LA BUTACA
Revista de Cine

APUNTA  TU CORREO

 
 

De compras de cine por internet
      De compras de cine por internet
De compras de cine por internet

 
 
 


Fotos ampliables

Ampliar foto

Ampliar foto

Ampliar foto

Ampliar foto

Ampliar foto

Ampliar foto

Ampliar foto

Ampliar foto

Ampliar foto

Ampliar foto

Más fotos (22)

 
 
 


 

ARCHIVO DE PELÍCULAS

A B C D E F G H I J
K L M N Ñ O P Q R
S T U V W X Y Z 0-9


     Estrenos | Cartelera | Críticas | Preestrenos | DVD | Sorteos | Top10 | Actualidad | Enlaces
 


TIDELAND


Dirección: Terry Gilliam.
Países:
Reino Unido y Canadá.
Año: 2005.
Duración: 122 min.
Género: Drama, fantástico.
Interpretación: Jodelle Ferland (Jeliza-Rose), Jeff Bridges (Noah), Janet McTeer (Dell), Brendan Fletcher (Dickens), Jennifer Tilly (Gunhilda), Dylan Taylor (Patrick), Wendy Anderson (mujer), Sally Crooks (madre de Dell).
Guión: Tony Grisoni y Terry Gilliam; basado en la novela de Mitch Cullin.
Producción: Jeremy Thomas y Gabriella Martinelli.
Música: Mychael Danna y Jeff Danna.
Fotografía:
Nicola Pecorini.
Montaje: Lesley Walker.
Diseño de producción: Jasna Stefanovic.
Dirección artística: Anastasia Masaro.
Vestuario: Mario Davignon y Delphine White.
Estreno en Reino Unido: 11 Agosto 2006.
Estreno en España: 8 Junio 2007.

CRÍTICA por Almudena Muñoz Pérez

  Resulta una tontería rasgarse ahora las vestiduras por “Tideland”, cuando Terry Gilliam nunca se ha caracterizado precisamente por la accesibilidad. El ex componente de los Monty Python continúa respetando la premisa de una carrera amorfa, freak y egocéntrica, debido a la actitud de que todo gira en torno a su peculiar imaginario y aunque conlleve una inevitable exclusión del visitante. Del mismo modo que otro vilipendiado y entronizado a partes iguales, David Lynch, el director de “Brazil” (1985) opera a espaldas del público, la crítica, la industria y la estética tal y como se entiende en los manuales académicos, pero con una diferencia importante. Si otros han conseguido elevar universos propios sobre las expectativas narrativas e incluso genéricas, a William sigue escapándosele la coherencia de su planteamiento, emperrado en enterrar reflexiones y significados explícitos en un cuento que vendría a hablar de la ausencia de moraleja.

 

  Jeliza-Rose (Jodelle Ferland) y la estructura misma de la película han sido comparadas hasta la extenuación de la obviedad con la Alicia de Lewis Carroll. El periplo de una niña de aspecto delicado e ideas perturbadoras entre padres drogadictos, casas desoladas, páramos desérticos y vecinos dignos del 13 Rue del Percebe, narrado desde ese punto de vista infantil en el que la fantasía se confunde con la realidad hasta que el atisbo de la primera madurez impone el sabor amargo de la segunda. El viaje iniciático y la comilona de recuerdos a punto de esfumarse que suponía entrar en la madriguera o traspasar el espejo se desintegran en la traslación de Gilliam por el contacto con la visión fría y negrísima, que no desencantada, del director. Un procedimiento que no es en absoluto una vuelta de tuerca al relato de hadas clásico, sino su reformulación malévola –lo que no pudo hacer con "El secreto de los hermanos Grimm" (2005), simple juguete de estudio dotado del encanto ancestral que Gilliam ansiaba hacer volar por los aires, o si no recuerden a Jonathan Pryce propinando un puntapié a un tierno gatito blanco–.

