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HARD CANDY


Dirección: David Slade.
País:
USA.
Año: 2005.
Duración: 103 min.
Género: Thriller psicológico.
Interpretación: Patrick Wilson (Jeff Kohlver), Ellen Page (Hayley Stark), Sandra Oh (Judy Tokuda), Odessa Rae (Janelle Rogers), Gilbert Jones.
Guión: Brian Nelson.
Producción: David Higgins, Richard Hutton y Michael Caldwell.
Música: Molly Nyman y Harry Escott.
Fotografía:
Jo Willems.
Montaje: Art Jones.
Diseño de producción: Jeremy Reed.
Dirección artística: Felicity Nove.
Estreno en USA: 14 Abril 2006.
Estreno en España: 12 Mayo 2006.

MÁS OPINIONES (incluyen spoilers)

José Luis Palacios Alonso (Lista de Cine)

  «Conviene darse un paseo previo por la galería Oliva Arauna de Madrid para ver los monocromos de Rosa Brun y darse cuenta de que, al igual que en la película, los pequeños elementos, los escenarios sencillos, la rectangularidad del ambiente pueden albergar aberraciones humanas. Desde "Funny games" no se había visto algo tan sórdido. La película es interesante, aunque sea provocadora, inquietante e incómoda. Pienso que Sitges está creando un estilo por sí mismo y ésta es una muy buena representante. Se deja al espectador la duda moral, la pregunta en el aire, la incomodidad en el pensamiento».

 

Javier Quevedo Puchal (E-mail a la redacción)

