CRÍTICA
por
Javier Quevedo Puchal
Una historia de amor no tan
universal
En 1995,
Rob Epstein y Jeffrey Friedman dirigieron "El celuloide oculto",
un ya clásico documental en el que, con notable incisión y
lucidez, se hacía un repaso al modo en que la homosexualidad se
ha visto plasmada (cuando no encubierta) en el cine de
Hollywood. De forma más o menos estereotipada, más o menos
solapada, prácticamente no hay género cinematográfico que se
haya resistido a la tentación de incluir referencias a lo gay:
desde el cine negro hasta la alta comedia, desde el cine de
suspense hasta el western más rudo. Y es precisamente enmarcados
en este último género, tan inequívocamente americano y tan
inequívocamente machista, donde se dan algunos de los ejemplos
más ilustres en la materia. Ahí tuvimos, por ejemplo, los
westerns de Joan Crawford, con sus eternas camisas negras y sus
toscos modales, tan masculinos co-mo los de un John Wayne
cualquiera. Ahí estuvo también Doris Day, con su Calamity Jane
interpretando a grito pelado un más que elocuente "Secret love".
Eso por no hablar de "Río rojo", en la que John Ireland hace una
brillante exhibición de sexto sentido queer cuando le
comenta a Montgomery Clift: "Sólo hay dos cosas más bonitas que
un arma: un reloj suizo y una mujer. ¿Ha tenido usted un reloj
suizo?". Se puede decir más alto, pero no más claro... ¿O sí se
puede?
Fiel adaptación de un relato corto de
Annie Proulx, si bien ampliándolo y enriqueciendo un
estilo que un servi-dor encontró demasiado flojo y atrope-llado en
el original literario, la última película de
Ang Lee, "Brokeback Mountain:
En terreno vedado", nos re-lata la historia de Ennis Del Mar y
Jack Twist, dos jóvenes que pasan el verano de 1963 trabajando
como pas-tores de ovejas en la montaña Broke-back de Wyoming.
Sin embargo, aun-que ambos tienen una perspectiva más o menos
clara de lo que creen desear en la vida, la estrecha
convi-vencia en las montañas evolucionará en una historia de
amor ines-perada para los dos, que hará que sus respectivos
mundos conver-jan y se tambaleen en cuanto bajen de las montañas
y se separen, cada uno en pos de su curso vital preestablecido.
A partir de aquí, la película desgrana la relación clandestina
de toda una vida. Una relación marcada por el amor, pero también
por el miedo, en un en-torno donde ser diferente se paga a un
precio muy alto.
Aunque
técnicamente "Brokeback Mountain: En terreno vedado" no es un
western (al menos, no lo es en el sentido más popular del
término), resulta sencillo encontrar ciertos ecos del género en
esos personajes en eterna lucha consigo mismos y su entorno, en
esas parquedades de expresión tan marcadas (y cuando hablo de
par-quedades, no me refiero sólo a las de palabra, sino también a
cier-ta contención de sentimientos) que, casi inevitablemente,
invitan a encasillar la historia dentro de este género. Sin
embargo, muy a pesar de sus majestuosos paisajes, el último film
de Ang Lee en-tronca antes con “Vidas rebeldes” que con,
pongamos, “Río bravo”, lo cual se debe básicamente a que el
impacto de la acción no descansa tanto en la épica como en esos
“pequeños” dra-mas humanos que fluyen como un torrente bajo la
superficie de la más mediocre cotidianeidad. A fin de
cuentas, y como ya ocurriera con otras películas suyas como “La
tormenta de hielo” o “Manos que empujan”, la última obra de Ang
Lee sustenta su forta-leza sobre el ritmo pausado y casi
contemplativo, a la vez que en-cuentra su coherencia más en los
silencios que en los diálogos.
Y es precisamente aquí donde qui-siera hacer una puntualización
res-pecto al tópico que más vamos a ver repetido a la hora de
hablar de esta cinta, esto es, la advertencia de que se trata de
una historia “universal”. Al fin y al cabo, es éste un tópico
impul-sado por el propio director y que, dili-gentemente repetido
por la crítica mundial, le habrá ayudado a vender la película
mucho mejor que si hubiera admitido abiertamente lo que
realmen-te encierra, es decir, una historia de amor homosexual en
un entorno ine-xorablemente homófobo. Pues “Bro-keback Mountain:
En terreno vedado” es tanto la historia de amor de Jack y Ennis
como la amarga historia de sus circunstancias. Y mucho me temo
que sus circunstancias no son extrapolables más que en lo que se
refiere a las coordenadas de tiempo y espacio, manteniéndose
lamentablemente vigentes hoy en día en países co-mo Egipto, donde
ser homosexual sigue estando duramente pena-do por la ley.
De esta
manera, tanta importancia cobran los personajes de Jack y Ennis
(dos caras de la misma moneda: el primero esclavo de sus
pasiones, el segundo esclavo de sus miedos) como los de sus
es-posas, víctimas indirectas de ese callejón sin salida, esa
triste bu-fonada social que no dejan de ser sus respectivos
matrimonios. Por suerte, las interpretaciones están a la
altura de semejantes bombones de papeles, alcanzando momentos de
intensidad dramática tan notables y sobrios que a uno no le
resta sino agradecer que ninguno de los roles principales haya
caído en las espasmódicas manos de un Brad Pitt, por poner un
ejemplo, sino en las de unos sorprendentes
Jake Gyllenhaal y
Heath Ledger, a cuyo cargo
corre la labor de soportar gran parte del peso de la película
sobre los hombros de dos personajes difíciles y matizados,
cuidadosamente desnudos de todo tipo de concesiones. Pero a su
vez, también Anne Hathaway y
Michelle Williams hacen
verda-deras composiciones de sus papeles de esposas “de pega”,
sa-biendo sacar el máximo provecho de las miradas y los silencios
es-calonados para subrayar todo lo que el guión no expresa con
pala-bras.
Sin duda, lo que más sorprende en esta cinta (y lo que, bajo el
punto de vista de quien esto firma, más se de-bería valorar) es
el exquisito tacto con que se plantea y desarrolla la historia,
la sobriedad extrema que destila en todo momento. Desde los
primeros acordes de la banda sonora de
Gus-tavo Santaolalla, delicados y extra-ordinariamente
concisos, perfecto contrapunto a la marea de sentimien-tos que la
película nos va a deparar, hasta las reveladoras escenas
finales, planificadas bajo una sencillez exa-cerbada, la mano
de Ang Lee firma cada plano con un respeto y una sensibilidad
ciertamente inauditos en el cine comercial que nos suele llegar
desde Hollywood. En efecto, resulta casi imposible salir
indiferente de este auténtico viaje al fondo de la soledad
compartida. Doloroso y terapéutico por partes desiguales,
viaje que es no sólo a ese paraíso terrenal en que se convierte
la montaña Broke-back, metáfora sin fisuras del único momento de
autenticidad en la vida de los protagonistas, sino viaje también
a los horrores de una conciencia colectiva despótica y ciega.
Quizás sea cierto que algo de universal hay en esta historia...
pero no más que de gay pueda haber en “Los puentes de Madison”.
Calificación:
    
Imágenes
de "Brokeback Mountain: En terreno vedado" - Copyright ©
2005 Focus Features y River Road Entertainment. Distribuida en
España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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