CÓMO SE HIZO "EL INFIERNO"
Notas de producción ©
2005
Vértigo Films
Notas de producción
A finales de 1999, mientras
preparaba su primera película, "No man´s land" (“En tierra de
nadie”) en París, el productor Cedomir Kolar le dio a Danis
Tanovic los tres guiones de "Paraíso, Infierno y Purgatorio",
escritos por Krzysztof Piesiewitcz a partir de una idea suya y
de Krzysztof Kieslowski. En ese momento Noé Productions, una
productora independiente de París se hizo con los derechos de la
trilogía. La primera parte, "Paraíso", estaba en preparación y
Tom Tykwer estaba en la preproducción. Danis leyó los tres
guiones y le gustó mucho "Purgatorio". Años después, a
principios de 2004, los derechos de las dos partes restantes
estuvieron de nuevo disponibles. El agente del autor, Mme Nicole
Cann, que casualmente también era el agente de Danis, se asoció
con Kolar, antiguo productor de Danis para formar la productora
A.S.A.P. Films en París. Danis leyó de nuevo los guiones, pero
esta vez se fijó en "Infierno". ¿Qué había cambiado?
"Purgatorio" cubría conflictos modernos, el fotógrafo de guerra,
la identidad, etc, e "Infierno" era sobre la familia, las
mujeres, sus destinos. Danis dejó atrás la guerra, se mudó a
París, se casó y tuvo dos hijas. Básicamente el marco para
"Infierno" estaba establecido. Incluso aunque sea infinitamente
más trágico que la feliz vida de Danis, el guión era mucho más
cercano para él que el regreso a la guerra como temática para
una película.
Como la idea de Kieslowski
era no dirigir ninguno de esos tres guiones, sino escribirlos
para que los dirigiera algún joven director europeo, y como
"Infierno" está ambientada en París y se iba a rodar en francés,
era perfecta como segunda película de Tanovic y primera con su
recién creada productora. Una vez que los derechos estuvieron
asegurados, todo ocurrió muy rápido. Danis encontró el reparto
perfecto y llamó a sus actrices ideales. Una por una, Emmanuelle
Béart, Karin Viard y Marie Gillain fueron diciendo sí. Ellas
fueron su primera elección. Después vinieron los actores,
Guillaume Canet, Jacques Gamblin y Jacques Perrin. Ninguno se
negó. Incluso la bella Carole Bouquet accedió a interpretar a
una madre de 70 años paralítica. Miki Majnolovic completó el
reparto.
El equipo también incluía a
algunos de los mejores profesionales de Francia. Laurent Daillnd
como director de fotografía, Aline Bonetto como diseñadora de
producción y Calriline de Vivaise como diseñadora de vestuario.
Conseguir la financiación
costó unos tres meses. Uno tras otro los productores de "No
man's land" (“En tierra de nadie”) fueron uniéndose al proyecto.
Finalmente Focus Features se hizo cargo de la distribución
internacional.
El rodaje comenzó a
principios de octubre en París. Los problemas lógicos derivados
del rodaje, como rodar en una ciudad, y la diversidad de
escenarios se superaron gracias a la camaradería y la extrema
profesionalidad de todo el equipo. Cada una de las actrices
principales tuvo su tiempo para grabar por separado y sólo
trabajaron juntas durante tres días.
Danis montó la película con
su vieja amiga y colaboradora Francesca Calvelli en un par de
semanas. También dedicó mucho tiempo a la creación de los
títulos de crédito. Y finalmente, Tanovic compuso la música de
la película junto a Dusko Segvic.
Es muy difícil plasmar en un
papel lo que estoy sintiendo en estos momentos. Cuando me ponga
a hacer el story board, como ocurrió en mi anterior película,
“En Tierra de Nadie”, el estilo, el ritmo, la película como tal
se convertirán en algo concreto para mí. Todavía no puedo
meterme con el story board, no hasta que encuentre los
decorados, la arquitectura general de la película. Supongo que
lo tendré en breve, en cuanto terminemos con las localizaciones.
A estas alturas de trabajo y
reflexión, ya puedo decir que "El Infierno" será una película
depurada, minimalista, con algunas escenas que sugieren una
serie de metáforas. Los silencios, las elipsis, el espacio que
dejamos al espectador para que proyecte sus propias
interpretaciones para que se proyecte a sí mismo será
importante.