  «En 2003, tuvimos la suerte de ver publicado en España “Caperucita al desnudo”, un excelente ensayo de Catherine Orenstein en el que se desmenuzaban con notable lucidez las implicaciones del cuento “Caperucita roja” a lo largo de la Historia. Implicaciones que han sabido transformarse y evolucionar según el signo de los tiempos, tanto en la forma como en el fondo: así, hemos tenido Caperucitas-niña y Caperucitas-mujer, Caperucitas inocentes y Caperucitas taimadas... e incluso Lobos no tan feroces, con tales anhelos de maternidad que les llevan a engullir a una niña con tal de experimentar una vida dentro suyo. Prácticamente no ha habido disciplina visual, pues, que se haya resistido a la tentación de inspirarse e indagar en el célebre cuento, empezando por la poesía y acabando por la industria del porno, eso por no mencionar la publicidad o las viñetas de cómic. Significativamente, el ensayo de Orenstein se cierra con un capítulo dedicado a “Freeway”, la película de Mathew Bright que rescribía el cuento de Perrault en clave de comedia negra, con una moderna Caperucita encarnada por Reese Witherspoon haciéndoselas pasar canutas a aquel lobo con piel de psiquiatra samaritano a quien dio vida Kiefer Sutherland. Ahora bien, estoy plenamente convencido de que, si Orenstein hubiera postergado la edición de su libro, hubiera hecho lo posible por dedicar el último capítulo del mismo a esa pequeña joya que es “Hard candy”.
    En ese sentido, el cartel promocional de la película no engaña a nadie: una niña envuelta en una sudadera con capucha roja se coloca justo en el centro de un gigantesco cepo de acero. La postura despreocupada, casi indolente de la niña, parece remitirnos a aquella inocencia primigenia de la protagonista del cuento de Perrault (eso por no mencionar la capucha roja y la abultada mochila, sustituta de la eterna cestita de mimbre). Por otro lado, el gigantesco cepo dentado parece una metáfora de la gran boca del Lobo Feroz, esa amenaza latente dispuesta a “comerse” a la incauta niña de un momento a otro. Y sí, es cierto que el cartel de “Hard candy” (el mejor que un servidor recuerda en años) es una metáfora que sintetiza con brillante concisión las claves de la historia... Claro que no son éstas las claves, ni mucho menos.
    La premisa desde la que arranca el relato es bien sencilla: Hayley (Ellen Page) es una adolescente simpática y relativamente madura que se cita en una cafetería con Jeff (Patrick Wilson), un fotógrafo treintañero al que ha conocido chateando por la red. Durante la conversación que mantienen, Hayley se muestra encantada con la química que parece haber entre ellos y, así, acaba sugiriendo ir a casa de Jeff para que le tome algunas fotos artísticas, a lo que éste accede. Una vez en la casa, y después de que la joven haya servido un par de vodkas, la intimidad entre ambos va creciendo poco a poco. Para cuando empieza la sesión fotográfica, mero preámbulo a lo que parece una relación ilícita, Hayley comienza a quitarse algo de ropa... y Jeff comienza a no sentirse muy bien, hasta que cae desmayado al suelo. Cuando despierta, lo hace atado a una silla, inmovilizado y confundido. Sólo entonces descubrimos que Hayley no es tan cándida como aparenta. Que ha disuelto algo en la bebida de Jeff, de quien sospecha tuvo demasiado que ver con la desaparición de Donna Mauer, otra adolescente que también fue vista por última vez en la misma cafetería. Descubrimos que su cita con Jeff no ha sido algo casual, ni mucho menos, que todo forma parte de un retorcido plan para sacar la verdad a la luz... Y, por fin, sólo entonces empezamos a sospechar que la joven del cártel, la que aparecía de pie en medio del cepo, no es la pobre presa a punto de morir. Sino el cebo.
    Resulta casi inconcebible cómo ha podido tardar tanto en llegar una versión tan enfermizamente subversiva y, al mismo tiempo, tan fresca del manido cuento de Perrault. Incluso en “Freeway”, quizás la relectura más radical antes de esta “Hard candy”, se seguían perpetuando determinados elementos del cuento original para hacer funcionar la historia. Sin embargo, la cinta que nos ocupa tiene la virtud de romper con una de las claves básicas del cuento pues, por primera vez, en ningún momento es Caperucita la acechada sino que, ya desde el mismo inicio de la historia, resulta ser más bien la acechadora. Por otro lado, también por primera vez se emplean de forma profusa, explicita y en absoluto sugerida términos de dolorosa actualidad como “pederastia”, “ilegalidad” y “crimen”. Y es que, si algo va a cosechar “Hard candy” con toda probabilidad, son levantamientos de ceja. No en vano, la cinta exhibe en todo momento una moral de doble vertiente, resbaladiza e incluso incómoda, que difícilmente podrá digerir el gran público. No serán pocos los que se compadezcan de Jeff y, casi inmediatamente, se repugnen ante el hecho de haberse congraciado con un personaje que, como mínimo, es pederasta. Y así mismo, no serán pocos los que admiren a Hayley... pero con reservas, horrorizados ante sus radicales métodos. De hecho, el espléndido guión de Brian Nelson es lo bastante ambiguo como para no llegar a decantar a ninguno de ambos personajes hacia extremo alguno. ¿Qué pesa más en Jeff, la palabra “víctima” o la palabra “culpable”? ¿Es correcto lo que está haciendo Hayley... o ha ido demasiado lejos?
    Efectivamente, “Hard candy” es una película de opuestos que no sólo se tocan, sino que se confunden. Y, aun siendo su ópera prima, David Slade dirige con la suficiente astucia como para no permitir que haya demasiadas distracciones que nos aparten del corazón del relato. No hay un abuso del “score” ambiental, no hay más atrezzo del estrictamente necesario. Incluso en lo que se refiere a la composición de planos, se observa un predominio de los planos medios y cortos que consigue centrar nuestra atención no sólo en los dos personajes sino en lo que les está ocurriendo (tómese como ejemplo el detalle de las gotas de sudor que perlan la frente de Jeff en una de las escenas más tensas de la película, gracias a un primerísimo plano que destila buen gusto y perversión por partes iguales).
    Sin embargo, con tan aparente frugalidad de herramientas, hay que admitir que poco nos ofrecería “Hard candy” de no contar con los intérpretes adecuados. Películas “de dos personajes” como “La huella”, “La muerte y la doncella” o "
Palabras encadenadas" marcan ilustres antecedentes (aunque, en el caso de la última, un servidor echó en falta que Dario Grandinetti tuviera una partenaire de mayor calado que Goya Toledo, dicho sea de paso). No obstante, alivia comprobar que “Hard candy” supera tal obstáculo más que holgadamente. Ambos actores interpretan, en un momento u otro y a distintos niveles, lo que no son sino papeles gemelos, en tanto en cuanto lobos con piel de corderos. Patrick Wilson se desenvuelve a la perfección tanto en las escenas de controlada seducción del principio como en las de sufrimiento, furia y desesperación posteriores, dotando de tanta humanidad al personaje que acaba consiguiendo algo tan complicado como que lleguemos a sentir compasión por un pederasta. No obstante, sería injusto no señalar que la auténtica revelación del film está en Ellen Page. Cándida y perversa, lúcida y enloquecida, terrorífica y asustada, pero siempre inquietantemente segura de sí misma, la Hayley que compone fluctúa entre sentimientos opuestos con tal fluidez y naturalidad que podemos afirmar encontrarnos ante una de las grandes interpretaciones de lo que llevamos de año. Efectivamente, suyas son algunas de las miradas más intensas que se recuerdan del último cine americano y aunque, muy posiblemente, no sea éste el tipo de papel que ayude a cosechar premios, siempre puede enorgullecerse de otros méritos. Si hay una Caperucita del siglo XXI, ésa es sin duda ella».

