CRÍTICA
por
Leandro Marques
Búsqueda de identidades
La construcción de una identidad só-lo es posible como resultado
de un proceso previo de deconstrucción de la misma. Preguntarse
por el “yo” es, al menos en parte, preguntarse por lo que
fueron, hicieron y vivieron los seres que posibilitaron la
existen-cia física y material de ese “yo”. Para Jonathan Safran
Foer, interpretado por Elijah Wood,
el protagonista de “Eve-rything is Illuminated (Todo está
ilumi-nado)“, es indispensable viajar hacia sus raíces para
terminar de aprender y entender cuál es su razón de ser en este
mundo. Sus raíces, por cierto, no quedan a la vuelta de la
esquina: están en Ucrania. En un anti-quísimo pueblito del que
escapó su abuelo para llegar a América antes de que sea
destrozado por los alemanes durante la Segunda Guerra Mundial.
Un rasgo
peculiar define la personalidad del personaje principal de esta
opera prima de Liev Schreiber:
es un fanático coleccionista de objetos familiares. Una enorme
pared es el marco que sirve de muestra de una interminable
recopilación de piezas de distinta ín-dole, grandes, pequeñas,
bellas, no tanto, todas significativas por alguna razón para
Jonathan, quien convirtió ese muro en su gran obsesión. Antes de
morir, su abuelo le dejó una foto vieja y miste-riosa para su
pared: allí se ve posar a él, todavía joven, junto a una mujer a
orillas de un mar. Un poco de investigación le sirvió al
pro-tagonista para enterarse que ella había sido la mujer que,
por amor, posibilitó la huida de su abuelo de la segura muerte a
manos nazis. La búsqueda de aquella intrigante dama, entonces,
se convirtió pronto en su nueva misión, en la pieza que faltaba
para completar su pared y su propia historia. Sin demoras para
decidir, el joven Jo-nathan emprendió viaje a Europa del
Este.
Su
llegada a la lejana Ucrania poten-ciaría su obsesión, pero
también le enseñaría que no se puede vivir preso de ella. Por
esa razón, “Everything is Illuminated” no puede definirse como
la simple historia de la obsesión de un coleccionista. Mucho más
se trata de una road movie en la que el cons-tante
movimiento, la búsqueda y el viaje mismo son canales a través de
los cuales el realizador intenta abrir diálogos con el
espectador. La cinta de Schreiber sostiene su principal vir-tud
en su intención comunicativa. Su recurso principal consiste
en ir arrojando preguntas sobre el camino (cuando lo ideal sería
generar la intriga suficiente para que sea el espectador quien
formule sus propios interrogantes), la mayoría de ellas
referidas a una de las mayores problemáticas humanas: la
relación del hombre con su pasado, con esos poderosos secretos
que cada uno carga sobre sus hombros, y que de tan poderosos,
pese a es-tar ocultos, son los que lo movilizan y lo determinan.
La atmósfera que predomina en las imágenes es refrescante y el
tono, alegre y jocoso. Jonathan, silencioso y algo tímido, viaja
acompañado por un chofer, un abuelo que apenas ve, y su nieto,
que es con quien se comunica en inglés. Ambos ucranianos
repre-sentan otro estilo de vivir y encarar la vida: gritan,
bailan, comen, celebran. La reunión de personajes tan
disímiles, si bien ca-rente de originalidad y momentos
brillantes, genera pasajes de un humor puro y visceral, que
de alguna manera recuerda al de los personajes de películas de
Emir Kusturica. Una vez que la trama se desarrolla, el objetivo
inicial, el encuentro con aquella des-conocida mujer que
posibilitó el escape del abuelo de Jonathan, si bien no deja de
ser la meta central, va desplazándose de a poco por las
experiencias de cada día, la interacción entre los persona-jes
—que es también el intercambio y confrontación de dos
cultu-ras—- y las distintas sensaciones y pensamientos que el
viaje co-menzó a gestar en sus respectivos interiores.
Schreiber realiza un buen manejo de los tiempos del relato. No
lo deja caer nunca en un estado de parálisis, lo que
posibilita que el film sea en general dinámico y luminoso. No
obstante, la historia no parece po-seer la fuerza necesaria
para sos-tenerse por sí misma y por los tres personajes a lo
largo del transcurso de toda la película. En este punto, la
mencionada virtud del film, su inten-ción de establecer líneas
de diálogo con el espectador, se convierte a la vez en su mayor
obstáculo. No por la intención, sino por el recurso que se
decide implementar para lograrlo: la constante formulación de
pre-guntas, que altera la horizontalidad adecuada a toda
conversación. Una de las posibles causas de que esto sucede
puede estar vincu-lada a que la materialidad de las imágenes, lo
que ocurre en con-creto, termina resultando poco atractivo, y no
sólo eso, además desnuda fácilmente la intención, la pregunta,
que así parece querer imponerse como por la fuerza. La pregunta
—la intención—, enton-ces, se torna casi explícita en lugar de
resultar consecuencia de una fluida continuidad y vinculación
entre aquello que sucede y lo que cada espectador piensa, se
cree, e imagina que eso que pasa significa. En este sentido, el
proceso de deconstrucción que realiza el personaje central para
acceder a mejor idea y noción de su pro-pia identidad se
contrapone con una propuesta narrativa que no de-ja al
espectador realizar su propio camino ni formular sus propios
interrogantes.
Calificación:
    
Imágenes
de "Everything is illuminated (Todo está
iluminado)" - Copyright © 2005
Warner Independent Pictures y Big Beach Productions. Distribuida
en España por Warner Sogefilms. Todos los derechos
reservados.
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