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EL EXORCISMO DE EMILY ROSE
(The exorcism of Emily Rose)


Dirección: Scott Derrickson.
País:
USA.
Año: 2005.
Duración: 119 min.
Género: Terror.
Interpretación: Laura Linney (Erin Bruner), Tom Wilkinson (Padre Richard Moore), Campbell Scott (Ethan Thomas), Colm Feore (Karl Gunderson), Jennifer Carpenter (Emily Rose), Mary Beth Hurt (Jueza Brewster), Shohreh Aghdashloo (Dra. Adani), Joshua Close (Jason), Kenneth Welsh (Dr. Mueller), Duncan Fraser (Dr. Cartwright).
Guión: Scott Derrickson y Paul Harris Boardman.
Producción: Tom Rosenberg, Gary Lucchesi, Paul Harris Boardman, Tripp Vinson y Beau Flynn.
Música: Christopher Young.
Fotografía:
Tom Stern.
Montaje: Jeff Betancourt.
Diseño de producción: David Brisbin.
Dirección artística: Sandi Tanaka.
Vestuario: Tish Monaghan.
Estreno en USA: 9 Septiembre 2005.
Estreno en España: 18 Noviembre 2005.

CRÍTICA por Tònia Pallejà

Vade retro... señor fiscal

  Después del logro que significó “El exorcista” en la década de los 70 al poner en contacto el imaginario reli-gioso con el cine de terror, han sido muchas las cintas del género —co-menzando por sus propias secue-las— interesadas en emular aquella exitosa fórmula de posesiones infer-nales, quedándose la mayoría sólo a medias; en efecto, eran bastante in-fernales... pero sólo cualitativamente hablando. Poco se podía esperar, pues, a estas alturas de cualquier nueva iniciativa que adoptara la mis-ma línea, pero, afortunadamente, aquello que pone a "El exorcismo de Emily Rose" por encima de otras simples fotocopias es que su autor, el joven Scott Derrick-son, ha decidido incrustar este ingrediente fantástico dentro de la estructura clásica de un drama legal, y aunque los conceptos que maneja sean escasamente novedosos, sí lo es su combinación a través de un abordaje aparentemente realista. Luego, cabe advertir que es más que probable que la película decepcione a aquellos que, animados por su engañosa campaña publicitaria, esperen ver un pasatiempo de horror al uso, pero dispondrá de mayor atractivo para audiencias saturadas de refritos que busquen algo diferente a lo habitual. Sin embargo, este precario equilibrio entre terror y pro-ceso judicial —o, lo que es lo mismo en este caso, el eterno en-frentamiento entre fe y razón— se convierte al mismo tiempo en el principal obstáculo de este, por otro lado, competente film, pues fi-nalmente se revela incapaz de conjugar ambas perspectivas hasta sus últimas consecuencias, desembocando en una conclusión po-co convincente, y todavía menos consecuente con su pretensión inicial.

 

  Tradicionalmente, muchos trastornos mentales han sido interpre-tados como posesiones diábolicas en entornos de fuerte raigambre religiosa, y a pesar de que los progresos culturales y científicos han reducido estos casos a la anécdota folclórica, las noticias aún nos sorprenden de vez en cuando con insólitos ejercicios de exor-cismo llevados a cabo por miembros de la Iglesia. Pero, ¿qué ocu-rriría si tales prácticas tuvieran un desenlace fatal para el presunto poseído y el sacerdote responsable debiera enfrentarse a las leyes humanas y no divinas? Esto es, ni más ni menos, lo que nos plan-tea "El exorcismo de Emily Rose", una historia supuestamente ins-pirada en unos sucesos reales ocurridos en Alemania a finales de los 70 que la ficción se ha encargado de trasladar al contexto nor-teamericano. El argumento se centra en el contencioso emprendi-do contra el veterano cura de una comunidad rural, el Padre Ri-chard Moore (Tom Wilkinson),  acusado de homicidio negligente después de haber dirigido un exorcismo con resultados funestos para una estudiante universitaria (Jennifer Carpenter) aquejada de graves episodios psicóticos.

  El mayor mérito de "El exorcis-mo de Emily Rose" reside en su efectividad para atrapar el interés del espectador hasta el final ha-ciendo uso de una notable econo-mía de recursos, y ello a pesar de que ya en los minutos iniciales nos descubre el trágico final de la expe-riencia que se somete a veredicto y de adscribirse al esquema tradicional en cualquier película de juicios, con un desarrollo más que familiar no exento de los habituales lugares co-munes. Esto lo consigue básicamen-te gracias a una habilidosa narración que nos traslada del presente al pasado a través de continuos flashbacks, alimentando el relato con intensas revelaciones y giros, y  apostando por una subtrama paralela que sigue la evolución de Erin Bruner (Laura Linney), la ambiciosa abogada de la defensa contratada por el arzobispado, una mujer agnóstica que a través de los contactos con su cliente y de algunos misteriosos eventos verá cómo su escepticismo se resquebraja, dicho sea de paso, bastan-te discutiblemente.

