CRÍTICA
por
Joaquín R. Fernández
Uwe Boll vuelve a la carga. No contento con
dejarnos patidifusos con ese engendro llamado "House of the
dead", este realizador ale-mán regresa con la intención de
mancillar la reputación de otro vi-deojuego, en este caso una
auténtica maravilla que en su día creó Infogrames y que supuso
el comienzo de un género, el survival ho-rror, muy conocido
actualmente gracias a la saga "Resident evil". Lo triste es que
este individuo pretende seguir trasladando a la gran pantalla
una serie de títulos que han triunfado en el mundo de las
consolas o en el de los ordenadores, apañándoselas incluso para
disponer de apetecibles presupuestos que, aunque lejos de los
destinados por los grandes estudios a sus habituales
superproduc-ciones estivales o navideñas, al menos le deberían
servir para con-feccionar filmes que no se asemejaran a vulgares
largometrajes de serie B.
Sin embargo, la incapacidad de Boll para dirigir es
tal que ese es precisa-mente el resultado que está
obtenien-do con sus últimos trabajos, unos au-ténticos
bodrios que, a pesar de fra-casar en la taquilla y, por
tanto, de ser despreciados por el público, esta vez
con todo merecimiento ("House of the dead" apenas
recaudó diez millo-nes de dólares en el mercado
estado-unidense, mientras que "Alone in the dark" se ha
tenido que conformar con unos paupérrimos cinco
millones), no nos van a librar de su presencia en las
salas de cine durante los años ve-nideros (en
"Bloodrayne", por ejemplo, se permite el lujo de
contar con un reparto encabezado por Ben Kingsley,
Kristanna Loken, Mi-chael Madsen, Michelle Rodriguez,
Geraldine Chaplin, Billy Zane, Meat Loaf, Udo Kier y
Michael Paré, algo que, desde luego, tampo-co dice
mucho a favor de estos intérpretes).
Centrándonos ya en la película que es objeto de esta
crítica, lo primero sería abordar su argumento, que
nada tiene que ver con el juego original y en el que
no existe cohesión alguna. Los diálogos son risibles
(raro es el personaje que pronuncia frases demasiado
largas, no vaya a ser que su cerebro explote),
mientras que la descripción de los protagonistas
deviene en un auténtico dis-parate. Edward Carnby es un detective
de hechos sobrenaturales marcado por un pasado que, por
supuesto, le traumatiza. A su lado nos encontramos con una
jovencita que, cosas de la vida, en la pri-mera escena en la que
aparecen juntos le recibe con efusividad y sonrisas para, justo
después, arrearle un puñetazo. El caso es que esta chica, que en
principio parece que va a convertirse en el cere-brito del grupo,
termina comportándose como la típica actriz de una cinta de
Steven Seagal, esto es, se limita a seguir a Edward como si en
realidad fuera su sombra. Por último, no falta un tipo medio
tarado que quiere que unos cuantos demonios se apoderen de la
humanidad y un militar que se lleva muy mal con Carnby pero que,
cómo no, al final del relato se percata de que no le juzgó bien
y co-laboran para evitar que la
maldad reine en el mundo.
Pero lo peor llega cuando todos es-tos elementos se
fusionan con una realización abominable, de tal for-ma
que contemplamos con desga-na unas cuantas escenas de
ac-ción muy mal rodadas y en las que tan pronto se
utiliza la cámara lenta como se aceleran las imágenes,
por no hablar de que hay pasajes, princi-palmente
durante los tiroteos, en los que uno es incapaz de
enterarse de lo que está sucediendo ante nuestros
ojos. Por otra parte, los que crean que van a
encontrarse con un filme de terror no podrían pensar
de manera más equivocada. Boll emplea recursos tan
conocidos por el públi-co, como el manejo de la
oscuridad o la aparición de zombis y unos bichejos
digitales que pretenden asemejarse a los de la saga
"Alien, el octavo pasajero", que uno termina cansado
de tanta para-fernalia sin sustancia.
Pero eso no es lo peor de todo; "Alone in the dark"
es una pelí-cula aburridísima, y eso que su duración
sobrepasa ligera-mente los noventa minutos. Los
fotogramas se suceden entre los bostezos del
espectador, a quien sólo le queda una alternativa si
al menos desea pasar el rato durante la proyección:
tomarse a recochineo todo lo que está viendo y empezar
a soltar carcajadas con los desatinos que se suceden
durante toda la cinta. Porque, efectivamente, este
largometraje pertenece a esa clase de títulos que, al
ser tan malos, al menos uno puede reírse con las
propues-tas que nos presenta (y es que basta saber que
cuatro composito-res colaboraron en la creación de la
banda sonora como para co-menzar a desternillarse).
Eso sí, algo que ha mejorado Uwe Boll con respecto a
su anterior traba-jo, "House of the dead", es el
reparto, en el sentido de que al menos ahora cuenta
con algunos intérpretes reco-nocibles por el
espectador. Christian Slater,
Tara Reid y
Stephen
Dorff, cuyas carreras no se puede decir que estén
precisamente en su punto más álgido, hacen lo que
pueden con el li-breto que tienen entre manos. De
he-cho, uno se pregunta, por ejemplo, si la desgana que
se vislumbra en el rostro del primero forma parte de
su actuación, otorgándole de este modo a Carnby un
aspecto más abandonado, o por contra se debe en gran
medida al desinterés del actor por lo que está
haciendo. Poco importa, lo único cierto es que "Alone
in the dark" es una de esas producciones que
convierten en auténticos genios a directores co-mo
Michael Bay o John Woo.
Calificación película:
    
Calificación
banda sonora original:
    
Imágenes
de "Alone in the dark" - Copyright © 2005 Lions Gate
Films, Boll KG Productions, Herold Productions y Brightlight
Pictures. Distribuida en España por New World Films. Todos los derechos
reservados.
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