Aunque me sienta próximo a
Kieslowski y a Piesiewicz, aunque corra sangre eslava por mis
venas, no quiero hacer una película “a lo Kieslowski”. Me
gustaría más hacer algo en la línea de “Gritos y Susurros” de
Igmar Bergman, una mezcla de dolor cercano y distante, una
cámara que se retiene en algunos momentos y que se entrega
totalmente en otros.
El principio de la película,
por ponerle un ejemplo, no será el que ha leído (porque un
proyecto evoluciona, se mueve, vive cuando le hacemos nuestro).
Quiero empezar, después de los créditos del principio de la
película, con un documental de animales sobre el comportamiento
del cuclillo. Es un pájaro que utiliza un nido ajeno para poner
su huevo. Cuando el pequeño cuclillo sale del cascarón, tira del
nido los otros huevos y se deja alimentar por unos padres que
son aves de otra especie. En nuestra historia, el bebé de
cuclillo, al querer tirar el tercer huevo, se cae del nido. El
padre que sale de la cárcel (lo que ha leído) y al que nadie
espera, encuentra un pajarillo, el pequeño cuclillo, en la acera
y le devuelve al nido. Es un pequeño detalle, una primera
metáfora. El guión se va a ir alimentando con mi visión de los
pequeños detalles.
Tres hermanas, una madre. Los
hombres brillan más bien por su ausencia. Estrellas francesas.
Se trata de una elección no dictada por el box office, aunque,
evidentemente, nombres así facilitan el montaje financiero del
proyecto, se trata más bien de una elección dictada por lo que
me hacen sentir estas actrices como espectador.
La madre: Carole Bouquet. Es
una maravilla trabajar con ella. Está dispuesta a ponerse unos
años para ser la madre de dos actrices que tienen unos treinta
años e interpretar un papel secundario con una primera escena
muy violenta y meterse, a continuación, en la piel de una mujer
minusválida en silla de ruedas, inmersa en el mutismo. Los ojos
de Carole son extraordinarios. Es una actriz que desprende una
fuerza y una determinación fuera de lo común.
Sophie: Emmanuelle Béart.
Madre de familia, engañada por su marido al que adora,
rechazada, apasionada. Proyecta un gran dolor, una tristeza
profunda, aunque no vierta una lágrima. Su mirada está como
velada por el llanto no vertido. Te entran ganas de consolarla.
Karin Viard, hermosa dentro
de un físico de una extraña armonía. Fuerte pero, al mismo
tiempo, a disgusto con su cuerpo. Para mí, es exactamente la
actriz que estaba buscando para el papel de Céline, esta mujer
solitaria que se ocupa de su anciana madre y que anhela a un
hombre que la abrace, la acaricie, la mire.
Y, por último, Anne, la más
pequeña, locamente enamorada de un hombre que podría ser su
padre. Marie Gillain tiene el candor, la inocencia, la frescura
de las jovencitas que se hacen daño por amar a la persona
equivocada.
Tengo tiempo para mimarlas a
todas, para prestarles toda mi atención, ya que cada una tiene
su propia historia y no rodarán juntas hasta la última escena de
la película.
No se trata de azul, blanco y
rojo, pero es, en cierto sentido, un homenaje a Kieslowski. Azul
para Céline, la espera, la melancolía, la calma ya casi
resignada. Rojo para Sophie, la pasión, el amor, los celos.
Verde y blanco para Anne, la primavera, la salida del cascarón,
la inocencia, quizá todavía la esperanza, ¿por qué no?
Hay tantos temas que me
parecen importantes en el guión. El suicidio, la ausencia, la
mentira, la pedofilia, la familia, la fraternidad, la falta de
amor, la necesidad de amor.
Entrevista con Danis Tanovic
Poco antes de
su muerte en 1996, Krzysztof Kieslowski finalizó, junto con su
guionista Krzysztof Piesiewicz el proyecto de una trilogía, “El
paraíso”, “El Infierno”, “El purgatorio”. ¿Qué le llevó a elegir
una de las partes de esta trilogía, sin duda la más ardiente?