  No se puede negar que la cinta hace un esfuerzo consciente por mantener una posición deliberadamente ambivalente y neutral du-rante la mayor parte del tiempo, tanto al ofrecer una presentación de los hechos donde encajen ambas posibilidades —los brotes de la enfermedad y la intervención diabólica—, como contrastando la visión sobrenatural de algunos testigos con aportaciones científicas que explicarían dichos fenómenos. A lograr este efecto contribuye, por un lado, una acertada puesta en escena, fría y oscura en su tono, que distingue los puntos de vista objetivo y subjetivo mediante un estilo visual diferenciado que se apoya en el es-tupenda labor fotográfica de Tom Stern —con una cinemato-grafía más opaca en las escenas que transcurren en el interior de la sala, planteadas de forma estática y sobria en contraste con las recreaciones de los testimonios, más dinámicas, llenas de efectis-mos, y con una estética más pulida y vistosa—, pero sobre todo por la práctica ausencia de toda la pirotecnia de efectos especiales que, desde la fundacional obra de William Friedkin, se ha venido asociando a las invasiones corpóreas del demonio: los ataques que sufre Emily y la ceremonia del exorcismo resultan genuinamente impactantes, pero siempre guardan un compromiso realista donde quepa cualquier interpretación, del mismo modo que los recursos digitales que subrayan algunas de sus alucinaciones son premedi-tadamente precarios y artificiales.

  Sin embargo, no es menos cierto que esta imparcialidad es únicamente aparente, no sólo porque el trata-miento que reciben los personajes no escapa del todo del maniqueís-mo, concediendo al sacerdote incul-pado y a su atribulada letrada el papel de “héroes” protagonistas, mientras que el fiscal al que encarna Camp-bell Scott, un hombre creyente pero de distinta confesión, es retratado, si no como un ridículo "villano", sí como un ridículo opositor, sino porque al final la perspectiva fantástico-sobrena-tural termina ganando terreno a lo ra-cional. Sin ánimo de desvelar algunas de las cartas que se guarda el guión bajo la manga para su última parte, ni  mucho menos cuál es el dictamen del jurado, bastará decir que el largometraje ha con-tado con la aprobación de la Iglesia, así que ya pueden hacerse una idea aproximada de cuál es su probable inclinación.

  Como es obvio, "El exorcismo de Emily Rose" no juzga directa-mente si Dios —y, por tanto, el Diablo— existen, sino si el acusa-do obró de manera correcta de acuerdo con sus convicciones, pero para ello no tiene más remedio que confrontar las dos únicas op-ciones posibles: que Emily Rose fuera una poseída real o que su trastorno psiquiátrico, sumado a una férrea educación religiosa, la condujeran a tal delirio. Y aquí es donde la película comete su mayor error, al arriesgarse a trasladar al espectador la deci-sión de cuál es la verdad, al mismo tiempo que se ve obliga-da a tomar partido. No cabe duda de que el film será recibido se-gún las creencias personales de cada uno, lo cual no significa ni mucho menos que invite a la reflexión, más bien a la controversia, pero la conclusión será poco satisfactoria para todo el mundo. Ade-más, se le puede reprochar que desperdicie la oportunidad de bara-jar algunos argumentos más astutos y hasta cierto punto concilia-bles desde las dos posturas —¿por qué la defensa se empeña en apostar por el choque fatídico entre la acción de los fármacos y del exorcismo cuando se podría haber decantado por el poder de la su-gestión y el efecto placebo de estas prácticas?—,  y que no haya sabido sacar mejor provecho a algunos personajes —se echa en falta un mayor desarrollo del Padre Moore, reducido a un hombre firme en sus ideas que, lejos de estar preocupado por lo que le de-para el resultado del juicio, lo único que quiere es contar su verdad, y de ese fiscal que, siendo un hombre de fe, defiende a ultranza la razón, y que podría haber dado pie a un abanico de matices bas-tante más sugerentes—.  A su favor, la cinta reúne un plantel de sólidos y experimentados actores, como Laura Linney, Tom Wilkin-son, Campbell Scott o un anecdótico Colm Feore, que aportan la credibilidad y presencia escénica requeridas, siendo la menos ro-dada Jennifer Camperter la que, con su convincente y esforzada actuación, constituye la principal sorpresa de la cinta, logrando que nos asustemos —o compadezcamos— más por su humanidad tor-turada que por su espíritu maligno... caso de que lo hubiera.

   Scott Derrickson ha tenido una cor-ta pero desconcertante carrera tras las cámaras, primero dirigiendo la se-cuela “Hellraiser: Inferno” y luego par-ticipando en los libretos de dos pro-puestas tan dispares como son la producción comercial de terror juvenil “Leyenda urbana 2” y “Tierra de abun-dancia”, un drama con lectura social bajo el sello de Wim Wenders. Su pri-mer proyecto completamente perso-nal, en tanto que cubre ambas face-tas, es, cuando menos, una iniciativa interesante y audaz por su fusión de dos géneros distantes —o quizás no haya tal distancia entre un demonio y un abogado—, que pretende nadar entre esas dos aguas... o más bien nadar y guardar la ropa, aunque termine con las "vergüenzas" al aire. Bien hilvanada en lo estrictamente cinematográfico, cumple como solvente dra-ma judicial bañado por efectivas dosis de terror. Pero en lo meramente discursivo se destapa como un intento de objeti-vidad y especulación bastante tramposo y fallido. A fin de cuentas, lo que de verdad asusta de esta historia es que cosas co-mo éstas sucedan todavía.

Calificación:


Imágenes de "El exorcismo de Emily Rose" - Copyright © 2005 Screen Gems, Lakeshore Entertainment y Firm Films. Distribuida en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos reservados.

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