  La madriguera como alegoría de la muerte –en forma de baúl sin fondo–, el conejo blanco –o, en su defecto, una ardilla traviesa–, personajes tocados por la lucidez de la locura y frases literalmente tomadas del libro dan pistas muy explícitas sobre el material que la cinta pretende homenajear como crónica pesimista de una lectura ya de por sí triste y melancólica. Y sin embargo, Jeliza-Rose no es Alicia, pues no se trata de una niña deseosa por escapar a un mundo ilusorio, sino atrapada en él hasta el punto de que su felicidad proceda de soluciones reales y convencionales –ser esposa y madre–. “Tideland” es el limbo abandonado por los protagonistas heroicos y los compiladores de cuentos, un lugar al que su pequeña protagonista llega demasiado tarde, cuando el tornado acaba de abandonar en Oz la destrozada casa de Dorothy. O demasiado pronto, el momento en el que reinan fuerzas oscuras incontroladas hasta que llegue el escritor y les imponga un sentido, un enfrentamiento moral, un ‘Érase’ y un ‘Fin’. Y es en esta fabulosa ideación donde todo se derrumba: la película opta por lo fácil, por desentenderse de la razón cinematográfica simplemente porque se han anulado la humana y la lógica.

  Sólo comulgarán con el film los fans irredentos del neo-surrealismo visual –no como concepto, pues son claras las críticas y mofas que William dirige a la ética occidental– o aquellos desprovistos por completo de tabúes sociales. El visionado de “Tideland” puede ser maravillosamente trasgresor o un rato insoportable. La abstracción de su argumento e imágenes otorga libertad absoluta al trazar teorías y confirmar filias o fobias por el realizador, de tal manera que parezca que todos los argumentos guardan sentido. En cualquier caso, y por el material que emplea, no es extraño que las dos horas de metraje se vuelvan insulsas y largas hacia su primera mitad –en cuanto los hallazgos empiezan a repetirse o deformarse con cierta hilaridad, como las cabezas de muñeca parlantes–, y el tono de la segunda, estomagante. Aunque quien suscribe experimentó esa serie de sensaciones, no se imputan tanto al contenido de las escenas como a la gratuidad y los recursos facilones con que Gilliam las plantea –combinar una niña, un retrasado mental y una mujer chiflada con apuntes sexuales es más obsceno por la cobardía del esbozo utilizando personajes ingenuos que por la transgresión en sí, pues sabe frenarse a punto–.

  La provocación pura no va mal encaminada en tiempos de adocenamiento global, y como siempre su digestión será ardua y a medio plazo. Pero contemplada como película independiente de su entorno, “Tideland” se pierde en el fango de las autorreferencias y la obsesión por un marcaje estrambótico y no por una diferenciación constructiva. Gilliam consigue atisbos poéticos: el símil fúnebre entre las luciérnagas del coche volcado y las luces que bailan sobre la madre muerta, la casa en medio de un campo de trigo, estampa digna de Hopper; los encuadres inclinados que responden a la perspectiva infantil y a la progresión paulatina de lo onírico, además de un humor irreverente, a veces de muy mal gusto, heredero de aquella época con el Flying Circus. El resto no son ingredientes de cómoda identificación –aún más complicada con el sobreactuado Jeff Bridges y la un tanto repelente, aunque osada, Jodelle Ferland–, si bien ésa es la conclusión acorde a un cuento al revés, en el que no encajan las paranoias personales de su director. Sin esas ínfulas impostadas de Sombrerero Loco, el resultado habría permitido distinguir de la paja la sabiduría de quien espera el fin del mundo, ese momento patético en el que las ramas de los árboles simularán raíces y el esquema vital que todos manejamos se dará la vuelta para caminar siempre boca abajo, las ideas en la cabeza y no en el corazón.

Calificación:


Imágenes de "Tideland" - Copyright © 2005 Recorded Picture Company y Capri Films. Distribuida en España por Amazing! Pictures. Todos los derechos reservados.

Página principal de "Tideland"
Añade "Tideland" a tus películas favoritas
Opina sobre "Tideland" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Tideland" a un amigo
 


OTRAS PELÍCULAS

Black snake moan     Gritos en el pasillo     Candy     Retrato de una obsesión (Fur: An imaginary portrait of Diane Arbus)     El número 23 (The number 23)

::::: Pincha aquí para añadir LA BUTACA a tus sitios favoritos :::::

LA BUTACA
Revista de Cine online
Copyright © 2007 LaButaca.net. Valencia (España).
Prohibida su reproducción sin consentimiento expreso. Todos los derechos reservados.

estrenos | novedades | críticas | cartelera | preestrenos | DVD | carteles | top10 | de compras
 
sorteos | libros | videojuegos | reportajes | especiales | buscar | afiliación | listas de cine
reseñas de un butaquero | la ventana indiscreta |
quiénes somos | contacto | publicidad