CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Si John Wayne
levantara la cabeza...
Cuando toda la prensa se ha
levantando casi al unísono para acla-mar la valentía de
Ang Lee
en este western contemporáneo, puede resultar un despropósito
disentir al sacar a relucir algunas de las quiebras de dicha
propuesta. Pero esta tarea resulta un tanto nece-saria cuando la
presión mediática amenaza con reducir la libertad de opinión al
pensamiento único, y con ello darnos gato por liebre y convertir
en oro todo lo que reluce. Tras obtener el León de Oro en el
último Festival de Venecia y el Globo de Oro al mejor drama y
di-rector, ahora se presenta como una apuesta segura para los
Os-car®.
Esta aproximación al western
su-pone una transgresión radical de la visión clásica de ese
género tan americano y ligado a su propia formación nacional,
cuando centau-ros atravesaban el desierto en busca de justicia o
venganza, la amistad y la caballerosidad presidían el trato
hu-mano, la pistola dejaba paso al libro de leyes o el
ferrocarril sustituía a una diligencia que surcaba el Monument
Valley bajo la amenaza de los indios. Pero la trama de
"Brokeback Moun-tain: En terreno vedado" se retrasa un tanto a ese tiempo de los
pioneros, y comienza en la década de los 60 cuando dos vaqueros
–en el sen-tido propio de la palabra, pues se ocupan de cuidar
ganado– se co-nocen en la alta montaña y viven momentos de
soledad que de-sembocan en atracción sexual.
Si nos atenemos al marco
geográfico en que se sitúa la historia y a la fuente literaria
en que se inspira, lo esperable sería encontrar-nos unas tierras
desoladas que exigían de sus moradores la cons-tante lucha por la
supervivencia, entre rodeos, negocios de escasa clientela y
abundante alcohol para olvidar la fatalidad de un destino
decepcionante. Ang Lee ha querido elegir, en cambio, unos bellos
parajes montañosos de Wyoming, dotándoles de un carácter
meta-fórico y un fuerte sentido protagonista, como marco idílico
y primi-genio que permitiese el resurgir natural de unos afectos
reprimidos. Del mismo modo, no deja de resultar
sorprendente la caracte-rización del dúo protagonista, un tanto
sensiblero y con un pretendido carácter poético, para construir
en torno a ellos una historia de amor homosexual. En dichos
tratamientos de paisaje y personajes queda patente una
utilización de la imagen cinemato-gráfica al servicio de una
ideología, como una manera de desvelar al espectador una
realidad oculta y guiarle –influir– en su pensa-miento; en este
sentido, el director de “Tigre y dragón” se mostraba admirado
por el poder del cine para conducir a la sociedad en una
determinada dirección, a la vez que se erigía en estandarte de
esa función redentora. Si a lo anterior se añade el despliegue
promocio-nal de que ha gozado, los indudables logros
técnico-artísticos deva-lúan considerablemente la valoración
final de una película que apa-rece como una manipulación de la
opinión pública bajo un bello en-voltorio.
Porque a una película hay que pedirle belleza formal, cierta
profundidad conceptual, y también honestidad en su concepción,
con los matices necesarios para no traicionar a la verdad y sin
ele-mentos a priori que determinen su discurrir.
Nadie puede discutir el buen
ha-cer técnico de Ang Lee al colocar la cámara o componer los
planos, la bella fotografía de paisajes que cambian con las
estaciones, una música envolvente y que genera momentos de
intensa emotividad –sobre todo en el epílogo–, y también las
consistentes interpretaciones de la pareja. Pero todos esos
valores ci-nematográficos han sido de sobra re-saltados, y no es
preciso abundar en ello. En cambio, en pocos lugares se ha
destacado la gran actuación de Michelle Williams en el papel de
es-posa traicionada por Ennis (Heath Ledger), con momentos de
contenido sufrimiento y otros de estallido emocional que dejan
el alma encogida en el espectador que asiste al drama vivido.
Más di-fícil resulta identificarse con los protagonistas
principales, bien in-terpretados pero dibujados en el guión con
trazos esquemáticos y de caracteres abiertamente complementarios
que esconden la ex-cesiva marca ideológica ya apuntada. Y es que
Ang Lee parece ha-berse centrado únicamente en el problema
homosexual no resuelto y en la pasión de dos hombres
insatisfechos, sin completar su mundo con elementos de las
familias que han formado.
En una historia que exigía
frecuentes elipsis narrativas para hacer avanzar la trama a
través de varias décadas y mostrar así su lucha por encauzar la
vida, resulta inevitable la irregu-laridad rítmica en su
desarrollo, y la reiteración de sus encuen-tros furtivos
convierte la segunda mitad de la película en una zona pantanosa
y anodina, empeñado el director en incidir en el carácter
represor y puritano de una sociedad sureña, esbozada de un
plu-mazo y con rasgos caricaturescos: de hecho, Lureen, mujer de
Jack, es presentada como una auténtico muñeco sin alma y
este-reotipado.
En definitiva, una película de bella factura y canónica
construc-ción, pero que juega a favor del viento de lo
políticamente correcto, porque ahora mismo los jurados premian
riesgos y planteamientos como los aquí abordados.
Calificación:
    
Imágenes
de "Brokeback Mountain: En terreno vedado" - Copyright ©
2005 Focus Features y River Road Entertainment. Distribuida en
España por UIP. Todos los derechos
reservados.
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