,
Sean Bean,
como piloto de la nave, y
Peter Sarsgaard,
en un papel que es mejor no desvelar, despachan con la
acostumbrada solvencia y su imponente presen-cia escénica unos
caracteres turbios e impasibles en una línea pró-xima a los que
han venido desempeñando hasta el momento, mien-tras que la joven
Erika Christensen tiene una
aceptable pero dis-creta intervención como azafata.
Luego,
aunque como thriller, "Plan de vuelo: Desaparecida"
resulta bastante entretenido, pero harto caprichoso y
comple-tamente banal, puede ver mejorado su interés como drama
psicológico y metáfora socio-política, inscribiéndose en ese
ci-ne de secuelas del 11-S. De todas formas, la obviedad y
artificio con que incrusta estos elementos termina malbaratando
cualquier significado más profundo. Desilusionará a quienes
esperen una his-toria más relevante, enérgica y sugerente, capaz
de estar a la altu-ra de su lujosa factura y magnífico elenco.
Calificación:
    
Imágenes de "Plan de vuelo: Desaparecida" - Copyright © 2005
Touchstone Pictures e Imagine Entertainment. Distribuida en
España por Buena Vista International. Todos los derechos
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