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Dirección: Terry Gilliam.
Países: Reino Unido y Canadá.
Año:
2005.
Duración: 122 min.
Género:
Drama, fantástico.
Interpretación: Jodelle Ferland
(Jeliza-Rose), Jeff Bridges (Noah), Janet McTeer (Dell), Brendan Fletcher (Dickens),
Jennifer Tilly (Gunhilda), Dylan Taylor
(Patrick), Wendy Anderson (mujer), Sally Crooks (madre de Dell).
Guión: Tony Grisoni y Terry
Gilliam; basado en la novela de Mitch Cullin.
Producción: Jeremy Thomas y
Gabriella Martinelli.
Música: Mychael Danna y Jeff
Danna.
Fotografía: Nicola Pecorini.
Montaje: Lesley Walker.
Diseño de producción: Jasna Stefanovic.
Dirección artística: Anastasia Masaro.
Vestuario: Mario Davignon y
Delphine White.
Estreno en Reino Unido: 11 Agosto 2006.
Estreno en España: 8 Junio 2007. |
CRÍTICA
por
Miguel Á. Delgado
No debemos de haber sido malos
del todo, porque en poco tiempo se han sucedido en la cartelera
dos títulos con vocación arriesgada, al límite, destinados desde
el principio a ser violentamente rechazados por la gran mayoría
del público, pero que, sólo el tiempo lo dirá, quizá estén
destinados a convertirse en obras de culto. Una fue
"Inland
empire", del genial francotirador David Lynch; la otra, la que
nos ocupa, y que habrá que ver si no supone el suicidio
definitivo de la carrera cinematográfica de ese huracán creativo
que responde al nombre de
Terry Gilliam.
Ya su
pase por el Festival de San Sebastián de hace dos años marcó
lo que sería su trayectoria comercial: abucheada y rechazada,
con una contundencia sorprendente que se adentraba incluso en
cuestiones de orden moral (la clave parece encontrarse, entre
otras escenas macabras y definitivamente al límite del buen
gusto, en una de las primeras secuencias, en la que vemos a
una niña de nueve años preparándole divertida la jeringuilla
con droga a su padre, un sorprendente –por lo arriesgado de su
papel– Jeff Bridges) para apoyar la descalificación completa de
la obra. Y el hecho de que entre el repertorio de temas que
toca la cinta –que nos narra la historia de la extraña y
onírica supervivencia de una pequeña, interpretada por la
extraordinaria Jodelle Ferland, tras quedarse huérfana en una
destartalada casa de campo, que tiene por únicas amigas cuatro
cabezas de muñecas y como únicos vecinos a una taxidermista
con todo el aspecto de ser una bruja y su hermano disminuido
psíquico– aparezcan insinuados la necrofilia y la pedofilia,
no ayuda precisamente.
Sin
embargo, para quien esto firma, “Tideland” es
una obra cargada de una poesía oscuramente hermosa, una obra que
revienta las costuras de lo que puede o no ser mostrado en
pantalla (como hizo
Cronenberg en su alucinada “Crash”), que se detiene en trazar
los recorridos que una mente infantil sin puntos de referencia
tiene que hacer para impedir que su universo en desmoronamiento
mantenga un mínimo orden (lo que la emparentaría con Léolo,
aquel niño de la película de Jean-Claude Lauzon que oponía la
fantasía de su mente para evitar que su desquiciado entorno le
arrebatase). Así, esta Alicia en la que la droga y las agujas de
la taxidermia sustituyen a los hechizos y venenos de los
antiguos cuentos, en la que caer por una madriguera puede ser
una pesadilla real, o en la que un pobre chico lobotomizado
puede ir “nadando” a través de una pradera (en una de las
imágenes más arrebatadoramente bellas de una película plagada de
ellas) va desplegando, a lo largo del metraje, cómo la belleza
puede asomarse en las esquinas del horror.
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“Tideland” no puede ser
tomada de manera realista porque no lo es para nada. Lo sería
tanto como pretender tomar al pie de la letra las imágenes y
metáforas contenidas en un poema. El problema es que las vías
que Gilliam escoge para poner en pantalla su construcción sacan
la belleza de lo más oscuro, y nos ponen en la tesitura de
enfrentarnos a nuestros propios tabúes. Y, ante ese reto,
cada espectador puede optar por entrar en su juego o rechazarlo
de plano. Quien esto firma lo aceptó, y salió violentamente
sacudido y, en algunos momentos, asqueado; pero mentiría si no
dijera que también profundamente emocionado, conmovido,
y con un puñado de escenas que se me quedarán grabadas como
algunas de las más hermosas que he visto en mucho tiempo (y
recubiertas por la maravillosa banda sonora de
Mychael
y Jeff Danna).
Y la sensación de que esta película, ya tocada por el halo de lo
maldito, perdurará en los márgenes, despertando controversia por
mucho tiempo. Exactamente igual que muchas otras obras con las
que el cine puede desplegar todo aquello de lo que es capaz.
Calificación:
    
Imágenes de "Tideland" - Copyright © 2005 Recorded Picture
Company y Capri Films. Distribuida en España por Amazing!
Pictures. Todos los derechos
reservados.
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