CRÍTICA
por
Almudena Muñoz Pérez
"…Y que le gusten los perros" ya advierte, desde el
título, por dónde van los tiros. El homónimo en inglés es
incluso más explíci-to al utilizar la fuerza del ‘must’ (Must
love dogs), y es que a las mujeres de hoy en día, hasta a la
desesperada divorciada que se recluye en tarrinas de helado y
novelas de Jane Austen, no les vale cualquier solución. Los
hombres a la carta siempre han sido un sueño y ahora una
realidad gracias (o desgracias) a la magia de In-ternet y las
web busca-parejas. Estas exigencias, en ocasiones tan estúpidas
como la del amor canino, ofrecen material para una ironía y una
crítica más punzantes que la del amable retrato que
Gary David Goldberg hace de
estas búsquedas de la perfección que ya se enarbola más como
derecho que como anhelo. El re-sultado, una fácil victoria de lo
imprevisto sobre lo planificado, de lo sorprendente sobre lo
aceptado. Estamos en una comedia románti-ca y ésta debe seguir
sus reglas, tan rígidas, para realizadores y fans, como los
requisitos de una cibernética tarjeta de presenta-ción.
Aunque como tema ya venía
exprimido con poca suerte en "Tie-nes un e-m@il", Goldberg optó
por llevarlo al terreno de la comedia patosa y frases sagaces,
aceptado por el público que prefiere reírse bien y enternecerse
un poco a endulzarse en exceso con las ‘se-rias’ aventuras
románticas de hombres tan anti-lujuria como Tom Hanks. La
fórmula, desde luego, se hace más apetecible y rápida, una
especie de fast food del género, pero la suerte reside en
dar o no con esos diálogos que fluyan no sólo por su facilidad
de cambio de palabra, sino por la chispa y el acierto que
encierran. Como viene siendo común, "…Y que le gusten los
perros" ni chispea ni acierta en sus diálogos y sus correteos
de mujer madura atra-pada entre dos hombres atractivos,
profesionales y caballero-sos, es decir, la orgía emocional que
puede imaginar cualquier mu-jer en su situación o en otra, y que
en pantalla resulta más hilaran-te que creíble o medianamente
simpática. De nuevo, estamos en la comedia romántica y las
licencias argumentales que se merece, aún más sonrojantes y
liberales en otros descarados juegos de tres, como el
'manifiesto anti-edad' de Diane Keaton, "Cuando
me-nos te lo esperas...".
Los personajes en esta ocasión también cumplen a rajatabla
las pautas de su descripción y apari-ción. La hermana
entrometida, los gays que ofrecen una estabilidad mo-delo, el
seductor con tretas ocultas y el sincero enamorado que traga
insa-ciable alguna película clave para tar-des de desamor –en
"Algo para recor-dar" era "Tú y yo", aquí es "Doctor Zhivago";
la catástrofe manda en el ví-deo y es derrotada por los héroes
de la historia–, y cómo no, algún animali-to, un perrazo
conciliador, como man-da el título. El histrionismo se repite en
ellos ya como una amenazante se-ñal de la psicosis en que está
cayendo la sociedad y los mons-truos sentimentales que crea, una
fauna que se alimenta de fanta-sías y vive en la realidad de
forma mansa, contenta con el circo que se le ofrece de vez en
cuando. Sin ser Bridget Jones, la protagonis-ta de "…Y que le
gusten los perros" encarna con peligrosidad el prototipo de
mujer sensible y débil que consigue ser rescatada y admirada por
sus atributos ajenos a un prototipo aún mayor. Y, aunque sean
sus reglas y ésta una comedia romántica, no por ello hay que
perdonárselo todo. Las mismas concesiones habría que tomar con
otros géneros y sus pretendidas normativas, y ser igual de firme
e imparcial según se acerquen o alejen de ellas. Por ello "…Y
que le gusten los perros" no se salva por respetar algunos
mandamientos ni por saltarse otros con poca imaginación. Desde
el brusco arranque hasta la repetitiva estratagema para hacer
que el público vea por lo menos algunos de los títulos de
crédito, esas confesiones a cámara que llevan aburriendo desde
"Cuando Harry encontró a Sally", pasando por la reciente "Sr.
y Sra. Smith".
Los ánimos de
Diane Lane y
John Cusack, últimamente
reclui-do a su y nuestro pesar en proyectos con poca sustancia,
intentan sobrellevar de forma benévola una historia con carne
para alimentar, como mucho, a un chihuahua. Ni con esas esta
película pasa a for-mar parte de esa exclusiva lista de cintas
que uno ve en grupo y que nunca se atrevería a confesar que
admira en solitario. En defini-tiva, no es tan exigente como una
esperanzada divorciada y para disfrutarla no hace falta que
gusten los perros, con poca exigencia y un espíritu cinéfilo que
no sufra con el letargo de la previsibilidad, basta.
Calificación:
    
Imágenes
de "... Y que le gusten los perros" - Copyright ©
2005 Warner Bros. Pictures, UBU y Team Todd. Distribuida en
España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
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