MÁS OPINIONES (incluyen
spoilers)
José Luis Palacios Alonso
(Lista de
Cine)
«Conviene darse un paseo
previo por la galería
Oliva Arauna de Madrid para ver
los monocromos de Rosa Brun y darse cuenta de que, al igual que
en la película, los pequeños elementos, los escenarios
sencillos, la rectangularidad del ambiente pueden albergar
aberraciones humanas. Desde "Funny games" no se había visto algo
tan sórdido. La película es interesante, aunque sea provocadora,
inquietante e incómoda. Pienso que Sitges está creando un estilo
por sí mismo y ésta es una muy buena representante. Se deja al
espectador la duda moral, la pregunta en el aire, la incomodidad
en el pensamiento».
Javier Quevedo Puchal
(E-mail a
la redacción)
«En
2003, tuvimos la suerte de ver publicado en España “Caperucita
al desnudo”, un excelente ensayo de Catherine Orenstein en el
que se desmenuzaban con notable lucidez las implicaciones del
cuento “Caperucita roja” a lo largo de la Historia.
Implicaciones que han sabido transformarse y evolucionar según
el signo de los tiempos, tanto en la forma como en el fondo:
así, hemos tenido Caperucitas-niña y Caperucitas-mujer,
Caperucitas inocentes y Caperucitas taimadas... e incluso Lobos
no tan feroces, con tales anhelos de maternidad que les llevan a
engullir a una niña con tal de experimentar una vida dentro
suyo. Prácticamente no ha habido disciplina visual, pues, que se
haya resistido a la tentación de inspirarse e indagar en el
célebre cuento, empezando por la poesía y acabando por la
industria del porno, eso por no mencionar la publicidad o las
viñetas de cómic. Significativamente, el ensayo de Orenstein se
cierra con un capítulo dedicado a “Freeway”, la película de
Mathew Bright que rescribía el cuento de Perrault en clave de
comedia negra, con una moderna Caperucita encarnada por Reese
Witherspoon haciéndoselas pasar canutas a aquel lobo con piel de
psiquiatra samaritano a quien dio vida Kiefer Sutherland. Ahora
bien, estoy plenamente convencido de que, si Orenstein hubiera
postergado la edición de su libro, hubiera hecho lo posible por
dedicar el último capítulo del mismo a esa pequeña joya que es
“Hard candy”.
En ese sentido, el cartel promocional de la película no
engaña a nadie: una niña envuelta en una sudadera con capucha
roja se coloca justo en el centro de un gigantesco cepo de
acero. La postura despreocupada, casi indolente de la niña,
parece remitirnos a aquella inocencia primigenia de la
protagonista del cuento de Perrault (eso por no mencionar la
capucha roja y la abultada mochila, sustituta de la eterna
cestita de mimbre). Por otro lado, el gigantesco cepo dentado
parece una metáfora de la gran boca del Lobo Feroz, esa amenaza
latente dispuesta a “comerse” a la incauta niña de un momento a
otro. Y sí, es cierto que el cartel de “Hard candy” (el mejor
que un servidor recuerda en años) es una metáfora que sintetiza
con brillante concisión las claves de la historia... Claro que
no son éstas las claves, ni mucho menos.
La premisa desde la que arranca el relato es bien sencilla:
Hayley (Ellen Page) es una adolescente simpática y relativamente
madura que se cita en una cafetería con Jeff (Patrick Wilson),
un fotógrafo treintañero al que ha conocido chateando por la
red. Durante la conversación que mantienen, Hayley se muestra
encantada con la química que parece haber entre ellos y, así,
acaba sugiriendo ir a casa de Jeff para que le tome algunas
fotos artísticas, a lo que éste accede. Una vez en la casa, y
después de que la joven haya servido un par de vodkas, la
intimidad entre ambos va creciendo poco a poco. Para cuando
empieza la sesión fotográfica, mero preámbulo a lo que parece
una relación ilícita, Hayley comienza a quitarse algo de ropa...
