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WALLACE & GROMIT: LA MALDICIÓN DE LAS VERDURAS (Wallace & Gromit: The curse of the were-rabbit)


Dirección: Nick Park y Steve Box.
País:
Reino Unido.
Año: 2005.
Duración: 85 min.
Género: Animación, comedia.
Doblaje original: Peter Sallis (Wallace), Ralph Fiennes (Victor Quartermaine), Helena Bonham Carter (Lady Tottington), Peter Kay (PC Mackintosh), Nicholas Smith (Reverendo Clement Hedges), Liz Smith (Sra. Mulch).
Guión: Steve Box, Nick Park, Bob Baker y Mark Burton.
Producción: Peter Lord, David Sproxton, Nick Park, Claire Jennings y Carla Shelley.
Música: Julian Nott.
Fotografía:
Dave Alex Riddett y Tristan Oliver.
Montaje: David McCormick y Gregory Perler.
Diseño de producción: Phil Lewis.
Estreno en Reino Unido: 14 Oct. 2005.
Estreno en España: 7 Octubre 2005.

 

CRÍTICA
por Tònia Pallejà

La magia de la plastilina

  Nunca me he planteado de dónde proviene mi completa fascina-ción por las películas realizadas mediante la animación stop mo-tion, es decir, películas que se basan en la manipulación fotograma a fotograma de muñecos modelados con plastilina, arcilla, caucho o cualquier otro material maleable, pero es bastante probable que se deba a la forma en que combina dos de mis grandes aficiones, el cine y las artes plásticas... aunque quizás deberíamos añadir la fotografía como tercera herramienta implicada en el proceso. No obstante, más allá de su pericia para inyectar movimiento a una se-rie de elementos estáticos, lo verdaderamente prodigioso es esa capacidad para despertar auténtica vida y contagiar emociones a partir de una materia inerte. Si el cine es magia, no hay duda algu-na de que la animación stop motion atesora su quintaesencia, y la Aardman Animations se ha convertido, indiscutiblemente, en su más merecida dignataria.

  El pionero Willes H. O’Brien (“El mundo perdido”, “King Kong”) y su aventajado discípulo Ray Harryhausen (“Furia de titanes”, “Jason y los argo-nautas”) sentaron precedente al inte-grar los efectos de la stop motion en largometrajes de acción real. En reali-dad, se trata de una técnica artesanal que ha acompañado al cine desde sus orígenes, pero que fue quedando obsoleta, arrinconada prácticamente al capricho de autor, a medida que los avances infográficos invadían el mer-cado. Sin embargo, varias décadas después la compañía británica lidera-da por Nick Park y Peter Lord revolucionaría el panorama al con-ducir la animación orgánica a otra nueva dimensión: la stop motion ya no era un fin en sí mismo ni una incursión experimental, sino una opción más en el arte de contar historias que alcanzaría una enorme repercusión entre el gran público, logrando competir con los sofisticados productos del CGI. Sus trabajos confeccionados ín-tegramente mediante este proceso, tanto en el campo de la publici-dad, como en el videoclip o el cine, entre los que merece la pena destacar su premiado "Creature comforts", obtuvieron una trascen-dencia insospechada que les valió no pocos reconocimientos, esta-bleciendo a la Aardman como el referente moderno de esta tradi-ción. Pero fueron las tres piezas protagonizadas por Wallace y Gromit —"La gran excursión", "Los pantalones equivocados" y "Un esquilado apurado"— las que calaron más hondo entre sus segui-dores. Las entrañables peripecias de este soltero lunático, tímido y algo torpe, adicto al queso y amigo de los estrafalarios inventos, y de su fiel perro Gromit, que siempre le sacaba de todos los apuros en que se metía, confirmaron el magistral talento de Nick Park y de su equipo de colaboradores, a los que les llovieron incluso un par de Oscar®. A pesar de ello, el salto al largometraje de esta pecu-liar pareja se hizo esperar, ya que primero impulsaron aquel estu-pendo proyecto titulado "Chicken run: Evasión en la granja", con el que introducían nuevos personajes y circunstancias. Sólo ahora, tras nada menos que cinco años de esfuerzos, la nueva  entrega de las aventuras de Wallace y Gromit ve por fin la luz, bajo el auspicio de la poderosa DreamWorks que, sin embargo, no ha hecho mella en la libertad creativa que caracterizaba a sus precedentes.