Después de una primera lectura, antes del rodaje
de En Tierra de Nadie, me tentaba más una adaptación de “El
Purgatorio”, ya que trataba sobre la guerra y me tocaba más de
cerca en ese momento. Luego, el éxito de En Tierra de Nadie me
arrastró en una vorágine de promociones por todo el mundo
durante algo más de un año. A la vuelta, me embarqué en otro
proyecto que tuve que aplazar porque la actriz principal estaba
embarazada. Mi productor, Cedomir Kolar, empezó a animarme para
que retomara el guión de “El Infierno”, el más interesante en su
opinión. Lo volví a leer, me pasé una noche entera sin dormir
pensando, preguntándome ¿cómo puede ser que hace cuatro años no
hubiera visto todo lo que he visto ahora? Es verdad que, entre
tanto, me he casado, he sido padre… El tema se me presentaba
bajo otro prisma, descubría nuevos puntos de interés. Lo que más
me seducía era esta visión tan íntima de los personajes
femeninos, hasta entonces, todas mis películas giraban en torno
a personajes masculinos implicados en conflictos bélicos.
El deseo, la
falta de amor, la familia, la ausencia, la fraternidad, la
paternidad, la mentira, el suicidio… “El Infierno” aborda una
gran cantidad de temas contundentes, fundamentales.
Esta historia toca todas las cuestiones esenciales
a las que todos nos vemos enfrentados permanentemente, en mayor
o menor medida. Cuestiones filosóficas que Kieslowski y
Piesiewicz abordaron de manera sencilla, partiendo de tres
historias banales. El infierno puede formar parte de nuestra
vida cotidiana. No hay que ir a Afganistán para adentrarse en
él. En ese país sacudido por la guerra he encontrado a personas
mucho más felices que en París. Quise apropiarme de todos estos
elementos para hacer mi propia película.
Tres hermanas,
una madre, un drama familiar… ¿Cómo resumir lo que une y separa
a estas cuatro mujeres?
El drama viene del silencio que se instaura entre
ellas, de lo que se calla. Esta forma de silencio en su relación
con la memoria del propio cuerpo me interesa sobremanera. Un
día, un astrólogo que estaba analizando mi carta astral, me
preguntó: “Usted perdió a un hermano o una hermana, ¿cómo vivió
ese drama?” Le contesté que no tenía hermanos. Me dejó un poco
impresionado, llamé a mi madre para comentárselo y me confesó
que había perdido un hijo. A los 34 años, descubría este secreto
familiar… y el asunto me dejó un tanto perplejo, es cierto.
Estas cuatro mujeres vuelven a acercarse retomando un diálogo
interrumpido. Ser adulto es asumirse, enfrentarse a los propios
interrogantes y a la verdad de cada uno.
Hasta ese
momento, cada una de ellas se había acostumbrado, a su manera, a
esta ruptura de las relaciones familiares.
Una vez leí en un libro una idea que me gustaba,
“es poco frecuente ver a los miembros de una familia vivir bajo
el mismo techo”. Las cuatro mujeres son muy distintas. La madre
es dura y fría. Céline es un poco el “Jesucristo” de la familia,
carga con su dolor tratando de salvar todo lo salvable. Sophie,
a pesar de su belleza, de su éxito social, es una mujer
completamente perdida, un dolor ambulante. Anne es muy
representativa de las chicas de su generación, rebelde con el
mundo, se deja llevar por sus deseos hasta las máximas
consecuencias, sin preocuparse del daño que pueda provocar con
ello.
En la
película, los hombres brillan un poco por su ausencia… Y los que
hay, llevan todos una doble vida.
Nunca he tenido una opinión demasiado buena de los
hombres… Sin duda, porque soy uno de ellos. Los hombres y las
mujeres viven en dos planetas distintos, siempre me ha parecido
imposible que podamos coexistir. En la película, el padre, en el
fondo, es el único tío legal, aunque siempre se le haya tenido
por un mal padre. Kieslowski no da ninguna explicación sobre el
personaje, pero se trata de un hombre que no ha querido
denunciar a un chico para evitarle el drama de una vida tirada
por la borda. Acepta asumir la culpabilidad ajena y, por ello,
va a la cárcel, pierde a su familia y se suicida. Por querer
hacer el bien, este hombre ha terminado destruyéndose y
destruyendo a su familia. Esta cuestión de la noción del bien y
del mal me parece muy interesante.
De ahí esa
metáfora con las imágenes del nacimiento de un cuclillo al
principio de la película.