Dani García Crespo (Lista de Cine)

  «Cualquiera de nosotros, internautas, ha tenido siempre la curiosidad por saber quién (o mejor dicho cómo) es la persona que está en el otro lado de cualquier programa de chat, lista de cine, messenger, foro... y más de uno (y de dos, seguro) ha quedado. Pues esta película es un ejemplo de lo que puede pasar, pero no os preocupéis, para nada es de una jovencita jamona que queda con un psicópata asesino, ni un energúmeno de los que salen en El Diario De Patricia.
    Chico de treintaipocos, fotógrafo, elegante, guapo, educado, adinerado y culto queda con chica de 14 años, guapa, precoz, inquieta, muy confiada y segura de sí misma. Se han conocido en un chat y han visto que tenían gustos e inquietudes muy parecidas. Todo parece una historia romántica de esas imposibles, y muy imposible se volverá, pues a partir del minuto 10, más o menos, la película se quita de un portazo el posible morbo-romántico para convertirse en un thriller con una intensidad constante que ya no parará, y además te hace estar lo suficiéntemente intrigado y dudando hasta pocos minutos del final.
    La película podría pecar de teatral: dos personas en un espacio cerrado es todo lo que hay en ella, pero el director y, sobre todo, el guionista son lo suficientemente hábiles para que eso no pase. El primero juega con la cámara para hacer unos primeros planos sugerentes al principio, pausados y templados [durante las escenas] en la casa, y me atrevería a decir que es casi vídeo digital frenético cuando la acción se acelera o los personajes salen al jardín (y al terrado), pero en ningún momento resulta mareante o video-clipero, más bien sigue el estado de tensión de la película. El guionista consigue que los diálogos entre los dos pesonajes no parezcan en absoluto postizos, sobre todo los de la joven, cargados de contenido pero nunca pareciendo una lección de frases lapidarias. Esto por supuesto es apoyado por los dos actores, un fantástico Patrick Wilson y una excelente Ellen Page, de la que oiremos mucho en el futuro, seguro. Además, cuenta con algunos momentos de verdadera angustia, sobre todo para el género másculino espectador; a mí personalmente me hizo pasarlo bastante mal. También es de esas cintas que, después de salir de la sala, te las llevas contigo, pues sacarse toda esa tensión de encima cuesta un rato largo»


Imágenes de "Hard candy" - Copyright © 2005 Vulcan Productions y Launchpad Productions. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos reservados.

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