y Jeff comienza a no sentirse muy bien, hasta que cae desmayado
al suelo. Cuando despierta, lo hace atado a una silla,
inmovilizado y confundido. Sólo entonces descubrimos que Hayley
no es tan cándida como aparenta. Que ha disuelto algo en la
bebida de Jeff, de quien sospecha tuvo demasiado que ver con la
desaparición de Donna Mauer, otra adolescente que también fue
vista por última vez en la misma cafetería. Descubrimos que su
cita con Jeff no ha sido algo casual, ni mucho menos, que todo
forma parte de un retorcido plan para sacar la verdad a la
luz... Y, por fin, sólo entonces empezamos a sospechar que la
joven del cártel, la que aparecía de pie en medio del cepo, no
es la pobre presa a punto de morir. Sino el cebo.
Resulta casi inconcebible cómo ha podido tardar tanto en
llegar una versión tan enfermizamente subversiva y, al mismo
tiempo, tan fresca del manido cuento de Perrault. Incluso en
“Freeway”, quizás la relectura más radical antes de esta “Hard
candy”, se seguían perpetuando determinados elementos del cuento
original para hacer funcionar la historia. Sin embargo, la cinta
que nos ocupa tiene la virtud de romper con una de las claves
básicas del cuento pues, por primera vez, en ningún momento es
Caperucita la acechada sino que, ya desde el mismo inicio de la
historia, resulta ser más bien la acechadora. Por otro lado,
también por primera vez se emplean de forma profusa, explicita y
en absoluto sugerida términos de dolorosa actualidad como
“pederastia”, “ilegalidad” y “crimen”. Y es que, si algo va a
cosechar “Hard candy” con toda probabilidad, son levantamientos
de ceja. No en vano, la cinta exhibe en todo momento una moral
de doble vertiente, resbaladiza e incluso incómoda, que
difícilmente podrá digerir el gran público. No serán pocos los
que se compadezcan de Jeff y, casi inmediatamente, se repugnen
ante el hecho de haberse congraciado con un personaje que, como
mínimo, es pederasta. Y así mismo, no serán pocos los que
admiren a Hayley... pero con reservas, horrorizados ante sus
radicales métodos. De hecho, el espléndido guión de Brian Nelson
es lo bastante ambiguo como para no llegar a decantar a ninguno
de ambos personajes hacia extremo alguno. ¿Qué pesa más en Jeff,
la palabra “víctima” o la palabra “culpable”? ¿Es correcto lo
que está haciendo Hayley... o ha ido demasiado lejos?
Efectivamente, “Hard candy” es una película de opuestos que
no sólo se tocan, sino que se confunden. Y, aun siendo su ópera
prima, David Slade dirige con la suficiente astucia como para no
permitir que haya demasiadas distracciones que nos aparten del
corazón del relato. No hay un abuso del “score” ambiental, no
hay más atrezzo del estrictamente necesario. Incluso en lo que
se refiere a la composición de planos, se observa un predominio
de los planos medios y cortos que consigue centrar nuestra
atención no sólo en los dos personajes sino en lo que les está
ocurriendo (tómese como ejemplo el detalle de las gotas de sudor
que perlan la frente de Jeff en una de las escenas más tensas de
la película, gracias a un primerísimo plano que destila buen
gusto y perversión por partes iguales).
Sin embargo, con tan aparente frugalidad de herramientas, hay
que admitir que poco nos ofrecería “Hard candy” de no contar con
los intérpretes adecuados. Películas “de dos personajes” como
“La huella”, “La muerte y la doncella” o "Palabras
encadenadas" marcan
ilustres antecedentes (aunque, en el caso de la última, un
servidor echó en falta que Dario Grandinetti tuviera una
partenaire de mayor calado que Goya Toledo, dicho sea de paso).