El cuclillo se cuela en un nido ajeno para poner
su huevo. Cuando la cría nace, tira los otros huevos fuera del
nido. ¿La naturaleza es cruel? Somos nosotros los humanos los
que hemos inventado esta noción. Al salir de la cárcel, el padre
descubre a la cría de cuclillo en el suelo y la devuelve al
nido. Piensa que está haciendo una buena acción y, sin embargo,
le dará la oportunidad de matar a la última cría legítima. La
historia es cruel pero, ¿qué es la crueldad? ¿qué es lo justo,
lo injusto? ¿qué está bien? ¿y mal? ¿la madre tiene razón… o no?
El hecho de
poner la verdad en tela de juicio es algo recurrente en su
trabajo como cineasta
Un día, filmando en el frente bajo intensos
bombardeos, tuve que correr a refugiarme a casa de un amigo. Me
lo encontré tranquilamente instalado con su caballete pintando
un cuadro de Sarajevo bajo la nieve. Me sentó fatal, no entendía
su actitud. “Y ¿qué quieres que haga? –me dijo–. Soy pintor,
pues pinto”. Su reacción me dio mucho que pensar y me inspiró el
guión de Portraits d’artistes pendant la guerre, que cuenta la
historia de cuatro personajes. El primero, un pintor dice,
siguiendo el ejemplo de mi amigo: “Durante la guerra, la función
de los artistas es proteger la cultura”. El segundo, un
fotógrafo, le responde: “el arte ha desaparecido con Sarajevo,
la muerte se ha adueñado de todo”. Y enseña fotos de cuerpos
despedazados. El tercero, un escultor enrolado en el ejército,
vuelve todas las noches a trabajar a su taller porque, para él
“el soldado destruye, el artista crea”. El cuarto personaje,
también soldado, le responde: “Vuelve a coger el fusil y
defiende la ciudad. Si sobrevivimos, ya veremos en qué ha
quedado el arte”. Cada uno de esos personajes defiende su propia
verdad, todos pueden tener razón. Ocurre lo mismo con los
personajes de “El Infierno”.
La película se
construye mediante situaciones que se corresponden. Pierre (J.
Gamblin) engaña a su mujer y será abandonado por su amante;
Frédéric (J. Perrin) engaña a su mujer, pero será él el que deje
a su amante que espera un hijo suyo. Otras escenas se repiten,
tanto Pierre como el padre (M. Manojlovic) perderán la razón
cuando sus respectivas mujeres les prohíban acercarse a sus
hijos.
Pero cuando la situación se reproduce, veinte años
después, se consigue evitar la tragedia. El guión abre una
puerta a la esperanza, la nueva generación no acabará
cometiendo, quizá, los mismos errores que sus padres. Sí cabe un
poco de optimismo en “El Infierno”.
Sophie (E.
Béart) y Anne (M. Gillain) viven el abandono como una
destrucción de sí mismas.
El amor es egoísta, destructor. Es increíble la
enorme cantidad de chicas guapas que viven tragedias por falta
de amor, o por un amor que se rompe. La película también muestra
que la sociedad occidental europea ha perdido la noción de la
familia. El egoísmo individual terminará por destruirnos.
Después de haber conocido la guerra me deja perplejo ver, como
en un contexto en el que todo podría contribuir a la felicidad,
la gente vive y se crea su propio infierno. Nos vemos
arrastrados por un materialismo desenfrenado que, al final, nos
destroza la vida. Corremos para acumular bienes secundarios y no
nos damos cuenta de que lo que realmente necesitamos es amor.
En la guerra,
los actos de amor están más presentes.
Hay mucho amor en la guerra. Amor es cuando mi
madre va a buscar veinte litros de agua bajo la amenaza de los
francotiradores para que su familia pueda beber y lavarse. Amor
es cuando tienes hambre y compartes el único trozo de pan que
has podido encontrar. En la película, la familia se ha
desintegrado. Al menos, si estuvieran en guerra, podrían
resolver sus problemas, el conflicto es una cierta forma de
relación y puede conducir a una resolución. Pero la ausencia de
comunicación, el silencio, destruye cualquier tipo de relación y
hace que se repitan los errores.
El personaje
de la madre (Carole Bouquet) ha sido comparado con Medea. Al
prohibirlas que vean a su padre, la madre “mata” a sus tres
hijas.
Es una Medea vista a través de un caleidoscopio.
La madre no mata físicamente a sus hijas y, sin embargo, las
destruye y destruye la familia. Como dice Anne en su
conferencia, “en la actualidad, ya no es posible la tragedia”.
