MÁS OPINIONES (incluye
spoilers)
Leandro Marques
(E-mail a la redacción)
«En un delicioso pasaje de su
primera novela, "Ampliación del campo de batalla", el escritor
francés Michel Houellebecq describe las dificultades implícitas
e inseguridades existenciales que la compra de un colchón
despierta en uno de los personajes del libro. En su análisis, el
autor sostenía que con la adquisición de una ca-ma individual,
en lugar de una de tamaño doble, su personaje no solamente
estaba confesando la actualidad de su vida sexual, sino que
estaba admitiendo sus nulas aspiraciones futuras en ese rubro.
Andy, el personaje principal de "Virgen a los 40", duerme en una
cama dos plazas. Sin embargo, sus aspiraciones de encontrar
pa-reja o de al menos disfrutar de una compañía femenina
ocasional, parecían haber quedado sepultadas desde hace años por
una mez-cla de resignación y abatimiento, consecuencia de la
suma de fra-casos e infortunios que fue acumulando a lo largo de
su (no) vida sexual. El ingreso al mundo de Andy, a través de
los ojos del direc-tor Judd Apatow, se inicia en su casa y su
rutina. Su casa, invadi-da por muñecos de superhéroes y
videojuegos, habla a las claras de cierta inmadurez para alguien
que lleva cuatro décadas de vida. Su rutina, monótona, como
empleado en una casa de electrodo-mésticos, también sirve para
reflejar su timidez y ciertas dificulta-des para interactuar con
las personas del mundo que lo rodea. Su plan más divertido:
mirar un programa de televisión con el casi an-ciano vecino de
arriba de su casa y su mujer. Más allá de todo, con toda su
soledad e ingenuidad a cuestas, Andy no parece ser del to-do
infeliz. Al menos tiene una sospechosa virtud: ha sido bueno
edificando mecanismos de defensa y negación que lo hicieron
ca-paz de cerrar su mundo, disfrutar de aquello a lo que tiene
acceso, y no osar pedirle nada más a la vida.
La trama se encarga siempre de ir
construyendo situaciones gra-ciosas alrededor de la inédita
situación del protagonista. Con la úni-ca información que
proporciona el título de la película, los primeros pasajes del
film apuestan a la construcción de guiños al especta-dor, que de
a poco tiene que ir ubicándose y confirmando que efec-tivamente
lo que dice el título es lo que sucede en el desarrollo de la
historia: Andy ya tiene 40 años y todavía no se ha iniciado
se-xualmente. En esta época donde la sexualidad se ofrece y
estimu-la en cada publicidad, desde todos los medios de
comunicación, depositándose masivamente en cada cabeza humana.
En esta época en que los cuerpos se destapan, los tabúes se
aniquilan, y el sexo se naturaliza, Andy todavía no pudo
hacerlo. Ese es su se-creto, que da forma a su personalidad. De
su secreto, en el inicio de la cinta, sólo está enterado el
espectador. La verdadera película comienza cuando en una charla
imprevista sobre anécdotas sexua-les entre compañeros de
trabajo, en una noche de naipes y alcohol –Andy escogió beber
Fanta Naranja–, Andy no pudo hacer sobrevi-vir su secreto. Si
bien cada una de las escenas y situaciones que afronta el
protagonista está bordeando el lugar común, el chiste fá-cil, la
mayoría de las veces el relato logra evadir los clichés. Y en
varias ocasiones no sólo eso, también logra construir pasajes
ver-daderamente desopilantes. Lejos –o no tanto– de querer
convertirlo en blanco de todas las bromas, o de humillarlo
públicamente, sus compañeros de trabajo se propusieron
seriamente ayudar a su ami-go a resolver de una vez por todas su
conflicto. Lo que sigue, en-tonces, son los mil y un intentos y
mujeres que ellos le acercarán a Andy a favor de la causa. En
definitiva, todas excusas del guión para crear, ciertamente con
eficacia, situaciones que inviten a la carcajada, o por lo menos
a la risa. Tanto la interpretación de Steve Carell en el rol de
Andy, como la composición del personaje, son magníficas. Andy es
aniñado, pero lleva dentro un hombre adorme-cido. Es inseguro y
tímido, pero en realidad sabe bien lo que quie-re. Siempre el
tono de la narración se maneja sin golpes bajos, y en varias
oportunidades se apela a la ironía para graficar sensacio-nes.
Las caras y los gestos de Carell ayudan mucho a entender a Andy.
Pero también a entender a su entorno, a la gente que lo co-noce,
que ve algo raro en él, que no puede definir con exactitud, algo
oscuro, oculto. Ese misterio de su personalidad lleva a pensar,
a la mayoría de quien lo rodea, que detrás de ese rostro
indefinido se esconde un feroz psicópata asesino. Más fácil era
eso que ima-ginar que, con sus 40 años y en estas épocas en que
el sexo pare-ciera estar tan a mano, las verdaderas razones de
su extrañeza es-taban vinculadas a su virginidad. A medida que
la trama avanza y la historia se desarrolla, que Andy encuentra
una mujer que le gusta de verdad (la siempre bellísima Catherine
Keener) y se propone conquistarla, la intensidad y eficacia de
los gags disminuye. De acuerdo a la estructura clásica del film,
el núcleo narrativo tiene que ceder lugar al cierre, y en ese
traspaso, la frescura y el humor que caracterizaron a gran parte
de la película dejan espacio a una fase donde la historia debe
encajar con la moralidad de un mensa-je. El amor que siente
Andy, y su virginidad, se transforman en sig-nos de la Pureza
(con mayúscula). El sexo ocasional, la pasión de los instintos,
quedan relegados a un lugar menos sano, “menos co-rrecto”. Hasta
sus amigos, que al principio hicieron esfuerzos mo-netarios para
que Andy terminara de una vez con su asunto, cam-bian
abruptamente de parecer y realzan la fortaleza espiritual y
transparencia del protagonista, antes vinculada a su torpeza e
ino-perancia. Más allá del desenlace, que no puede escaparse de
los lugares comunes, durante tres cuartos del film se logra
hacer fluir una situación cómica tras otra y mantener un ritmo
narrativo que no ofrece espacio para la tregua. Gracias a estos
pasajes, el final se torna perdonable. Hay que esperar hasta la
última secuencia para resolver la duda (a esa altura ya no tan
duda) acerca de si Andy, hombrecito maduro de 40 años, será
capaz o no de conseguir su merecido premio. Por suerte para él,
como diría Houellebecq, su cama era de dos plazas».
Imágenes de "Virgen a los 40" - Copyright © 2005 Universal
Pictures y Apatow Productions. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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