CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
Poco
terror, mucho discurso teológico
A
pesar de conjugar géneros tan dispares como el terror y el drama
judicial,
el filme de Derrickson acaba por desfallecer por
su mani-queo posicionamiento ideológico.
Muchos esperaban encontrar en "El Exorcismo de Emily Rose" una
pelí-cula que encomendara a la memoria del personaje de Regan
MacNeil en "El Exorcista". Es decir, una dramáti-ca película de
terror que, más allá del splatter y los jugos gástricos
verdo-sos, retomara el exorcismo como te-rrorífico acto
religioso de exoneración diabólica con las trágicas
consecuen-cias que ello arrastra. La trama hacía albergar alguna
que otra esperanza: una historia basada en el caso real de
Anneliese Michel, una joven alemana que en la década de los 70
falleció por un ritual exorcista, adaptándola a los tiempos
actuales, a Esta-dos Unidos, por supuesto, con el juicio del
Padre Moore, un sacer-dote acusado de negligencia tras la muerte
de la joven Emily Rose, cuya posesión es reconocida
extraoficialmente por la Iglesia católi-ca, como en el caso de
Michel.
Pero
nada más lejos de la realidad, ya que la cuarta película de
Scott Derrickson renuncia, en parte, a la extática demonológica
para centrarse en el conflicto de discusión humanista y
filosófico sobre este tipo de fenómenos, en la irreconciliable
dicotomía que supone el enfrenamiento de la fe contra la
ciencia, en un contexto judicial y expositivo, ya que la
película se desarrolla en el litigio que se lleva a cabo hacia
la supuesta incuria del padre Moore hacia la joven católica
Emily Rose. Un contexto que tiene como gran vir-tud que
Derrickson se desvía de los preceptos y
tópicos for-mulistas del género de terror sustentando el peso de
la cinta en la discordia sobre el relativismo posmodernista
opuesto a la fe religiosa que se discute durante el proceso
legal. "El exorcismo de Emily Rose" es una difícil y
compleja suerte de tres géneros de naturaleza antitética como
son el terror, el cine judicial y el puro melodrama (eso sin
contar que desde una perspectiva es-céptica, su conclusión se
convierta poco menos que en una exage-rada comedia).
El problema de las directrices argu-mentales mostradas durante el
filme es que, bajo el yugo del sutil terror fantástico que
alcanza su plenitud en los habituales flashbacks
descriptivos de la posesión de Emily Rose, sus-tentada en el
efectismo visual y sono-ro a golpe de música estruendosa que
busca el sobresalto, encubierta en la imaginería religiosa, la
película no de-ja de ser un indudable pasquín de au-téntico
maniqueísmo ideológico. Así, la protagonista del filme no es
otra que Erin Bruner, la abogada defensora del Padre Moore, una
agnóstica letra-da con dudas religiosas que se enfrenta a Ethan
Thomas, el devoto metodista que representa a la acusación. Lo
que interesa del sub-texto es patentizar la progresiva adopción
de la creencia católica por parte de una abogada inmersa en una
epifanía cristiana surgida por la manifestación de señales
tenebrosas, hechos inexplicables, amenazas y fenómenos
paranormales que se producen a su alre-dedor, que serán los que
provoquen su incertidumbre y entrega final a la Fe Católica por
dichas "evidencias". Por supuesto, el empiris-mo científico es
representado como intransigente y dogmático, ya que los médicos
pronostican que la posesión de la joven Emily Ro-se es producto
de la epilepsia y la esquizofrenia en contra de las
prescripciones religiosas del padre Moore. Sin embargo, no se
du-da en ningún momento en lanzar incoherentes teorías de la
defen-sa, llevando a una doctora interpretada por
Shohreh Aghdashloo
a declarar a favor de lo espiritual, mencionando a un experto en
pantomimas como es Carlos Castaneda, autoproclamado antropó-logo
que ha dejado la inescrutable tensegridad y las "Enseñanzas de
Don Juan" en sus estudios, que mezclan de forma circense la
antropología, las antiguas culturas y el chamanismo.
El
resultado, según la disposición de cada espectador (porque en un
devoto creyente será de lo más eficaz), es del todo ambigüo y
prosaico, dilatando un contenido pretendidamente intelectual y
me-lodramático para exhibir de manera muy expeditiva las
declaracio-nes de los testigos que, conforme avanza la trama, van
inclinando la diatriba hacia la balanza de la religiosidad.
No obstante, hay que agradecer la sutil limitación de
truculencia durante el proceso de posesión y exorcismo, sin
olvidar un sensa-cionalismo terrorífico muy mode-rado,
teniendo siempre sobre el papel el juicio como nexo de unión
entre pa-sado y presente, recubriendo el filme con un fascinante
y lúgubre tono rea-lista que, sin ser suficiente, sí aprove-cha
sus bazas para esbozar un retra-to judicial que el cine
norteamericano domina a la perfección. Una conse-cuencia
aprovechada para esgrimir sus argucias científicas y
metafísicas, llegando a plantear su objetivo, que es no es otro
que provocar la duda en el espectador y poner de manifiesto que
los exorcismos existen, que el Diablo existe y que, por lo
tanto, que Dios existe. También hay que atribuirle a "El
exorcismo de Emily Rose" la gran labor de su estupendo elenco de
actores, que contribuyen a la efi-cacia interpretativa con unas
sólidas composiciones encabezadas por la prolífica
Laura Linney y el adusto Tom
Wilkinson, y, en menor medida, por
Mary Beth Hurt y
Scott Campbell. Pero, so-bre
todo, hay que destacar el descubrimiento de
Jennifer Carpen-ter, que logra
con una sutil caracterización introspectiva y sin ex-cesivos
maquillajes que la progresiva astenia vital se perciba muy
visible y terrorífica. Aunque su personaje no esté muy definido,
más que por las pinceladas que apuntan otros personajes.
La gran
traba, sin duda alguna, es el raquitismo con el que se
acomete su conclusión, cuando, más allá de pugnas entre
ra-zonamiento científico y teologismo, incluso del género de
te-rror o del drama legal, ‘El exorcismo de Emily Rose’ se
con-vierte en un manifiesto panfletario de tal calado
religioso que resulta incluso irrisorio. Un final que elimina
cualquier atisbo de am-bigüedad, y juzgando las creencias antes
que los hechos, siempre más sugeridos que manifiestos. Por eso,
no es extraño que la cinta de Derrickson haya contado con el
respaldo de la Iglesia Católica y que se vea normal esa
sentencia dictada por el propio jurado a un homicidio por
negligencia. ¿Alguien puede explicar esto? Obvia-mente, en
Hollywood parece que sí.
Calificación:
    
Imágenes de "El exorcismo de Emily Rose" - Copyright © 2005
Screen Gems, Lakeshore Entertainment y Firm Films. Distribuida
en España por Sony Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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