Este texto, como el monólogo de Jacques Perrin en la Sorbona, lo
he sacado de las clases de mi profesor de dramaturgia en
Sarajevo. En toda la cinematografía de Kieslowski, encontramos
este tipo de reflexiones sobre el destino y las coincidencias.
La historia no
se narra simplemente como si se tratara de un drama burgués
sobre parejas e infidelidades. Al internarse en los conflictos
internos, usted confiere una dimensión trágica a los personajes.
No procedo de una familia burguesa, con lo que veo
las cosas de distinta manera. “La tragedia tiene como fin
cuestionar la naturaleza del hombre”, dice Anne en su
conferencia sobre Medea. La sociedad griega conocía la tragedia
porque los griegos creían en muchos dioses y pensaban que éstos
estaban implicados en su destino. Había una oposición entre lo
mortal y lo divino. Actualmente, en nuestra sociedad que ha
desertado de Dios, en este mundo material en el que Dios ha
muerto, la tragedia ya no tiene cabida. Sólo nos queda el drama.
No está mal, el drama puede ser trágico, pero no es una
tragedia.
Al principio
de la historia, ¿las tres mujeres no asumen la culpabilidad de
su padre como un destino?
Sí, y al mismo tiempo, otros pensarían que se
trata de una coincidencia. Al romper el silencio, las hermanas
se reúnen de nuevo y pueden vivir la vida de manera más libre.
Creo que no hay respuesta a la cuestión de si se trata de
coincidencias o de destino. Actualmente, queremos una
explicación para cada cosa y para saberlo todo, controlarlo
todo, lo simplificamos todo. Es la “instant generation”, la
generación del instante que exige respuestas cortas e
inmediatas. Mi padre llevaba el reloj de su padre, que lo había
recibido, a su vez, de su padre. Ahora, consumimos, compramos y
tiramos sin parar. Dejamos a nuestra mujer, a la madre de
nuestros hijos, para probar fortuna con otra. La noción de la
familia ha saltado por los aires. Sólo cuenta el dinero. Es la
sociedad del vacío. No queremos darnos cuenta de que esta vida
no nos gusta y, al mismo tiempo, somos depresivos, desgraciados,
nos sentimos abrumados por problemas que realmente no existen…
Pero sólo depende de nosotros. He tenido mucha suerte en la
vida. Después de una infancia feliz, he vivido momentos
difíciles durante la guerra de Bosnia, pero estaba rodeado de mi
familia, luego llegué aquí como refugiado, y vi la otra cara del
espejo. Con esta película, sólo pretendo hablar de cosas
complicadas. Mis películas no son pesimistas, ni negativas, sólo
muestran situaciones difíciles que pueden parecernos duras. Me
gusta mucho Kieslowski porque se define como un artesano del
cine. Yo no soy un artista, no doy respuestas. Limitémonos a
plantear las preguntas y busquemos las respuestas entre todos.
La película
está salpicada de símbolos, de metáforas, el insecto salvado de
morir ahogado en un vaso, el plano de Marie Gillain plantada
sobre un infernáculo o rayuela, entre infierno y paraíso.
Había una imagen parecida a la del insecto en El
decálogo, este plano es uno de los homenajes que rindo a
Kieslowski en la película. Considero al espectador como un
adulto, no le doy una serie de respuestas masticadas. Trato de
situarle en un estado emocional que pueda ayudarle a encontrar
sus propias respuestas. A veces, le ayudo con pequeños detalles,
visualmente, un objeto puede representar el estado interior de
un personaje o una situación. Por ejemplo, dos días antes del
rodaje, descubrí en el despacho de la directora de casting una
planta cuyas hojas se retraían en cuanto las rozabas. Introduje
la planta en una escena con Céline, porque se cierra en cuanto
nos acercamos a ella y la tocamos. Asímismo, en la escena del
café, cuando Sébastien le está leyendo un poema a Céline, añadí
el ruido de un ventilador que rozaba en cada vuelta. Cada vez
que da una vuelta oímos un ligero crin, crin, crin… Este sonido,
inconscientemente percibido, refuerza la idea de que hay algo
que choca entre ellos. La vida está llena de pequeños detalles.
Mi padre siempre me decía, “El hombre cree que choca contra una
montaña, pero, en realidad, sólo se tropieza con una piedra”.
Al encontrarse
con Céline, Sébastien le dice: “Cuando nosotros matamos civiles
inocentes, es un daño colateral. Cuando ellos hacen lo mismo,
son terroristas”.
