CRÍTICA
por
Miguel Á. Refoyo
La deshumanización y la
violencia rural
"Bosque de sombras" es un
impecable fresco a modo de intencional e ilustrativo western de
tintes crepusculares que supone una lección de cómo la
incomunicación genera una incontrolable violencia.
De todos es sabido que el
cine español no anda muy sobrado de talentos ni de títulos lo
suficientemente interesantes que hagan paliar la posición rácana
y a veces esperpéntica en la que muchas veces la cinematografía
patria incurre con películas de sonrojante mediocridad. Por eso,
cuando aparecen películas como "Bosque de sombras", debut en la
realización del premiado cortometrajista
Koldo Serra, la esperanza de
futuro parece reverdecer su sentido, aportando un ilusionante
albor de calidad dentro del fétido túnel en que se ha convertido
el cine español que tiene una generación de savia nueva
destinada a recolocarlo en un posición mucho más digna que en la
que se encuentra sumida. Y es que este filme expele un talento
reconocible y admirable por parte de su joven cineasta, que ha
demostrado, con esta primera muestra de su trabajo en el
largometraje, que sabe narrar historias de una forma
convincente, con arrojo y riesgo, con una aguda capacidad
técnica que va mucho más allá del gusto o no por esta historia
ubicada en un caluroso verano de 1978, donde un matrimonio
sumido en una crisis conyugal se adentra, buscando un respiro
vacacional junto a una pareja amiga, en la espesura de un bosque
donde tropezarán con la descortesía de los que allí habitan,
encontrando un brutal enfrentamiento al descubrir el terrible
secreto que éstos ocultan.
En esta ópera prima es ineludible hacer mención de
películas a las que Serra ha acudido conscientemente para
sustraer la materia prima con la que tejer su particular
historia: "Perros de paja" de Peckinpah, "Deliverance" de
Boorman, "La caza" de Saura, "Furtivos" de Borau, o el entorno
paisajístico de "La fuga de Segovia" de Uribe o "Tasio" de
Armendáriz. La historia de "Bosque de sombras", en este caso,
es una fábula universal, vista en otras muchas ocasiones, pero
desde una nueva perspectiva, la de un diestro autor que aborda
su historia sin miedo, sabiendo de lo complejo de la
aventura, invitando al público a sumergirse sin preámbulos en
este fatídico relato sobre la incomprensión y la incomunicación,
donde la alienación interna va deshumanizando a los personajes,
encerrados en una ergástula metafórica como es el espacio
abierto y natural de un bosque, un lugar que pone en cautividad
sentimientos, secretos, odios y envidias. Serra deja claro que
sabe jugar sus cartas, crear ese ambiente opresivo llevado a la
alta montaña. Ya en su inicio plantea esa diatriba matrimonial
donde las miradas atraviesan, donde el rencor y el recuerdo de
un hecho terrible destruyen el afecto. Serra encadena
rápidamente su historia con una táctica que consiste en que los
roles protagonistas rompan cualquier empatía con el espectador,
guardándose la adjudicación del respeto y la afinidad para más
adelante, cuando se descubra que no hay ni buenos ni malos, sino
pobres diablos a los que el cansancio y el resentimiento han
hecho mella. Un cansancio asumido por todos sus personajes; en
una relación acabada, en un secreto que esconder, en una derrota
aceptada, en una muerte anunciada…
"Bosque de sombras" se empapa así del sentido del
western crepuscular, habitado por hombres sin tierra,
familias adulteradas o defectos malsanos ocultos y
menospreciados que se contraponen con esa vuelta a los ancestros
de Paul (Gary Oldman), en
este caso, al arcano lugar de origen donde uno se siente (y es)
extranjero. Una historia de desterrados, de gente solitaria
avocada al desarraigo. Personajes, en definitiva, hundidos antes
de vivir su historia, como en las grandes tragedias clásicas. En
ese orbe malsano, se encuentra la clave del filme, imperando
constantemente en su discurso la confrontación de culturas, la
eterna dicotomía entre los extranjeros llegados de la ciudad y
las costumbres de los agrestes provincianos de campo, del
progreso enfrentado a la tradición, que encuentra aquí una
visceral expresión de choque, que lleva, consecuentemente, a
aflorar de forma implacable la verdadera naturaleza del ser
humano, destructiva y violenta, vengativa y sórdida.
