CRÍTICA
por
Javier Quevedo Puchal
En 2001 llegó a las
carteleras "Final
fantasy: La fuerza interior", una película que se
promocionó a bombo y platillo como la primera protagonizada
íntegramente por personajes digitales. De algún mo-do, pareció
que iban a empezar a cumplirse las profecías de diver-sos
agoreros del medio, que pronosticaban el fin de la era de los
actores de carne y hueso. Sin embargo, no pudo estar la realidad
menos a la altura de las expectativas suscitadas: la propuesta
digi-tal se reveló como un espectáculo fastuoso, sí, un
despliegue de imágenes a ratos estremecedor, que llegaba a
representar con un realismo inaudito hasta la última hebra del
pelo de los personajes... pero la triste realidad es que ni Ben
Affleck en sus horas más bajas podría haber dotado a las
interpretaciones de menos alma. La pelí-cula se convirtió así en
un excelente ejemplo de frialdad en el plano de representación
puramente humano, pues no importaba tanto provocar emociones
como epatar con el pretendido realismo de las imágenes.
De no ser por piezas como "La No-via Cadáver de Tim Burton", se
podría seguir manteniendo que el futuro de los actores de carne
y hueso aún es-tá a salvo. Por supuesto, las técnicas de
animación que emplea Tim Bur-ton
(al alimón con Mike Johnson,
aunque vaya por delante que la pelícu-la es, efectivamente, otra
inolvidable excursión a la cabeza del primero) no podrían estar
más alejadas de las ex-hibidas en "Final fantasy: La fuerza
interior". De hecho, frente a las posibi-lidades de la nueva
tecnología, Burton opta más bien por reincidir en la arte-sanal
stop-motion que tan buenos resultados le dio primero en
su cortometraje "Vincent" y después en ese auténtico clásico que
ya es "Pesadilla antes de Navidad" (dirigido por Henry Selick).
Aun con todo, siendo ésta la diferencia más aparente entre ambas
pro-puestas, justo es advertir que no es en ningún momento la
más significativa. Y es que, al igual que ya sucediera con las
otras dos obras burtonianas que hemos mencionado, "La Novia
Cadáver de Tim Burton" consigue trascender los handicaps
inherentes a la técnica empleada y se revela (ya no tan
inesperadamente) como un producto henchido de magia y de un
hálito extraña-mente humano.
El argumento, inspirado en un
macabro cuento popular ruso y adecuadamente reciclado para
ajustarse al estilo y las obsesiones de Burton, narra cómo
Victor Van Dort (a quien en la versión origi-nal da voz
Johnny Depp), un joven
victoriano procedente de una fa-milia de nuevos ricos, se ve
forzado a casarse por conveniencia con la señorita Victoria
Everglot (Emily Watson),
descendiente de una buena familia en franca decadencia. Aunque
no se conocen, ningu-no de los dos está particularmente
emocionado con una boda que enfocan como si de un entierro se
tratara, pero las cosas cambian el día que por fin se conocen.
Sin embargo, un desafortunado inci-dente en el bosque después de
los ensayos previos a la boda, ha-ce que Victor se vea
comprometido por accidente con el cadáver de una mujer que nunca
llegó a ser desposada en vida...
Del mismo modo que la compren-sión hacia la alteridad, es el
contraste de mundos una constante que se ha venido dando desde
siempre en la obra burtoniana. Así, en “Bitelchus” vemos un
choque entre el hortera mundo de los vivos y un mundo de los
muertos menos “distinto” al de los vi-vos de lo que se podría
esperar. Tam-bién “Pesadilla antes de Navidad” se cierra con una
fascinación mutua en-tre el reino de Halloween (inevitable-mente
abocado a la oscuridad) y el fe-liz mundo de la Navidad. O
incluso en “Big
fish”, la narración fluctúa cons-tantemente entre el
soso mundo en el que agoniza el protagonista y el mundo
fantástico que sigue habitando en su sólida imagina-ción. Como
no podía ser de otro modo, también “La Novia Cadáver de Tim
Burton” retoma estas marcas de la casa y las lleva a un nuevo
estadio que, como en todos los ejemplos citados, resulta
en-teramente disfrutable tanto por niños como por adultos. El
contras-te esta vez nace entre el mundo de los vivos (un mundo
victoriano y, por tanto, rígido y “frígido”, irónicamente
muerto) y el mundo de los muertos (un mundo mucho más feliz,
colorido y, de nuevo iróni-camente, vivo). Así, mientras el
mundo victoriano se hace eco de las influencias góticas y
expresionistas tan apreciadas por Burton, mezclándolas con un
sentido del humor más adulto y posiblemente menos apreciable por
un niño, el ingenio desplegado en las se-cuencias situadas en el
otro mundo nos remite sin duda a la locura de “Bitelchus” y, por
descontado, al reino del inefable Jack Skele-ton.
Por otro lado, también hay
que destacar el diseño de persona-jes, sencillamente delicioso
y a todas luces más elaborado que en la película de Selick (con
la honrosa salvedad, naturalmente, del gusano que habita en la
cabeza de la Novia Cadáver, que lamenta-blemente resulta ser un
diseño de la peor calaña), así como la ban-da sonora del
indispensable Danny Elfman
(excelente aunque, eso sí, un tanto menos inspirada que su
composición para la pelí-cula de Selick).
En definitiva, y al igual que
ocurre con cada una de sus nuevas películas, “La Novia Cadáver
de Tim Burton” se revela como una ra-ra avis de la cartelera,
una pequeña joya de oscuro ingenio capaz de llegar a arrancar
latidos a sus diminutas marione-tas. Una obra maestra de magia
sobre técnica y sensibilidad sobre espectáculo... lo cual,
en un mundo de realidad inevitable-mente pixelada como el que
nos ha tocado vivir, no deja de ser to-do un logro. Cien por
cien recomendable.
Calificación:
    
Imágenes de "La Novia Cadáver de Tim Burton" - Copyright ©
2005 Warner Bros. Pictures, Tim Burton Animation, Laika
Entertainment y Will Vinton Studios. Distribuida en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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