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Dirección: Alex Bowen Carranza.
Países: Chile, Argentina y España.
Año:
2005.
Duración: 100 min.
Género:
Drama, comedia.
Interpretación: Nicolás Saavedra
(Rodrigo Rojas), Erto Pantoja (Osvaldo Ferrer), Miguel Dedovich
(Enrique Ocampo), Jorge Román (Carlo Alberti), Juan Pablo
Miranda (Guillermo Mancilla), Pablo Valledor (Jorge Salazar),
Felipe Braun (Capitán Riquelme), Víctor Montero (Javier Orozco),
Andrés Olea (José Almonacid), Diego Quiroz (Figueroa).
Guión: Julio Rojas y Paula del
Fierro.
Producción: Alez Bowen Carranza y
Pablo Trapero.
Música: Tobar & Miranda.
Fotografía: José María Hermo.
Montaje: Danielle Fillios.
Dirección artística: Verónica Astudillo.
Vestuario: Loreto Vusckovic.
Estreno en España: 8 Septiembre 2006. |
CRÍTICA
por
Julio Rodríguez
Chico
Hermanos de
sangre
El conflicto serbo-bosnio permitió a Denis Tanovic hablar en su
película
"En
tierra de nadie (No man's land)"
sobre el absurdo de la guerra, en tono tragicómico y con cierto
aire documental. Más tarde, las trincheras de la Gran Guerra
fueron el marco idóneo para que Christian Carion enfocase dicho
enfrentamiento en
"Feliz
Navidad"
como el empeño de las autoridades por mantener unas posiciones
de espaldas al pueblo llano, más proclive a la natural
confraternización y a intercambiar alimentos navideños en lugar
de munición. Ahora, Alex
Bowen se ha
propuesto hacer una mixtura de ambas y trasladar idéntico
planteamiento a las tierras de la Patagonia, donde amigos y
familiares se reparten y confunden entre territorios chileno y
argentino, y donde estuvo a punto de estallar en 1978 una guerra
fantasma y, como todas, irracional.
Hacia la frontera indefinida entre ambos países parte un
destacamento de cinco chilenos imberbes, al mando de un sargento
de modales bruscos y aparente firmeza. Su objetivo es determinar
y defender esa línea invisible ante un posible ataque enemigo.
El caso es que del otro lado se han planteado similar
estrategia, con lo que encuentros y desencuentros están
servidos. Como se ve, el argumento no resulta novedoso, con
intenciones pacifistas muy trilladas por el cine desde los
tiempos del Renoir de "La gran ilusión”. Pero eso no resta
méritos a esta película de bajo presupuesto y
marcado carácter realista, que busca a los personajes por debajo
de situaciones esperpénticas:
en ese sentido resulta estremecedor, por ejemplo, el cruce de
miradas de mandos y tropa al final de la contienda, con un
trasfondo que rebosa desencanto e incredulidad por lo vivido. La
realidad en plena pampa austral obliga a los dos pelotones a
entenderse con el sentido común, sin órdenes de superiores ni
eslóganes aprendidos maquinalmente en sus prácticas milicianas.
Así, la necesidad de penicilina ante la gravedad de un soldado
herido, la posibilidad de dirimir sus diferencias y sana
rivalidad patriótica en un partidillo de fútbol –estupenda
secuencia que concluye con un penalti interrumpido por la
llegada de un par de aviones de caza–, o la solidaridad con que
el oficial argentino se presta a enviar cartas de despedida de
su "mejor enemigo" se imponen a esa otra visión desde arriba con
que se vive cada conflicto, algo que queda manifiesto en la
cinta con un montaje paralelo en que las autoridades se preparan
para el ataque mientras que los soldados protagonistas se
divierten y bailan un tango.
El director chileno desarrolla una trama
sencilla de tono agridulce, encaminada a resaltar los restos de
humanidad que sobreviven a la tragedia de la guerra. Es una
aproximación respetuosa y nada partidista, a medio camino entre
la denuncia y la esperanza
puesta en el amor y la solidaridad. La historia tarda en
arrancar, con una primera media hora en que los chilenos y su
sargento se adentran en territorio de nadie, que resulta un
tanto lenta y espesa de digerir. Con la llegada del enemigo y la
diversificación de los puntos de vista, la narración cobra vida
y cierta fuerza, aunque nunca alcanza el dramatismo de la cinta
de Tanovic ni la emotividad de la de Carion. No le faltan
recursos fílmicos en busca de verosimilitud, con una cámara ágil
y nerviosa para los breves momentos de intervención armada, los
habituales travelling que recorren la trinchera, las panorámicas
de la desértica pampa para trasmitir soledad, o la abundancia de
primeros planos en busca de expresividad en los rostros. Por su
parte, una fotografía hiperrealista de grano grueso aporta el
carácter de proximidad al terreno inhóspito, y una banda musical
apenas perceptible deja protagonismo a los efectos de sonido,
contribuyendo a crear la sensación de un peligro inexistente.
Las interpretaciones son aceptables, aunque su papel no sea
decisivo en el desarrollo de la cinta, pues sus personajes son
intencionadamente esquemáticos en el guión. Con todo, Bowen se
sirve de una puesta en escena sobria para crear un microcosmos
en el que siempre hay voces discordantes, que intenta conmover
en unos momentos y mostrar desolación en otros, con elementos
metafóricos que hablan de un hombre contradictorio y una
sociedad sin brújula –la presencia y nombre de la perra tiene su
sentido–, en un intento de reflexionar sobre la incoherencia en
que vivimos.
Un nuevo acercamiento al esperpento de la guerra y a la
humanidad atropellada, correctamente construida
aunque con algunos altibajos de guión y cierta falta de fuerza
dramática y emotiva.
Sin embargo, gustará a los aficionados al género y a los amantes
de estas pequeñas películas independientes que entienden el cine
como una manera de acercarse al mundo y no sólo de pasar el
rato.
Calificación:
    
Imágenes
de "Mi mejor enemigo" - Copyright © 2005 Alce
Producciones, Matanza Cine y Wanda Visión. Distribuida en España
por Nirvana. Todos los derechos
reservados.
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