La violencia, tan
importante en las citadas películas de las que Koldo Serra ha
tomado su trasfondo, emerge aquí en su extraña circunstancia de
adulteración de la paz paisajística por una hostilidad latente
que va in crescendo hacia el clímax final. Las acciones y
mentiras obsesivas terminan por deformar la realidad,
cristalizando la violencia generada por la venganza, el placer
de autosuperación o el simple instinto de superviviencia. Todo
ello en un contexto viciado por la ausencia de ley, que invita a
reflexionar sobre el comportamiento moral y ético del ser
humano.
Para Serra prima más el
concepto de la derrota causada por la incomunicación y el
fracaso, que las propias motivaciones que llevan a los
personajes a actuar de la manera en que lo hacen. Simplemente
son perdedores frustrados, seres carcomidos por el miedo y la
cobardía, por la poquedad moral con la que actúan, gentes que
representan óbito de las relaciones humanas. "Bosque de sombras"
es, ante todo, un western que bebe de las convenciones y
recursos narrativos del género, desmitificando sus códigos a
través de su atmósfera rural, de sus cánones temporales, de ese
trasfondo de la España profunda que sigue inmutable en el
tiempo. Unas convenciones que confluyen en una mirada innovadora
y firme, que sabe ensamblar todos sus elementos con una
consistencia que supera, con mucho, el mero ejercicio de
sincretismo especulativo. Un drama fronterizo e inaccesible,
donde, a la hora de trazar sus retratos, Koldo Serra no
ahorra los rasgos menos favorables de los personajes, bien sean
principales como, sobre todo, secundarios. Lo que confiere a la
acción esa condición de insalubre realidad contaminada por los
defectos humanos.
A pesar de los lógicos
errores de una ópera prima, aquí apenas imperceptibles dada la
perfecta orquestación de imágenes que exhiben el innegable
talento narrativo de su autor, esta primera película representa
un redaño de creación libre, que lleva consigo un sentimiento
constante de escepticismo por lo narrado, enfriando hasta lo
gélido los instantes de suspense, siguiendo siempre una
digresión entre la creciente intensidad y la lenta progresión
que desemboca en la tortuosa incursión hacia la alteridad
violenta de un filme sobresaliente.
A pesar de presentarse
como un thriller y ser, en su fondo, un western,
"Bosque de sombras" conlleva en su celuloide una actitud
voluntariamente lenta, a veces sofocante, cuya densidad es
utilizada como metáfora de ese bosque palpitante, donde la
violencia se sentirá mucho más intensamente por la calma que va
incrementando la sensación de soledad y ahogo de los bosques.
Con un tono seco, sobrio y con un tipo de ritmo (a veces
desigual), el montaje utilizado por Serra prescinde de una
función demostrativa dentro de la acción, porque para él lo
importante, dentro del gran oficio demostrado por el joven
autor, es conferir a la historia el ritmo necesario, tenue y
apagado, que va parejo a la más que notable utilización del
sonido, que aporta a "Bosque de sombras" uno de sus más
destacados logros dentro del conjunto de un filme en el que no
hay que olvidar la lección fotográfica que vuelve a dar un
inspirado Unax Mendía.
Por supuesto, no hay que
olvidar la virtuosa destreza con la que Koldo Serra ha mimado la
interpretación de los actores dentro de su presentación en el
mundo del largometraje, pues absolutamente todo el casting
está estupendo; desde las sendas clases magistrales que dan
Lluís Homar (hay que incidir en lo impresionante del
actor catalán) y el resolutivo Gary Oldman, la frialdad
antipática de la dulce Virginie Ledoyen,
pasando por la corrección de Paddy
Considine y Aitana
Sánchez-Gijón hasta llegar a los secundarios que,
gracias a lo granado de un guión con algún que otro contrapeso,
importan tanto o más que los propios protagonistas. Por eso
Jon Ariño,
Cándido Uranga,
Andrés Gertrudix,
Yaiza Esteve,
Álex Angulo y el entrañable cameo de
Patxi Bisquert resultan
inolvidables una vez vista esta película que supone otra muestra
de que el riesgo, bien jugado, puede saldarse con una victoria.
"Bosque de sombras" es un
impecable fresco a modo de intencional e ilustrativo western
de tintes crepusculares que supone una lección de violencia,
rencores y cobardía, de quebradizas relaciones afectivas y de
explosiva introspección al lado oscuro del ser humano. Un
tortuoso y hábil periplo hacia el concepto de la derrota causada
por la negación y el arrepentimiento, donde las miradas o los
gestos son tan destructivos como las armas que provocan la
muerte.
Calificación:
    
Imágenes
de "Bosque de sombras" - Copyright © 2006
Castelao Producciones y Monfort
Producciones. Distribuida en España por Filmax. Todos los derechos
reservados.
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