CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Tras
darse a conocer con "El ban-quete de boda" y "Comer, beber,
amar", la carrera de Ang Lee
podría cuando menos definirse de peculiar, puesto que a lo largo
de la última dé-cada sus películas han abordado gé-neros y
temáticas de lo más variadas. "Sentido y sensibilidad" se erigía
co-mo una preciosa muestra de cine de época, una notable
adaptación de la espléndida novela de Jane Austen. Por contra,
"La tormenta de hielo" transcurría en un período de tiempo bien
distinto, los años setenta, convir-tiéndose en una crítica social
de la Norteamérica de aquella década. Aunque no obtuvo mucho
éxito entre el público, recibió numerosos galardones, algo que
cimentó aún más el prestigio de Ang Lee. Luego llegaría el
western "Cabal-ga
con el diablo", un estrepitoso fracaso comercial del
que su reali-zador conseguiría recuperarse rápidamente gracias a
la buena aco-gida que obtuvo "Tigre y dragón". Hollywood tentó
entonces a este director con ambiciosas superproducciones como
la tercera entre-ga de "Terminator", si bien él se decantó por "Hulk",
confeccionan-do un peculiar e interesante filme de superhéroes en
el que la ac-ción siempre se supeditaba a la trama.
Ahora nos llega su último trabajo, una cinta independiente
presu-puestada en catorce millones de dólares y cuyos artífices
han sabi-do promocionarla muy bien, puesto que les ha bastado con
definirla como una historia de amor entre dos vaqueros para de
este modo llamar la atención de ciertos medios de comunicación,
siempre dis-puestos a crear morbo y expectación con la
simplificación de una noticia. "Brokeback Mountain: En terreno
vedado" nos narra la rela-ción de Ennis Del Mar y Jack Twist a lo
largo de varios lustros, un afecto que nació tras convivir en
las montañas cuidando las ovejas de un ranchero. Allá arriba,
donde sólo la naturaleza es testigo de su romance, no tienen que
darle explicaciones a nadie de lo que sienten, pero todo cambia
cuando regresan a sus hogares y se per-catan de que ha llegado el
momento de separarse.
Sería de necios negar que "Broke-back Mountain: En terreno
vedado" es una buena película, pero no comparto la opinión
mayoritaria de que nos ha-llamos ante uno de los mejores
largo-metrajes del año. Siendo una histo-ria de amor, resulta
incomprensi-ble la frialdad que hallamos a lo largo de buena
parte de su desa-rrollo, defecto que empieza a perci-birse en
su largo tramo inicial, el que sirve para mostrarnos con cierta
mo-rosidad cómo la amistad de los prota-gonistas se va
transformando en algo más, siendo imposible para ellos huir de
los dictados de su cora-zón. Los silencios, los diálogos pausados
y los gestos se hacen dueños de esta parte del relato, recursos
que también se emplean, quizás de forma más mitigada, a lo largo
del resto de la narración.
Puede que Ang Lee no haya querido que le acusaran de
confec-cionar un melodrama sentimentalista, algo ilógico si nos
atenemos a la brillantez con la que resolvió estos asuntos en
"Sentido y sen-sibilidad" o "Tigre y dragón". Puede también que
ello sea debido al propio contenido de la historia, ya que sus
protagonistas tienen que camuflar sus emociones, ahogadas por
una sociedad que no les permite exteriorizarlas. El caso es que,
al menos para un servi-dor, "Brokeback Mountain: En terreno
vedado" le supo a po-co, imponiéndose la calidad de secuencias
muy puntuales por encima de un conjunto que transcurre con
excesivos sal-tos en el tiempo, provocando que su ritmo sea
irregular.
Ahora bien, la descripción de dos individuos que no se atreven a
asumir lo que son, especialmente uno de ellos, es acertada,
siendo la aciaga causa de esta circunstancia el recha-zo que
encuentran a su alrededor ha-cia la homosexualidad. El miedo a
asumir ciertos riesgos o la infelicidad que ello les provoca se
refleja estu-pendamente en la pantalla. Otro as-pecto muy
interesante del largometra-je lo hallamos en la explicación de
có-mo afectan las decisiones de Ennis y de Jack a determinadas
personas que les rodean, singularmente en el caso del primero,
por no mencionar su ajustado final, triste y duro, algo que ya
se puede intuir en cuan-to los protagonistas descienden de
Brokeback Mountain, su parti-cular paraíso.
La película es una obra de preciosa factura técnica,
comen-zando por la exquisita fotografía de
Rodrigo Prieto, que nos
embelesa con las estampas que su cámara recoge de los paisajes,
y continuando con la clasicista puesta en escena de Ang Lee. Si
bien la labor de los responsables de maquillaje no me pareció
digna de admiración, sí cabe reconocerle algún mérito a la
partitura de Gustavo Santaolalla,
que se deja escuchar a lo largo de la cinta en contadas
ocasiones pero que contribuye con ese sutil uso de la guitarra a
crear una bucólica ambientación en las secuencias que acontecen
entre campos, pastos y montañas.
No obstante, son los actores los que principalmente
contribuyen al éxito artístico de "Brokeback Mountain: En
terreno vedado". No es por llevar la contraria, pero me
gus-ta más la interpretación de Jake
Gy-llenhaal (ver, por ejemplo, la cena de Jack con sus
suegros o sus intentos por convencer a su amado para que se vaya
con él) que la de Heath Led-ger
(estupendo cuando Ennis visita a los padres de Jack). En todo
caso, ambos se convierten en el alma de este desaprovechado
drama que, por cierto, cuenta con otra gran sorpresa:
Michelle Williams (esplén-dida
cuando observa atónita desde la ventana de su casa cómo su
esposo se besa con pasión con otro hombre).
Calificación
película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes
de "Brokeback Mountain: En terreno vedado" - Copyright ©
2005 Focus Features y River Road Entertainment. Distribuida en
España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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