CRÍTICA
por
David Garrido Bazán
Puro disfrute para niños de
todas las edades
Un servidor, que cree a pie juntillas en eso de las
virtudes curativas del ci-ne y que en más de una ocasión en la
que se ha encontrado en un momento bajo ha echado mano de alguna
mara-villa de la animación tipo "Pesadilla antes de Navidad", "Toy
story" o "Shrek" para levantar el ánimo, descu-brió hace muchos años
que una de las mejores (y más rápidas) prescrip-ciones en este
campo eran los fantás-ticos cortos protagonizados por Wa-llace y
Gromit salidos de la factoría Aardman y de la mente de ese genio
llamado Nick Park. En innumerables ocasiones me he sentado
delante de la tele durante media hora pa-ra ver los irresistibles
"La gran excursión", "Los pantalones equivo-cados" o "Un
esquilado apurado" y he disfrutado de la inagotable imaginación y sentido
del humor de esos dos personajes entraña-bles, un genial pero
despistado inventor amante del queso capaz de idear los más
extraños y complicados mecanismos para hacer las cosas más
sencillas siguiendo la ley del mínimo esfuerzo y su fiel, mudo y
sin embargo sumamente expresivo perro, probablemen-te el único
ser capaz de comprender y aceptar sin rechistar las lo-curas que
salen de la excéntrica aunque siempre bienintencionada mente de
su apacible amo. Siempre me ha parecido un milagro la forma en
la que esos cortos aúnan una irresistible comicidad con el
homenaje a un buen puñado de géneros cinematográficos y cómo la
universalidad de su mensaje llega a todos por igual a pesar de
que nadie es capaz de negar la impronta inequívocamente
británica de sus obras. Eso por no mencionar que en los tiempos
en los que la animación tradicional parece haber sucumbido por
completo a la tentación digital y sus muchas ventajas en cuanto
al ahorro de tiempo y esfuerzo, es un acto de valentía romántica
y de creencia en los propios principios el perseverar en las
técnicas de la tradicio-nal stop motion, para el que escribe
estas líneas, uno de los ele-mentos clave del toque humano que
hace sumamente entrañables las aventuras de Wallace y Gromit.
Así las cosas, me perdonarán uste-des mi comprensible buena
disposi-ción inicial al esperadísimo primer lar-gometraje (¡cinco
años!) protagoniza-do por la pareja de personajes crea-dos por
Nick Park. Pero es que ade-más se da la circunstancia de que "La
maldición de las verduras" es una notable película que no
decepcio-nará en absoluto a los que ya es-tén familiarizados con
sus andan-zas anteriores y que conquistará de paso con su buen
hacer a aquellos que se acerquen por pri-mera vez al particular
universo de Wallace y Gromit. Un universo propio pero trufado de
referencias de lo más reconocible, poblado por pequeños burgueses
que culti-van verduras gigantes con vistas a la ineludible cita
anual con un concurso en el que muchos tienen depositadas sus
esperanzas y que se ven seriamente amenazados por una plaga de
conejos que amenaza con destruir en un instante meses de
trabajo. Y aquí es donde entran nuestros protagonistas,
responsables de un elabora-do sistema de protección de huertos
(impagable la forma en la que se detectan las amenazas: tienen
en su salón cuadros de todos y cada uno de sus clientes, cuyos
ojos son lucecitas rojas que se encienden a la menor señal de
peligro) que parece funcionar a la perfección, como queda claro
en la primera secuencia –todo un homenaje a la peculiar forma
de ver la vida de Wallace, y, a la vez, digna de cualquier escena
introductoria de una película de James Bond– en la que el
objetivo es detener a un encantador conejito que se acaba
convirtiendo por derecho propio en parte de la galería de
entrañables personajes secundarios de la franquicia, junto a la
ove-ja siempre hambrienta de "Un esquilado apurado" o el hilarante
pin-güino de "Los pantalones equivocados".
