CRÍTICA
por
Tònia Pallejà
Sobre cómo sepultar una buena
idea
Con tan sólo una semana de
diferencia se han estrenado en nues-tras carteleras dos destacadas producciones francesas
encamina-das a emular a sus parientes norteamericanas dentro del
género policíaco, pero a pesar de que "El imperio de
los lobos" y la actual "Asuntos pendientes"
asumen planteamientos distintos, ambas al-canzan un resultado
igual de poco satisfactorio, al estropear una idea interesante con su
obtuso
desarrollo y desafortunada ejecu-ción.
Con dos pesos pesados de la
esce-na gala, el reputado Daniel Auteuil
y el internacional Gérard Depardieu,
como principal reclamo, el largometra-je sigue el descenso a los
infiernos del
comisario Léo Vrinks, un policía de cuestionables métodos que se
ve presionado por su superior para dete-ner a una brutal banda de
atracadores que llevan varios meses actuando con total
impunidad en París. Tal hazaña supondría su esperado ascenso
a Je-fe de la Policía Judicial, sin embargo, Vrinks deberá
competir para el puesto con el no menos reprobable Denis Klein,
al mando de otra brigada. Una encarnizada guerra quedará abierta
entre Vrinks y Klein, antaño compañeros y amigos, y ahora
separados por una encendida enemistad debida a... ¿a?... Ah....
Bien, debida básicamente a los convenientes dictados del guión.
Lo mejor que puede decirse de
"Asuntos pendientes" es que con-taba con todos los ingredientes
necesarios para convertirse en una memorable película, y no sólo en un
genérico pasatiempo de usar y tirar: una trama de corrupción
policial, ambiciones enfrentadas y juego sucio, exenta de héroes
y sumida en ambientes turbios in-fluenciada por el noir
clásico, con un inusual abordaje dramático, crudo, amoral y
melancólico, que predomina sobre la violenta ac-ción e
insubstancial intriga. Lamentablemente, su puesta en prác-tica ni
ha resultado ser tan competente, ni cumple siquiera con el
cometido de entretener, por lo que sólo me queda recomendarla
co-mo incitador del sueño, con la confianza de que, mientras
echan una cabezadita, los espectadores no se habrán perdido
mucho más que los propios guionistas durante el proceso de
escritura.
Su mayor obstáculo se encuentra en una narración
excesivamente inconexa, precipitada y arbitraria que juega al
escondite, abusando de las casualidades y los sobreen-tendidos
más allá de los máximos permitidos por la ley. De este modo, la
cinta se encarga de marear al per-sonal durante casi dos horas
con un mero desfile de escenas olvidables y otras tantas que
parecen haberse olvi-dado, y donde todo se va encadenan-do a
marchas forzadas, por puro ca-pricho y sin aparente solución de
con-tinuidad, despistándonos con una re-tahíla de personajes que
entran y salen sin que nadie haya tenido la deferencia de
presentárnoslos... no les pidas que además te ex-pliquen el
porqué de su comportamiento. Seguramente el libreto contiene
unos cuantos tópicos por metro cuadrado, pero con las prisas que
se dan por cambiar de foco de atención, no te da tiempo a
verlos, sólo a intuirlos. A ello cabría sumar un afectado tono
que intenta aportar inútilmente gravedad a un relato en el que
resulta imposible implicarse; una tarea en la que colabora la
rimbombante partitura compuesta por
Erwann Kermorvant
y Axelle
Renoir, presente hasta en
la sopa.
Creo que debajo de este
batiburrillo en que ha quedado traducida (o encriptada, para ser
más precisos), "Asuntos pendientes" pre-tendía ser una historia
más centrada en los personajes que en los eventos del caso, en
una línea similar, salvando las insalvables dis-tancias que las
separan, a "Training
day (Día de entrenamiento)" o "Heat" de
Michael Mann, con dos sólidos protagonistas enfrenta-dos en una
peculiar dinámica como rivales. Algo que se hace más evidente
en su última parte, cuando da un notable giro hacia un asunto
de venganza que justificaría el título que se le ha adjudicado
en España, aunque llega demasiado
tarde y está demasiado mal resuelta para rescatar este
desaguisado. Tema aparte sería el po-bre concepto que tienen sus
responsables de construir a dos sólidos protagonistas, porque
aquí lo que tenemos es un pro-tagonista mal dibujado y a otro tan
desdibujado que no llega ni a protagonista. En el caso de Daniel
Auteil, la cosa se reduce a sacarlo mucho, muy intermitentemente
y en situaciones variadas, desde las más cotidianas hasta las
más extremas; Gérard Depar-dieu aparece menos y en circunstancias
menos variadas, así que a efectos prácticos es un segundón. Y
esta descompensación entre la forma en que son presentados ambos
caracteres no ayuda a que nos creamos la tensa relación que los
une ni aquellos motivos que conforman su idiosincrasia. En fin,
rectifico: habrá que buscar muy debajo y muy al fondo para
apreciar las válidas intenciones de este film.
Por desgracia, la realización sólo
contribuye a aumentar la sensación de atropellado caos y
letargia reinan-tes. Al menos hay
algo en lo que se pusieron de acuerdo.
Olivier Mar-chal es un antiguo policía que se ha
pasado
el resto de su vida sacando rédito de su experiencia en el
Cuerpo, ya fuera actuando o escribiendo para series televisivas
sobre detectives, ya fuera a través de su opera prima
"Gangsters". No vamos a negar que Marchal conoce mejor que nadie
los entresijos del mundillo, y viendo la for-ma inmisericorde con
que lo retrata, tampoco es de extrañar que lo abandonara, pero
como director tie-ne menos dominio de los
recursos narrativos que un berberecho enlatado. Y estoy siendo
generosa. El rasgo visual más llamativo de la película son unos
rápidos y forzados cambios de plano total-mente anticlimáticos, y
unos lentos y reiterativos desplazamientos de cámara laterales y
frontales totalmente anticlimáticos, mientras que los tiroteos,
persecuciones y carreras al volante (por si hacía falta
aclararlo, totalmente anticlimáticos) se ven envueltos por una
factura de barato serial televisivo. El saldo final es un
pretencioso quiero-y-no- puedo que sepulta todos los logros
conseguidos.
Con este panorama, el
sobresaliente reparto es el encargado de aportar la única nota
de calidad que rodea a "Asuntos pen-dientes". Daniel Auteuil se
entrega con brillantez a un papel difícil y alejado de aquello a lo que nos
tenía acostumbrados, supliendo con su buen oficio los vacíos del
libreto hasta allí donde le es posi-ble. Peor parado sale Gérard
Depardieu, del que sólo se puede afir-mar que cumple sin
convencer ni parecer muy convencido. Final-mente, el veterano
André Dussollier, como el
director de la Policía Robert Mancini, y la italiana
Valeria Golino,
como la discreta es-posa de Vrinks,
son otros de los rostros conocidos que congrega este largometraje,
cuyo título original, "36, Quai des Orfèvres", ya empleado en el
clásico de Henri-Georges Clouzot de 1947, hace re-ferencia a la
popular sede central de la policía parisina. Si a esto le
añadimos que la película se inspira en unos hechos reales y que
muestra unos ambientes de la capital gala poco transitados por
el cine, supongo que poseerá un mayor atractivo para el público
local, aunque a nosotros se nos escapen muchos matices.
Calificación:
    
Imágenes
de "Asuntos pendientes" - Copyright © 2004 Gaumont,
LGM Productions y KL Productions. Distribuida en España por Sony
Pictures Releasing de España. Todos los derechos
reservados.
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