  Afortunadamente, la puesta de largo de Wallace y Gromit no su-pone un mero reciclaje de las ide-as y argumentos que presentaban sus tres cortometrajes anteriores, sino que Park y sus guionistas han elaborado una historia completa-mente original que mantiene fres-cas las constantes que habían he-cho de aquella serie de episodios independientes una absoluta deli-cia. Si “Chicken run: Evasión en la granja” era un divertido homenaje al film de John Sturges “La gran eva-sión”, “Wallace & Gromit: La maldi-ción de las verduras” brinda una particular parodia del mito del hombre-lobo, encontrándonos también con guiños a otros clásicos del género como “La mosca”, "Frankenstein", "El hombre y el monstruo" o “King Kong” en algunas espectaculares escenas, junto con ciertas referencias a las míticas producciones de la Hammer, que lejos de formar un refrito de clichés ajenos, son integrados con los motivos de su propio universo dando como resultado un relato interesante, consistente y lleno de personalidad. Así pues, las ha-bituales aventuras en clave cómica coquetean en esta ocasión con el fantástico y el terror, pero conservando el tono familiar que las hace disfrutables tanto para los niños como para los adultos. Wa-llace y Gromit aparecen ahora convertidos en los responsables de Anti-Pesto, una empresa que con sus sofisticados artilugios se de-dica a controlar la plaga de conejos que amenaza con destrozar las mimadas hortalizas de los huertos vecinos a las puertas del Con-curso Anual de Verduras Gigantes. Sus métodos son respetuosos con los roedores, a los que capturan con el propósito de reeducar-los mentalmente para que dejen de saquear las plantaciones, pero un error fortuito provocará que un peligro todavía más devastador se adueñe de la plácida comunidad y siembre el pánico entre los habi-tantes, capitaneados por la sensible ricachona Lady Tottington...

 

Un film soberbio por su calidad técnica y humana. Una generosa invitación a pasarlo en grande

  El éxito de los trabajos de la Aardman radica en que sus res-ponsables nunca se han confor-mado con lograr sólo una exce-lente técnica. Desde luego, el proceso de animación es perfec-to y revela una obsesión por el detalle que se traslada de la creación de los personajes a los minuciosos decorados y la plásti-ca y colorista fotografía. Basta con contemplar las complejas se-cuencias que exigen coordinar grandes acciones físicas con sutiles gestos en los rostros y cambios de luz, y la armonía con que se ejecutan eventos en distintos planos sin que los personajes pierdan un ápice de su expresividad. Pero la plastilina puesta en movimien-to es únicamente el vehículo para explicar sólidos y entretenidos relatos a través de una competente narrativa llena de recursos y de un ritmo trepidante, consiguiendo que desde el principio olvidemos la naturaleza del medio y nos impliquemos fácilmente con las emo-ciones de la historia, como si se tratara de cualquier otro largome-traje de acción real con actores de carne y hueso, si no más toda-vía. Todo ello es también aplicable a "Wallace & Gromit: La maldi-ción de las verduras". El argumento tiene una estructura bas-tante sencilla y puede parecer escasamente novedoso, pero cuenta con un cuidado guión plagado de imaginativas solu-ciones, situaciones ingeniosas y agudos diálogos que apenas dejan tregua a la sonrisa del espectador. Mientras que la ma-yoría de cintas de este tipo ofrecen una simple sucesión de gags aislados y chistes fáciles que intentan forzar la risa sin conseguirlo, el humor funciona aquí con naturalidad dentro de la trama y posee distintos niveles de lectura que van desde lo más visual hasta lo textual, combinando perfectamente la sátira, la ironía, los juegos de palabras, los enredos situacionales, el slapstick o el choque de personalidades opuestas. De este modo, si los más pequeños se verán absorbidos por su vigor estético, los mayores podrán apreciar además la comedia inteligente sobre la que descansa. Más impor-tante aún es la ausencia de esa desgastada moralina con que sue-len castigarnos las películas de otros estudios, y es que, aunque "Wallace & Gromit: La maldición de las verduras" dispone de un vá-lido mensaje de fondo, no pretende adoctrinar a su público como si fuera a lavarle el cerebro.