"La maldición de las verduras" ofre-ce, en su apenas hora y media
de duración que pasa como un suspi-ro, todo un compendio de
momen-tos maravillosos que dan lugar, con suma inteligencia y en
perfecto equili-brio armónico, a un sentido homenaje a las
comedias salidas de la muy bri-tánica factoría Ealing en los años
cin-cuenta –no puede negarse que la des-cripción de ese apacible
pueblo y sus peculiares habitantes encajarían a la perfección en
películas como "El quin-teto de la muerte"–, a géneros tan
di-versos como el terror o el fantástico –la película mezcla
alegremente un cóctel de referencias que van desde el Dr. Jekyll
y Mr. Hyde hasta una curiosa versión de King Kong tan brillante
como divertida–, sin olvidarnos del cine de acción –la primera
persecución de Gromit al volante de esa furgoneta de Anti-pesto
con más trucos que el coche de James Bond tiene un ritmo
envidiable y una claridad de exposición que para sí quisieran
muchos directores del género–, guiños al cine de suspense –las
pistas con las que Gromit va descubriendo la verdad acerca de
ese enorme conejo-lobo que amenaza el pueblo– y, por supuesto,
una tan rebuscada como fascinante demostración de algún que otro
su-rrealista invento de Wallace (el Bun-Vac 6000, el
Mind-O-Matic) ca-paces siempre de producir los más inesperados
resultados.
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Un
entretenidísimo film repleto de humor e inteligencia. Una
joya de la animación |
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Lo curioso, y esto es algo que hay que anotar en el ha-ber de
esta entretenidísima película repleta de humor e in-teligencia,
es que todo este pastiche de referencias cruza-das no se imponen
en ningún momento al reconocible universo desde el cual Wallace
y Gromit han alcanzado sus logros, sino que, más bien al
contrario, Nick Park y su equipo han sabido adaptar dichos
homenajes y la lógica extensión de su mundo hasta abarcar la
elaborada descripción del pueblo donde habitan sin perder un
ápice del encanto de unos per-sonajes cuyas disparatadas ideas,
que juegan siempre con la ven-taja de lo inesperado –hay que ver
el partido que le sacan a un re-curso en principio tan limitado
como una conejita artificial gigante con la que atraer al
monstruo– se reciben siempre con una sonrisa cómplice en los
labios. Tampoco es desdeñable otro de los logros de la película:
conseguir que con un argumento ligeramente previsi-ble –quizás el
único defecto, por otro lado comprensible, que afecta al filme–
y que ha de estar al alcance de todo tipo de públicos,
in-cluyendo los más pequeños, la cinta mantenga en todo
momento el interés de los espectadores algo más exigentes, ya
sea por los abundantes guiños cinéfilos o más bien por su
abundante capaci-dad de emocionar y sorprender al más pintado.
"La maldición de las verduras" es un prodigio a nivel técnico,
dotado además de un ritmo espléndido
en el que se suceden los gags de to-do tipo y en el que tienen
cabida desde sofisticadas elaboraciones pro-pias del slapstick
hasta ocurrencias provistas de una sutil ironía –véase la
escena en la que Quartermaine y su perro emboscan la furgoneta de
Wa-llace y Gromit, donde la expresiva in-terpretación de este
último raya lo ge-nial–, dando como resultado un filme que sin
duda podrá disfrutarse una y otra vez sin que se agoten sus deta-lles. Aun
a la espera de lo que nos regale Tim Burton con "La
Novia Cadáver", ya podemos afirmar que este 2005 es
un gran año para la animación gracias a esta brillante joya
apropiada para el diverti-mento de niños de todas las edades que aún conserven intacta
la capacidad de ilusionarse.
Calificación:
    
Imágenes de "Wallace & Gromit: La maldición de las verduras" - Copyright ©
2005 DreamWorks Animation y Aardman Features. Distribuida en
España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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