No obstante, alivia comprobar que “Hard candy” supera tal
obstáculo más que holgadamente. Ambos actores interpretan, en un
momento u otro y a distintos niveles, lo que no son sino papeles
gemelos, en tanto en cuanto lobos con piel de corderos. Patrick
Wilson se desenvuelve a la perfección tanto en las escenas de
controlada seducción del principio como en las de sufrimiento,
furia y desesperación posteriores, dotando de tanta humanidad al
personaje que acaba consiguiendo algo tan complicado como que
lleguemos a sentir compasión por un pederasta. No obstante,
sería injusto no señalar que la auténtica revelación del film
está en Ellen Page. Cándida y perversa, lúcida y enloquecida,
terrorífica y asustada, pero siempre inquietantemente segura de
sí misma, la Hayley que compone fluctúa entre sentimientos
opuestos con tal fluidez y naturalidad que podemos afirmar
encontrarnos ante una de las grandes interpretaciones de lo que
llevamos de año. Efectivamente, suyas son algunas de las miradas
más intensas que se recuerdan del último cine americano y
aunque, muy posiblemente, no sea éste el tipo de papel que ayude
a cosechar premios, siempre puede enorgullecerse de otros
méritos. Si hay una Caperucita del siglo XXI, ésa es sin duda
ella».
Dani García Crespo
(Lista de
Cine)
«Cualquiera de nosotros,
internautas, ha tenido siempre la curiosidad por saber quién (o
mejor dicho cómo) es la persona que está en el otro lado de
cualquier programa de chat, lista de cine, messenger, foro... y
más de uno (y de dos, seguro) ha quedado. Pues esta película es
un ejemplo de lo que puede pasar, pero no os preocupéis, para
nada es de una jovencita jamona que queda con un psicópata
asesino, ni un energúmeno de los que salen en El Diario De
Patricia.
Chico de treintaipocos, fotógrafo, elegante, guapo,
educado, adinerado y culto queda con chica de 14 años, guapa,
precoz, inquieta, muy confiada y segura de sí misma. Se han
conocido en un chat y han visto que tenían gustos e inquietudes
muy parecidas. Todo parece una historia romántica de esas
imposibles, y muy imposible se volverá, pues a partir del minuto
10, más o menos, la película se quita de un portazo el posible
morbo-romántico para convertirse en un thriller con una
intensidad constante que ya no parará, y además te hace estar lo
suficiéntemente intrigado y dudando hasta pocos minutos del
final.
La película podría pecar de teatral: dos personas en un
espacio cerrado es todo lo que hay en ella, pero el director y,
sobre todo, el guionista son lo suficientemente hábiles para que
eso no pase. El primero juega con la cámara para hacer unos
primeros planos sugerentes al principio, pausados y templados
[durante las escenas] en la casa, y me atrevería a decir que es
casi vídeo digital frenético cuando la acción se acelera o los
personajes salen al jardín (y al terrado), pero en ningún
momento resulta mareante o video-clipero, más bien sigue el
estado de tensión de la película. El guionista consigue que los
diálogos entre los dos pesonajes no parezcan en absoluto
postizos, sobre todo los de la joven, cargados de contenido pero
nunca pareciendo una lección de frases lapidarias. Esto por
supuesto es apoyado por los dos actores, un fantástico Patrick
Wilson y una excelente Ellen Page, de la que oiremos mucho en el
futuro, seguro. Además, cuenta con algunos momentos de verdadera
angustia, sobre todo para el género másculino espectador; a mí
personalmente me hizo pasarlo bastante mal. También es de esas
cintas que, después de salir de la sala, te las llevas contigo,
pues sacarse toda esa tensión de encima cuesta un rato largo»
Imágenes
de "Hard candy" - Copyright © 2005 Vulcan Productions
y Launchpad Productions. Distribuida en España por Aurum. Todos los derechos
reservados.
Página
principal de "Hard candy"
Añade "Hard candy" a tus películas favoritas
Opina sobre "Hard candy" en nuestra Lista de Cine
Suscríbete
a la Lista de Cine si todavía no eres miembro
Recomienda "Hard candy" a un amigo
|