CRÍTICA
por
Julio Rodríguez Chico
La medicina del
cariño
El
director de "Lamerica" y "Niños robados" nos ofrece un drama
intimista en torno a la enfermedad de un niño minusválido desde
el nacimiento, y a un padre que vive con el sentimiento de culpa
de haberlo abandonado tras morir su madre soltera. Como ya
hiciera al acercarse al problema de la inmigración, la cámara de
Gianni Amelio mira con
humanidad a quienes la sociedad juzga como desfavorecidos y
marginales: sus personajes son seres indefensos y sencillos,
pero con una riqueza interior que conmueve al especta-dor y que
los convierte en despertador de una sociedad egoísta y
deshumanizada.
Paolo es
un niño huérfano de quince años, con deficiencias físi-cas y
mentales desde el parto. Gianni, su padre, le abandonó al
conocer su deformidad, pero ahora ha accedido a llevarle a
Berlín para una operación que le recupere su salud. Ambos
iniciarán un viaje primero hacia Alemania y después a Noruega
—en busca de un amor platónico que el chico ha conocido por
internet—, que se convertirá en otro interior de mutuo
conocimiento y aceptación. En el hospital, Gianni conocerá a
Nicole, mujer que ha dedicado su vi-da al cuidado de su hija
—también discapacitada—, y que le servi-rá de guía de aprendizaje
para superar su culpa pasada y a no aver-gonzarse del hijo
enfermo.
Por
encima de la historia personal, el director disecciona un mal de
nuestro tiempo: el hedonismo como camino de búsqueda de la
felicidad, junto a la huida y rechazo del dolor como obstáculo
para alcanzarla. Para salir al paso de ese planteamiento, será
la propia Nicole quien diga a Gianni que el problema no lo tiene
el enfermo —al que la propia enfermedad protegerá al provocar
compasión en los demás—, sino la familia y la sociedad, que no
acaban de des-cubrir su riqueza y aportación; o también la
enfermera del hospital, que señalará al padre que esconde su
identidad que allí se curan enfermedades, no la vida privada de
la gente.
El espectador puede sentirse incó-modo por momentos, ante escenas
dolorosas como la del niño que se es-fuerza por andar en la sala
de rehabili-tación o cuando los nervios le condu-cen a oscuridades
interiores que de-sesperan al sufrido padre: Amelio no
escatima la dura realidad ni la vis-te de discursos utópicos y
fáciles, sino que deja ver tanto la cara co-mo la cruz de la
enfermedad. Sin embargo, ese sufrimiento, el modo tan humano
de recogerlo y trasmitirlo, ayudarán a quien vea la película a
sentirse más humano, mejor persona: los más nobles sentimientos
aflorarán y descubrirá el valor de los considerados como seres
“improductivos”, “carga” o “desgracia”; con razón, vemos cómo al
comienzo el tío de Paolo le echa en ca-ra a un Gianni temeroso y
dubitativo que “tienes un hijo que no te mereces”.
No
obstante, no estamos ante un cine sentimental o edulcorado.
Amelio busca la realidad más pura, sin grandilocuencia ni
conmise-ración, y logra un equilibrio no exento de dramatismo y
emotividad. Muchos de sus planos respiran cierto aire
documental: en es-te sentido, convencen más las escenas del niño
en su esfuer-zo diario por convivir con sus limitaciones que los
intentos de aproximación de un Gianni a veces algo artificioso,
y éstos más que las apariciones de Nicole, personaje que sirve
más bien de catalizador para trasmitir su pensamiento sobre la
verdadera en-fermedad de la sociedad: la falta de auténtico
cariño, única llave pa-ra abrir la puerta que conduce a la
felicidad. Con la cámara por las calles alemanas y el frecuente
recurso a los primeros planos, la pe-lícula adopta un aire fresco
y lleno de verdad. Las interpretaciones son convincentes para
una película que tiene toda su fuerza en la historia y en la
mirada del director, con un Andrea
Rossi que pone sus discapacidades al servicio del
personaje y una Charlotte Rampling
que encarna con sutileza y contención su drama fami-liar.
Historia
personal sobre la necesidad del amor —la escena en que Paolo
escribe la carta a Kristine es sencillamente antológica—, sobre
la dignidad de cualquier persona y sobre el valor del dolor y el
sufrimiento. Auténtica bofetada a la mentalidad hedonista y
de triunfo, y lección de cine sincero y humano. Al final, el
es-pectador se sentirá removido por la realidad mostrada, e
in-clinado a mirar lo que de más valor hay en la vida.
Calificación:
    
Imágenes de "Las llaves de casa" - Copyright © 2004 Rai
Cinema, Achab Film, Pola Pandora Film Produktion y Arena Films.
Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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