En el guión original, para provocar el encuentro,
Sébastien le decía: “qué locura, este ataque terrorista”.
Modifiqué el texto a mi manera y, lógicamente, expreso mi
opinión sobre la guerra de Irak y sobre el mundo actual. A
menudo nos olvidamos de analizar los dos lados de la moneda. No
soy capaz, como Sébastien, de callarme durante 20 años, tengo
una cierta tendencia a decir lo que pienso.
Sébastien
también cita un texto de Mesa Selimovic, uno de los más grandes
escritores bosnios, “Me perdí buscando”. Una frase que podría
aplicarse a cada uno de los personajes de la película.
Y a cada uno de nosotros. Cuanto más aprendo,
menos sé… La vida es demasiado corta para aprender todo lo que
habría que saber. Me gusta mucho ese poema de Mesa Selimovic y
La Fortaleza es mi libro de cabecera. El guión original proponía
elegir un extracto de un texto de Brodsky, sin precisar cuál. Al
apropiarme de esta historia, he preferido a Selimovic, que habla
de manera más íntima. Pensé que a Céline, esta joven que lleva
en sí misma una cierta poesía, la emocionaría también. Gracias
al poema, se enamora de Sébastien.
A menudo, en
los momentos de tensión, se introducen elementos de humor
inesperados. La historia del pollo que sobrevivió 18 meses con
la cabeza cortada, o la original manera en que un revisor de
tren entrega cartas de amor.
Es mi manera de hacer frente a la dureza de la
vida, siempre nos queda la risa. Un amigo judío me contaba que
en el gueto de Varsovia, la gente seguía conservando, a pesar de
todo, el sentido del humor. En el guión original, en la escena
en que Céline va a visitar a su madre enferma, no ocurría
prácticamente nada, se sentaban juntas y ya está. En esta
situación un tanto bergmaniana, me pareció divertido que Céline
le leyera a su madre esas historias sin sentido de canibalismo o
de pollos sin cabeza. Después de tantos años visitando a su
madre sin poder hablar, Céline tiene que haber probado de todo,
entonces, ¿por qué no leer el Guinness de los Récords? Es una
manera de tomar cierta distancia en las situaciones difíciles.
No me gusta torturar al espectador, prefiero desestabilizarlo,
obligarle a pensar y provocar que le entren ganas de llegar
hasta el final de la historia.
A Kieslowski
seguro que le hubiera gustado su película, aunque Bergman y
Antonioni también podrían verse reflejados.
Se trata de directores que están muy presentes en
mi cultura cinematográfica. Me siento cercano a Kieslowski, no
en vano la sangre eslava corre por mis venas, pero no quería
hacer una película “a la manera de”. Cuando leo un guión, trato
de saber qué tiene de esencial cada escena y lo que aporta a la
globalidad del tema. Luego, me imagino la película. Trabajo
tumbado en el sofá, como en una sesión de psicoanálisis. Danis,
el paciente, cuenta su historia al psiquiatra Tanovic. Veo las
imágenes con tal precisión que luego puedo rodar y montar muy
rápido. Tardamos sólo diez días en montar “El Infierno”.
Los colores y
los decorados participan de la singularidad de la película. Nos
adentramos en laberintos de pasillos, puertas y ventanas
entreabiertas… Y esta singularidad se subraya con una música que
cuenta también con su firma.
Como músico, el cine me parece más cercano a la
escritura musical que a la literatura. Me gusta que los actores
ensayen escuchando los leitmotivs de sus escenas. Algunas
escenas tenían que rodarse en estudio. Junto con Aline Bonetto,
hemos reconstruido al milímetro un piso del Hotel en Saint
Germain de Près, en el que rodamos los planos generales de esa
increíble escalera en espiral que me recuerda el sexo de una
mujer. La arquitectura de este lugar ayuda a Emmanuel Béart a
ponerse en situación, se siente tan perdida como su personaje.
Cada una de
las hermanas le ha inspirado un color dominante.