  Aun así, son sus carismáticos per-sonajes los que terminan llevándose el gato al agua. El mayor acierto de Nick Park fue encontrar un comple-mento idóneo entre las idiosincrasias de su simpático dúo protagonista. Co-mo si se hubieran intercambiado los papeles, el canino Gromit es el que se encarga de llevar a buen puerto las disparatadas y temerarias ocurrencias de su dueño humano, y las reaccio-nes y desvelos del perro por resolver la situación son una de las principales fuentes del humor. No deja de sor-prender que un animal que no habla —por no tener, no tiene ni boca— posea una capacidad comunica-tiva tan incontestable que, no sólo deja en bragas a muchos acto-res con elevados cachés, sino que lo convierte en la auténtica es-trella de la función. Quizás la única pega del film sea achaca-ble a algunos personajes secundarios, configurados como planos arquetipos que no poseen el mismo peso que tuvieron en su momento la oveja Shaun o Pingu. Sin embargo, esto queda compensado por el aliciente de unos protagonistas que rebosan encanto y efectividad.

  Tengo por costumbre rechazar la opción doblada en el cine por-que en la mayoría de ocasiones altera demasiado la forma en que la película fue concebida, pero en este caso concreto agregaría que es indispensable ver "Wallace & Gromit: La maldición de las verdu-ras" en versión original con subtítulos. El doblaje en español no só-lo sepulta el meritorio esfuerzo por sincronizar los movimientos de las bocas con los diálogos, sino que la historia entera pierde gran parte de su inconfundible sabor británico y la esmerada creación de los personajes se ve contaminada, cuando no estropeada, por re-gistros vocales que los autores no decidieron adjudicarles, al igual que ya sucediera con “Chicken run: Evasión en la granja”. Como no podía ser de otra forma, Wallace vuelve a contar una vez más con la inconfundible voz del actor británico Peter Sallis, mientras que los más célebres Helena Bonham Carter y Ralph Fiennes se ponen, respectivamente, en la piel de Lady Campanula Tottington y su arrogante y ridículo pretendiente Victor Quartermaine.

  En una época en que los efectos di-gitales y la animación por ordenador monopolizan el mercado, está claro que cualquier profesional que se dedi-que todavía a la tradicional stop mo-tion lo hace por puro amor al arte. Y son ese cariño y esa pasión los que hacen de esta brillante película, mo-délica por su elegancia y por su habi-lidad para conmover, una generosa in-vitación a pasarlo en grande con los pequeños placeres que nos regala la vida, aunque éstos se reduzcan a unos quilos de plastilina. El excéntri-co, inocente y optimista universo de Wallace y Gromit, donde tiene cabida la amistad, el amor, la aven-tura, la intriga, e incluso el retrato sociológico, es uno de los mejo-res ejemplos de ese cine que supera sus limitaciones para abrazar una categoría superior, la de Magia. Los maestros de la Aard-man Animations vuelven a regalarnos una película práctica-mente intachable, soberbia por su calidad técnica, pero so-bre todo superlativa por su calidad humana. Tan cautivado-ra, entrañable y deliciosa que sacude a ese niño que todos llevamos dentro para tratarlo con un respeto que a menudo no nos depara el cine adulto. No defraudará a sus fans, y no me cabe duda de que seducirá a nuevos adeptos hacia esa causa lla-mada Plasticine. Wallace y Gromit deberían pasar a la Historia en-tre las grandes aportaciones de la Humanidad, porque, simple y lla-namente, no se me ocurre ninguna medicina mejor para el espíritu.

Calificación:


Imágenes de "Wallace & Gromit: La maldición de las verduras" - Copyright © 2005 DreamWorks Animation y Aardman Features. Distribuida en España por UIP. Todos los derechos reservados.

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