Para Sophie, el rojo de la pasión, del amor, de
los celos, de su lado carnal y, a veces, de su violencia, como
en la escena con el ficus, o la de la cocina, cuando “viola” a
su marido. Para Céline, el azul de la tristeza, de la espera, de
la melancolía, de su resignación pacífica. Para Anne, la más
joven, el verde de la inocencia, de la salida del cascarón y
quizá de la resurrección. Los colores no se muestran claramente,
sino que se multiplican en diversos matices gracias al buen
hacer de Laurent Daillant, el operador jefe. Se encontraba en un
estado de simbiosis total con las actrices, lo que reforzaba la
confianza que reinaba en el plató. No puedo trabajar si no hay
buen ambiente. Es muy importante que los actores estén a gusto,
sobre todo cuando nos adentramos en emociones tan intensas.
¿Cómo ha
conseguido un reparto tan increíble?
No se trata de una elección dictada por el
box-office. Sólo quería rodearme de actores a los que aprecio,
por su talento y personalidad.
Emmanuelle
Béart se entrega al 150%. Es impresionante cómo se mete en un
personaje. En este papel proyecta un gran dolor, una tristeza
profunda, su mirada parece velada por las lágrimas. Te entran
ganas de consolarla pero, al mismo tiempo, te da miedo...
Karin Viard es
exactamente la actriz que buscaba para interpretar a esta mujer
solitaria que se ocupa de su anciana madre y que le encantaría
que un hombre la cogiera entre sus brazos, la acariciara, la
mirara… Karin tiene un encanto único, y una gama de emociones
sorprendente. En la vida real, es todo lo contrario a Céline, es
una mujer fuerte, dicharachera, divertida.
Marie Gillain
posee una extraña belleza. Ha aportado candor e inocencia a su
personaje, y la frescura de las jovencitas que se hacen daño
amando a la persona equivocada.
Carole Bouquet
es una actriz valiente. Está dispuesta a envejecerse para poder
interpretar un papel secundario, mucho más difícil si tenemos en
cuenta que tiene que trasmitir emociones intensas con una
interpretación minimalista. Carole está conmovedora en la escena
de violencia con su marido. Y cuando cae en el mutismo en la
silla de ruedas, sus ojos desprenden una fuerza y una
determinación nunca vista.
Jacques
Perrin. De mayor, me encantaría ser como él. Un gran señor, un
caballero con unas dotes de seducción naturales. Sigue teniendo
algo infantil en la cara, una dulzura, un cierto encanto y una
sensación protectora que hacen totalmente creíble que Anne se
sienta atraída por él.
A Jacques
Gamblin me lo recomendó Emmanuelle Béart. Es importante que una
actriz quiera trabajar con un actor específico para que haga de
su marido. Jacques es adorable. Al principio, al no conocerse,
se mantenían a cierta distancia, pero enseguida cogieron
confianza. Jacques siempre ha dado el tono justo y apropiado.
Guillaume
Canet, al principio me sedujo porque era un tipo simpático, sin
complejos, contento consigo mismo. Guillaume ha superado
brillantemente los dos retos que planteaba el papel. Tenía que
hacer de alguien mayor que él y dar a su interpretación de un
homosexual una emoción que nos llegue al corazón y, al mismo
tiempo, un toque de tipo duro. Quería evitar los clichés de esos
homosexuales refinados, afectados. Guillaume ha sabido darle el
tono justo a su papel. Es un gran actor, aunque joven, y sus
mejores papeles ya se están abriendo ante él.
Jean
Rochefort. ¡Qué gran señor! ¡Qué actorazo! ¡Qué sentido del
humor! Para un director, es casi indignante trabajar con un
actor así, porque no puedes darle prácticamente ninguna
indicación, es impecable desde la primera toma. Simpatizamos
cuando coincidimos como jurado en Cannes. Jean Rochefort es el
único hombre que conozco capaz de llevar un traje blanco sin
parecer un mafioso. A mí, me detendrían nada más salir a la
calle.
Miki
Manojlovic es uno de los mejores actores de la ex Yugoslavia. Lo
admiro desde que era niño. Miki tiene un modo increíble de
llenar el espacio. Es de esos actores, como Pacino, que tienen
un increíble poder de atracción. No puedes dejar de mirarlos,
aunque estén desayunando sin decir una palabra.
Después de
este exitoso paso por el infierno, ¿cuál sería su visión del
paraíso?
No lo sé. Si el infierno ya son tres mujeres, tres
hermanas maravillosas, ¿¡cómo será el paraíso!? En realidad, he
encontrado mi paraíso en la tierra. Tengo una familia
maravillosa, trabajo en lo que siempre he soñado… ¿qué más puedo
pedir?
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Man's Films Productions y Bitters End. Distribuida en España por
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